Las aspiraciones de todo partido político se resumen en esta idea: hacerse con el gobierno de un país para dirigir su futuro, es decir el propio de los llamados a gobernar y, en segundo término, el de sus más fieles votantes. Los demás que esperen su turno.
Sé que esto que les cuento es muy prosaico y dado que no sirve para desmontar una realidad, -la bien llamada "trama"- convertida por las malos políticos en sistema perverso en favor de los más sinverguenzas, viene a resultar que uno es también un pervertido peligroso, un derechista de abrigo.
Pues no. Reconozco que el grave defecto de los más influyentes personajes de ese amplio sector social de las derechas, no ha sabido plantar cara a tiempo (repito, a tiempo) para cortar por lo sano la delincuencia surgida en su seno. El error lo pagaremos todos.
Pero es el caso que si te pones las gafas con las que mirar mas allá de la nariz, te das cuenta de que mientras unos politiquean y roban con la "trama", lleguen otros para tomar el poder y desplazar a sus rivales valiéndose de la "trampa". Para el "populismo" todo vale.
¿En qué cosiste la "trama"? ¿En qué se diferencia de la "trampa"?
La "trama" es una combinación torticera en virtud de la cual el poder político y el económico violan la ley en beneficio de unos pocos, a costa de muchos.
La "trampa" consiste en aplicar el principio de que "el fin justifica los medios", aunque fuere cargando las culpas sobre los más inocentes. Ejemplo vivo: aquellos países donde bajo el pretexto de salvar a los débiles, todo vale, incluso la pérdida de la libertad personal dispuesta a capricho; también - y esto es lo grave- a costa de sufridos inocentes.
Tan viejo como la misma historia.
¡No nos engañemos!
lunes, 24 de abril de 2017
sábado, 22 de abril de 2017
LA DIMISIÓN CAUSA PÁNICO.
Si existiera la opción de sopesar la valía de los políticos sometiéndolos a un cuestionario, cabría preguntarles hasta donde llegan en su resistencia a dimitir por dignidad; y veríamos lo poco que valen la mayoría.
Y pongo lo de "su resistencia" a sabiendas de que las dimisiones, todas, son voluntarias y por tanto de libre ejercicio. Cada uno dimite cuando le da la gana. Casi todos dimiten tarde y mal o no dimiten, y cumplen con la que podría llamarse la "ley del mono" .
Cuentan de una familia de monos (no todos son iguales, como pasa con el género humano) cuyos miembros se dejaban cazar arrastrados por su codicia. Su alimento preferido eran las avellanas. Los cazadores se valían de un coco hueco preparado al efecto: en uno de sus polos dejaban una apertura por donde el mono podía introducir su mano abierta, pero no podía sacarla si cerraba el puño. Las avellanas, la tentación, estaban en el fondo del coco. El mono introducía el puño y lo cerraba, tan pronto se hacía dueño del sabroso cebo y tiraba para huir con el coco y la golosina, pero no podía: el coco estaba sujeto con una cadena y el simio no abría el puño.
No es concebible en una sociedad donde la libertad de expresión es la reina de todas las virtudes, que sean multitud los que formen contubernios, sin los cuales no tendrían razón de ser muchas tertulias que dan vida a los corrillos mediáticos: no hay nada más tentador que hablar del prójimo, cuando además le consta al divulgador que está prestando un servicio a sus semejantes.
Al final el desprestigio cunde y afecta a todos: a tirios y a troyanos. El tiempo no perdona. Más tarde o más temprano los tolerantes, y los que se hacían los ignorantes, se verán desdeñados, por no haber sabido abrir el puño en tiempo y forma.
¡Es ley de vida!
Y pongo lo de "su resistencia" a sabiendas de que las dimisiones, todas, son voluntarias y por tanto de libre ejercicio. Cada uno dimite cuando le da la gana. Casi todos dimiten tarde y mal o no dimiten, y cumplen con la que podría llamarse la "ley del mono" .
Cuentan de una familia de monos (no todos son iguales, como pasa con el género humano) cuyos miembros se dejaban cazar arrastrados por su codicia. Su alimento preferido eran las avellanas. Los cazadores se valían de un coco hueco preparado al efecto: en uno de sus polos dejaban una apertura por donde el mono podía introducir su mano abierta, pero no podía sacarla si cerraba el puño. Las avellanas, la tentación, estaban en el fondo del coco. El mono introducía el puño y lo cerraba, tan pronto se hacía dueño del sabroso cebo y tiraba para huir con el coco y la golosina, pero no podía: el coco estaba sujeto con una cadena y el simio no abría el puño.
No es concebible en una sociedad donde la libertad de expresión es la reina de todas las virtudes, que sean multitud los que formen contubernios, sin los cuales no tendrían razón de ser muchas tertulias que dan vida a los corrillos mediáticos: no hay nada más tentador que hablar del prójimo, cuando además le consta al divulgador que está prestando un servicio a sus semejantes.
Al final el desprestigio cunde y afecta a todos: a tirios y a troyanos. El tiempo no perdona. Más tarde o más temprano los tolerantes, y los que se hacían los ignorantes, se verán desdeñados, por no haber sabido abrir el puño en tiempo y forma.
¡Es ley de vida!
viernes, 21 de abril de 2017
UN FUTURO INCIERTO
Desde una perspectiva política desapasionada, puestos a influir en el futuro que nos aguarda a los españoles a la vuelta de la esquina, podría afirmarse que las gentes de buena fe están desorientadas. Téngase en cuenta que, para la inmensa mayoría, su única forma de influir es con su voto.
Si nos paramos a observar todo lo que ocurre, si lo analizamos fríamente, si queremos sacar consecuencias, muchos terminarán por concluir: "Conmigo que no cuenten: esta vez, no voto"
Las buenas personas -me refiero a las que ganan el pan con su diario sudor- no acaban de entender, ni de digerir, cómo justificar su voto dándoselo a unas listas donde se cuela la mangancia en proporciones exageradas. Porque en España, los electores no eligen a la persona, sino a una extraña relación de amiguetes de cuya historia no tiene la menor idea. ¡ Así nos va!
La que entendemos por derecha moderada, se levanta cada mañana rascándose tras la oreja, al mismo tiempo que se pregunta: ¿cómo se llama el buen ladrón de hoy? La izquierda tradicional está a la greña; se quieren mucho los unos a los otros pero no se hablan ni cuando dan tierra a sus muertos. La nueva derecha no se cansa de repetir que ellos son los buenos, pero no abren brecha; por algo será. Y la nueva izquierda se entrega a la escenificación del sainete cuando estamos ante un drama.
Y los españoles más tiranizados, a fuerza de mal vivir porque no tienen trabajo o no se lo remuneran dignamente, se apoyan como última esperanza en el que mejor miente. No es de extrañar que dadas estas circunstancias las minorías secesionistas aumenten su clientela.
Esa es mi impresión.
¡Propia de un optimista desengañado!
Si nos paramos a observar todo lo que ocurre, si lo analizamos fríamente, si queremos sacar consecuencias, muchos terminarán por concluir: "Conmigo que no cuenten: esta vez, no voto"
Las buenas personas -me refiero a las que ganan el pan con su diario sudor- no acaban de entender, ni de digerir, cómo justificar su voto dándoselo a unas listas donde se cuela la mangancia en proporciones exageradas. Porque en España, los electores no eligen a la persona, sino a una extraña relación de amiguetes de cuya historia no tiene la menor idea. ¡ Así nos va!
La que entendemos por derecha moderada, se levanta cada mañana rascándose tras la oreja, al mismo tiempo que se pregunta: ¿cómo se llama el buen ladrón de hoy? La izquierda tradicional está a la greña; se quieren mucho los unos a los otros pero no se hablan ni cuando dan tierra a sus muertos. La nueva derecha no se cansa de repetir que ellos son los buenos, pero no abren brecha; por algo será. Y la nueva izquierda se entrega a la escenificación del sainete cuando estamos ante un drama.
Y los españoles más tiranizados, a fuerza de mal vivir porque no tienen trabajo o no se lo remuneran dignamente, se apoyan como última esperanza en el que mejor miente. No es de extrañar que dadas estas circunstancias las minorías secesionistas aumenten su clientela.
Esa es mi impresión.
¡Propia de un optimista desengañado!
jueves, 20 de abril de 2017
VICIADO, LARGO Y ABURRIDO
No es lo malo que un país padezca la desgracia de que un alto porcentaje de nativos, con mando en plaza, se tomen la libertad de disponer de lo ajeno como si fuera suyo; es peor aún ver la cara de tontos que ponen los que, pudiendo haber evitado el saqueo, se encuentran ante la opinión de la calle sin argumentos razonables que justifiquen lo sucedido.
Al fin todo concluye en morbosos comentarios en torno a lo sucedido, con la colaboración vocacional de sagaces exploradores de la noticia, atentos, no a que se devuelva lo sustraído por los autores de la rapiña, sino a ver si dejan un hueco en las bancadas del poder para que lo ocupen con presteza los que ya están a la cola.
Es una tarea con doble vertiente: una la de sanear el pudridero, que no deja de ser meritoria y otra la de poner en marcha una política que podría llamarse de buenas costumbres, con lo difícil que resulta no caer en el pecado cuando la tentación esta a la vista y la vigilancia se vuelve cómplice. Ocasionalmente pero cómplice.
Y todo ello sucede, a riesgo y ventura, después de que los titulares del poder - unos desde el ejercicio activo y otros en la oposición- hayan jurado o prometido lealtad y limpieza en el manejo de la confianza que el pueblo les otorga con la mejor buena fe.
Claro, es lógico que la desconfianza cobre cuerpo a la hora del relevo electoral.
¡La carne es débil!
Lo que no deja de asombrarnos es la negligencia de sus jefes y superiores en la escala jerárquica. Las tres llaves de los cajeros de seguridad, son más viejas que la pana.
¡Y no se enteran!
Es una tarea con doble vertiente: una la de sanear el pudridero, que no deja de ser meritoria y otra la de poner en marcha una política que podría llamarse de buenas costumbres, con lo difícil que resulta no caer en el pecado cuando la tentación esta a la vista y la vigilancia se vuelve cómplice. Ocasionalmente pero cómplice.
Y todo ello sucede, a riesgo y ventura, después de que los titulares del poder - unos desde el ejercicio activo y otros en la oposición- hayan jurado o prometido lealtad y limpieza en el manejo de la confianza que el pueblo les otorga con la mejor buena fe.
Claro, es lógico que la desconfianza cobre cuerpo a la hora del relevo electoral.
¡La carne es débil!
Lo que no deja de asombrarnos es la negligencia de sus jefes y superiores en la escala jerárquica. Las tres llaves de los cajeros de seguridad, son más viejas que la pana.
¡Y no se enteran!
miércoles, 19 de abril de 2017
POLÍTICA Y PODER
Desde que el ser humano se sintió capaz de sostenerse erguido y dispuesto a subsistir y a medrar en competencia con otros de su misma especie, percibió que la llave de su futuro estaba en ese misterioso secreto llamado poder.
Lo delicado del tema viene tras esta interrogación: ¿cómo se alcanza el poder? Los medios son muy diversos, pero el poder, para ser útil al que lo ostenta, necesita del reconocimiento de una mayoría. Si al hombre -o mujer- lo dejas solo, su poderío le servirá para subsistir, pero no para mandar, para ser el amo en términos vulgares, que es lo que importa.
Las manifestaciones más claras del poder, en nuestros días, suelen alcanzarse gracias a la política; y también por la vía del dinero. No puede olvidarse que políticos y adinerados, suelen entenderse a las mil maravillas. Los intereses materiales unen a los mayores enemigos, siempre que ambos salgan beneficiados en sus respectivas áreas de poder. Por ahí nace la corrupción.
Es difícil resistir las tentaciones del poder y del dinero. Ya los clásicos -antes de la doctrina cristiana partidaria del amor y el perdón para estar en la cresta de la ola- recurrieron a las virtudes cardinales -justicia, prudencia, fortaleza y templanza- para mantenerse con el poder intacto.
Algo o algunos, muchos, han ha fracaso en el ejercicio de ese poder en el planeta Tierra. También en España. El poder y el dinero no se han mantenido en la reserva. Todo los trapos sucios están en la puñetera calle. Las gentes no aciertan a elegir al poderoso que las guíe.
Estos errores los pagan siempre los más pobres. Los que menos culpa tienen. Lo malo viene si se cansan.
¡Tienen sus razones!
Lo delicado del tema viene tras esta interrogación: ¿cómo se alcanza el poder? Los medios son muy diversos, pero el poder, para ser útil al que lo ostenta, necesita del reconocimiento de una mayoría. Si al hombre -o mujer- lo dejas solo, su poderío le servirá para subsistir, pero no para mandar, para ser el amo en términos vulgares, que es lo que importa.
Las manifestaciones más claras del poder, en nuestros días, suelen alcanzarse gracias a la política; y también por la vía del dinero. No puede olvidarse que políticos y adinerados, suelen entenderse a las mil maravillas. Los intereses materiales unen a los mayores enemigos, siempre que ambos salgan beneficiados en sus respectivas áreas de poder. Por ahí nace la corrupción.
Es difícil resistir las tentaciones del poder y del dinero. Ya los clásicos -antes de la doctrina cristiana partidaria del amor y el perdón para estar en la cresta de la ola- recurrieron a las virtudes cardinales -justicia, prudencia, fortaleza y templanza- para mantenerse con el poder intacto.
Algo o algunos, muchos, han ha fracaso en el ejercicio de ese poder en el planeta Tierra. También en España. El poder y el dinero no se han mantenido en la reserva. Todo los trapos sucios están en la puñetera calle. Las gentes no aciertan a elegir al poderoso que las guíe.
Estos errores los pagan siempre los más pobres. Los que menos culpa tienen. Lo malo viene si se cansan.
¡Tienen sus razones!
martes, 18 de abril de 2017
LA ESPAÑA POBRE
Las vacaciones de primavera en España se hacen coincidir con la Semana Santa. Han sido días de jolgorio para un amplio sector de españoles. Nada tienen que ver sus traslados multitudinarios indicativos de abundancia, con el índice de pobreza que las estadísticas atribuyen a una gran parte de nuestro pueblo.
Si se nos juzgara por nuestras aficiones viajeras, por lo dado que somos a la contemplación ociosa y relajada del paisaje, a las complacencias gastronómicas, al bla, bla, ruidoso y desenfrenado y al "dolce far niente", podría deducirse que somos un pueblo feliz. Pero... no.No echemos en olvido a nuestros pobres.
Según nos cuenta la estadística, una cuarta parte de la población española -por lo menos- está necesitada de auxilios y ayudas sociales para poder subsistir. Reconocer la necesidad, no quiere decir que esté asistida.
Se observa, al paso de los días, que las políticas aplicadas para mejorar los ingresos "per capita" de los españoles por la vía laboral, no son satisfactorias para esa capa de pobreza que nos rodea. Y esto tiene su respuesta. Las desigualdades exageradas tienden a convertirse en manifestaciones de muy diverso cuño en señal de.protesta.
España está al borde de un cambio de dimensiones imprevistas. Asistimos a una doble representación: a una despreocupación alegre y desbordada, por un lado, y no tomamos en cuenta la tristeza desolada y rebelde de las capas pobres que no se resignan, por otro.
En momentos así, sobrenadando en la crisis, suelen crecer los nuevos profetas de la política con viejas ideas de nuevo retocadas: los mismos de siempre con distintos collares. Ahora se enfangan en la motejada "trama". No hay sinceridad; todo es teatro.
: Y todo, hasta el contraste económico, tiene un límite. Cuando se pasa ese límite alguien ha de actuar, para prever y evitar un estallido generalizado.
Tomen nota: Por primera vez, están surgiendo grupos de anómalos turistas que después de disfrutar del asueto, se marchan si pagar; o se detecta la aparición de bandas llegadas del exterior que montan un cirio en zonas turísticas; o donde se insulta y avasalla al despistado nativo; o se detecta la aparición de grupos gamberriles a quienes poco importa forzar estampidas... En fin: subyace, además, el miedo al atentado violento y vengativo.
Sucede en un país donde un cuarto de su población sufre y mal vive en la miseria.
Estamos hablando de unos quince millones de personas.
¡No es justo! Ni nos conviene olvidarlo.
Si se nos juzgara por nuestras aficiones viajeras, por lo dado que somos a la contemplación ociosa y relajada del paisaje, a las complacencias gastronómicas, al bla, bla, ruidoso y desenfrenado y al "dolce far niente", podría deducirse que somos un pueblo feliz. Pero... no.No echemos en olvido a nuestros pobres.
Según nos cuenta la estadística, una cuarta parte de la población española -por lo menos- está necesitada de auxilios y ayudas sociales para poder subsistir. Reconocer la necesidad, no quiere decir que esté asistida.
Se observa, al paso de los días, que las políticas aplicadas para mejorar los ingresos "per capita" de los españoles por la vía laboral, no son satisfactorias para esa capa de pobreza que nos rodea. Y esto tiene su respuesta. Las desigualdades exageradas tienden a convertirse en manifestaciones de muy diverso cuño en señal de.protesta.
España está al borde de un cambio de dimensiones imprevistas. Asistimos a una doble representación: a una despreocupación alegre y desbordada, por un lado, y no tomamos en cuenta la tristeza desolada y rebelde de las capas pobres que no se resignan, por otro.
En momentos así, sobrenadando en la crisis, suelen crecer los nuevos profetas de la política con viejas ideas de nuevo retocadas: los mismos de siempre con distintos collares. Ahora se enfangan en la motejada "trama". No hay sinceridad; todo es teatro.
: Y todo, hasta el contraste económico, tiene un límite. Cuando se pasa ese límite alguien ha de actuar, para prever y evitar un estallido generalizado.
Tomen nota: Por primera vez, están surgiendo grupos de anómalos turistas que después de disfrutar del asueto, se marchan si pagar; o se detecta la aparición de bandas llegadas del exterior que montan un cirio en zonas turísticas; o donde se insulta y avasalla al despistado nativo; o se detecta la aparición de grupos gamberriles a quienes poco importa forzar estampidas... En fin: subyace, además, el miedo al atentado violento y vengativo.
Sucede en un país donde un cuarto de su población sufre y mal vive en la miseria.
Estamos hablando de unos quince millones de personas.
¡No es justo! Ni nos conviene olvidarlo.
lunes, 10 de abril de 2017
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