sábado, 23 de septiembre de 2017

EL FUTURO DE LOS VASCO ESPAÑOLES

     No trato de profetizar sobre el tema, por la sencilla razón de que los sentimientos de las personas influyen en el devenir de los los pueblos mucho más  que la lógica más aplastante.
     Los que conocimos -por citar un  caso- el nacionalismo vasco de los años treinta del pasado siglo, antes de la  guerra,  podemos dar testimonio de su integridad católica de la que hacían gala.. Nadie hubiera osado pronosticar que, oficialmente, acordarían prescindir del credo confesional, novedad asumida socialmente con asombroso  despiste.
     El cambio ha permitido la  modernidad de este Partido que tanto apoyo encontró  en la Iglesia católica vasca; Iglesia  que ha perdido poder de captación de fieles por causas  muy diversas que no me toca señalar.
      El caso es que la derecha vasca democrática pero no nacionalista -también católica en su mayoría- se alejó espontáneamente del nacional-catolicismo franquista. Pero lo hizo a título individual, no corporativo,  sin dar con la fórmula que moviera y apiñara a sus votantes bajo otros principios  y unos símbolos  que concitaran la unión sentimental de los de su idea.
      Lo que trato de decir es que el futuro de una derecha vasca moderada, tal y como hoy funciona, es su probable desaparición, porque carece de ideales capaces de  movilizar por la vía del sentimiento -sin olvidar un moderno racionalismo- a sus probables votantes.
      ¿Por qué  van perdiendo poder otras fuerzas políticas y al final desaparecen sin que se las eche de menos?
      Por  no innovar. Y para innovar alguien ha de tomar la iniciativa y crear un ideario.
      Renovarse o morir.


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viernes, 22 de septiembre de 2017

ESPAÑA NOS ROBA

     Preciso, corto, expresivo... el lema deja huella y crea escuela. ¿España nación de naciones? Más bien (o mal)  nación de ladrones...
     Con esta frase, "España  nos roba" los que se sienten indignados son los que en nuestra tierra  no han salido de  pobres, pese a venir esforzándose a millones en mejorar honradamente su fortuna.
     Aquí, en el mundo de la política, que crece en masa y en ambiciones  día a día -y el mal  no es de ahora- el número de ladrones va en aumento; han  crecido hasta perder la vergüenza y no digan que los catalanes se han librado de la plaga.
     Tal vez por eso los españoles (incluidos catalanes y vascos) de recta intención,  concluyen: el mejor negocio que redimiría a las cases medias y bajas que componen el paisanaje patrio, vendría con la extinción de la rapiña instalada en la nación de naciones.
     Es inútil. Tras los latrocinios viene el gasto oficial incontrolado. Por ejemplo: ¿cuánto nos va a costar la broma de los catalanes secesionistas montando -como han hecho-  un número de circo para nada de provecho?  Si en  España hay robo, lo lógico y  razonable es ir a cuentas; y lo primero que convendría a todos, lo justo, equitativo y deseable sería devolver lo sustraído más pronto que tarde.
    Pero es curioso a la par que deprimente: nadie mueve un dedo para desfacer el entuerto. Nadie hace cuentas.
    Lo que más escarnece de toda esta maraña secesionista, es que la quieran rodear de pureza democrática, dentro de un marco orlado con otro lema engañoso: libertad, igualdad, fraternidad.
    Y lo peor es que cuando los pueblos vienen completando alianzas defensivas para vencer a la pobreza, aquí gastamos lo poco que tenemos en fiestas, procesiones y petardos para mantener vivo un odio patriótico.
    ¡Es para pedir la baja como contribuyente!







jueves, 21 de septiembre de 2017

BUENOS Y MALOS POLÍTICOS

   
     Está comprobado que la mala moneda, desplaza a la buena. Al generalizarse la plata, fue desapareciendo el oro. Al ponerse  en circulación el cobre, la plata siguió una ruta parecida: el papel fue retirando al metal. Terminaremos por implantar los pagos y cobros  por la vía digital,  con un móvil o instrumento de poco volumen y menos peso.
     Si observamos sin pasión el panorama del mundo, se advierte que  la presencia o circulación de los políticos -derivados la gran familia homínida,  bípeda e implume- se sucede bajo el mismo criterio: los malos desplazan  a los buenos.
      Es sabido que las guerras son  el fracaso de la política. Con el paso de los años,  cada nueva guerra tiende a extenderse y es peor, más cruel,  más sanguinaria, mas odiosa que las anteriores..
      Los países que cuentan  con buenos políticos funcionan  si ruidos; tanto que apenas se les conoce y no salen del anonimato. Es la virtud más admirable: como apenas suenan no reciben felicitaciones.
Nunca se les agradecerá esa paz lo suficiente
      No es el caso de España, país que además de tener una historia cargada de luchas exteriores, mantiene un buen puñado  de políticos peores que la sarna. No se conforman. Cuando no nos arrastran a padecer un dictadura, nos arman la marimorena para vendernos una falsa democracia tras de la cual se esconde un cuadrilla de ladrones; o -alternativamente- para alistarnos a una de esas peleas  llamadas -no sé por qué- guerras civiles.
       De cualquier forma y según parece  -lo  vemos en el día a día- los malos políticos nos arrastran a la necedad  de la que además suelen sentirse orgullosos: desplazar a los buenos.
       Y el pueblo fiel -que se tiene por progresista-  parece no darse cuenta: él tendrá que pagar los platos rotos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

UNA ESPAÑA AL BORDE DEL DISLATE

     La Cataluña separatista, que no es de hoy, tiende a excederse en sus demandas sirviéndose de medios un tanto estrambóticos, es decir extraños y poco comunes. Pero hay precedentes.
     Los mencionados separatistas, saliéndose  del tiesto en abril de 1931, año de la II República, proclamaron el Estat Catalá, integrado en una imaginada  Federación Ibérica de Repúblicas. Fue la noticia rebelde,  de índole territorial,  dentro del  plan de horas felices que traía bajo el brazo la II República
     Tres día más tarde, un trío de notables republicanos, se reunieron con los líderes secesionistas catalanes de la misma cuerda y  pactaron, por las buenas,  la restauración de la Generalitat de Cataluña , que funcionaría con todas las de la ley dentro de un un régimen autonómico,  cuyo Estatuto sería aprobado dentro de la Constitución Republicana que empezaría a redactarse de inmediato.
     Esto aparte, hubo otra intentona en el, octubre revolucionario de 1934 y otra mas en la guerra de 1936.
    En  tiempos del Presidente Suárez,  la centrada derecha española,  muy influida por las circunstancias del momento, entendió que el problema secesionista podía superarse con ciertas y limitadas concesiones. Craso error.  Los nacionalismos independentistas resurgieron con fuerza y -algunos- apoyados en el "democrático" tiro en la nuca (argumento contundente), consiguieron que el separatismo tomase carta de naturaleza en toda España y se renovaran las ansias de independencia en Vasconia, Cataluña y Galicia . Eran el "quid" de la cuestión: ahí estaba el nudo gordiano, el  futuro del pueblo español.
     Uno  -como tantos en la España de hoy-se siente llamado por la política y no puede vencer la tentación de permanecer callado. Alguien debería ilustrar al PP y sugerirle que se equivoca. Ha cargado con exceso la solución del problema sobre el poder Judicial; no han sabido atraerse
al electorado, apoyo en toda democracia del poder ejecutivo. Pueden dar las gracias, desde este partido, a la cuadrilla de brigantes que anidaron en sus guaridas. La suciedad siempre deja huella.
    El PSOE quiso gobernar en minoría. Era la ocasión de darle un giro al navío. Pudieron apoyar al PSOE,, pese al Sr. Sánchez,  a cambio de una discreta  y bien amarrada  alianza patriótica.
      Pero... Ahí los tienen  ustedes: la impopularidad del pringue corruptor va a verse incrementada con  el tsunami multitudinario a la catalana, que no es manco.
      Menos mal que ellos tampoco pueden presumir de castos.
   

martes, 19 de septiembre de 2017

UNA ESPAÑA LISTA PARA EL DESGUACE

     Los nacionalismos periféricos de la España ya invertebrada -país de países según el apostolado podemita- tienen una particularidad impresa  a fuego: los  naturales del país sedicente son distintos, luego tienen derecho a ser soberanos en su tierra y en otras adyacentes.
     A través de cruces varios, la población nativa de cada uno de los territorios hispanos perdió pureza racial, pero no cultural;  y al tener idioma propio, algunos de ellos, y un concepto religioso de sus valores patrióticos, consiguieron -lo cual tiene su mérito- mantener viva la doctrina y crear en  su entorno un catecismo cautivador donde anida esta idea: un foco nacionalista se verá  libre cuando sus pobladores  gocen  de una independencia soberana.
     En suma, todo lo que sea admitir  mejoras soberanistas es bueno para su intento final y se admite como anticipo a cuenta; pero nadie está autorizado a poner término a las reivindicaciones, si no se proclama antes la independencia  del territorio y su paisanaje.
     Ibarretxe en su proyectado "Plan" ofrecía hacer de Euskadi un Estado  Asociado de España, sin renunciar a los derechos que pudieran corresponderle al Pueblo Vasco  en  razón de su historia. Es decir su independencia.
      No se engañen: los nacionalistas bien documentados, tienen doctrina y dominan la escuela;  por esta razón e instintivo mimetismo, los  no originarios de la tierra irredenta se unen a ellos en gran número,  tal que catecúmenos de buena fe;  son bien recibidos porque si no disminuiría el censo de fieles, tan necesarios para contar votos o reunir multitudes.
      Y los que se sienten españoles en la nación grande y libre ¿qué hacen para evitar el desguace?
       Permítanme que lo diga con sentido descriptivo y por mera constatación de un  hecho: hacen el ridículo. Con todos los respetos y con pena, hemos de reconocer que desde las instancias oficiales llenas de españolazos, todos muy patriotas,  no fueron capaces de ver a tiempo  que el problema  venía dentro del caballo de Troya. Ni lo vieron,  ni tampoco lo ven.  Y el caballo sigue dentro de casa más lozano  que nunca.
       Tengo la solución:  hacer de España una ex-nación de naciones.  Todo llegará y soy optimista.    






lunes, 18 de septiembre de 2017

UNA ESPAÑA DEMOCRÁTICA PERO CASTRADA

   

     Procede, si hemos de ser justos,  dejar constancia  previa de un hecho importante: en la vida habitual, entre españoles, rara vez las conversaciones diarias giran en torno  a personas concretas y conocidas a las que se somete a un desprestigio despiadado. ¡Rara vez, aunque nunca desaparecerán del todo los chismorreos  pueblerinos!
     No sucede igual, cuando se trata de personajes que destacan  por  las razones que fueren, sobre todo si son además políticos conocidos del  gran público.
     El ensañamiento crece cuando los aludidos son personalidades que, por desgracia, tienden al abuso en el ejercicio de sus funciones con  insensato olvido de su misión: estar al servicio de los demás, incluso de aquellos que no les votan.
     En el fondo,  estos personajes son vulgares ciudadanos -aunque figuren en los escalafones profesionales como destacadas figuras- que buscan mediante la libertad expresión su propio provecho.
     Estos politicastros -los hay  en todos los cuadros en el poder- suelen,  para ennoblecer sus vulgares actividades, atribuirse competencias que no les corresponden: por ejemplo, endosar a sus víctimas responsabilidades políticas, que son exclusivas del poder judicial.
     Todos reconocen que la Justicia española está mal dotada, es lenta y por añadidura víctima de un poder legislativo irracional y profuso. Es víctima de un poder en manos de partidos con tendencias sectarias que se visten con sedas justificativas pero  corruptas, por más que se empeñen en demostrarnos todo lo contrario. Si la Justicia fuera diligente,  nuestra democracia sería bien distinta.
     España tiene que invertir mucho más y  mejor en dos mundos que han de vivir su actividad con eficiencia independiente: la docencia y la justicia.
     Pero esto no conviene a las medianías que invaden los cuadros políticos soberanos actuales.
     Es decir que convivimos en una democracia castrada.
   
   
     




sábado, 16 de septiembre de 2017

UNA ESPAÑA INMOVILISTA

     Si  nos retrotraemos a los comienzos de la guerra civil del 36, nadie negará que el Gobierno central republicano tuvo que ceder a las presiones secesionistas de Cataluña y del País Vasco. Quedó claro que la democracia era el ideal  que los unía -según sus manifestaciones doctrinales- frente al fascismo que guiaba a los insurrectos. Pero la democracia puede ser separatista.
     Es decir que en la zona republicana funcionaron  todos unidos,  pero sin bajarse del burro:  los nacionalistas vascos y catalanes ejercieron el poder de hecho hasta donde pudieron;  sus respectivos ejércitos iban por libre. Y el que tenía las armas era el amo. El débil era el Gobierno central. Cataluña y Euzkadi (entonces con "z") tuvieron su independencia no consentida.
     Como era lógico el fenómeno tuvo imitadores en alguna otra  provincia o comarca norteña, donde nunca hubo nacionalismos, lo que no impedía que se sintieran afectados  bajo el lema de "nosotros no vamos  a ser menos".
     Algún día los historiadores de turno tendrán en cuenta esa realidad unida al derroche.  Los republicanos perdieron la guerra.
     Al llegar la democracia, cansados todos de una dictadura que ya no daba leche, se dió un clima favorable al cambio, entre otras razones porque la Europa unida  necesitaba que España y Portugal no cayeran en manos del comunismo hegemónico en muchas naciones de este Continente. ¿De donde vino el dinero para organizar en seis meses  los partidos democráticos que en la España, de entonces no tenían dónde caerse muertos?
     Vino de la democracia europea  y los partidos nacionalistas moderados -que no los radicales- aceptaron la reforma y evitaron la ruptura. La reforma era: autonomía sí,  independencia no. Pero, en el fondo jugaban con la baraja marcada.  Por ahí empieza la corrupción política de la democracia española.
      Conseguidos los Estatutos, el norte autonómico del  nacionalismo catalán y vasco era la independencia y, su ideal inmediato: lograr el mayor número de competencias  sin declararse independientes.   Cataluña y  Euskadi, digan lo que quieran, hoy son naciones emergentes.
      Por eso eran -y siguen siendo-  independentistas convencidos y en forma,  con el apoyo interesado -que es lo que revienta el tinglado- de partidos que se tienen por españoles a machamartillo,  aunque en el día a día demuestren lo contrario.
      Y pregunto: ¿Dónde están los inmovilistas? ¿En qué bando?