Escribir con claridad es un noble intento de comunicación con los demás sin dar lugar a errores. Si uno sostiene que el PP y el PSOE pierden votos a chorros en el País Vasco peninsular, está dando a entender que ambos partidos ceden poder en este territorio en favor de sus adversarios. Y si pierden es por algo que hacen mal o dejan de hacerlo; o las dos cosas.
Partamos de un hecho con el que comulgan a diario los "abertxales": Euskadi es la nación de los vascos y su idioma es el euskera. Desde el momento en que se afirmó este principio, la independencia de Euskadi se basó en la imposición del euskera como idioma oficial y obligatorio, a sabiendas de que la tarea ocuparía un tiempo y costaría un dinero. Todos los nacionalistas viven esperanzados: el euskera además de ser el idioma oficial prioritario, será el más hablado en todo Euskadi.
Esta decisión, oficializada en parte, tiene ya repercusiones. El dominio del euskera puntúa favorablemente en ciertos sectores laborales. Es una herramienta que puede proporcionar bienestar cuando todavía no se ha implantado la independencia de la nación llamada Euskadi.
Todo este complejo proyecto exige el control de los centros escolares. Así sucede, sin que los partidos constitucionalistas citados hayan intentado una política escolar menos polarizada.
Así vamos camino de forjar dos comunidades separadas por el idioma.
Este hecho nos lleva a pensar que, por la ruta actual, el poderío del secesionismo irá en aumento y los partidos de ámbito estatal, perdiendo votos, se plegarán a la influencia electoral nacionalista; o irán, también es posible, por el camino de la rebeldía esta vez "maketa", cada uno por su lado. No es el primer caso. Por consiguiente, correremos el riesgo de que, al paso del tiempo, el paisanaje vasco se divida en dos comunidades: la de habla euskérica y la de parla castellana.
Si pese a estas circunstancias favorables para el euskera, no triunfara este idioma vernáculo, será porque el castellano tiene vitalidad propia y pervive en las condiciones más inhóspitas, lo cual no sería bueno para los secesionistas vascos. Pero este fenómeno, agudizaría la radicalidad de las comunidades dichas.
A mi entender, nadie puede perder el tiempo en bagatelas. Los constitucionalistas, han de estar atentos a lo que se cuece en Madrid, pero con los ojos puestos en los guisos de su tierra. Para empezar, lo que faltan son escuelas donde se haga realidad el derecho de los padres, aprobado por las Naciones Unidas, para elegir el centro docente donde educar a sus hijos.
¡No es tan difícil!
jueves, 16 de marzo de 2017
miércoles, 15 de marzo de 2017
FISCALIZACIÓN DE LOS INGRESOS PÚBLICOS
Como se puede comprender, la mayoría de la paciente tropa contribuyente que declara y paga impuestos suele ser fiel y cumplidora, sobre todo cuando sus ingresos figuran en nómina. En casos así escaquearse no es fácil.
Una excepción: el Impuesto sobre el Valor Añadido. De este tipo de fraude fiscal se han beneficiado millones de españoles que ayudan a que aumente la deuda de su Patria, a la que tanto ovacionamos cuando su selección gana un partido de fútbol.
¿Quién se salva por no haber defraudado el IVA? ¡Bueno, para qué engañarnos! Casi nadie con vida activa. Y ¿a cuánto asciende el total de la broma? Está por ser calculado con exactitud. En consecuencia, la fiscalidad de los ingresos está fuera de control.
En el código genético de una gran mayoría de españoles de ambos sexos, incluidos catalanes y vascos, está impresa esta idea: engañar al fisco de cualquier estamento oficial es reconfortante y levanta la moral de un muerto.
La fiscalización de los ingresos a los que me refiero, conduce a conocer con precisión cuánto produce un determinado tributo y cuánto se deja de ingresar; y quiénes son los que rehuyen el pago, o pagan menos de lo previsto y las causas que originan este fallo.
Con todas las medidas que dicen existir para garantizar al votante el juego limpio, la verdad es que los dineros recaudados, en nombre del Estado, y de ahí para abajo por sucesivos organismos oficiales, no se controlan por lo fino; y si trataran de hacerlo descubrirían que las mordidas se dan de tapadillo por las facilidades que existen para sobrepasar con éxito cualquier control.
Cuando se habla de reformas fiscales, hay que detenerse a examinar la idiosincrasia de cada pueblo, para evitar estos fiascos que desnivelan los presupuestos.
Consciente o inconscientemente ya se hace con los ingresos de poca enjundia, al recaudar el impuesto sobre la renta de los que cobran por nómina: pagan el impuesto por adelantado con retenciones mensuales. Sería un abuso oficial servirse en el ínterin de unos dineros que no son del Estado hasta su vencimiento. Ciertamente ese dinero sobrante, se devuelve una vez al año sin rentabilidad para su legítimo dueño. ¡Todos tan contentos!
Todo se arreglaría estimulando a los recaudadores. Pero no va ser un servidor el que se cargue con obligaciones ajenas.
Solo quería demostrar que los cauces recaudatorios tienen vías de escape mal controladas, en perjuicio de los contribuyentes débiles.
Muchos políticos se hartan ofreciéndonos igualdad. Pero ¿cómo, cuándo, dónde?
Una excepción: el Impuesto sobre el Valor Añadido. De este tipo de fraude fiscal se han beneficiado millones de españoles que ayudan a que aumente la deuda de su Patria, a la que tanto ovacionamos cuando su selección gana un partido de fútbol.
¿Quién se salva por no haber defraudado el IVA? ¡Bueno, para qué engañarnos! Casi nadie con vida activa. Y ¿a cuánto asciende el total de la broma? Está por ser calculado con exactitud. En consecuencia, la fiscalidad de los ingresos está fuera de control.
En el código genético de una gran mayoría de españoles de ambos sexos, incluidos catalanes y vascos, está impresa esta idea: engañar al fisco de cualquier estamento oficial es reconfortante y levanta la moral de un muerto.
La fiscalización de los ingresos a los que me refiero, conduce a conocer con precisión cuánto produce un determinado tributo y cuánto se deja de ingresar; y quiénes son los que rehuyen el pago, o pagan menos de lo previsto y las causas que originan este fallo.
Con todas las medidas que dicen existir para garantizar al votante el juego limpio, la verdad es que los dineros recaudados, en nombre del Estado, y de ahí para abajo por sucesivos organismos oficiales, no se controlan por lo fino; y si trataran de hacerlo descubrirían que las mordidas se dan de tapadillo por las facilidades que existen para sobrepasar con éxito cualquier control.
Cuando se habla de reformas fiscales, hay que detenerse a examinar la idiosincrasia de cada pueblo, para evitar estos fiascos que desnivelan los presupuestos.
Consciente o inconscientemente ya se hace con los ingresos de poca enjundia, al recaudar el impuesto sobre la renta de los que cobran por nómina: pagan el impuesto por adelantado con retenciones mensuales. Sería un abuso oficial servirse en el ínterin de unos dineros que no son del Estado hasta su vencimiento. Ciertamente ese dinero sobrante, se devuelve una vez al año sin rentabilidad para su legítimo dueño. ¡Todos tan contentos!
Todo se arreglaría estimulando a los recaudadores. Pero no va ser un servidor el que se cargue con obligaciones ajenas.
Solo quería demostrar que los cauces recaudatorios tienen vías de escape mal controladas, en perjuicio de los contribuyentes débiles.
Muchos políticos se hartan ofreciéndonos igualdad. Pero ¿cómo, cuándo, dónde?
martes, 14 de marzo de 2017
ESTADO PLURINACIONAL
Hace unos días, el ex-alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, compareció en los estudios de una emisora televisiva de alcance nacional y, en pleno debate, aportó una idea interpretativa -en su opinión- sobre la plurinacionalidad española. Euskadi, Cataluña y Galicia tenían cada una -porque hablaban en su propio idioma- derecho a ser reconocidas como nación cultural; según su teoría, nada costaba ceder a esos territorios tal título, sin llegar a darles la independencia, y resolver así las diferencias que les impiden a estas "naciones" funcionar normalmente con las demás regiones que forman España.
Quise entender que el Señor Elorza formuló esta propuesta con la mejor intención. Pero, incluso los que practican con fe de carbonero los ritos secesionistas, tanto vascos como catalanes, quieren que Cataluña y Euskadi sean naciones independientes y soberanas y, desde esta realidad, negociar con España, de Estado a Estado, un pacto de amistad y de buenas relaciones; algo así como cerrar un tratado bilateral que, desde la independencia, suene a mutuo apoyo. Pero nada que se parezca a una nación cultural a secas.
Los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, desean todo lo bueno que puedan sacar de España y rechazan lo malo: por ejemplo que España les impida figurar entre los mejores pueblos del planeta Tierra, libres de ataduras. Y creo que este sería un primer paso en ese sentido, porque hay territorios limítrofes con Cataluña y Euskadi que podrían sumarse a estas naciones emergentes, si las cosas salieran bien. Se diría que lo nacionalistas viven para cumplir un deber: contar con el mayor espacio posible donde estar como en casa entendiéndose en euskera o catalán sin depender de España.
¿Hay conversaciones avanzadas entre el poder central y el autonómico vasco paras armonizar conveniencias? Se sospecha que sí; pero nadie suelta prenda. Papeleta difícil para el llamado a dar.
La clase media no nacionalista del País Vasco, tiene muy poco estudiado el tema y desconoce las consecuencias dimanadas de la venta de su primogenitura por un plato de lentejas. Esa clase media, entre idas y venidas, vueltas y revueltas de sus representantes políticos, esta desguarnecida, sola y decadente. Debería pensárselo.
¿Es hora de que tome parte en el negocio? ¿O no?
Quise entender que el Señor Elorza formuló esta propuesta con la mejor intención. Pero, incluso los que practican con fe de carbonero los ritos secesionistas, tanto vascos como catalanes, quieren que Cataluña y Euskadi sean naciones independientes y soberanas y, desde esta realidad, negociar con España, de Estado a Estado, un pacto de amistad y de buenas relaciones; algo así como cerrar un tratado bilateral que, desde la independencia, suene a mutuo apoyo. Pero nada que se parezca a una nación cultural a secas.
Los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, desean todo lo bueno que puedan sacar de España y rechazan lo malo: por ejemplo que España les impida figurar entre los mejores pueblos del planeta Tierra, libres de ataduras. Y creo que este sería un primer paso en ese sentido, porque hay territorios limítrofes con Cataluña y Euskadi que podrían sumarse a estas naciones emergentes, si las cosas salieran bien. Se diría que lo nacionalistas viven para cumplir un deber: contar con el mayor espacio posible donde estar como en casa entendiéndose en euskera o catalán sin depender de España.
¿Hay conversaciones avanzadas entre el poder central y el autonómico vasco paras armonizar conveniencias? Se sospecha que sí; pero nadie suelta prenda. Papeleta difícil para el llamado a dar.
La clase media no nacionalista del País Vasco, tiene muy poco estudiado el tema y desconoce las consecuencias dimanadas de la venta de su primogenitura por un plato de lentejas. Esa clase media, entre idas y venidas, vueltas y revueltas de sus representantes políticos, esta desguarnecida, sola y decadente. Debería pensárselo.
¿Es hora de que tome parte en el negocio? ¿O no?
lunes, 13 de marzo de 2017
LA ESPAÑA DESERTIZADA
Estamos asistiendo a un cambio político social de cuyos resultados finales solo manejamos aventuradas hipótesis. ¿En qué terminará la nueva política de los EE.UU.? ¿Qué será de la Unión Europea? ¿Y de España?
Casi todo cuanto se anuncia se basa en experiencias pasadas, en recuerdos históricos, en ideales apoyados en doctrinas de tiempos idos.
Ortega y Gasset, en "La rebelión de las masas", se anticipó a nuestros días: "Quien aspire verdaderamente a crear una nueva realidad social o política necesita preocuparse ante todo de que esos humildísimos lugares comunes de la experiencia histórica queden invalidados por la situación que él suscita (...) Con el pasado no se lucha cuerpo a cuerpo. El porvenir lo vence porque se lo traga".
Nos preocupamos de la pobreza que nos rodea, es cierto. Pero tomen nota: la solución de los EE.UU. está -según su nuevo Gobierno- en levantar un muro para que los pobres de México no lleven su pobreza, sobrepasando unos límites, a sus vecinos del norte. La fórmula es tan vieja como el mundo. Pudo ser útil, cuando las comunicaciones eran lentas y las distancias se hacían largas. Hoy las gentes vuelan. Pasan por encima de los muros. La solución está en que los mejicanos sean ricos.
El país que iba en vanguardia, los EE.UU, retrocede a épocas pasadas: mal asunto. Y en Europa puede suceder otro tanto. La Unión Europea pretende elevar el nivel de vida de los países que la integran. Pero si en esos países reverdecen los efluvios nacionalistas, si se restauran las fronteras y reviven los mitos o idolatrías locales, si nos miramos el ombligo, la pobreza de gran parte de sus habitantes acabará con los ansiados estados del bienestar.
Hay que modernizar los países pobres, invertir en la enseñanza de sus gentes, ponerlos en la vía constructiva... Ir hacia ellos con nuestras enseñanzas, con nuestras inversiones, para evitar que vengan hacía nosotros con su pobreza. Todo sin perder lo bueno que ya tienen.
Pero ¿qué estoy diciendo? ¿Acaso somos ricos? Tendríamos que descubrir y enseñar nuestra España pobre, sola, desertizada ... Tendríamos que abrir escuelas en esos pueblos vacíos, no cerrarlas como hemos hecho; abrirlas con los medios que hoy nos brindan los inventos que no conocíamos hace poco más de veinte años.
Nunca ha tenido más actualidad aquel deseo de futuro que pedía Joaquín Costa en el, siglo XIX, también para las zonas rurales: España necesita escuela y despensa.
Casi todo cuanto se anuncia se basa en experiencias pasadas, en recuerdos históricos, en ideales apoyados en doctrinas de tiempos idos.
Ortega y Gasset, en "La rebelión de las masas", se anticipó a nuestros días: "Quien aspire verdaderamente a crear una nueva realidad social o política necesita preocuparse ante todo de que esos humildísimos lugares comunes de la experiencia histórica queden invalidados por la situación que él suscita (...) Con el pasado no se lucha cuerpo a cuerpo. El porvenir lo vence porque se lo traga".
Nos preocupamos de la pobreza que nos rodea, es cierto. Pero tomen nota: la solución de los EE.UU. está -según su nuevo Gobierno- en levantar un muro para que los pobres de México no lleven su pobreza, sobrepasando unos límites, a sus vecinos del norte. La fórmula es tan vieja como el mundo. Pudo ser útil, cuando las comunicaciones eran lentas y las distancias se hacían largas. Hoy las gentes vuelan. Pasan por encima de los muros. La solución está en que los mejicanos sean ricos.
El país que iba en vanguardia, los EE.UU, retrocede a épocas pasadas: mal asunto. Y en Europa puede suceder otro tanto. La Unión Europea pretende elevar el nivel de vida de los países que la integran. Pero si en esos países reverdecen los efluvios nacionalistas, si se restauran las fronteras y reviven los mitos o idolatrías locales, si nos miramos el ombligo, la pobreza de gran parte de sus habitantes acabará con los ansiados estados del bienestar.
Hay que modernizar los países pobres, invertir en la enseñanza de sus gentes, ponerlos en la vía constructiva... Ir hacia ellos con nuestras enseñanzas, con nuestras inversiones, para evitar que vengan hacía nosotros con su pobreza. Todo sin perder lo bueno que ya tienen.
Pero ¿qué estoy diciendo? ¿Acaso somos ricos? Tendríamos que descubrir y enseñar nuestra España pobre, sola, desertizada ... Tendríamos que abrir escuelas en esos pueblos vacíos, no cerrarlas como hemos hecho; abrirlas con los medios que hoy nos brindan los inventos que no conocíamos hace poco más de veinte años.
Nunca ha tenido más actualidad aquel deseo de futuro que pedía Joaquín Costa en el, siglo XIX, también para las zonas rurales: España necesita escuela y despensa.
sábado, 11 de marzo de 2017
IGUALDAD SIN LIBERTAD
Cuando se habla del derecho de igualdad ha de tenerse en cuenta que, se refiere al de cada persona, de cada ser humano. No se trata de igualdad colectiva de hecho, sino de un derecho.
Que todos seamos iguales ante la ley, significa que todos -damas y caballeros- uno a uno, tienen los mismos derechos y obligaciones.
En consecuencia con este planteamiento: "Nada en esta Declaración (Derechos Humanos-Naciones Unidas, núm. 30) podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración".
Después de leer el contenido de la Carta de los Derechos Humanos, y de constatar cómo se reconoce el derecho de toda persona a la enseñanza gratuita básica, vemos como también dispone: "Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos".
La Constitución española vigente, artículo 10-2 , impone: "Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce, se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificadas por España".
Henos aquí en España, dónde ese "derecho preferente" de los padres a elegir centro docente para sus hijos, está muy limitado. Henos, también de nuevo, con que muchos padres cambiarían a sus hijos de centro por razones justificadas, y no encuentran facilidades para ello.
Salen manifestaciones masivas pidiendo más igualdad colectiva y para ello exigen que toda la enseñanza sea pública o que, la privada deje de recibir subvenciones.
Los políticos agudizan el oído, piensan en los votos de las multitudes, se olvidan de los derechos individuales. No los conocen, tampoco parecen importarles: los ignoran.
¡Y a esto llaman democracia los palmeros de turno!
Que todos seamos iguales ante la ley, significa que todos -damas y caballeros- uno a uno, tienen los mismos derechos y obligaciones.
En consecuencia con este planteamiento: "Nada en esta Declaración (Derechos Humanos-Naciones Unidas, núm. 30) podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración".
Después de leer el contenido de la Carta de los Derechos Humanos, y de constatar cómo se reconoce el derecho de toda persona a la enseñanza gratuita básica, vemos como también dispone: "Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos".
La Constitución española vigente, artículo 10-2 , impone: "Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce, se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificadas por España".
Henos aquí en España, dónde ese "derecho preferente" de los padres a elegir centro docente para sus hijos, está muy limitado. Henos, también de nuevo, con que muchos padres cambiarían a sus hijos de centro por razones justificadas, y no encuentran facilidades para ello.
Salen manifestaciones masivas pidiendo más igualdad colectiva y para ello exigen que toda la enseñanza sea pública o que, la privada deje de recibir subvenciones.
Los políticos agudizan el oído, piensan en los votos de las multitudes, se olvidan de los derechos individuales. No los conocen, tampoco parecen importarles: los ignoran.
¡Y a esto llaman democracia los palmeros de turno!
viernes, 10 de marzo de 2017
VIEJOS Y NUEVOS FUEROS
Tras la lectura de algunos textos de Sabino de Arana y Goiri, fundador del PNV se advierte cómo su doctrina se basa en la singularidad política de los fueros, por él llamados originarios; fueros, por los que se regían los buenos usos y costumbres del pueblo vasco: la "ley vieja" (legi zarra en la lengua vernácula).
Fuera o no vasco el fuerismo original, lo cierto es que se prodigó durante los comienzos de la Reconquista en una amplia zona rural cristianizada de la Castilla en formación y también en las tierras y lugares sobre las que ésta ejerció su influencia. En estas tierras aforadas, según parece, el feudalismo, de aparición posterior, no pudo desarrollarse con el vigor ejercido en otras latitudes tanto españolas como europeas. El fuero favorecía al pueblo; en principio, era ese pueblo, a través de la familia con foguera abierta, el que elegía al Señor (autoridad máxima cercana) como jerarca protector de sus fueros y libertades. En otras tierras, esos mandamases se imponían por la fuerza. Como puede advertirse es un tema interesante y de largo recorrido hoy ignorado por una inmensa mayoría de votantes, algo nada extraño por la complejidad del tema y la poca afición que hay por la lectura.
Quedamos en que los fueros sirvieron de base para que el nacionalismo vasco pidiera (y pida) la recuperación de una soberanía perdida por su pueblo. Es decir, su independencia. Los que crean otra cosa, están engañados o se engañan. Para los nacionalistas, Euskadi es un nación. Nunca lo fue, porque entre otras razones Euskadi no existía. Por eso, fueristas o foralistas no se metieron a formular ese discurso. El aforado buscaba la protección de las jerarquías, unas veces religiosas, otras civiles o militares, que defendieran sus "buenos usos y costumbres" entre los que incluían ciertos derechos y algunos privilegios. Eso hicieron los liberales del siglo XIX.
Los habitantes aforados de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya -por esta vía de encontrar al mejor jerarca que los protegiera- coincidieron en que el Señor más capaz, el que mejores garantías daba, era el Rey de Castilla y con él pactaron su "voluntaria entrega" a esta Corona bajo juramento de que serían respetados sus fueros; y si no, aplicaban el "pase foral". Nunca negoció el pueblo vasco; lo hicieron por separado, alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos.
¡Cuánto me gustaría asistir como oyente a un debate sobre el realismo foral de los vascos!
Porque lo curioso del caso es que, para defender el fuero, los nacionalistas se vienen sirviendo de toda la doctrina liberal puesta en escena por la Ilustración desde el siglo XVIII; doctrina que se cargó todos los fueros y a los que los implantaron, que fueron más o menos la Iglesia y la Corona.
Pudieron haber pensado en racionalizar esos fueros, en modernizarlos, en encuadrarlos dentro de la arquitectura que mandaba el progreso, el equilibrio entre poderes... pero no lo hicieron; ni siquiera los nacionalistas.
Puedo estar equivocado, pero entre nosotros está muy extendido el criterio de que el pasado no merece nuestra atención. No distinguen entre lo viejo y lo antiguo en buenas condiciones de uso.
Las alubias hechas en olla a presión, darán menos trabajo, pero no se igualan en calidad a las guisadas a fuego lento en las hogueras de nuestros antepasados.
La vida es así.
Fuera o no vasco el fuerismo original, lo cierto es que se prodigó durante los comienzos de la Reconquista en una amplia zona rural cristianizada de la Castilla en formación y también en las tierras y lugares sobre las que ésta ejerció su influencia. En estas tierras aforadas, según parece, el feudalismo, de aparición posterior, no pudo desarrollarse con el vigor ejercido en otras latitudes tanto españolas como europeas. El fuero favorecía al pueblo; en principio, era ese pueblo, a través de la familia con foguera abierta, el que elegía al Señor (autoridad máxima cercana) como jerarca protector de sus fueros y libertades. En otras tierras, esos mandamases se imponían por la fuerza. Como puede advertirse es un tema interesante y de largo recorrido hoy ignorado por una inmensa mayoría de votantes, algo nada extraño por la complejidad del tema y la poca afición que hay por la lectura.
Quedamos en que los fueros sirvieron de base para que el nacionalismo vasco pidiera (y pida) la recuperación de una soberanía perdida por su pueblo. Es decir, su independencia. Los que crean otra cosa, están engañados o se engañan. Para los nacionalistas, Euskadi es un nación. Nunca lo fue, porque entre otras razones Euskadi no existía. Por eso, fueristas o foralistas no se metieron a formular ese discurso. El aforado buscaba la protección de las jerarquías, unas veces religiosas, otras civiles o militares, que defendieran sus "buenos usos y costumbres" entre los que incluían ciertos derechos y algunos privilegios. Eso hicieron los liberales del siglo XIX.
Los habitantes aforados de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya -por esta vía de encontrar al mejor jerarca que los protegiera- coincidieron en que el Señor más capaz, el que mejores garantías daba, era el Rey de Castilla y con él pactaron su "voluntaria entrega" a esta Corona bajo juramento de que serían respetados sus fueros; y si no, aplicaban el "pase foral". Nunca negoció el pueblo vasco; lo hicieron por separado, alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos.
¡Cuánto me gustaría asistir como oyente a un debate sobre el realismo foral de los vascos!
Porque lo curioso del caso es que, para defender el fuero, los nacionalistas se vienen sirviendo de toda la doctrina liberal puesta en escena por la Ilustración desde el siglo XVIII; doctrina que se cargó todos los fueros y a los que los implantaron, que fueron más o menos la Iglesia y la Corona.
Pudieron haber pensado en racionalizar esos fueros, en modernizarlos, en encuadrarlos dentro de la arquitectura que mandaba el progreso, el equilibrio entre poderes... pero no lo hicieron; ni siquiera los nacionalistas.
Puedo estar equivocado, pero entre nosotros está muy extendido el criterio de que el pasado no merece nuestra atención. No distinguen entre lo viejo y lo antiguo en buenas condiciones de uso.
Las alubias hechas en olla a presión, darán menos trabajo, pero no se igualan en calidad a las guisadas a fuego lento en las hogueras de nuestros antepasados.
La vida es así.
jueves, 9 de marzo de 2017
POLÍTICOS DUDOSOS Y GRISES
El hecho de juzgar a un político profesional suscita, entre las gentes de mente despejada, un mar de dudas. Los políticos se contradicen con frecuencia y pecan por sus falsas proposiciones. Es decir, se comprometen en aventuras de muy difícil explicación y de ahí derivan la frustración de las multitudes y los vaivenes electorales.
Si se analizan las palabras y conductas de los más significados políticos españoles durante estos dos últimos años, se verá cómo han cambiado de rumbo para adaptarse a las demandas más populares, o para eludir el cumplimiento de promesas que se supone harían perder votos. Pierden prestigio.
Último dato: según sondeos, la corrupción política preocupa a las masas electorales; está en el segundo puesto de la lista entre los achaques de nuestro País.
Esto hace pensar, o presentir, a los políticos que nos gobiernan, que para nada les conviene, por sentido común, la divulgación de novedades o sucesos que guarden relación con la fronda de episodios corruptos en candelero.
Una miríada de españoles entiende que si un partido en el poder, por acción u omisión, no responde con prontitud y claridad ante una sospecha de corrupción, está poniendo en riesgo el voto de sus fieles. En casos así no hay soluciones intermedias.
Un inexperto político, mal asesorado, provocó con su terquedad las reiteradas convocatorias electorales del 2016, creyendo que las peras estaban maduras. ¡Desolación! No había forma de hincarles el diente . No se impuso el criterio negativo de un iluminado. No ganaron sus rivales. Perdió él.
Más o menos, todo seguía igual. Hasta que apareció un señor de Murcia. Aquí, ahora no vale taparse la nariz. No es como antes. El relevó está preparado y funciona.
. De hecho, los rivales tienen apalancado al poder. Solo les falta activar los resortes debidos para provocar la convocatoria de nuevas elecciones. Lo harán cuando vean la primera oportunidad. Aunque primero, es lo primero: preparar el terruño.
Se presienten unas elecciones anticipadas, si la cosa no cambia. No se olviden: el número de españoles preocupados por la corrupción, se dispara.
Es una opinión. ¡Nada mas! ¡Adivinen quién está a la espera de la primera oportunidad!
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