Un nombre propio, un economista distinguido: José Carlos Díez asesor desinteresado -él lo dijo-de Susana Díaz, líder socialista con todo su peso específico en marcha, en favor de un PSOE social demócrata, que es lo que se lleva; está de moda.
Un pequeño fracaso, del personaje asesor mencionado, por mostrarse opuesto (en una emisión televisada) a la implantación de la renta básica, no por principio, sino por las circunstancias que se dan en España. La "renta básica" se convertiría en un subsidio desactivador, una medida disuasoria que podría conducir a un no ganado "dolce far niente" a costa de los que se vieran obligados a sudárselo para ingresar lo mismo o poco más, y eso no es justo; se convertiría en un engaño.
Esto es, a grandes rasgos, lo que dio a entender el Sr. Díez, abundando en su argumento con una metáfora: España se llenaría de aventureros extraños al País bien dispuestos a cobrar el barato, que viene a ser algo así como percibir un mínimo impuesto no por caridad, sino por ocurrencia justiciera y sin arriesgarse. De todas formas el Sr. Díez se ha enterado del significado que otorga el poder partidista a la tan cacareada "libertad de expresión" .
Lo malo del caso es que la tal "renta básica" está pensada como señuelo para ganar votos y lealtades a cambio de algo muy difícil de admitir entre personas atentas a las exigencias de la realidad española. (Incluida la cuota correspondiente a vascos y catalanes).
´ He de decir que me declaro partidario de la renta básica. Pero soy consciente de que son los propios trabajadores de casa y sus familias, mal remunerados, los que están en contra de esto que para ellos es una injusticia: cobrar por no hacer nada viniendo de fuera y con buena salud.
Es decir, soy partidario de la renta básica a cambio de una decidida prestación de servicios por los beneficiados, en favor de los más desasistidos de la patria que los recibe y acoge.
¡Por ser justo equitativo y saludable!
jueves, 26 de enero de 2017
miércoles, 25 de enero de 2017
CRÍTICAS RAZONABLES Y MALOS POLÍTICOS
A la proposición final de un razonamiento se llega por la vía de la lógica. Es un ejercicio que lo seres humanos, en sus cabales, suelen ponerlo en práctica para subsistir. Lo mismo da que la persona sea fiel a uno u otro mandato religioso, a una u otra teoría política, a uno u otro color...
Por pura lógica, si una persona no se alimenta, perece. Luego si un pueblo está mal alimentado (por exceso o por defecto) su índice de mortalidad será mayor con respecto al que sigue una conducta alimenticia suficiente y saludable, sin excesos.
Con esa mínima convicción, como ya lo descubrieron nuestros antepasados, para vivir con salud es mejor la dieta que la lanceta. Es mejor, más eficaz y más barata, la medicina preventiva que la curativa. Los tragaldabas suelen tener peor salud que los higienistas.
La palabra higienista cobró un nuevo sentido a lo largo del siglo XIX. A medida que se estudiaba el origen de las enfermedades, se descubría que la higiene, conducta preceptiva a seguir por los seres humanos, era imprescindible para vivir con salud.
Los políticos, tanto de izquierdas como de derechas, propenden a poner la fe sanitaria en complejas instalaciones hospitalarias (medicina curativa y costosa) y prestan poca atención a las medidas higiénicas (medicina preventiva, de menor coste).
A muchos políticos, y a sus consejeros, les parece normal vivir en una ciudad encapotada por una nube de inmundicias y, anormal, impedir las prácticas que provocan la contaminación atmosférica. Nos acostumbran a mantener carísimos hospitales y a pagar costosos fármacos y, al mismo tiempo, a que resulte normal dilapidar los dineros en combustibles contaminantes para ir de un sitio a otro.
En el fondo, esta política viciada que nos adorna, está siempre mejor dispuesta a interesarse por un falso progreso que por la conveniencia de las multitudes, como es el caso de la salud madre de todo bienestar. Así, los electores, votan más bien a los políticos ansiosos de poder que defienden intereses con los que favorecer su carrera, que a quienes defienden ideas. Por eso se seguirán gastando grandes sumas de dinero en iniciativas de segundo grado, aunque se presuma de todo lo contrario por los autores de estas hazañas.
A los políticos poco cultivados, que son los que abundan, no les asustan las inmundicias con tal de tener asegurado su particular ascenso. De ahí derivan la corrupción y otras maldades.
martes, 24 de enero de 2017
CONSUMO ELÉCTRICO Y TARIFAS
Henos aquí a españoles y residentes extranjeros, en la patria España, todos perplejos ante el complicado sistema que regula el pago de la energía eléctrica consumida por su clientela. Estamos ante un acertijo que podría servir de testimonio delator de la agudeza de los lectores y premiar a los que mejor se clasificaran en el intento.
Tomo el dato de un texto publicado en Internet que puede ser esclarecedor y divulgar la idea de que una cosa es cobrar el justiprecio de un servicio, y otra marear al cliente a quien, además de sacarle los cuartos, lo llevan a la convicción de que si no entiende es por ser tonto.
La cifra final de la factura o recibo cursado por las eléctricas a cada cual, contiene dos conceptos: uno se llama "termino de potencia"; el otro "término de energía". Lo transcribo sin entender su significado, consciente de que es una temeridad por mi parte hacer tal cosa. ¡Perdón si me equivoco!
El "término de potencia" depende de la ídem contratada por el abonado, o sea por la víctima. El "término de energía" es un cantidad variable, según la cantidad que se consuma durante un período de tiempo determinado.
¿Cómo controla cada abonado-víctima estos dos términos? Mediante un acto de fe. Todo se refleja en un contador y deducir el importe a pagar, es muy sencillo: se multiplica los KWh consumidos por el precio del KWh.
Luego vienen los complementos tarifarios, tales como "energía reactiva", "discriminación horaria", "estacionalidad" y algo curioso que se llama "ininterrumpilidad". ¡Chúpate esa!
Pero no acaba aquí la cosa: están los equipos de alquiler, los equipos de medida y los impuestos a la electricidad, más el IVA.
A todo esto ha de añadir el consumidor dos opciones: bien por "el precio fijo en mercado regulable" o por las "ofertas de mercado libre".
¡Es curioso! ¡La de cosas que han de hacer "las eléctricas" y "sus protectores!" para cerrar cada ejercicio con tan saneada pila de millones.
¡Dios nos pille confesados y con la cartera cargada de euros! Es como llorar y tener que saltar a la comba para espantar el frío.
Tomo el dato de un texto publicado en Internet que puede ser esclarecedor y divulgar la idea de que una cosa es cobrar el justiprecio de un servicio, y otra marear al cliente a quien, además de sacarle los cuartos, lo llevan a la convicción de que si no entiende es por ser tonto.
La cifra final de la factura o recibo cursado por las eléctricas a cada cual, contiene dos conceptos: uno se llama "termino de potencia"; el otro "término de energía". Lo transcribo sin entender su significado, consciente de que es una temeridad por mi parte hacer tal cosa. ¡Perdón si me equivoco!
El "término de potencia" depende de la ídem contratada por el abonado, o sea por la víctima. El "término de energía" es un cantidad variable, según la cantidad que se consuma durante un período de tiempo determinado.
¿Cómo controla cada abonado-víctima estos dos términos? Mediante un acto de fe. Todo se refleja en un contador y deducir el importe a pagar, es muy sencillo: se multiplica los KWh consumidos por el precio del KWh.
Luego vienen los complementos tarifarios, tales como "energía reactiva", "discriminación horaria", "estacionalidad" y algo curioso que se llama "ininterrumpilidad". ¡Chúpate esa!
Pero no acaba aquí la cosa: están los equipos de alquiler, los equipos de medida y los impuestos a la electricidad, más el IVA.
A todo esto ha de añadir el consumidor dos opciones: bien por "el precio fijo en mercado regulable" o por las "ofertas de mercado libre".
¡Es curioso! ¡La de cosas que han de hacer "las eléctricas" y "sus protectores!" para cerrar cada ejercicio con tan saneada pila de millones.
¡Dios nos pille confesados y con la cartera cargada de euros! Es como llorar y tener que saltar a la comba para espantar el frío.
lunes, 23 de enero de 2017
SACRIFICIO DE LAS CLASES BAJA Y MEDIA
La clases baja y media españolas fueron, desde la reforma del antiguo régimen (finales del siglo XVIII y principios del XIX) las más sacrificadas, lo mismo en tiempos de paz que en casos de guerra, en el devenir histórico de España.
A nada que la política de nuestro País pasa por dificultades, los titulares del partido político predominante, -aunque prometan lo contrario- terminan por sacrificar a los mismos de siempre: a las clases baja y media.
A fuerza de dar vueltas a las causas y a las consecuencias de la última guerra civil -la de 1936- los verdaderamente perjudicadas de aquella sociedad, por las carencias injustas que padecieron, fueron los auto definidos como pertenecientes al sufrido proletariado y quienes tenían fama de pagar al sastre y titulares de otros oficios con retraso, así como de pasar más hambre que un maestro de escuela.
Tales gentes, cabreadas con razón y sensibilizadas para la protesta belicosa, fueron llevadas a la guerra sin provecho alguno para su existencia; la vida se les puso aún más difícil y las mayorías sociales de ambas clases, vivieron su posguerra acongojadas durante décadas.
Después de muchos ignorados sacrificios y trabajos agotadores, los españoles dieron un paso hacia adelante cuando, en los años sesenta del XX, se liberaron los mercados de un intervencionismo suicida. La clase media empezó a pagar al contado el "prêt a portèr" de moda que acabó con los sastres a medida, y a vivir en pisos de sesenta metros cuadrados útiles, mitad del espacio al que estaban acostumbrados sus abuelos.
El cambio más auténtico vino cuando España, ya en fase democrática, fue subvencionada por la hoy denominada Unión Europea, tras su ingreso en este club internacional. No se confundan: aunque la prosperidad, coincidiera con la implantación autonómica española, no fue este proceso, sino la ayuda europea, la que trajo alguna prosperidad a los españoles.
Puestas las cosas en su sitio, corremos de nuevo, en nuestros días, el riesgo de otra crisis errática. Crisis que no acaba de reconocerse, ni de llamar por su nombre; el enconado y grave problema autonómico puede agravarse -no lo olviden- y cargar el sacrificio a los de siempre.
Estamos ante un conato de incendio de lento desarrollo para cuyo remedio no se recurre al parque de bomberos; el problema -de alto coste- se le pasa al sistema judicial que por carencia de medios y complejidades procesales, no es lo eficaz que el caso demanda para, precisamente, cumplir y hacer cumplir la ley.
La realidad nos lleva a deducir que a los políticos no les va el asumir la solución de ciertos problemas desde el poder ejecutivo; con las anteojeras puestas, llevan años en la fase del "laissez fair, laissez passer" para seguir estacionados.
Pero, en política, problema que no se resuelve se pudre y al final revienta. Estamos en fase de privar de actualidad al "más se perdió en Cuba". No lo olviden: fue áquel un problema autonómico que por no darle solución política, derivó en una costosa y vergonzante guerra, pagada a muy alto precio, principalmente por las clases bajas y medias de España.
¡Sólo los seres humanos tropiezan en la misma piedra!
A nada que la política de nuestro País pasa por dificultades, los titulares del partido político predominante, -aunque prometan lo contrario- terminan por sacrificar a los mismos de siempre: a las clases baja y media.
A fuerza de dar vueltas a las causas y a las consecuencias de la última guerra civil -la de 1936- los verdaderamente perjudicadas de aquella sociedad, por las carencias injustas que padecieron, fueron los auto definidos como pertenecientes al sufrido proletariado y quienes tenían fama de pagar al sastre y titulares de otros oficios con retraso, así como de pasar más hambre que un maestro de escuela.
Tales gentes, cabreadas con razón y sensibilizadas para la protesta belicosa, fueron llevadas a la guerra sin provecho alguno para su existencia; la vida se les puso aún más difícil y las mayorías sociales de ambas clases, vivieron su posguerra acongojadas durante décadas.
Después de muchos ignorados sacrificios y trabajos agotadores, los españoles dieron un paso hacia adelante cuando, en los años sesenta del XX, se liberaron los mercados de un intervencionismo suicida. La clase media empezó a pagar al contado el "prêt a portèr" de moda que acabó con los sastres a medida, y a vivir en pisos de sesenta metros cuadrados útiles, mitad del espacio al que estaban acostumbrados sus abuelos.
El cambio más auténtico vino cuando España, ya en fase democrática, fue subvencionada por la hoy denominada Unión Europea, tras su ingreso en este club internacional. No se confundan: aunque la prosperidad, coincidiera con la implantación autonómica española, no fue este proceso, sino la ayuda europea, la que trajo alguna prosperidad a los españoles.
Puestas las cosas en su sitio, corremos de nuevo, en nuestros días, el riesgo de otra crisis errática. Crisis que no acaba de reconocerse, ni de llamar por su nombre; el enconado y grave problema autonómico puede agravarse -no lo olviden- y cargar el sacrificio a los de siempre.
Estamos ante un conato de incendio de lento desarrollo para cuyo remedio no se recurre al parque de bomberos; el problema -de alto coste- se le pasa al sistema judicial que por carencia de medios y complejidades procesales, no es lo eficaz que el caso demanda para, precisamente, cumplir y hacer cumplir la ley.
La realidad nos lleva a deducir que a los políticos no les va el asumir la solución de ciertos problemas desde el poder ejecutivo; con las anteojeras puestas, llevan años en la fase del "laissez fair, laissez passer" para seguir estacionados.
Pero, en política, problema que no se resuelve se pudre y al final revienta. Estamos en fase de privar de actualidad al "más se perdió en Cuba". No lo olviden: fue áquel un problema autonómico que por no darle solución política, derivó en una costosa y vergonzante guerra, pagada a muy alto precio, principalmente por las clases bajas y medias de España.
¡Sólo los seres humanos tropiezan en la misma piedra!
sábado, 21 de enero de 2017
POPULISMO A LA AMERICANA
Lo bueno que tiene la política de nuestros días es la innumerable lista de intérpretes que surgen como una plaga, aquí o allá, en cualquier emisora de T.V. que se precie, a fin de que los seres humanos, por millones, tengamos noticia de la que nos espera. Les juro por mis antepasados que, por cuanto a mi persona atañe, me colocan ante un cirio mental sin salida que no sea el insomnio, muy peligroso mis años.
He sacado en limpio que el nuevo Presidente de USA ha creado incertidumbre entre el paisanaje de la Unión Europea, de México, de China, de una parte de Rusia, de la gran masa arábiga, de millones de emigrantes, de multitudes hambrientas... del copón de la baraja, que dirían en mi pueblo y, para mearse con la capa puesta, de millones de americanos del norte, es decir de sus compatriotas.
La nación que parece estar contenta con el cambio es el Reino Unido, al que ya se le ha prometido un trato de favor, cuando se aísle de Europa más de lo que ya está y ponga reparos al forastero mal provisto de moneda indígena.
A ese cuadro de promesas del nuevo Presidente lo han calificado muchos de "populismo", digo que será a la americana, porque hay que ver el cabreo de los "populistas" españoles que, nadie sabe el esfuerzo que hacen, tratan de no serlo, a medida que se les confunde con la canallesca "casta".
¡Cosas veredes...!
He sacado en limpio que el nuevo Presidente de USA ha creado incertidumbre entre el paisanaje de la Unión Europea, de México, de China, de una parte de Rusia, de la gran masa arábiga, de millones de emigrantes, de multitudes hambrientas... del copón de la baraja, que dirían en mi pueblo y, para mearse con la capa puesta, de millones de americanos del norte, es decir de sus compatriotas.
La nación que parece estar contenta con el cambio es el Reino Unido, al que ya se le ha prometido un trato de favor, cuando se aísle de Europa más de lo que ya está y ponga reparos al forastero mal provisto de moneda indígena.
A ese cuadro de promesas del nuevo Presidente lo han calificado muchos de "populismo", digo que será a la americana, porque hay que ver el cabreo de los "populistas" españoles que, nadie sabe el esfuerzo que hacen, tratan de no serlo, a medida que se les confunde con la canallesca "casta".
¡Cosas veredes...!
viernes, 20 de enero de 2017
CANSANCIO ELECTORAL
La palabra "cansancio" es en suma expresiva. Significa agotamiento, pero también -otra acepción- aburrimiento y hastío. Y si nos referimos al cansancio electoral generalizado y referido a un determinado sector de votantes -como sucede en el País Vasco con los simpatizantes del centro derecha o centro izquierda, partidarios del reformismo constitucional, pero unitarios- se advierte un agotamiento que se debe a la falta de fuelle (ideales y programas) de los llamados a reanimar sus estructuras políticas.
No conectan con los suyos, porque no atienden al sentimiento y criterio de sus votantes. Ellos, los candidatos, el mando, son partidarios de la unidad constitucional -lo proclaman a diario- pero luego, llegado el caso, no tienen inconveniente en pactar con el adversario secesionista en sentido opuesto, perdiendo en el envite el poder por el que dicen luchar; claro está, ceden en perjuicio de los suyos.
Así, por citar un caso, se entregó la escuela al nacionalismo vasco; escuela que, en el mejor de los casos, ignora -es duro decirlo- a una Nación llamada España y, por tanto, al dictado constitucional. Y menos mal que no les da por arrear estopa, que todo es posible según cómo sople el viento.
A conseguir y beneficiarse de estos pactos en la sombra lo llaman democracia. Y a la libertad de enseñanza, teóricamente aceptada como ideal democrático del que se hace caso omiso, por no decir burla, pueden llamarle tolerancia gloriosa. Es lo mismo. Ellos saben dónde y cómo sembrar doctrina y poder de rebote, que es lo que interesa. .
¿Que denotan los votantes agotados? Que los suyos han salido de un camino: el de la autenticidad programática. Terminan por aceptar la orilla del ajeno, y esto cansa.
La leal oposición, es de verdad democracia. Tiene un inconveniente: hay que tener el valor de ejercerla.
No conectan con los suyos, porque no atienden al sentimiento y criterio de sus votantes. Ellos, los candidatos, el mando, son partidarios de la unidad constitucional -lo proclaman a diario- pero luego, llegado el caso, no tienen inconveniente en pactar con el adversario secesionista en sentido opuesto, perdiendo en el envite el poder por el que dicen luchar; claro está, ceden en perjuicio de los suyos.
Así, por citar un caso, se entregó la escuela al nacionalismo vasco; escuela que, en el mejor de los casos, ignora -es duro decirlo- a una Nación llamada España y, por tanto, al dictado constitucional. Y menos mal que no les da por arrear estopa, que todo es posible según cómo sople el viento.
A conseguir y beneficiarse de estos pactos en la sombra lo llaman democracia. Y a la libertad de enseñanza, teóricamente aceptada como ideal democrático del que se hace caso omiso, por no decir burla, pueden llamarle tolerancia gloriosa. Es lo mismo. Ellos saben dónde y cómo sembrar doctrina y poder de rebote, que es lo que interesa. .
¿Que denotan los votantes agotados? Que los suyos han salido de un camino: el de la autenticidad programática. Terminan por aceptar la orilla del ajeno, y esto cansa.
La leal oposición, es de verdad democracia. Tiene un inconveniente: hay que tener el valor de ejercerla.
jueves, 19 de enero de 2017
LA ESPAÑA AUTONÓMICA
Se han reunido los Presidentes gubernamentales de las Comunidades Autónomas de España con los dignatarios del Gobierno nacional, creo que (un acto de fe por mi parte) para ponerse de acuerdo sobre el justo reparto de derechos y obligaciones, en beneficio de los contribuyentes que, por el momento, forman parte de la Nación. No asistieron catalanes ni vascos.
Parece ser que -por una vez- el conjunto de los reunidos dialogó y razonó: esto es lo que hay.
Vamos a ver cómo se reparte de una forma equitativa y justa lo que es de todos.
Es difícil; los españoles tendemos a tratar los asuntos económicos adobándolos con untos emotivos: los usos y costumbres, la fe religiosa o política, el idioma, la raza... etc., sin valorar que la vil moneda (o sea el interés económico al servicio de los seres humanos) es las que manda y no basta con tenerla: hay que multiplicarla si queremos vivir dignamente.
Es un hecho probado que allí donde el grupo, la colectividad, las gentes, tienen un alto índice formativo, se consigue y se termina por favorecer y elevar su poder económico y la realidad social. Saben que les conviene el acuerdo y les interesa concebir un reparto equitativo de lo posible, que no es lo mismo que un reparto igualitario que además es imposible.
Claro está: la madurez formativa exige el paso previo por buenas escuelas que, en España, no abundan, ni siquiera en Cataluña o en el País Vasco. Por eso, España es un país muy dependiente: se guía más por emociones que por intereses que, por cierto, también pueden ser nobles intereses.
Y si mal no recuerdo, por eso, en compañía de una deficiente enseñanza -en gran parte doctrinaria hasta las cachas- hemos sufrido y perdido una buena colección de guerras fratricidas en perjuicio de todos.
La vida mal administrada castiga sobre todo a los más inocentes.
Parece ser que -por una vez- el conjunto de los reunidos dialogó y razonó: esto es lo que hay.
Vamos a ver cómo se reparte de una forma equitativa y justa lo que es de todos.
Es difícil; los españoles tendemos a tratar los asuntos económicos adobándolos con untos emotivos: los usos y costumbres, la fe religiosa o política, el idioma, la raza... etc., sin valorar que la vil moneda (o sea el interés económico al servicio de los seres humanos) es las que manda y no basta con tenerla: hay que multiplicarla si queremos vivir dignamente.
Es un hecho probado que allí donde el grupo, la colectividad, las gentes, tienen un alto índice formativo, se consigue y se termina por favorecer y elevar su poder económico y la realidad social. Saben que les conviene el acuerdo y les interesa concebir un reparto equitativo de lo posible, que no es lo mismo que un reparto igualitario que además es imposible.
Claro está: la madurez formativa exige el paso previo por buenas escuelas que, en España, no abundan, ni siquiera en Cataluña o en el País Vasco. Por eso, España es un país muy dependiente: se guía más por emociones que por intereses que, por cierto, también pueden ser nobles intereses.
Y si mal no recuerdo, por eso, en compañía de una deficiente enseñanza -en gran parte doctrinaria hasta las cachas- hemos sufrido y perdido una buena colección de guerras fratricidas en perjuicio de todos.
La vida mal administrada castiga sobre todo a los más inocentes.
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