sábado, 17 de enero de 2015

NO ESTOY DE ACUERDO

     La mera exposición de hechos que suceden a diario en España -como en otros países del entorno- no puede interpretarse como una resignada aprobación de esa realidad. No estoy conforme con la desigualdad excesiva entre salarios, no lo estoy con los paraísos fiscales, ni con la economía sumergida, ni con el estraperlo, ni con las migraciones incontroladas, ni con los abusos de los políticos, o las promesas incumplidas, o la carencia de medios para atender las necesidades de gentes indefensas, ni con los gastos superfluos por parte de la administración...ni con ese turismo que hace de la calle un putiferio y muchas cosas más.
    No estoy conforme  con aquellos que aprovechan las coyunturas desgraciadas que son muchas, para fomentar  el vocerío  que las exagera. Con aquellos que, además, sufren si la desgracia se remedia, porque  a ellos  no les interesa tanto que los demás padezcan  como contar con  algo arrojadizo para perturbar el normal funcionamiento  de un país.
    A a nadie bien nacido le produce satisfacción  alguna que miles de enfermos no tengan acceso a una medicación eficaz que los cure. Pero es bien  triste que para remediar el fallo, haya quien en el ejercicio de su profesión, pase de la constatación del hecho y de una buena disposición para colaborar en la  búsqueda de soluciones, a fomentar el  insulto y la  descalificación total de quienes hacen cuanto pueden para salir de la anomalía. Hasta les alegra el fracaso.
    Está claro que no estoy de acuerdo con la injusticia, venga de donde viniere. Aunque sea  de aquellos que están en  la proximidad física  o mental del que escribe.

viernes, 16 de enero de 2015

POR ENCIMA DE LA LEY.

     Sostuve ayer, y lo mantengo, que los paraísos fiscales existen porque  así lo quieren los  Estados bajo cuya jurisdicción están. Diríamos que son  una irregularidad consentida en evitación de males mayores. Es la forma de que al gran capital, tan necesario para que no decaiga el pulso económico de un país, se le proporcione un refugio para evitar su fuga a climas mas favorables.
     Nos dirán  que las leyes del mercado mandan  y que usted, fiel súbdito (es decir esclavo económico) si no se marcha con sus capitalito  a otra parte, donde no lo estrujen, es porque no puede.
     En  los años del hambre, las leyes de una dictadura que  tenía al paisanaje en estado de "firmes ar", se prohibió con severas penas el estraperlo. Pero la cosa se fue suavizando ya que  si no llega a ser por los estraperlistas las gentes hambrientas se habrían sublevado y Franco, con ser quien era, no estaba para broncas domésticas, cuando desde fuera lo tenían acongojado. Así que leyes sí, represión sí, pero sin pasarse y según y cómo. En  ese trance fueron menos inteligentes algunos gobernadores civiles.
    Ustedes habrán visto a la diplomacia española intervenir cerca de la Gran Bretaña porque los "llanitos" echaban algunos peñascos en las aguas costeras o por el  contrabando del tabaco. ¿Lo han hecho acaso con el mismo empeño  para que se desmontara el paraíso fiscal gibraltareño?
    Hace poco el Presidente de Gobierno visitó a los mandamases de Andorra. No dijeron por  qué  ni para qué. Se supone que para asuntos relacionados con la fuga de capitales de España hacia ese paraíso andorrano, tan preferido por las fortunas catalanas, según se va sabiendo.
   ¿Y por qué no llegar -me pregunto- a un buen acuerdo con los nativos para que Andorra sea el paraíso fiscal de España, al modo y manera que lo es Gibraltar para las fortunas del Reino Unido?       ¿Pudo ser esa la razón el  viaje del Sr. Rajoy?
    Así conseguiríamos que no se fueran lejos los grandes capitalistas españoles, por si en un momento  dado tenían que echar un cable a sus paisanos, que  viven, sin paraíso, como unos adanes cualquiera.¿O no?

jueves, 15 de enero de 2015

LOS CUENTOS DE LA TELE.

   El problema es éste: cómo reducir las grandes diferencias salariales en y entre distintas empresas. Ejemplo: se da allí donde un peón gana 10 y un ingeniero gana 100. Es injusto y la injusticia, a la larga, crea reacciones  violentas que las pagamos todos.
   La  exposición de estos casos es bien sencilla en período electoral. En principio el hecho de  enunciar la anomalía, es ya una parte de solución. Está claro que no se resuelven los problemas si antes no se exponen en toda  su dimensión.
   Cumplido ese trámite vamos a ver qué nos dice una multinacional que, por citar un caso, fabrica automóviles y da empleo a 500 trabajadores. La media de los operarios de taller, cobra 800 euros al mes libres de descuentos, más dos pagas extras que hacen 1.600 euros que  divididos por doce y sumados a cada mensualidad, hacen que el salario real sea de 933 euros por mes. Los veinte ingenieros de la misma firma, cobran  media mensual, incluidas las extraordinarias, de 4.500 euros.
    Noticias complementarias: si faltaran diez de estos ingenieros por pagarles un sueldo inferior, tendrían que cerrar la empresa. Y si se subieran los ingresos  de cada operario en un diez por ciento, dejaría de ser rentable el negocio.
    Consecuencias: De no mantener un equilibrio proporcionado a las leyes del mercado, la empresa sería inviable y aumentaría el paro. Otra consecuencia: la empresa se deslocalizaría para buscar, en otro país,  el clima favorable salarial que aquí se le niega.
   Moraleja: es muy fácil después de haber desayunado cumplidamente, ir a una emisora de TV y poner a caldo a los  gobiernos que toleran esas diferencias salariales.
   Solución: nacionalizar la empresa  y poner al Estado a fabricar coches, como se hacía en la URSS. Luego,  esperar a ver  quién te los  compra. Al final cargar las pérdidas al erario público.      
   Otra solución: cerrar la empresa y mandar  a todos los empleados al paro. Que es lo que ha pasado en España y puede volver a pasar.
   Y luego dicen que el pescado es caro.

miércoles, 14 de enero de 2015

EL CAPITAL ESCURRIDIZO


     Volvamos a examinar lo poco atractiva que políticamente resulta la estabilidad prometida por el PP. para el periodo electoral que se aproxima, como ideal ante la nueva legislatura. Ir con esa palabreja "estabilidad" incrustada en el programa electoral, es deprimente. A nada que rasques la "estabilidad" significa que todos, con el Gobierno a la cabeza, vamos a estar de acuerdo en que muchas injusticias sigan sin solución.
     Naturalmente, si otro partido salta a la palestra prometiendo acabar, por ejemplo,  con un sistema fiscal que viene siendo soportado por la sufrida clase media, la estabilidad se rompe; y la mayoría quiere que se rompa, aunque no haya seguridad de que lo nuevo nos saque del mal que ya padecemos.
     A la derecha civilizada -no sólo a la española, sino la del primer mundo- hay que achacarle su docilidad frente al gran capital. Que una familia como los Pujol haya paseado  sus dineros por no se sabe cuántos paraísos fiscales impunemente, nos demuestra que los Estados de los países ricos, no pueden con el gran capital; gran capital que  sostiene y defiende (con hipocresía) la existencia de esos paraísos privilegiados. ¿O acaso Luxemburgo no goza de privilegios que para si quisiera Grecia, con el visto bueno de los demás Estados de la UE? Y Gibraltar ¿no dejaría de existir como paraíso fiscal si lo quisiera el Reino Unido de la Gran Bretaña?
     Tenemos ahí el fenómeno de las migraciones. ¿Acaso de seguir las cosas así piensa alguno en mantener "estables" las corrientes migratorias -es decir dentro de unos límites aconsejables- cuando los Estados (donde manda el gran capital) creen que los problemas se arreglan en la estación de término y no en la estación de salida? ¿O acaso no es el gran capital el interesado en que en el primer mundo crezca una masa de mano de obra barata,  clandestina y sin derechos?
    Como es fácil comprender el día en que un partido político de la derecha civilizada se preocupe de veras  por una justicia social de altos vuelos, aunque tenga que disolver ciertas "estabilidades", empezará a ilusionar a muchos que hoy la detestan.
    No olvidemos que la pobreza suele ser muy estable. Demasiado.

martes, 13 de enero de 2015

LA ESTABILIDAD NO VENDE; LA NOVEDAD, SÍ.

     La mayor parte de los políticos no quieren darse cuenta de que llevar a buen puerto a su partido es una empresa. En su limitado horizonte (y conste que las limitaciones de los políticos  están por encima de la media, - ya diré por qué-) no conciben que se llame  empresa (primera acepción del diccionario de la RAE), a toda "acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo". Y algo más: requiere ingenio.
     ¿Que quiero decir? Muy sencillo: en los partidos políticos, cuando están muy asentados, se impone la ley del mínimo esfuerzo.
     Por ejemplo: ofrecer estabilidad en un país donde -a pesar de la crisis- estamos viviendo los recortes y carencias impuestos sin que se mueva un  papel, con la docilidad de un pastor alemán, no tiene sentido. Las multitudes votantes, piden aquello que les falta, no lo que ya tienen. Las gentes no se acuerdan de la buena salud hasta que la pierden.
    Por ejemplo, ahora quieren hacer buenos negocios y ganar buenos sueldos, como en tiempos de la burbuja inmobiliaria. Ya sabemos que ciertos partidos a eso le llaman justicia social, lo cual en lectura meditada supondría que si somos pobres, vamos a repartir el trabajo y la pobreza (quizás como en Cuba); pero en lecturas rápidas, equivale a pensar que todos vamos vivir como en Suecia sin darnos cuenta de que, para eso, lo primero que hace falta es tener suecos que llenen las calles de la nación y los  puestos de responsabilidad y trabajo. Y en España, como suecos hay muy pocos, vivir como ellos es imposible.
    La empresa, por tanto, si es imaginativa, (con  la mirada puesta en promesas incumplidas), tiene que ofrecer algo sugestivo, capaz de cautivar a las masas. Y la estabilidad, señores, hoy por hoy, no vende.
    Seamos prácticos: ¿Por qué las personas con iniciativa y talento, hombres y mujeres tenaces y con imaginación, detestan  y no quieren desempeñar el oficio de políticos? Porque no pueden formar un buen equipo por falta de gente preparada, aunque algunos piensen de buena fe en todo lo contrario. El partido que resuelva esa ecuación terminará dominando en la palestra política nacional (insisto: si cuenta con un buen dirigente y acierta a formar un buen equipo).
    No es el  caso de "Podemos" y  bien que lo siento.
   

UNA REFLEXIÓN NECESARIA.

      El problema es tan viejo como el desahucio que sufrieron nuestros primeros padres al ser arrojados fuera   del paraíso terrenal. Tan pronto como se vieron en la calle, Adán y Eva sólo pensaron en construirse un hogar, un pequeño paraíso donde no pasar frío ni calor.
      Era lógico que la pareja  se sintiera incómoda tan pronto  aparecía por el horizonte alguien  con el que compartir un cierto grado de confort. Y como él, el forastero tampoco se explica que se le vea como un enemigo.
      Surge así  la incomprensión mutua  y con ella la  rivalidad, con la rivalidad el miedo,  con el miedo el deseo de arrojar fuera de la jurisdicción al inesperado vecino. Empezaron  por no entenderse y terminaron por constituir dos colectividades. En el caso nuestro, en la España., como en otras naciones europeas,  han surgido algunos enfrentamientos entre los heredo cristianos  y los heredo islámicos.
     La lucha por la vida, en épocas difíciles, conducía a  pelear  con el prójimo, por pura necesidad. Todo porque ese prójimo te disputaba la comida, la bebida y el cobijo. O sea que visto el pasado, puede decirse que las incomprensiones y roces de nuestros coetáneos tienen la misma raíz. Los mejor situados luchan por mantener su "status" social, antes de que alguien llegado de fuera termine por arruinarle su comodidad,
    En suma, hasta que el forastero no se integra en el grupo mayoritario, se sentirá, diferente, infravalorado e incómodo. Y salvo excepciones, se sentirá excluido, discriminado y, como todo grupo marginal, creerá que los demás lo esquilman, es decir que lo explotan hasta el agotamiento aunque no suceda así.
   Dada esta situación, vayan ustedes a templar gaitas entre colectividades separadas y sabrán lo que es bueno. Los Estados Unidos de Norte América, pese a tantos y tantos redentores, de donde salieron  algunos mártires, llevan siglos queriendo borrar distancias y, cuando menos lo piensan, surgen las diferencias.
    Solo quería constatar que  la Europa de nuestros días tiene ya el problema dentro de casa.  ¿Que hay que hacer? Por lo menos abrir una reflexión  sobre los europeos y su circunstancia, que diría el  filósofo español por antonomasia. A ser posible una reflexión constructiva.

lunes, 12 de enero de 2015

PESIMISMO A RAUDALES

    En la tele de los sábados por la noche, una emisora en concreto me recordaba a un cura de  pueblo obsesionado con el pecado y las penas del infierno en el sermón de cada domingo.
    Para corregir el desenfreno de sus feligreses, se recreaba  en reseñar las penas del infierno. Y lo hacía  con tal  fidelidad interpretativa, de forma tan convincente, que dejaba   a la concurrencia, deprimida, arrastrada, doliente y triste para todo el día .
    Hasta que por fin, en medio de uno de esos sermones acongojantes, un valiente  alzó la voz y dijo: "Sr. Cura:  si hay que ir al infierno, se va; pero deje ya de "reventarnos" el domingo, que es el único día que tenemos para disfrutar de la perra vida que llevamos".
    Y el cura, desde ese momento, se calló como un fiambre.
    Pues bien, en esa tele aludida  con vocación masoquista,  un predicador titulado en económicas, estuvo dale que te pego, a última hora del sábado, dándonos la murga para demostrar lo mal que marcha nuestra economía, la precariedad del empleo que se crea, la imposibilidad de pagar la deuda generada por España y la ruina que nos acecha.
    En la última semana  el tema de la deuda resultaba conmovedor. Tal y como está la cosa resulta aleccionador que el jefe del socialismo patrio, el señor Sánchez,  haya dado una solución para resolver el problema de la deuda en Grecia, cuando los que vamos con la soga al cuello somos los españoles que nos estamos comiendo las habichuelas  de nuestros nietos.
    Sería bueno que las teles derrotistas se dieran cuenta de que peores fueron los años de la posguerra, cuando el semanario llamado  "La Codorniz", -reinventora del humor, para  elevar la moral patria- decía aquello de  "España no hay mas que una" y respondía el amigo: "Es que si fueran dos, todos nos iríamos a la otra".