viernes, 9 de marzo de 2018

LO QUE VALE UN EURO

     Fue una apreciación errónea. En la primavera del 2017. no tuve en cuenta lo que vale un euro ni cómo aprecian los mamones de la política la felicidad inmediata que proporciona. Se olvidan de los puntos negativos de la jugada.
     Pensaba -tenía mis razones- que la debilidad estética y ética del PP, a la que añadir una impopularidad cosechada a pulso y con deméritos buscados que ni a propósito,  aconsejaba un giro de timón; una renovación a cara descubierta,  un lavado de filas, un librarse del desecho de tienta y cerrado, de una peste que invadía las que fueron nobles filas del centroderecha  de España...
     Ni sucedió lo por mí pensado:: una retirada a tiempo para hacer un exámen  de conciencia; un retiro austero  para reorganizarse con acierto y maneras.  ¡Hay que lamerse el rabo y reflexionar lo que vale un euro en manos de un político de baja estofa!
     Me recuerda la parábola del mono: las avellanas se veían en el fondo de un coco hueco al alcance de la mano, para el que quisiera agarrarlas a puño prieto. Para salir del cepo, era necesario abrir la mano. Y el mono, ¡ni hablar! Cayó como un pardillo.
     Las elecciones a la catalana, dirigidas desde Madrid, fueron  una lección, un aviso tardío. Los màs preparados lo veían venir. Y por añadidura, los adversarios, están ya movilizados; ¿o no quieren ver el sentido de  demanda colectiva de los pensionados, de las mujeres torturadas, de los sin vivienda, de la discriminación de migrantes,.. ¡Qué se yo!
     No sueltan el euro, ni por pienso.
 

jueves, 8 de marzo de 2018

EVOLUCIÓN Y BASURA

    Un viejo amigo me contaba: "Me tocó trabajar en una oficina bancaria -1943, segundo año de hambre - dónde tenìamos plaza doce empleados. Hoy, una oficina similar  quintuplica su capacidad operativa y se basta con cuatro oficinistas. Los trámites se han digitalizado y sobra personal.  Posiblemente, dentro de poco, sobrará la oficina".
    Siguió: "Tres años más  tarde, gané una plaza en el sector público. Hice amistad con un compañero, conocedor del percal que se gastaba en aquel departamento. En son de broma me dijo: Si este "negocio"  me lo adjudicaran  por contrata, yo lo llevaría con más diligencia ganando lo mío y ahorrando un dinero al erario público. ¡Aquí sobra la mitad de la nómina!".
    Sesenta años más tarde las oficinas bancarias cierran negocios millonarios,  sirviéndose  de los avances electrónicos. Ya han digitalizado hasta el servicio de limpieza. Todo está en manos de la electrónica. Todo,  salvo el sector público español. Las nóminas del funcionariado oficial crecen como las ortigas en el terreno más pobre.
    Claro que una reforma racionalizada del funcionariado, guarda íntima relación con el desarrollo de la modernidad y reduciría gastos del erario público. Pero antes hay que contar con los partidos políticos. Lo tiene bien analizado mi viejo amigo: a más partidos más funcionarios públicos, unos en  condición de fijos y otros como interinos hasta que puedan jubilarse; es decir, hasta siempre.
     Está claro. Todos critican la  corrupción. Todos. Y,  cuando empiezan,  enseñan orgullosos su "curriculum"  limpio y brillante. Pero...  -dice  mi amigo-: en cuanto tocan poder, crecen las nóminas oficiales como si fueran basura.
     Y a eso lo llaman democracia...
   

miércoles, 7 de marzo de 2018

PENSIONES A LA DERIVA

     Hemos de estar convencidos de que, en España,  al sistema oficial  de pensiones funciona bajo un sistema que llaman de "reparto". Consiste en hacer caja para "repartir" lo recaudado entre los que -por distintas razones- no pueden trabajar en su oficio o profesión.
     Es decir todos los trabajadores  aportan una cantidad durante su vida activa laboral,  para luego, al jubilarse,  tener derecho a percibir un tanto mensual a cambio de lo aportado.
     El sistema falla cuando los beneficiarios viven más de la cuenta prevista; y más aún, cuando la oferta de trabajo cotizante disminuye por las muchas empresas que cierran a causa de una crisis económica.
      Entonces los políticos, a la vista del problema, se enfangan los unos contra los otros y para recaudar dinero por la vía más simple, aumentan la presión tributaria, con lo que consiguen que muchas empresas cierren y otras emigren. En consecuencia aumenta el paro, disminuyen los ingresos o no crecen  en la medida esperada. Poco a poco el cabreo popular baja a la calle y entonces no hay bicho viviente que arregle la cosa sin hacer daño a los más débiles.     La  política de la  escasez crea más pobreza,  que afecta  normalmente a las clases más débiles y, a renglón seguido, a las  clases medias.
     No hay otra salida para combatir la pobreza con éxito, que cada pueblo (el paisanaje) sepa crear y poner a la venta una amplia oferta de bienes y servicios de alta productividad, que son los que dejan potables beneficios. Y para lograr eso, lo primero que hace falta es reducir -con depresión tributaria, si es preciso- el sector público que quiérase o no,  sale más caro que un capricho lujuriante en todas las escalas.  No digo, "suprimir", porque es necesario e ineludible si es racional;  digo "reducir".
     Y no olvidemos la escuela. Una escuela competidora; no una escuela meliflua para salir del paso. La escuela en España, siempre -salvo muy contados casos- ha estado en manos doctrinarias, y así nos va. Discuten sobre escuelas públicas o privadas cuando lo importante es distinguir entre la buena escuela frente a la  mediocre o mala.  La escuela en España -según detentan los sondeos de PISA-está retrasada, respecto a la otros países. Y los políticos son responsables de ese retraso.
      En fin:  En España es más fácil crear un turismo barato,   que llene al país de basura, y explotar de paso la finura del botellón a calle descubierta,  incluso para el magreo colectivo y otros excesos.
      Y a esto le llaman democracia. ¡Chúpate ésa!

martes, 6 de marzo de 2018

EL CANSANCIO DEL PUEBLO

         Creo que fué  hacia el año cincuenta del pasado siglo cuando la Diócesis  de Vitoria se triplicó para dotar  a cada provincia vascongada de su propio obispado. Hubo protestas  del lado nacionalista vasco -moderadas pero valientes- porque entendieron que la medida estaba orientada a debilitar la resistencia clandestina, católica y democrática del nacionalismo vasco, frente al nacional catolicismo en el que se refugió el franquismo totalitario para que los organismos internacionales  olvidaran el inmediato pasado, guerra civilista e imperial incluida
        Fueron los años de la que llamaron "democracia orgánica" en la que se daba cancha a tres sectores: familia, municipio  y sindicato.
        Fueron los años del Concordato con la Santa Sede que dió fuerza a un catolicismo puritano, y a que en Vitoria tuviéramos dos ejemplares instalaciones deportivas de verano: una para la clase media con  separación de zonas en  virtud  del sexo (las chicas por un lado, los machos por otro) y otra más  prosaica y de menos empaque que nos hizo en pensar (río Zadorra por medio) en poner a las mujeres en el lado derecho, a los hombres en  el  izquierdo y en medio un centenar de cocodrilos para evitar excesos. Hasta que los vitorianos se casaron de curas muy dados a la política y hoy las iglesias están vacías.
        Fueron los años  gloriosos de Franco cuando éste, con su gente, se alió con con los EE.UU que  con sus bendiciones, desplazaron a su Presidente  -nada menos que Eisenhower- hasta Madrid para que pasearan en coche descubierto, dando  muestras de que el Caudillo había sido perdonado por los amos del Mundo.
       Fueron años con los que cansaron al pueblo con ritos mundanos protagonizados por el clero.
       Y son, ahora, años con demócratas?  que  cansan con su política de mucho ruido y pocas nueces. Los pensionistas ya han dado muestras de su cansancio.
       Nos cansan porque nos ofrecen a diario  caciquismo puro y además muy caro.

lunes, 5 de marzo de 2018

TODO TIENE SU FIN

      Uno de los defectos de las viejas monarquías era  su duración en el tiempo. Si a todo un pueblo le tocaba padecer, durante muchos años,  los  poderes absolutos de un rey con nulas aptitudes, el resultado era desastroso y para no levantar cabeza.
      Este factor tiempo, contribuyó en gran manera a la desaparición de las  monarquìas para sustituirlas por  repúblicas que permitieran el relevo del poder cada cierto número de años,  o antes si la mala gobernanza traía el desastre a un país. Esto favoreció, también,  que ciertas monarquías  asumieran severas limitaciones que acabaron con el poder absoluto del monarca.
      El factor cambio trajo sus ventajas, sobre todo en aquellas naciones cuyos habitantes estaban convencidos de que el éxito de todo un país dependía de la laboriosidad y talento de sus componentes; es decir allí  donde el pueblo responde y se comporta con rectitud, los políticos, en su misma  línea,  tienden a ser ejemplares; tienden, en consecuencia, a responder con rectitud,  convencidos de que no hay derecho que les permita dificultar la ruta del contribuyente honesto. Cuando la sociedad llana  hace trampas, los gobiernos suelen correr el riesgo de dar puestos de responsabilidad a auténticos ladrones.
      El partido hoy gobernante de España, ha  pasado  por esta prueba. Y pese a las  buenas intenciones de millones de gentes honestas que les votan  - personas deseosas de paz y rectitud para vivir y  trabajar sin ruidos - no se puede negar que estamos asistiendo y a una pertinaz y lógica denuncia de los abusos cometidos. Esta realidad lleva el desasosiego, primero a los compañeros de cama y luego a los compañeros votantes. Acaban por salir perjudicados los que menos culpa tienen.
       Todo tiene su tiempo y su fin. A los políticos contaminados contra sus voluntad, que no supieron cortar por lo sano, les llega también su san Martin.
        Claro que siempre podremos echar  la culpa, al riesgo que corren los pensionistas.

viernes, 2 de marzo de 2018

EL PIJAMA A RAYAS

     Esto que voy a decir corría por tertulias y mentideros por los años de la II República.
     Protagonistas: dos políticos de renombre, uno de izquierdas y otro de derechas. Escenario: el hemiciclo del Parlamento. Tiene la palabra el izquierdista y está  a punto de dar por terminada su intervención con  este desplante dirigido a su rival: "¿Qué se puede esperar de un Diputado que, como usted, se acuesta con un pijama a rayas?".
     El aludido no se da por enterado y su discurso versa sobre el tema político del caso sin inmutarse. "Ya termino -dijo al fin- y a propósito del pijama a rayas, le diré: ¡Qué indiscreta es su señora!"
     Se montó el número. De una bancada a otra volaban las injurias, los insultos, las vejaciones se cruzaban como flechas. La discusión siguió en la calle, en los mentideros, en la mesa camilla hogareña, en la prensa... todos en defensa de la libertad de expresión.
     Aprendí muy joven -era un mozalbete- a confundir  la vejación, el insulto y el desprecio personal con la libertad de expresión referida a las ideas, a los sentimientos,  a las interpretaciones  sin  envilecer a tus semejantes.
     Me cuentan que nadie ha de darse por ofendido si el insulto viene envasado con eso  que llaman humor y en nombre de la libertad de expresión.
     Para el ofendido solo  hay una defensa. Me contaba un amigo: -"Me marcho de Vitoria. Está llena de hps". - "¿Y a dónde vas?". - "A Alicante". -  "Digo yo, que también allí habrá hps". - "Sí: pero no los conozco".
     Eso: es mejor no conocerlos.


jueves, 1 de marzo de 2018

A OTRO HUESO CON ESE PERRO

     ¿Estado de bienestar? De acuerdo. ¿Gratuito para el beneficiado? Magnífico. ¿Ampliable a todo pichipata  que llegue de fuera? Estupendo.  ¿Bla, bla, bla? Seguro. Falsas promesas.
      España carece de los medios necesarios, de los elementos productivos, de la formación  ciudadana, de la experiencia metódica, de la democracia auténtica  que funciona en los países más avanzados, tal que Suecia, o Dinamarca, o Suiza.   Con su rigurosa forma de ser y obrar han hecho posible la economía del bienestar social.
      Pero a mí, que soy de pueblo y además escarmentado, me llevan a deducir: ¿Bienestar en España?Y a exclamar ¡Qué  verde lo están segando! El bienestar a la sueca cuesta un dineral y nadie dice, en la España que prometen,   de dónde van a sacar la pasta para un país donde son pocos los que hacen  cuentas  y muchos los que gastan lo que no tienen;  y muchísimos más los que no tienen qué  gastar.   
      El buen hacer de los pueblos, las bases,  conduce a prestar a precios comedidos, y en ocasiones gratuitamente, bienes y servicios calificados de imprescindibles, a todo ciudadano,   en tres sectores básicos: el retiro pensionado, la sanidad con  farmacia incluida, y la enseñanza gratuita.
     Claro está: antes echan  cuentas;  y cuentan con ciudadanos cumplidores, o sea bien educados  en  la disciplina cívica. Y así funciona la cosa durante décadas, lo que significa que es necesario revisar las normas de rodaje con cierta periodicidad. para no desviarse de una disciplina  necesaria.
     ¿Disciplina en España y en otros países mediterráneos? ¿Políticos que van a dejarse la piel por implantar la justicia social?
      ¡A otro hueso con ese perro!