La sin limites referencia a la desgastada "democracia" -para justificar chapuceras maniobras, como la del 1-O-, recuerda el socorrido recurso "al bien común" para comulgar con ruedas de molino servidas por las autoridades del ramo, cuando nos quieren vender algún globo económico-social.
Lo malo del caso es que al gran público le va la marcha y, -dado que estos asuntos se prestan al degüello de algún que otro personaje cuyo derribo resulta ser sustancioso por el morbo que despierta-son temas que se estancan y se convierten en basura que poder regar a los cuatro vientos. Basura que se vende muy bien, dicho sea de paso.
Al traer a cuento esta realidad aprecio que los secesionistas, con el apoyo de un sector mediático donde se la dan de expertos, tienen contra las cuerdas al Gobierno de España. Ellos sabrán pero me temo que, al final, la derrota del Poder central es mala para todos los españoles, con los catalanes incluidos.
En esa lucha descarnada donde todo vale, se está eludiendo el uso de la violencia corporal, pero el toque de vísperas esta ya dado. El protomartir puede surgir inesperadamente. Entonces -no lo deseo- ¿dónde irán a parar las buenas intenciones?
La mayoría dice: todo se arreglaría dialogando.
Ciertamente, siempre que ese diálogo sea favorable a los secesionistas. Es decir, siempre que se sacrifique el bien general, en favor del bien particular.
¿Acaso no se resolvió así la crisis de la Transición?
Acabar con la dictadura era bueno para todos y sería un disparate perder la ocasión. Pero... ¿Por qué no aprovechar la coyuntura para arreglar los particularismos secesionistas? Se puso voluntad, pero no acierto
¡Ahí estamos! Y los constitucionalistas, con el culo al aire. ¿No me dirán que se han creído el milagro de la federación de naciones ibéricas?
Dicen ser nacionalistas cuando son secesionistas. Quieren constituirse como Estados, no solo como Naciones.Lo dicen a diario
sábado, 4 de noviembre de 2017
viernes, 3 de noviembre de 2017
TODO CAMBIA
Está comprobado que las multitudes, para sosegarse un tanto, necesitan tomar la calle. En vías públicas, plazas o jardines, se expansionan, gritan, en ocasiones amenazan, portan enseñas y pancartas, cantan, vivaquean y, si se tercia, lloran... todo para promover un cambio.
¿Y qué viene a ser un cambio?
Según cómo se mire. Es difícil de explicar. Por mi parte, cuando con diez años llegue desde mi pueblecillo natal -trescientos habitantes- a Vitoria,-cuarenta mil en 1933-, experimenté un cambio que me llegó a desilusionar. Era una ciudad llena de curas con sotana y militares de uniforme, animada en las calles céntricas y aburrida en las afueras, con carros de basura trajinando a las mañanas, lecheros y repartidores de pan que servían el género a domicilio, pomposos entierros con carroza y bestias de tiro engalanadas y cosas así... Yo quería volver al pueblo. Aquí me llevaban al Instituto, foco cultural, en cuya fachada un letrero prohibía mear bajo la multa de cinco pesetas.
El caso es que todo se mueve y por fin el que cambia es uno, para acoplarse a los nuevos tiempos. He visto como desaparecía de las farmacias el alquiler de sanguijuelas que chupaban sangre, para pasar hasta vender condones para no hacer hijos. Y así, casi todo. Me sueltan en una nueva calle de Vitoria, y no se si estoy en mi ciudad o en Miranda de Ebro.
Todo cambia y, pese a todo, las multitudes claman por más cambio. Después del Concilio Vaticano II, hasta los curas tenían más dinero. ¡Y sin sotana¡ ¿Qué más cambio, Baldomero?
¿Y qué viene a ser un cambio?
Según cómo se mire. Es difícil de explicar. Por mi parte, cuando con diez años llegue desde mi pueblecillo natal -trescientos habitantes- a Vitoria,-cuarenta mil en 1933-, experimenté un cambio que me llegó a desilusionar. Era una ciudad llena de curas con sotana y militares de uniforme, animada en las calles céntricas y aburrida en las afueras, con carros de basura trajinando a las mañanas, lecheros y repartidores de pan que servían el género a domicilio, pomposos entierros con carroza y bestias de tiro engalanadas y cosas así... Yo quería volver al pueblo. Aquí me llevaban al Instituto, foco cultural, en cuya fachada un letrero prohibía mear bajo la multa de cinco pesetas.
El caso es que todo se mueve y por fin el que cambia es uno, para acoplarse a los nuevos tiempos. He visto como desaparecía de las farmacias el alquiler de sanguijuelas que chupaban sangre, para pasar hasta vender condones para no hacer hijos. Y así, casi todo. Me sueltan en una nueva calle de Vitoria, y no se si estoy en mi ciudad o en Miranda de Ebro.
Todo cambia y, pese a todo, las multitudes claman por más cambio. Después del Concilio Vaticano II, hasta los curas tenían más dinero. ¡Y sin sotana¡ ¿Qué más cambio, Baldomero?
jueves, 2 de noviembre de 2017
CRASO ERROR CONSTITUCIONAL
Estoy asistiendo, como español interesado, al esperpento montado en Cataluña a cuenta de una vieja y trasnochada aspiración: convertir a tal territorio en una Nación soberana y así desconectarlo del resto de España.
Vieja aspiración, porque el secesionismo se concretó en el siglo XIX y ganó prestigio a medida que la España heredada de nuestros mayores daba muestras de agonía, circunstancia tan bien diseccionada por la Generación de 98. Y trasnochada porque, en nuestros días, los europeos fueron víctimas de dos guerras mundiales suscitadas y mantenidas por dos nacionalismos totalitarios.
Al fin, tras un periodo sangriento, un grupo de elegidos se sintió capaz de crear un sistema que alejara de Europa el viejo instinto de arrear estopa a quienes pelean bajo el pretexto de acudir en defensa de derechos patrios: la hoy denominada Unión Europea, dispuesta a limar fronteras.
En España -tan exaltada por el nacional catolicismo, fruto de la guerra del 36- no supimos evitar los errores denominados antipatrióticos, aunque más bien eran dogmáticos. Y cuando se daba por remediado el mal, con la Constitución del 78, no hicimos sino despertar al demonio familiar separatista, que se decía desde las filas del franquismo.
Y cobró cuerpo la doctrina nacionalista, ideológicamente bien armada, frente a un amasijo de partidos que aludían en sus diatribas a teorías nunca asimiladas por los votantes.
El secesionismo por fin estalló en Cataluña y ya estamos en fase de volver a empezar. pero ¿cómo?
Lo que desean los nacionalistas vascos y catalanes es -dicho si tapujos- convertir su respectiva autonomía en una Nación-Estado soberana e independiente. Así se confirmó en 1978, algo que no lo quisieron ver los constitucionalistas. Los vascos impusieron una idea clara, a la espera: ¡ya llegará el día!
Está en el Estatuto Vasco vigente, disposición adicional: que el Pueblo Vasco no renuncia a los derechos que como tal le pudieran corresponder en virtud de su historia.
Craso error de los padres de la Patria. Cataluña, País Vasco, Galicia están en la cola. A los demás se les espera
Vieja aspiración, porque el secesionismo se concretó en el siglo XIX y ganó prestigio a medida que la España heredada de nuestros mayores daba muestras de agonía, circunstancia tan bien diseccionada por la Generación de 98. Y trasnochada porque, en nuestros días, los europeos fueron víctimas de dos guerras mundiales suscitadas y mantenidas por dos nacionalismos totalitarios.
Al fin, tras un periodo sangriento, un grupo de elegidos se sintió capaz de crear un sistema que alejara de Europa el viejo instinto de arrear estopa a quienes pelean bajo el pretexto de acudir en defensa de derechos patrios: la hoy denominada Unión Europea, dispuesta a limar fronteras.
En España -tan exaltada por el nacional catolicismo, fruto de la guerra del 36- no supimos evitar los errores denominados antipatrióticos, aunque más bien eran dogmáticos. Y cuando se daba por remediado el mal, con la Constitución del 78, no hicimos sino despertar al demonio familiar separatista, que se decía desde las filas del franquismo.
Y cobró cuerpo la doctrina nacionalista, ideológicamente bien armada, frente a un amasijo de partidos que aludían en sus diatribas a teorías nunca asimiladas por los votantes.
El secesionismo por fin estalló en Cataluña y ya estamos en fase de volver a empezar. pero ¿cómo?
Lo que desean los nacionalistas vascos y catalanes es -dicho si tapujos- convertir su respectiva autonomía en una Nación-Estado soberana e independiente. Así se confirmó en 1978, algo que no lo quisieron ver los constitucionalistas. Los vascos impusieron una idea clara, a la espera: ¡ya llegará el día!
Está en el Estatuto Vasco vigente, disposición adicional: que el Pueblo Vasco no renuncia a los derechos que como tal le pudieran corresponder en virtud de su historia.
Craso error de los padres de la Patria. Cataluña, País Vasco, Galicia están en la cola. A los demás se les espera
miércoles, 1 de noviembre de 2017
MIGRACIÓN INFANTIL
Por noticias publicadas estos días en el País Vasco se viene detectando la llegada a estas tierras de muchachos emigrantes de doce a dieciséis años -más o menos- a los que dar acogida, porque de no hacerlo tendrían que vivir en la calle y pedir limosna.
El hecho resulta penoso y el peligro radica en su tendencia a crecer sin que las autoridades locales tengan a su alcance otra solución que la de ayudar como fuere a estos pequeños emigrantes hasta donde sea posible.
Cualquiera puede comprobar que esta circunstancia migratoria coincide, en estos territorios vascos, con el cierre empresas que han dejado de ser rentables. De otra parte, los puestos de trabajo estables van de capa caída. La oferta laboral, en general, escasea y cotiza a la baja.
Las estadísticas socio-económicas no dan idea clara de la dimensión del cambio. La pérdida de calidad de vida en muchos hogares no se airea, se padece en silencio hasta no poder más. Entonces la burbuja estalla. El retroceso no deseado se traduce en una pobreza generalizada..
No es agradable dar una pintura amarga de la realidad que nos rodea, sobre todo cuando afecta a las clases peor dotadas.
Claro que este tipo de problemas malamente pueden ser resueltos por las autoridades locales o regionales. ¿Se dan cuenta? El problema tiene dimensiones continentales. En nuestro caso es un problema europeo. O se aborda y resuelve para un conjunto de naciones unidas o hay que levantar murallas de contención, como en la edad media.
¡Y pensar que la atención de las masas se dedica a contemplar y atizar diferencias pueblerinas!
El hecho resulta penoso y el peligro radica en su tendencia a crecer sin que las autoridades locales tengan a su alcance otra solución que la de ayudar como fuere a estos pequeños emigrantes hasta donde sea posible.
Cualquiera puede comprobar que esta circunstancia migratoria coincide, en estos territorios vascos, con el cierre empresas que han dejado de ser rentables. De otra parte, los puestos de trabajo estables van de capa caída. La oferta laboral, en general, escasea y cotiza a la baja.
Las estadísticas socio-económicas no dan idea clara de la dimensión del cambio. La pérdida de calidad de vida en muchos hogares no se airea, se padece en silencio hasta no poder más. Entonces la burbuja estalla. El retroceso no deseado se traduce en una pobreza generalizada..
No es agradable dar una pintura amarga de la realidad que nos rodea, sobre todo cuando afecta a las clases peor dotadas.
Claro que este tipo de problemas malamente pueden ser resueltos por las autoridades locales o regionales. ¿Se dan cuenta? El problema tiene dimensiones continentales. En nuestro caso es un problema europeo. O se aborda y resuelve para un conjunto de naciones unidas o hay que levantar murallas de contención, como en la edad media.
¡Y pensar que la atención de las masas se dedica a contemplar y atizar diferencias pueblerinas!
martes, 31 de octubre de 2017
SIMPLIFICADAS PROMESAS POLÍTICAS
Se supone que los partidos políticos se fundaron para -entre otros menesteres- cumplir con su tarea: la gestión del bienestar de los habitantes de un país, ya sea desde el gobierno o desde la oposición.
Desde el gobierno han de proceder con justicia, equidad y eficiencia, por lo menos, y desde la oposición, con lealtad y firmeza en pro de los principios que defiende sin recurrir a la argumentación "ad hominen", con espíritu constructivo.
De forma genérica se supone también que a los políticos les guía ese espíritu, para mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, sobre todo de aquellos que están en peores condiciones para resolver sus problemas dignamente.
Estos objetivos, de fácil explicación y no tan fácil desarrollo, suelen adolecer de un inconveniente serio: para vestir a un santo se suele desnudar a otro. Y eso es mala política.
Por ejemplo, el líder de un partido político cuyo nombre no hace al caso, no se cansa de repetir que la enseñanza en su país ha de ser solo oficial y obligatoria. Y formulado este principio, termina por dificultar a la iniciativa privada el ejercicio de la libertad de enseñanza.
Esta "oficialidad" ya funciona de hecho, puesto que si hay -que los hay- cetros privados de enseñanza, cada vez son menos y están muy condicionados por la legislación vigente.
En resumen la libertad de enseñanza es un mito.
Claro que bajo el pretexto de la libre enseñanza no se puede montar un negocio, pero nadie negará que cabe conciliar esa libertad con iniciativas generosas, existentes en algunas naciones, poco promovidas en la nuestra.
La libertad de enseñanza es necesaria para promover la igualdad. Pero... los países totalitarios no están por la labor.
Por ejemplo, el líder de un partido político cuyo nombre no hace al caso, no se cansa de repetir que la enseñanza en su país ha de ser solo oficial y obligatoria. Y formulado este principio, termina por dificultar a la iniciativa privada el ejercicio de la libertad de enseñanza.
Esta "oficialidad" ya funciona de hecho, puesto que si hay -que los hay- cetros privados de enseñanza, cada vez son menos y están muy condicionados por la legislación vigente.
En resumen la libertad de enseñanza es un mito.
Claro que bajo el pretexto de la libre enseñanza no se puede montar un negocio, pero nadie negará que cabe conciliar esa libertad con iniciativas generosas, existentes en algunas naciones, poco promovidas en la nuestra.
La libertad de enseñanza es necesaria para promover la igualdad. Pero... los países totalitarios no están por la labor.
lunes, 30 de octubre de 2017
LA NACIÓN DE NACIONES NUNCA EXISTIÓ
En nuestro ámbito europeo y entre cristianos, desde un punto de vista al uso, común, sencillo y elemental, coexistían reinos, condados, ducados, señoríos, etc. sin olvidar las jerarquías eclesiásticas que solían comer aparte sin renunciar al poder temporal tejas abajo. No en vano todo poder se ejercía por la gracia de Dios.
La evolución, propia de las sociedades avanzadas, puso en duda la intervención de la divina gracia en el fundamento y ejercicio del poder y, a fuerza de sudárselo, descubrieron que, mediante elecciones honestamente organizadas, se podían encontrar personas competentes para ejercer de mandamases. Y la patria, la nación, la potencia armada, empieza por esta vía a ser un título político- jurídico donde el poder pierde su condición divina para para ser competencia del pueblo soberano. El pueblo adquiere así la deseada soberanía que califica a una nación cuyos límites se fueron forjando de muy diversas formas.
Por ejemplo España, con la Constitución de Cádiz en 1812, quiso ser una nación de naciones aún en formación, puesto que su contenido abarcaba no sólo al territorio peninsular europeo e islas adyacentes, sino a todos los que entonces constituían la América hispana y a las colonias de nuestra hoy sufrida patria, dispersas por otros mares.
Ahora bien, como estos países querían ser soberanos, es decir "naciones", le declararon la guerra a España hasta conseguir que, en cada demarcación, fueran ellos capaces de labrar la felicidad o desgracia de sus gentes, porque lo suyo era ser soberanos de una pieza, sin monsergas ni historietas, como vienen a ser las naciones culturales.
Los políticos suelen ser humanos de poca imaginación, salvo excepciones. Las políticas son cosa bien distinta.
La evolución, propia de las sociedades avanzadas, puso en duda la intervención de la divina gracia en el fundamento y ejercicio del poder y, a fuerza de sudárselo, descubrieron que, mediante elecciones honestamente organizadas, se podían encontrar personas competentes para ejercer de mandamases. Y la patria, la nación, la potencia armada, empieza por esta vía a ser un título político- jurídico donde el poder pierde su condición divina para para ser competencia del pueblo soberano. El pueblo adquiere así la deseada soberanía que califica a una nación cuyos límites se fueron forjando de muy diversas formas.
Por ejemplo España, con la Constitución de Cádiz en 1812, quiso ser una nación de naciones aún en formación, puesto que su contenido abarcaba no sólo al territorio peninsular europeo e islas adyacentes, sino a todos los que entonces constituían la América hispana y a las colonias de nuestra hoy sufrida patria, dispersas por otros mares.
Ahora bien, como estos países querían ser soberanos, es decir "naciones", le declararon la guerra a España hasta conseguir que, en cada demarcación, fueran ellos capaces de labrar la felicidad o desgracia de sus gentes, porque lo suyo era ser soberanos de una pieza, sin monsergas ni historietas, como vienen a ser las naciones culturales.
Los políticos suelen ser humanos de poca imaginación, salvo excepciones. Las políticas son cosa bien distinta.
sábado, 28 de octubre de 2017
MUCHEDUMBRES EXALTADAS
Esta España nuestra viene dando tumbos desde hace años y no acaba de encontrar el equipo dirigente previsor y cauto que acierte a conducirnos por el buen camino. ¡Democracia a pasto!. Sí, sí, pero de boquilla; viste mucho proclamar, vender, exhibir bondad de tamboril. Y viste más si te haces (o te hacen)víctima de un adversario facha.
Así está España dándose al capricho de la pelea diaria. Para ello, salen a la calle convencidos de que sus enemigos son los malos, demócratas de pacotilla, sátrapas, tiranos que explotan a los débiles... Y ellos, los otros, forman parte del lote compuesto por buenas gentes, demócratas de verdad que solo piensan en perder la piel en beneficio de las víctimas del fascio. Y viceversa.
Los dos extremos. Se auto califican y juzgan a los demás sin pudor, dispuestos a imponer sus tesis como si fueran definitivas; la doctrina única para alcanzar la felicidad de la jauría humana.
En este clima, a España le han salido dos granos: el social y el territorial; y, en medio, una cueva de ladrones que ha dejado chica a la de Alí Babá del cuento.
En los treinta y nueve años pasados desde que nos vendieron la transición como si fuera un milagro, en España no hubo Gobierno capaz de hermanar a las muchedumbres exaltadas. Los bandos rivales salen cada día a la calle, a la vida pública, aleccionados, dispuestos a pregonar su "verdad" mediante el insulto, el desprecio, la mentira, el infundio...
Que nadie presuma de que tiene el remedio. Es mentira.
Y así va la cosa...
Así está España dándose al capricho de la pelea diaria. Para ello, salen a la calle convencidos de que sus enemigos son los malos, demócratas de pacotilla, sátrapas, tiranos que explotan a los débiles... Y ellos, los otros, forman parte del lote compuesto por buenas gentes, demócratas de verdad que solo piensan en perder la piel en beneficio de las víctimas del fascio. Y viceversa.
Los dos extremos. Se auto califican y juzgan a los demás sin pudor, dispuestos a imponer sus tesis como si fueran definitivas; la doctrina única para alcanzar la felicidad de la jauría humana.
En este clima, a España le han salido dos granos: el social y el territorial; y, en medio, una cueva de ladrones que ha dejado chica a la de Alí Babá del cuento.
En los treinta y nueve años pasados desde que nos vendieron la transición como si fuera un milagro, en España no hubo Gobierno capaz de hermanar a las muchedumbres exaltadas. Los bandos rivales salen cada día a la calle, a la vida pública, aleccionados, dispuestos a pregonar su "verdad" mediante el insulto, el desprecio, la mentira, el infundio...
Que nadie presuma de que tiene el remedio. Es mentira.
Y así va la cosa...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)