jueves, 14 de febrero de 2019

DIVAGACIONES DESDE VASCONIA (3)

     EL DESTINO DE ESPAÑA.-Me saluda un viejo amigo y hace de la conversación un recreo: "¿Cómo ves el panorama electoral?" -inquiere-. No sé  darle respuesta. "España anda revuelta. Es difícil atinar con los pronósticos".
     No merece la pena -pienso- dedicarse al acertijo cuando uno siente que España va de capa caída. Los proyectos de futuro están  - como la investigación - en paradero desconocido. El ánimo emprendedor -base de todo desarrollo- anda huido cuando no está arrinconado. La enseñanza no destaca y -según la estadística-  no hay Universidad española que cuente entre las cien primeras del mundo.
      La transformación, reflejada en datos económicos, nos indica cómo aumenta el número de pobres y se reduce el de ricos que, al paso del tiempo, mejoran su condición, nadan en la abundancia y se lo llevan a paraísos fiscales.
      El amigo insiste: "¿Y quién ganará en Euskadi?". Y le respondo: "Si no fueras mi amigo ahora mismo te quedabas solo".
      ¿Quién domina la situación? ¿Quién, entre tirios y troyanos, es el amo de la calle, del dinero público, de  los órganos de influencia, de la enseñanza, del deporte, de la buena mesa, del clero y de la leche migada?
      "Ellos creían que eran aldeanos los que allí estaban..."  "Eran bilbainos" (sin acento). ¡La que allí,, se armó!
      Y le dije más: "No he visto en mi larga vida algo parecido al tesón practicado con astucia y puesto en juego en la  Euskadi ibérica, por los que ya  la controlan (¿gozan?) desde años ha". "Dicho sea -insistí- con todos los respetos y no sospechosa admiración".
      ¡Cosas veredes!
   






miércoles, 13 de febrero de 2019

EL PROBLEMA AUTONÓMICO



     EL PROBLEMA AUTONÓMICO.- El Capítulo Primero de la Constitución de Cádiz lleva este título: "De España y de los Españoles". Y declara: "La Nación española es libre e independiente y no puede ser de ninguna familia ni persona". Era de los españoles  de aquí (de la Península e islas adyacentes) y de allá (de las Américas).
    España ya no era un patrimonio de la Corona,  sino de todos y el poder pasó  a ejercerlo el pueblo debidamente representado sin romper la herencia recibida. Pero... dos ideas, una codiciosa y otra ignorante, propias de pueblos muy quemados y decididos,  incitaron a los americanos a  liberarse de cualquier servidumbre y a  constituirse como naciones independientes.Y  empezó la desbandada.   
    Finalizaba el siglo XIX y tanto catalanes como vascos, modernizados y boyantes con sus respectivas industrias, se pusieron en el plano industrial muy por encima  y funcionaron  por delante de las demás tierras de España. Esto -con la ayuda  de una argumentación étnico-cultural e histórica y su tesón,  obraron el deseo: querían la independencia, separarse de España,  modernizarse sin lastre alguno, sin cargar con el retraso de otros. Estaban preparados. Son ya dos naciones emergentes que creen y sienten estar  tocando la independencia.   
    Este es el problema derivado  de la gloriosa  interpretación constitucional que tejieron  poco a poco los secesionistas, mientras los políticos españoles -como decían en mi pueblo-se la cascaban.
    Cuando los nacionalismos arrollan y ponen a las mayorías camino de una pobreza que puede hundirla, hay que servirse de la ley y cumplir y hacer cumplirla  con naturalidad y diplomacia. Y en España es costumbre sacar provecho personal al poder político  y el que venga por  detrás, allá se las componga (ejemplo, los jubilados de poca monta); y así no marcha la cosa.
     Admiro lo de ser francés  y que cada uno de ellos, pueda convivir normalmente con vascos y catalanes nativos, sin novedad ni contratiempos. En España se ignora esta realidad.
Para que esto suceda, hay que ganarse la calle. 
     Ganarse la calle no es hacerse los amos de la vía pública, llenarla de pancartas y banderas, interrumpir el tránsito rodado o peatonal, gritar consignas y quemar símbolos o, en contrapartida, reprimir a porrazos al disidente Esta receta ya la han aplicado y conocen  los nacionalistas más representativos y los españolistas represores. Ganarse la calle es una tarea silenciosa y responsable, cargada de honestidad y eficacia,  en virtud de la cual puede la ciudadanía vivir en paz. Ganarse la calle equivale a vencer al miedo, a no admitir discriminación alguna, a gozar del máximo grado de libertad sin dañar a terceros. 
     Para empezar con buen pie, habrá de reconocerse que hoy esto no sucede. 
     Siendo, como es de hecho, la población no vasca y sí española tan numerosa o superior a la autóctona dentro de Vasconia o de Cataluña, aparece como encubierta y sometida. Yo sé que la igualdad es un decir pero, mientras no  prospere la equidad,  no serán justas ciertas prioridades.
     ¡Mucho han de cambiar la cosa! ¿O no?

martes, 12 de febrero de 2019

DIVAGACIONES DESDE VASCONIA (2)

         
       NO HAY ENGAÑO.-Me presentaré: Cargado de años, con piel curtida y poco pelo, voy recorriendo los últimos pasajes del camino (del mío) con cierta languidez. No sé a quién dirigir mi gratitud pero consignado queda mi deseo. En fin, gracias a Dios.
       He corrido muchas aventuras y, a fuerza de olvidar mis infortunios y de mantener vivo el recuerdo de las horas felices, consigo eludir la soledad y vivir en comunicación intensa con cuanto me rodea.  Por  eso  sufro con la desgracia ajena, -tan extendida en nuestro.mundo- Y  me solidarizo con la esperanza de quienes desean con ansia  tiempos mejores.     
       No me duele confesar que soy un fracasado de la política de la que se burlan sin remilgos un alto porcentaje de politicastros con casta para medrar. Merece la pena dejar un leve testimonio en desacuerdo con los tales sujetos. Nos cuestan demasiado.
      Me ha tocado en suerte vivir unos tiempos en los que se usa y abusa de la libertad de expresión espontánea, inconfesable y vomitada a gritos. Ante el más mínimo pretexto siempre hay voluntarios, micrófono en mano, dispuestos a solucionar los más complejos problemas con fórmulas mágicas que parten de un imposible. Por ejemplo cuando nos aplican el principio de igualdad y se difunde como si éste fuera una pomada.
        Una religión, o si se quiere una filosofía, sostiene que todos somos iguales ante Dios. Solo tiene un inconveniente: que muchos niegan la existencia de Dios. Una corriente política, la generada por la Ilustración, formuló el principio de que todos somos iguales ante la ley. Pero las leyes las hacen los seres humanos y no pueden evitar, al dictarlas o al aplicarlas, que unos resulten más perjudicados que otros.
      Por una sencilla razón, somos parecidos pero nunca iguales. A un joven y a un anciano, se les puede condenar a la misma pena de cárcel, pero el sufrimiento por tal condena nunca será igual para personas con distinta capacidad de resistencia.
     Hubo quien descubrió la igualdad de oportunidades. Otra mentira. Una persona inteligente y con talento puede estudiar la misma carrera que otra no dotada con esas cualidades. No por eso triunfará el segundo y nunca se alcanzará la igualdad pretendida entre ambos.
     Ahora, ya viejo, no puedo aspirar al goce de la vida con el entusiasmo, el vigor y sensibilidad que tenía a mis veinte años. La desigualdad la lleva uno a cuestas. No me hablen de igualdad; tal vez estemos confundiéndola con la dignidad que se merece todo ser humano. 
      Todo esto viene a cuenta porque no soy nacionalista: ni vasco ni español. Y ruego me perdonen.

lunes, 11 de febrero de 2019

DIVAGACIONES DESDE VASCONIA (1)



No soy amigo de someter a debate las cualidades personales de nadie;  y menos las de algunos políticos cargados de buenas intenciones, entre otras cosas porque en el País Vasco todos serán necesarios ante una situación que se presagia como poco favorable para los colores centristas ( de derechas o de izquierdas).
 ¿Por qué es así? Porque estos españoles vascos, moderados y despiertos ante los cambios que se barruntan, saben que, si las cosas se ponen peor, sólo tienen dos caminos  para subsistir con dignidad: o se agrupan en piña bien liderada para hacer valer sus derechos en pie de igualdad,  o acatan sin rechistar los principios de un nacionalismo regional; a no ser que migren a tiempo para reiniciar su vida en otras latitudes.
¿Y qué se barrunta? La lenta pero segura pérdida de poder político por el sector centrista (de izquierdas y derechas); poder que irá a parar a manos nacionalistas vascas; poder que conducirá a sistemas de gobierno donde muchos centristas pasarían a ser extranjeros; extraños al país que dirían los clásicos.
Lo único que sostengo, sin dudas por  mi parte, es que el centrismo  vasco sin dejar de ser español,  necesita un líder. Si ya existiese tendría que prepararse para ser eficiente. En cualquier manual se pueden encontrar cuáles son las virtudes que debe ejercitar un líder para tener éxito y cuáles las cualidades del necesario equipo que ha de rodearlo.
Me parece –como ya señalé en cierta ocasión- que el centro derecha español tiene muchas y  buenas ideas con las que redactar muy concretos y sencillos programas de convivencia , sin perder  popularidad ni mucho menos influencia y personalidad ante el gran público.  Hacer lo contrario, algo que pude conocer y padecer, el "puenteo", equivale a tirar por el sumidero el tiempo, el dinero y el prestigio, que son las bases de todo poder.
No quisiera caer en el mismo pecado. Por eso, si me dieran pie para seguir en la brecha - mi idea es publicar y dar paso a ciertos y positivos valores-trataría de  hacer llegar a conocimiento del mayor número de personas interesadas, tres temas, por ese orden: el autonómico, el social y el cultural.
Con un fin: que el centro  derecha vasco se valga por si mismo para mantenerse vivo sin sentirse avasallado. 



domingo, 10 de febrero de 2019

LA LUCHA TIENDE A SER VIOLENTA

     Para empezar hemos de estar de acuerdo en el significado del vocablo violencia. Alcanzada esa vía de entendimiento, resulta más fácil que podamos llegar a un acuerdo.
     Copio: "La violencia es un comportamiento deliberado que puede provocar daños físicos o psíquicos al prójimo."
     Insultar al prójimo es un acto violento. Henos ante esta realidad: llamar ladrón a un tercero deliberadamente para hacerle daño, es violencia.
     La política entendida rectamente y para ser auténtica, ha de traducirse en el trato correcto y educado, incluso con  el adversario. El ser un buen político,  obliga a obrar con diplomacia.
     Cuentan que en la II República, un "jabalí" -como llamaban a los que formaban un grupo sectario de diputados- se dirigió a un colega derechista y le dijo a voz en grito: "¡Qué se puede esperar de un  hombre que se acuesta con un calzoncillo a rayas". Y el aludido le respondió: "¡Qué indiscreta es su señora!". Podría calificarse de violencia humorística, perdonable en el acto, pero violencia.
     Ante un tan delicado punto, como es la partición de un país, hay que actuar con hechos pacíficos y legales hasta el escrúpulo. Hechos y no palabras. Los insultos son violencia y contraproducentes. El Sr. Casado se ha ido de rosca inútilmente en la semana pasada, de palabra que no de obra.
     No favorece a los suyos, dicho con la más recta intención.

 

sábado, 9 de febrero de 2019

LA CAZA DEL VOTO

        Si usted, amable lector, pone su atención en la táctica empleada por los partidos políticos para ganarse los votos en la próxima convocatoria electoral, comprobará que actúan como si vivieran en el siglo XIX. Están parados y, en consecuencia,  ni siquiera aluden  a las los efectos negativos de las tendencias  "globalizadoras".
        Cuando un Gobierno -de cualquier Estado- se propone recaudar más fondos  -recrecer la presión tributaria- para mejorar -por ejemplo- la asistencia sanitaria para todos, está cerrando empresas, faena equivalente al degüello de la gallina que ponía huevos de oro.
        Estamos asistiendo y prolongado el crónico estancamiento del paro y están conduciendo
a una muy debilitada e insegura pobreza, al personal asalariado.
        Los jerarcas sindicalistas creen que todo se arregla con una reforma de los contratos laborales  para garantizar el empleo estable del asalariado. Pero... los sindicalistas no advierten que las empresas se crean para ganar dinero y si no hay tus tus  no hay majo que se arriesgue.
       ¿Solución? Muchas empresas -sobre todo pequeñas y medias y no digo que todas- tendrán que organizarse en régimen cooperativo o similar, para que  los trabajadores, dueños de la empresa acomoden sus ingresos a sus posibilidades.
       Pero pasar de obrero asalariado a obrero condueño de la empresa, tiene un precio y exige una formación empresarial cooperativa. Y ni los sindicatos de hoy -ni los políticos coetáneos-  están preparados para un cambio  de este formato.
       Y no hay mejor tonto que quien no quiere aprender.

viernes, 8 de febrero de 2019

EL DECLIVE Y... PUNTO Y APARTE

     Cada uno es muy libre a la hora de elegir el destino de su voto. Empiezo por pensar y decir que el género humano, cualquiera que sea su sexo y convicción, va bien servido si confía en las promesas y consejos de los políticos forjados al calor de las necesidades ajenas.
      El voto es un camelo. Y digo el porqué. En principio por ser limitativo. Es como si a uno, con dolor de muelas,  le dieran a elegir para aliviarlo entre un picapedrero y un capador. Para dar con un buen gobernante hay que poner en juego todo un complejo sistema de medidas, que no están al alcance de las masas. ¿Ustedes ven cómo se elige a buen  futbolista?
      Párense a meditar. Puede suceder que hasta la ciencia llegue a pervertirse. ¡No digo nada si en la oferta entra en juego la influencia  de la estética, del buen parecer!.¡Nada más manejable que los o las que quieren lucir teta si no la tienen!, dicho sea con todos los respetos.
      Los políticos, como pasa con los deportistas, pueden existir a barullo, si bien para darles categoría y cancha, habría n de recurrir a la  rigurosa  oposición y  a cuatro años de prácticas antes de darles el título.
      Este hábito virtuoso nos llevaría a tener muchos menos políticos, eficaces, bien pagados y rodeados por las correspondientes cuadrillas de árbitros, silbo en boca, para pitar las faltas antes de que termine partido. Naturalmente con poder para sacar de escena al quebranta normas.
     Lo que estamos viendo y viviendo es una democracia de pacotilla. ¡Con lo cara que resulta!