Cuando un político se presenta ante masas ingentes de personas para ponerse a su servicio, y muestra su disposición a "dejarse la piel" en su lucha contra la injusticia y en redimir a pobres y desvalidos, no te conmuevas: los seres humanos están sometidos, como cualquier ser vivo, a las leyes de la naturaleza y tienen que luchar para supervivir como cualquier hijo de vecino: ganarás el pan con el sudor de tu frente.
Es duro, pero no hay progreso sin trabajo que le proceda ni cabeza que lo dirija. Lo más seguro al respecto es no olvidarse de que la escuela, primero, y la competencia, después, constituyen las bases sobre las que apoyar una vida digna y tolerable: una vida de, progreso.
El político, mientras no se demuestre lo contrario, aspira principalmente a ejercer el poder. Es legítimo y, desde la más remota antigüedad, los humanos se fueron agrupando en familias, en clanes, en tribus, en pueblos, en naciones, etc. y nunca faltaron quienes -equilibrados de mente para dirigir a hombres y mujeres- se hicieron con el poder y en algunos casos lo ejercieron con mayor o menor acierto y equidad: con prudencia, justicia, fortaleza y templanza en dedicación a los demás (ahora, en nuestros días, la llaman justicia social); si bien estos casos fueron rarezas.
No se negará que por cada uno de los que "se dejaban la piel" y gobernaban con acierto, surgían otros diez o más que prometían mucho y luego daban poco o nada. La historia española está llena de ejemplos que fueron, para la mayoría, fuente de desgracias.
Ahora estamos pasando por un momento crítico. Nos ofrecen cambio a raudales y reformas progresistas. Pero les fallan las bases ideológicas: una buena escuela y una buena preparación para enfrentarse a la competencia. Lo que ofrecen son subsidios y esto no coincide con el avance que se supone es el progreso.
Es muy importante: no confundir progreso con progresismo.
martes, 23 de febrero de 2016
lunes, 22 de febrero de 2016
MEDIDAS REGRESIVAS
Lo importante de la época que estamos viviendo es que -por encima de las previsiones y promesas de los políticos- se está produciendo un cambio, al margen de todos los que anuncian con carácter progresista, tal que los derivados de la globalización, que escapan al control de los Estados. Ejemplo: las migraciones masivas .
Para los políticos de pacotilla, el progreso consiste en promover un bienestar generalizado, para lo cual cuentan con la implantación de cargas obligatorias, que afectan a los que laboran y producen, con el, pretexto de ayudar a los que carecen de un mínimo con que costearse la subsistencia y el cobijo.
Son cambios que exigen cargas de difícil recaudación; cargas, implantadas en pro de ese progreso, que necesitan de costosos medios de control que, cuando éstos funcionan, suelen hacerse a costa de quienes no pueden eludir el pago puntual de los impuestos. Es decir, no pagan los que más tienen, sino que -al revés de lo prometido- corren con el gasto los que más suelen aportar, por su cuenta y con su trabajo e inversiones a favorecer ese progreso.
Corren con el gasto -insisto- las clases medias, porque los mejor dotados, adelantándose al ideario político, buscan otros espacios desde donde medrar a sus anchas, sin nadie que se lo impida. Es decir emigran con sus caudales en busca de mejores climas tributarios.Véase lo que pasa en Grecia y en otros países gobernados por progresistas pasados de moda y de rosca.
Veamos un ejemplo. En España los políticos saben, y los expertos lo anuncian, que el sistema de pensiones de jubilación, acogido a la fórmula de reparto, es muy vulnerable y que, por varias contingencias de signo negativo, puede ir la suspensión de pagos en un plazo no lejano.
En otros paìses, paulatinamente y con tiento, han ido reduciendo el ámbito de este sistema, cambiandolo por otro con menores riesgos. Con el primero (de reparto) los autónomos cotizan con aportaciones reducidas que les garantizan una pensión mínima básica y, con el segundo (de capitalización) el asegurado, que también puede ser autónomo, contrata el pago de una cuota mensual variable, para recibir al jubilarse una cantidad proporcional a las aportaciones realizadas.
¿Que prometen desde el PSOE para la sesión de investidura? Sabiendo como saben que un ochenta por ciento de los autónomos han optado por concertar el pago de la cuota mínima (unos 267 euros el mes; el 29,8 % sobre un salario también mínimo de 893,10 euros), se van a ver sorprendidos por una nueva exigencia: el pago por este concepto de una cuota mensual mucho más elevada que se calculará sobre sus ingresos reales. La subida es notable, el riesgo no desaparece, y han de pagarla los titulares de pequeñas y medianas empresas en manos de los pocos que producen algo para mantener una burocracia oficial macrocefálica.
Y a esto lo consideran reforma progresista. "A cualquier cosa llaman chocolate las patronas", decían los estudiantes en los años del hambre.
¡Que baje de los cielos el Pablo auténtico -el del caballo- y lo vea!
sábado, 20 de febrero de 2016
ESPAÑA Y SU SISTEMA AUTONÓMICO
El ochenta por ciento de la información que llega a los españoles en los diarios de noticias es emotiva y en muchos casos morbosa. Y por añadidura esas emisiones son en gran número sectarias.
A veces aparece un benigno sociólogo, o un economista, o un político con sentido común que nos dicen y demuestran: "España no puede sostener el sistema autonómico que se estrenó gracias a la Constitución de 1978".
Los españoles no pueden pagarse ese lujo y, entre éste y otros excesos, no debe extrañarnos que la deuda vaya en aumento y supere todas las previsiones puestas en mano de expertos.
Esta realidad no tiene responsables con nombre y apellidos. Es un mal generalizado, endémico. No pudiendo echar la culpa a nadie, los informadores se desentienden del tema; no tiene morbo.Tampoco se dan llamadas de alerta, como demanda una futura catástrofe. Cuando alguien patine, si si se encuentra una persona responsable a la que cargarle el muerto, (sobre todo si es de derechas), será otra cosa.
Se habla esta temporada de cambios y ¿cómo no? de reformar la Constitución, como si la solución estuviera en los textos legales. Con los que hoy existen, si hubiera buena voluntad y funcionaran las muchedumbres por convicción - y no por imposición, aunque otra cosa nos prediquen- tendríamos ya en marcha unos principios de austeridad y otros de racionalidad y el problema autonómico controlado; y tendría arreglo, no de la noche a la mañana, pero sí a medio plazo.
No puede negarse que el PSOE ha puesto de actualidad la idea del federalismo, como solución rápida e indolora para los males y trastornos autonómicos; pero no está clara la cosa, puesto que nunca explicitan qué tipo de federalismo proyectan ni si ha merecido su aceptación en los territorios con tendencias separatistas.
El federalismo sería un sistema inútil si no cumpliera el principio de racionalidad que le falta al sistema autonómico español. Podría suponer, el nuevo sistema, que algunas autonomías resultaren incapaces para cargar, por ejemplo, con el peso de la sanidad o con el de la enseñanza, cuando además se pretende por las izquierdas que esos servicios se presten por el sector público y se amplíen en favor de todo el que pase por aquí. ¿De donde se saca? ¿Más deuda?
El día en que el pueblo español (incluidos catalanes y vascos) entiendan mayoritariamente de números y tomaran conciencia de cómo nuestros políticos, salvo contadas excepciones, derrochan lo que se aporta entre todos, empezarían a cambiar de veras las cosas, sin tocar la legislación vigente que ahora se cumple tarde y mal por un amplio sector de españoles y por muchos forasteros que descubrieron la mina.
Los españoles somos muy listos pero nos arman la, ratonera con queso. Así nos cazan con las botas puestas. Antes de votar, mire usted la trampa.¡En legítima defensa!
A veces aparece un benigno sociólogo, o un economista, o un político con sentido común que nos dicen y demuestran: "España no puede sostener el sistema autonómico que se estrenó gracias a la Constitución de 1978".
Los españoles no pueden pagarse ese lujo y, entre éste y otros excesos, no debe extrañarnos que la deuda vaya en aumento y supere todas las previsiones puestas en mano de expertos.
Esta realidad no tiene responsables con nombre y apellidos. Es un mal generalizado, endémico. No pudiendo echar la culpa a nadie, los informadores se desentienden del tema; no tiene morbo.Tampoco se dan llamadas de alerta, como demanda una futura catástrofe. Cuando alguien patine, si si se encuentra una persona responsable a la que cargarle el muerto, (sobre todo si es de derechas), será otra cosa.
Se habla esta temporada de cambios y ¿cómo no? de reformar la Constitución, como si la solución estuviera en los textos legales. Con los que hoy existen, si hubiera buena voluntad y funcionaran las muchedumbres por convicción - y no por imposición, aunque otra cosa nos prediquen- tendríamos ya en marcha unos principios de austeridad y otros de racionalidad y el problema autonómico controlado; y tendría arreglo, no de la noche a la mañana, pero sí a medio plazo.
No puede negarse que el PSOE ha puesto de actualidad la idea del federalismo, como solución rápida e indolora para los males y trastornos autonómicos; pero no está clara la cosa, puesto que nunca explicitan qué tipo de federalismo proyectan ni si ha merecido su aceptación en los territorios con tendencias separatistas.
El federalismo sería un sistema inútil si no cumpliera el principio de racionalidad que le falta al sistema autonómico español. Podría suponer, el nuevo sistema, que algunas autonomías resultaren incapaces para cargar, por ejemplo, con el peso de la sanidad o con el de la enseñanza, cuando además se pretende por las izquierdas que esos servicios se presten por el sector público y se amplíen en favor de todo el que pase por aquí. ¿De donde se saca? ¿Más deuda?
El día en que el pueblo español (incluidos catalanes y vascos) entiendan mayoritariamente de números y tomaran conciencia de cómo nuestros políticos, salvo contadas excepciones, derrochan lo que se aporta entre todos, empezarían a cambiar de veras las cosas, sin tocar la legislación vigente que ahora se cumple tarde y mal por un amplio sector de españoles y por muchos forasteros que descubrieron la mina.
Los españoles somos muy listos pero nos arman la, ratonera con queso. Así nos cazan con las botas puestas. Antes de votar, mire usted la trampa.¡En legítima defensa!
viernes, 19 de febrero de 2016
LA JERARQUÍA RESISTE.
Debido a un carácter intuitivo heredado -según viejos parientes- de una bisabuela de origen céltico, entre bruja y hada (mitad y mitad) arraigada dentro de una extensa prole conocida por "Los Janeiros", me peta adivinar el futuro de los partidos políticos por puro pasatiempo.
Este olfato intuitivo me dice que el partido mejor organizado para desarrollar en los próximos meses su programa es PODEMOS; que le sigue de cerca C`s y van por detrás el PP y el PSOE por este orden. ¡Es un aviso para navegantes!
Como pueden comprender ese ramalazo intuitivo necesita un apoyo intelectual, porque el cuento de la abuelita no lo lo digiere a esas alturas ni el más adormilado niño, siempre que haya dejado la teta.
Tengo puesta mi fe en las jerarquías. Si la Iglesia Católica, con lo escasa que anda de curas y el número incontable de enemigos que la persiguieron (y aún siguen en activo), pudo mantenerse (y está aún viva) durante veinte siglos largos, fue debido -aparte bendiciones celestiales- a su cerrada y bien constituida jerarquía. Repasen la historia: imperios, reinos y repúblicas, hechos a su semejanza, permanecieron estables en tanto tuvieron mejor organizadas sus estructuras jerárquicas.
Observen nuestra realidad política: los discursos iniciales de PODEMOS, han variado en profundidad respecto a los expectorados en la actualidad. Pero sus jefes nunca cambiaron, son los mismos, con la misma figura y la misma coleta pero bien jerarquizados. Las primarias para su elección fueron teatro: la jerarquización estaba pactada.
¿Y el PSOE? Ha cambiado a peor desde que hablan de clases medias y olvidan a los obreros.¡Qué diferencia! Los jerarcas andan divididos y no se entienden, como pasaba entre Largo Caballero y Prieto, y perdieron la guerra.
¿Y el PP? No digamos. Se ha roto en añicos, porque fueron muchos -demasiados- los que se alzaron con el santo y la limosna. Hace falta un buen baldeo y mucha lejía para recuperar un escenario limpio y un prestigio heredado de una derecha se lo ganó con el sudor de su frente. Pero nadie puede negar que la jerarquía resiste unida y -como decía Cela- el que resiste gana
Nos queda C`s. Anda por ahí, queriendo catequizar al PSOE como si fueran escolares, sin tener en cuenta que quien con niños se acuesta, excrementado alborea. Mi bisabuela y yo rezamos para que esto no pase. Pero le deseamos que su jerarquía funciones y siga unida.
Vamos a esperar. Me fío del resultado porque la intuición heredada de las magias célticas suele acertar más que un sondeo: ganará un PP saneado. Por lo menos se lo merece.
Este olfato intuitivo me dice que el partido mejor organizado para desarrollar en los próximos meses su programa es PODEMOS; que le sigue de cerca C`s y van por detrás el PP y el PSOE por este orden. ¡Es un aviso para navegantes!
Como pueden comprender ese ramalazo intuitivo necesita un apoyo intelectual, porque el cuento de la abuelita no lo lo digiere a esas alturas ni el más adormilado niño, siempre que haya dejado la teta.
Tengo puesta mi fe en las jerarquías. Si la Iglesia Católica, con lo escasa que anda de curas y el número incontable de enemigos que la persiguieron (y aún siguen en activo), pudo mantenerse (y está aún viva) durante veinte siglos largos, fue debido -aparte bendiciones celestiales- a su cerrada y bien constituida jerarquía. Repasen la historia: imperios, reinos y repúblicas, hechos a su semejanza, permanecieron estables en tanto tuvieron mejor organizadas sus estructuras jerárquicas.
Observen nuestra realidad política: los discursos iniciales de PODEMOS, han variado en profundidad respecto a los expectorados en la actualidad. Pero sus jefes nunca cambiaron, son los mismos, con la misma figura y la misma coleta pero bien jerarquizados. Las primarias para su elección fueron teatro: la jerarquización estaba pactada.
¿Y el PSOE? Ha cambiado a peor desde que hablan de clases medias y olvidan a los obreros.¡Qué diferencia! Los jerarcas andan divididos y no se entienden, como pasaba entre Largo Caballero y Prieto, y perdieron la guerra.
¿Y el PP? No digamos. Se ha roto en añicos, porque fueron muchos -demasiados- los que se alzaron con el santo y la limosna. Hace falta un buen baldeo y mucha lejía para recuperar un escenario limpio y un prestigio heredado de una derecha se lo ganó con el sudor de su frente. Pero nadie puede negar que la jerarquía resiste unida y -como decía Cela- el que resiste gana
Nos queda C`s. Anda por ahí, queriendo catequizar al PSOE como si fueran escolares, sin tener en cuenta que quien con niños se acuesta, excrementado alborea. Mi bisabuela y yo rezamos para que esto no pase. Pero le deseamos que su jerarquía funciones y siga unida.
Vamos a esperar. Me fío del resultado porque la intuición heredada de las magias célticas suele acertar más que un sondeo: ganará un PP saneado. Por lo menos se lo merece.
jueves, 18 de febrero de 2016
ESTADÍSTICA Y CORRUPCIÓN
Me maravilla la seguridad con que se afirma: la gran masa de políticos puestos al servicio del pueblo son gente honrada; oro molido.
¿Y cómo lo saben ustedes? Yo no lo sé, como tampoco lo saben millones de españoles. No hay estadísticas fiables. Si hay pocos o muchos políticos honestos, nunca se sabrá con exactitud sin pasarlos por la prueba del algodón.
¿Y en qué consiste esa prueba? Muy sencillo: dejen un fajo de billetes, moneda de curso legal, en un lugar ignorado para la mayoría; un sitio que permita pensar con certeza que, si el fajo de billetes desaparece, nadie se enterará y nadie pedirá cuentas ni hará reclamaciones; es decir que el tal fajo puede ser sustraído por cualquiera impunemente.
Con discreción, pongan a los políticos en ejercicio ante esta circunstancia para ver su conducta y sacar conclusiones. Así, tendríamos datos estadísticos que nos permitirían deducir, con verosimilitud, cuántos son honestos de casta y cuantos honestos de pacotilla.
Lo que sì se sabe es que los documentos de valor, el dinero, las joyas y otras piezas de alta escuela, que eran de todos (hoy del sector público, es decir de nadie, según un socialista listillo), se custodiaban con mimo y bajo siete llaves y que, pese a la vigilancia de los claveros, -custodios de las llaves y vigilantes de los bienes del común- en cuanto se relajaba la disciplina encontraban gobernantes complacientes e impunes que desvalijaban los arcones y dejaban a los claveros que se llevaran la cuota parte del latrocinio. (Igualicos, igualicos, como hoy algunos "políticos").
Todo está inventado, hasta la recomendación bíblica: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no ha pagado algunos servicios libres del IVA y se ha corrompido e esta forma sin remordimientos de conciencia?
Los países adelantados tienen legalizada la sisa al fisco. No es que la recomiende: tan solo constato un hecho. Por citar un caso: ¿Qué me dicen ustedes de los paraísos fiscales? ¿Por qué no se meten con ellos los predicadores de la TV y otros instrumentos dialécticos?
Como éste hay otros casos que constituyen - como dice más de un ilustre político español- un ejemplo paradigmático. El ejemplo ejemplar, es decir paradigmático, está de moda. Como la corrupción. ¡Manda huevos!
Todo está inventado, hasta la recomendación bíblica: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no ha pagado algunos servicios libres del IVA y se ha corrompido e esta forma sin remordimientos de conciencia?
Los países adelantados tienen legalizada la sisa al fisco. No es que la recomiende: tan solo constato un hecho. Por citar un caso: ¿Qué me dicen ustedes de los paraísos fiscales? ¿Por qué no se meten con ellos los predicadores de la TV y otros instrumentos dialécticos?
Como éste hay otros casos que constituyen - como dice más de un ilustre político español- un ejemplo paradigmático. El ejemplo ejemplar, es decir paradigmático, está de moda. Como la corrupción. ¡Manda huevos!
miércoles, 17 de febrero de 2016
ESQUEMATIZO Y ME PIERDO
Me gusta la política por lo que tiene de crucigrama pero al mismo tiempo sé que soy un fracasado, precisamente por no entender a los políticos. Es decir: no capto sus intenciones y me vuelvo destructivo. Y consciente de mi deriva, una vez que toco tierra, siento espanto. Si los políticos, tampoco se entienden... ¿qué va a ser de mí, de nosotros, de los españoles?
- ¿Cómo arreglaría usted ésto? (Pregunté a un perplejo compañero de barra tomando un café)
- Dándoles carretera y manta.
- ¿A todos?
- Con media docena bastaría; uno de cada bando.
No les extrañe que -dadas mis manías- saliera de aquel establecimiento decepcionado, pese a lo cual no renunciaba a contemplar la política española con delectación masoquista. Esto no hay dios que lo arregle y si me veo obligado a esquematizar es porque me tienta el humor.
Clasifico a los políticos -como a los insectos- en dos grandes sectas: la compuesta por partidarios de aumentar el sector pùblico, frente a la integrada por quienes son forofos del sector privado.
Los primeros, envilecen la economía para igualarnos a todos en pobreza. Los segundos, envilecen la política para que los ricos sean más ricos, y los pobres más pobres. Y todos juntos, si te descuidas te limpian hasta el forro.
Los partidarios del sector público, al ser votados para solucionar los problemas, proyectan sacar la pasta a los ricos para dárselo a los pobres, siempre que los primeros no se den a la huida. Si se escapan -lo más seguro- es cargar el muerto a las sufridas clases medias.
Los partidarios del sector privado, proyectan reducir las nóminas oficiales, suprimir el gasto en subsidios disuasores del empuje creador y las becas de los que van a clase pero no se esfuerzan en aprender; estas ideas y otras por el estilo parecen buenas, aunque bien cierto es que las nóminas oficiales crecen cada año que pasa.
Podrían ponerse de acuerdo los de ambos bandos, mitad y mitad, pero no se entienden entre ellos porque no nos quieren. Se quieren a sí mismos. Lo importante -para ellos- no es gobernarnos, sino subirse al tíovivo del poder y dejar resueltos sus problemas familiares.
No sè. No acabo de resolver el crucigrama. Con lo fácil que parece: las hay de sardinas, de cinco letras y termina en "atas"; ¡y no doy con la letra que falta!
- ¿Cómo arreglaría usted ésto? (Pregunté a un perplejo compañero de barra tomando un café)
- Dándoles carretera y manta.
- ¿A todos?
- Con media docena bastaría; uno de cada bando.
No les extrañe que -dadas mis manías- saliera de aquel establecimiento decepcionado, pese a lo cual no renunciaba a contemplar la política española con delectación masoquista. Esto no hay dios que lo arregle y si me veo obligado a esquematizar es porque me tienta el humor.
Clasifico a los políticos -como a los insectos- en dos grandes sectas: la compuesta por partidarios de aumentar el sector pùblico, frente a la integrada por quienes son forofos del sector privado.
Los primeros, envilecen la economía para igualarnos a todos en pobreza. Los segundos, envilecen la política para que los ricos sean más ricos, y los pobres más pobres. Y todos juntos, si te descuidas te limpian hasta el forro.
Los partidarios del sector público, al ser votados para solucionar los problemas, proyectan sacar la pasta a los ricos para dárselo a los pobres, siempre que los primeros no se den a la huida. Si se escapan -lo más seguro- es cargar el muerto a las sufridas clases medias.
Los partidarios del sector privado, proyectan reducir las nóminas oficiales, suprimir el gasto en subsidios disuasores del empuje creador y las becas de los que van a clase pero no se esfuerzan en aprender; estas ideas y otras por el estilo parecen buenas, aunque bien cierto es que las nóminas oficiales crecen cada año que pasa.
Podrían ponerse de acuerdo los de ambos bandos, mitad y mitad, pero no se entienden entre ellos porque no nos quieren. Se quieren a sí mismos. Lo importante -para ellos- no es gobernarnos, sino subirse al tíovivo del poder y dejar resueltos sus problemas familiares.
No sè. No acabo de resolver el crucigrama. Con lo fácil que parece: las hay de sardinas, de cinco letras y termina en "atas"; ¡y no doy con la letra que falta!
martes, 16 de febrero de 2016
LA PÉRDIDA DE ELECTORES
Si los partidos políticos corruptos tuvieran, entre sus directivos, personas conocedoras del
pueblo llano, - sus inquietudes, dudas, afanes, sentimientos y aspiraciones- habrían descubierto que están perdiendo a chorros la confianza y credibilidad que depositaron en ellos y en sus dirigentes, la mayoría de quienes les votaron.
En sus directivas, llenas de personas que pasan por cultas y al tanto de las últimas teorías sobre la forma de ganar votos, no advierten que tan importante o más que la ganancia, es la tarea de evitar la pérdida de electores.
No es tan difícil. Solo es preciso dejar que funcione el sentido comùn. Debieron empezar por saber, los tales directivos, que donde hay algo de valor ha de existir una vigilancia eficaz. Si alguien robara, se sabría, gracias a esa vigilancia, el nombre del ladrón. Una reglamentación interior podría despedirlo, sin perjuicio de llevar su caso a los juzgados. Los directivos han de dar ejemplo, en estos casos, de eficiencia y de rectitud. Y no pasa nada. Al contrario. Se evitarían así muchos sinsabores.
Bien: la falta de controles ya pasó. ¿Y ahora qué?
Si no se tomaron medidas la cosa se complica. Más o menos tarde se confiará el caso a la Justicia, que tardará años en dictar sentencia. El suceso se divulgará en perjuicio de los partidos políticos afectados. El desprestigio de los políticos inocentes, pero afectados, es irrefragable.
Habría sido mejor para los partidos contar, para su funcionamiento, con un reglamento de régimen interior. Podía autorizar tal instrumento legal que, sin perjuicio de presentar la denuncia ante el juzgado, se acordara la suspensión preventiva de empleo y sueldo del o de los sospechosos autores del latrocinio. Esto no se hizo.
Y de nuevo, ¿ ahora, qué?
Ha sonado la hora de las grandes decisiones. Si no se hace la gran colada -ya lo dijo Javier Maroto- los partidos afectados apestarán de tal forma que no habrá quien se les arrime.
Ha sonado la hora de pasar por el confesionario y ya se sabe: examen de conciencia, contrición de corazón, propósito de enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra.
Es duro. Pero no se ha inventado nada mejor para cortar la desbandada de votantes.
pueblo llano, - sus inquietudes, dudas, afanes, sentimientos y aspiraciones- habrían descubierto que están perdiendo a chorros la confianza y credibilidad que depositaron en ellos y en sus dirigentes, la mayoría de quienes les votaron.
En sus directivas, llenas de personas que pasan por cultas y al tanto de las últimas teorías sobre la forma de ganar votos, no advierten que tan importante o más que la ganancia, es la tarea de evitar la pérdida de electores.
No es tan difícil. Solo es preciso dejar que funcione el sentido comùn. Debieron empezar por saber, los tales directivos, que donde hay algo de valor ha de existir una vigilancia eficaz. Si alguien robara, se sabría, gracias a esa vigilancia, el nombre del ladrón. Una reglamentación interior podría despedirlo, sin perjuicio de llevar su caso a los juzgados. Los directivos han de dar ejemplo, en estos casos, de eficiencia y de rectitud. Y no pasa nada. Al contrario. Se evitarían así muchos sinsabores.
Bien: la falta de controles ya pasó. ¿Y ahora qué?
Si no se tomaron medidas la cosa se complica. Más o menos tarde se confiará el caso a la Justicia, que tardará años en dictar sentencia. El suceso se divulgará en perjuicio de los partidos políticos afectados. El desprestigio de los políticos inocentes, pero afectados, es irrefragable.
Habría sido mejor para los partidos contar, para su funcionamiento, con un reglamento de régimen interior. Podía autorizar tal instrumento legal que, sin perjuicio de presentar la denuncia ante el juzgado, se acordara la suspensión preventiva de empleo y sueldo del o de los sospechosos autores del latrocinio. Esto no se hizo.
Y de nuevo, ¿ ahora, qué?
Ha sonado la hora de las grandes decisiones. Si no se hace la gran colada -ya lo dijo Javier Maroto- los partidos afectados apestarán de tal forma que no habrá quien se les arrime.
Ha sonado la hora de pasar por el confesionario y ya se sabe: examen de conciencia, contrición de corazón, propósito de enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra.
Es duro. Pero no se ha inventado nada mejor para cortar la desbandada de votantes.
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