Los expertos en recuentos estadísticos nos avisan: el ìndice medio de vida de los españoles, crece: cada año que pasa aumenta el censo de ancianos; muchos están llegando a los noventa y pico años y algunos sobrepasan la centena con naturalidad y decencia; pero no producen riqueza alguna y encima hay que mantenerlos y asistirlos en sus achaques y enfermedades.
Al fin, mantener ese creciente censo de viejecitos (ellas y ellos) es demasiado caro para los Estados que viven del sacrificio del contribuyente medio; dado que sobran y duran demasiado tantos ancianos, hay que hacer algo: inventar fórmulas para el aumento de ingresos con que sostenerlos o frenar esa tendencia a vivir hasta hacerse muy antiguos. Pueden ser la ruina.
La vejez nos lleva a reforzar la asistencia médica, a consumir mucho más en botica, a contar con más residencias, con más medios asistenciales, etc... Para poder costear tanta demanda y reducir el gasto público, se estudia la legalización del suicidio reflexivo y de buena voluntad, la muerte dulce... Llegaremos a inventar algo sí como un premio - un pasaporte para el cielo- que induzca a los ancianos a cruzar la laguna Estigia y desocupar espacios en favor de los que aún pueden ser rentables y tienen plenos derechos a vivir en el planeta Tierra.
Traigo a colación estos supuestos, porque lo exégetas de la política populista, anuncian que los podemistas, en sus programas de futuro, proyectan reducir la edad del retiro y aumentar la que podríamos llamar pensión mínima de todo nuevo jubilado. Esta idea sirve, según piensan, para animar el cotarro y conseguir el voto de todo pensionista que se precie, pero "¿de dónde sacan, p`a tanto como destacan?"
A uno, que anda ya por los noventa y cuatro y no ha perdido el humor, se le ocurre pensar que, a nada que viva un poco más, con políticos de tan poco fuste no habrá remedio y en pocos años liquidarán las menguadas reservas que se conservan por milagro para seguir pagando retiros.
¡Ya me dirán, llegado el caso y si esto también falla, cómo me pago yo las pastillas de "Sintrom"!
martes, 17 de mayo de 2016
lunes, 16 de mayo de 2016
LA CRISIS AFECTA AL SISTEMA
Estamos viviendo una crisis política a la que apenas se presta la atención que se merece. Vivimos
un momento decisivo de dudoso futuro del que pueden derivarse consecuencias graves. Están llamando a la puerta quienes, si llegasen al poder, no se van a conformar con una simple federación de comunidades autónomas. No sería ningún disparate pensar en una Unión de Repùblicas Socialistas Ibéricas, no al estilo moscovita, sino al bolivariano.
Estas cosas no suelen asumirse por el pueblo o los pueblos de España. Pasó con el fascismo. Nos metieron a cambio un nacional catolicismo y el saludo brazo en alto quedó sustituido por la señal de la cruz. Aquella pasada de cuatro pueblos y algunos más, perjudicó a la Iglesia. Ahora se vé.
Hoy me refiero al sistema pactado en 1978: el que "propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político", todo articulado sobre el principio de que "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado".
Este sistema, para los podemistas (si se interpreta su programa) está en fase de mírame y no me toques. Ellos quieren que las nacionalidades y regiones, ejerzan el "derecho" de autodeterminación para ser soberanos. Estando planteada -como está- esta programación secesionista, la situación de hecho es muy negativa para la soberanìa nacional. Y los partidos políticos constitucionalistas se dedican a templar gaitas.
Lo cierto es que mientras unos maduran la idea de abrir un nuevo período constituyente, para posibilitar la decisión de que España deje de ser una monarquía y convertirla en un nidal de repúblicas más o menos unidas, otros se la juegan a saber si somos o no los dirigentes de un cambio que se limita a reducir o aumentar el déficit o la deuda correspondiente.
¡Ya me dirán! Estoy entre los pocos no afectados. Lo siento por ustedes.
sábado, 14 de mayo de 2016
DE CAMBIO, ¡NADA BUENO!
Si pudiésemos ver y oír las ideas con las que manipulaban la política en España algunos líderes partidarios del "cambio", podríamos medir su inmadurez y hasta su falta de lecturas o, lo que es peor, su ignorancia deliberada de la evolución admitida y criticada - pero implantada- en los países más avanzados del planeta Tierra; es decir aquellos que gozan de mejor nivel económico y social.
Los de verdad constatables, son los cambios experimentados por personajes políticos como Pablo Iglesias o Pedro Sánchez; y nadie sabe si son definitivos.
En el fondo, el móvil de ambos políticos fué desde un principio el mismo: anunciar distintas ofertas para captar más votos, no tanto para que prosperara España, como para situarse ellos en fase de bienestar a todo trapo. De otra forma no se explican "cambios" como los de Pablo Iglesias, capaz de pasar del insulto al elogio, de la cal viva a la dulce mermelada, para ganarse apoyos en las filas socialistas; ni se entiende la dulzura con que se recibían en el PSOE la ofertas podemitas y el reniego de los últimos días, como si les ofrecieran , ahora, la esponja empapada en hiel del oficio de tinieblas.
Cambio por cambio, el que les espera cuando, si triunfan cualquiera de las figuras citadas, vayan los listos de la clase a negociar en Bruselas el pago de la deuda que acecha a los españolitos que nacen, ¡nos valga Dios! Deuda que condicionará a los vivos -como ya sucede-; deuda causa de los cambios que nadie anuncia, pero pueden producirse a la vuelta de un año si Europa quiere.
Luego, como siempre a la hora de pagar, los peces gordos romperán la red y escaparán; los pequeños se colarán entre las cuerdas y se largarán libres de cargos. Pagarán por todos, los de siempre: las clases medias atrapadas por las agallas y sin escape posible.
O sea que, de cambio, ¡nada bueno! Va un café.
Los de verdad constatables, son los cambios experimentados por personajes políticos como Pablo Iglesias o Pedro Sánchez; y nadie sabe si son definitivos.
En el fondo, el móvil de ambos políticos fué desde un principio el mismo: anunciar distintas ofertas para captar más votos, no tanto para que prosperara España, como para situarse ellos en fase de bienestar a todo trapo. De otra forma no se explican "cambios" como los de Pablo Iglesias, capaz de pasar del insulto al elogio, de la cal viva a la dulce mermelada, para ganarse apoyos en las filas socialistas; ni se entiende la dulzura con que se recibían en el PSOE la ofertas podemitas y el reniego de los últimos días, como si les ofrecieran , ahora, la esponja empapada en hiel del oficio de tinieblas.
Cambio por cambio, el que les espera cuando, si triunfan cualquiera de las figuras citadas, vayan los listos de la clase a negociar en Bruselas el pago de la deuda que acecha a los españolitos que nacen, ¡nos valga Dios! Deuda que condicionará a los vivos -como ya sucede-; deuda causa de los cambios que nadie anuncia, pero pueden producirse a la vuelta de un año si Europa quiere.
Luego, como siempre a la hora de pagar, los peces gordos romperán la red y escaparán; los pequeños se colarán entre las cuerdas y se largarán libres de cargos. Pagarán por todos, los de siempre: las clases medias atrapadas por las agallas y sin escape posible.
O sea que, de cambio, ¡nada bueno! Va un café.
viernes, 13 de mayo de 2016
LA ESPAÑA DEL CORTO PLAZO
En los años de la II República, coincidiendo con que yo era un mozalbete inmerso en sus prematuras aficiones deportivas (ciclismo y fútbol), empecé a leer algunos periòdicos de los editados en Madrid para conocer las crónicas de las primeras firmas especializadas en estas inquietudes, que terminaron, en otro plano, en la forja de sendos espectáculos capaces de mover mucho dinero.
Leer era muy sencillo, a la par que barato y entretenido: la biblioteca pública estaba en los bajos del Instituto y, entre clase y clase, podías ilustrarte a plena satisfacción. Diarios y revistas ocupaban la encimera de una sensacional mesa de roble, una colección poco manejada, porque en España se leía (y por ahí le andamos) muy poco.
Así las cosas, era inevitable para aquellos pocos lectores la consulta de páginas que ponderaban o combatían al nacismo alemán, al marxismo moscovita o al fascismo mussoliniano, frente a los cuales, con viento de babor, se enfrentaron las dos más importantes democracias europeas: Gran Bretaña y Francia. Todo un problema continental que se complicó con la guerra civil española.
Pues bien en esos días, la noticia que más dolores causaba a la sufrida cartera del español asalariado, era esta: "sigue bajando el valor de la peseta".
Dicho de otra forma: "Aumenta la inflación a ritmo galopante". Algo que después de la guerra, se expresó con grafía humorística: "cuando suben los precios lo hacen por el ascensor y olvidan a los salarios que lo hacen por la escalera".
Todo viene a cuento de los cambios que prometen los políticos con el bello propósito de hacernos felices. ¡Ni repajolero caso!
No veo más que programas de dos tipos o clases, formulados sin garantía alguna de que puedan funcionar. Es decir, si no se cumplieran esos programas cargados de promesas, nadie entre quienes las formularon, saldrá responsable.
Las más engañosas de estas promesas, las formuladas con idea de cumplirlas a corto plazo, son las ideadas para ganarse el voto de los más desasistidos. Prometen aplicar el remedio directo, vía subsidio, para no demorar la eficacia del proyecto: la felicidad a corto plazo.
Solo hay un inconveniente: los políticos, en España, ya no tienen la máquina de imprimir moneda, como sucedía antes de que ingresáramos en la UE. Si la tuvieran, no faltarían billetes para cumplir lo prometido, a cambio de una inflación galopante, madre de toda pobreza crónica.
Pero la Europa (la que otorga créditos a sus socios) actúa bajo esta disciplina: o corta usted el gasto que gasta, o nosotros cerramos el grifo. Vease el caso de Grecia. En suma, nada.
Otro día les hablaré de las promesas a largo plazo.
Leer era muy sencillo, a la par que barato y entretenido: la biblioteca pública estaba en los bajos del Instituto y, entre clase y clase, podías ilustrarte a plena satisfacción. Diarios y revistas ocupaban la encimera de una sensacional mesa de roble, una colección poco manejada, porque en España se leía (y por ahí le andamos) muy poco.
Así las cosas, era inevitable para aquellos pocos lectores la consulta de páginas que ponderaban o combatían al nacismo alemán, al marxismo moscovita o al fascismo mussoliniano, frente a los cuales, con viento de babor, se enfrentaron las dos más importantes democracias europeas: Gran Bretaña y Francia. Todo un problema continental que se complicó con la guerra civil española.
Pues bien en esos días, la noticia que más dolores causaba a la sufrida cartera del español asalariado, era esta: "sigue bajando el valor de la peseta".
Dicho de otra forma: "Aumenta la inflación a ritmo galopante". Algo que después de la guerra, se expresó con grafía humorística: "cuando suben los precios lo hacen por el ascensor y olvidan a los salarios que lo hacen por la escalera".
Todo viene a cuento de los cambios que prometen los políticos con el bello propósito de hacernos felices. ¡Ni repajolero caso!
No veo más que programas de dos tipos o clases, formulados sin garantía alguna de que puedan funcionar. Es decir, si no se cumplieran esos programas cargados de promesas, nadie entre quienes las formularon, saldrá responsable.
Las más engañosas de estas promesas, las formuladas con idea de cumplirlas a corto plazo, son las ideadas para ganarse el voto de los más desasistidos. Prometen aplicar el remedio directo, vía subsidio, para no demorar la eficacia del proyecto: la felicidad a corto plazo.
Solo hay un inconveniente: los políticos, en España, ya no tienen la máquina de imprimir moneda, como sucedía antes de que ingresáramos en la UE. Si la tuvieran, no faltarían billetes para cumplir lo prometido, a cambio de una inflación galopante, madre de toda pobreza crónica.
Pero la Europa (la que otorga créditos a sus socios) actúa bajo esta disciplina: o corta usted el gasto que gasta, o nosotros cerramos el grifo. Vease el caso de Grecia. En suma, nada.
Otro día les hablaré de las promesas a largo plazo.
jueves, 12 de mayo de 2016
LO PAGAREMOS TODOS
La aparición de PODEMOS y los resultados electorales del 15-12-05, hicieron que muchos llegaran a exclamar: ¡Adiós al bipartidismo en España! ¡Estamos salvados! El bipartidismo fue calificado como maligno.
Aparecieron cuatro partidos que por no entenderse en una primera convocatoria, forzaron unas nuevas elecciones.¡Ya me dirán que trajo de bueno la novedad cuatripartita!
Alguno, mejor informado, hizo esta advertencia: "El bipartidismo, es una consecuencia lógica derivada de la Ley de Hont, es decir del método de recuento impuesto para elegir los cargos; esta ley trata de evitar el multipartidismo".
Los cuatro partidos más votados en la primera convocatoria, se van reorientando. PODEMOS, un partido ahora de izquierdas, imaginativo y maleable, dirigido por un personaje dotado de la virtud mimética -adopción como propios de los comportamientos y opiniones ajenos- fue populista a la bolivariana, luego socialdemócrata a la nórdica y ha pasado, ahora, a ser comunista a la carta. A efectos prácticos será el líder de la izquierda española, cumpliendo con este objetivo: echar del liderazgo al PSOE, (Ellos dicen echar al PP, pero no es verdad; éste y PODEMOS se retroalimentan)
¿Qué papel juega CIUDADANOS? El mismo que el PP con una diferencia: que su plantilla de políticos aparece como ejemplar. Inmaculada. Pero las tesis socio-autonómicas de CIUDADANOS y las del PP son parecidas e intercambiables.
Así que, de cara a las nuevas elecciones, todos los números de la rifa están sin vender; ganará la carrera el que mejor prepare los escaparates de su mercancía. ¿Y en qué se diferencia esta mercancía?
En que la nueva izquierda viene a dar socialmente de lo que no tiene y, territorialmente, a editar una nueva Constitución para facilitar la desconexión de Cataluña (y de otros comunidades autonómicos que así lo quieran), del resto de España.
Esto es, lo que nos jugamos, expuesto en román paladino. Pero no nos equivoquemos: antes de votar tenemos el derecho a saber cuánto nos costará a todos y cada uno de nosotros, la posible y tan anunciada desconexión de territorios que llevan tiempo funcionando al amparo de una misma soberanía: la de España.
Como se puede comprobar volvemos al bipartidismo salpicado con los aromas de los partidos secesionistas, siempre dispuestos a estrenarse como nación en beneficio de unos pocos y en perjuicio de unos muchos.
Estamos en una País donde todos han pagado su cuota de subsistencia, algunos con mayor dedicación, esfuerzo y sacrificio que otros para ser libres. La libertad de elección es de todos, sin olvidar el cumplimiento de aquellos deberes, que también han de ser atendidos, por todos los territorios que integran España.
¡Hay que ir a cuentas! Y luego a dialogar. Porque el coste de un mal paso lo hemos de pagar todos. No es broma.
Aparecieron cuatro partidos que por no entenderse en una primera convocatoria, forzaron unas nuevas elecciones.¡Ya me dirán que trajo de bueno la novedad cuatripartita!
Alguno, mejor informado, hizo esta advertencia: "El bipartidismo, es una consecuencia lógica derivada de la Ley de Hont, es decir del método de recuento impuesto para elegir los cargos; esta ley trata de evitar el multipartidismo".
Los cuatro partidos más votados en la primera convocatoria, se van reorientando. PODEMOS, un partido ahora de izquierdas, imaginativo y maleable, dirigido por un personaje dotado de la virtud mimética -adopción como propios de los comportamientos y opiniones ajenos- fue populista a la bolivariana, luego socialdemócrata a la nórdica y ha pasado, ahora, a ser comunista a la carta. A efectos prácticos será el líder de la izquierda española, cumpliendo con este objetivo: echar del liderazgo al PSOE, (Ellos dicen echar al PP, pero no es verdad; éste y PODEMOS se retroalimentan)
¿Qué papel juega CIUDADANOS? El mismo que el PP con una diferencia: que su plantilla de políticos aparece como ejemplar. Inmaculada. Pero las tesis socio-autonómicas de CIUDADANOS y las del PP son parecidas e intercambiables.
Así que, de cara a las nuevas elecciones, todos los números de la rifa están sin vender; ganará la carrera el que mejor prepare los escaparates de su mercancía. ¿Y en qué se diferencia esta mercancía?
En que la nueva izquierda viene a dar socialmente de lo que no tiene y, territorialmente, a editar una nueva Constitución para facilitar la desconexión de Cataluña (y de otros comunidades autonómicos que así lo quieran), del resto de España.
Esto es, lo que nos jugamos, expuesto en román paladino. Pero no nos equivoquemos: antes de votar tenemos el derecho a saber cuánto nos costará a todos y cada uno de nosotros, la posible y tan anunciada desconexión de territorios que llevan tiempo funcionando al amparo de una misma soberanía: la de España.
Como se puede comprobar volvemos al bipartidismo salpicado con los aromas de los partidos secesionistas, siempre dispuestos a estrenarse como nación en beneficio de unos pocos y en perjuicio de unos muchos.
Estamos en una País donde todos han pagado su cuota de subsistencia, algunos con mayor dedicación, esfuerzo y sacrificio que otros para ser libres. La libertad de elección es de todos, sin olvidar el cumplimiento de aquellos deberes, que también han de ser atendidos, por todos los territorios que integran España.
¡Hay que ir a cuentas! Y luego a dialogar. Porque el coste de un mal paso lo hemos de pagar todos. No es broma.
miércoles, 11 de mayo de 2016
NO METAMOS MIEDO DESDE EL GOBIERNO
Es una verdad comprobable que gran número de políticos se han introducido en la camada de los "llamados", con la vocación cambiada. No es que les falten ocasiones de lucirse; es que no las ven venir y en cuanto se sienten solos para opinar o decidir, arman la gorda.
Y otra verdad a tener en cuenta: algunos jefes de gobierno, puestos a elegir ministros, no siempre, pero sí a veces, se dejan guiar por el compañerismo, corriendo el riesgo de confiar la solución de una raíz cuadrada al tonto de la clase.
Estamos en una encrucijada. La primera figura del socialismo andante, ya ha dado muestras de que Dios no le ha llamado por el camino de la política. En poco más de medio año ha conseguido que el liderazgo de la izquierda sociológica de España, haya pasado de las manos del PSOE a las de PODEMOS. ¡Todo un éxito!
¿Y la derecha? Los dioses ciegan, etc. Están ya barajando las bazas del miedo para horrorizarnos
con la que nos espera si PODEMOS se hace con el poder. Y sí, es verdad: dan miedo. Con una particularidad: si se pregona el miedo por los que gobiernan, la gente no se lo toma en serio. ¿Por qué? Muy sencillo: ningún gobierno habla bien de sus rivales. Tan elemental que da vergüenza decirlo.
Cosa muy distinta sucedería si los votantes, por si mismos, manejando datos verosímiles, terminaran por decidir: con PODEMOS en el gobierno, esto sería una ruina.
El secreto está, como lo adivinaría un escolar, no en que lo diga el maestro, sino los listillos de la clase que suelen ser los que meten mas goles y, por eso, son más populares que los políticos del PP. La misma verdad, dicha desde abajo surte otros efectos
Pero la política, más que ciencia parece un arte. Y artistas quedan pocos y, si te descuidas, son los primeros en marchase con las perras a los paraísos fiscales.
¡Por eso estamos donde estamos!
Y otra verdad a tener en cuenta: algunos jefes de gobierno, puestos a elegir ministros, no siempre, pero sí a veces, se dejan guiar por el compañerismo, corriendo el riesgo de confiar la solución de una raíz cuadrada al tonto de la clase.
Estamos en una encrucijada. La primera figura del socialismo andante, ya ha dado muestras de que Dios no le ha llamado por el camino de la política. En poco más de medio año ha conseguido que el liderazgo de la izquierda sociológica de España, haya pasado de las manos del PSOE a las de PODEMOS. ¡Todo un éxito!
¿Y la derecha? Los dioses ciegan, etc. Están ya barajando las bazas del miedo para horrorizarnos
con la que nos espera si PODEMOS se hace con el poder. Y sí, es verdad: dan miedo. Con una particularidad: si se pregona el miedo por los que gobiernan, la gente no se lo toma en serio. ¿Por qué? Muy sencillo: ningún gobierno habla bien de sus rivales. Tan elemental que da vergüenza decirlo.
Cosa muy distinta sucedería si los votantes, por si mismos, manejando datos verosímiles, terminaran por decidir: con PODEMOS en el gobierno, esto sería una ruina.
El secreto está, como lo adivinaría un escolar, no en que lo diga el maestro, sino los listillos de la clase que suelen ser los que meten mas goles y, por eso, son más populares que los políticos del PP. La misma verdad, dicha desde abajo surte otros efectos
Pero la política, más que ciencia parece un arte. Y artistas quedan pocos y, si te descuidas, son los primeros en marchase con las perras a los paraísos fiscales.
¡Por eso estamos donde estamos!
martes, 10 de mayo de 2016
NO NOS ENGAÑEMOS
El pueblo español vive días confusos, tiempos de tribulación, dubitativos, críticos... No están los líderes partidistas atinando a la hora de situar en su espacio más pertinente a los electores que van a inclinarse por uno de los cuatro partidos políticos de ámbito nacional.
PODEMOS -que acaba de estrechar lazos con IU- sitúa a sus posibles seguidores entre las que llama "clases populares". Sacan a relucir muchos de los símbolos que se hicieron "populares" durante la II República, cuando se anunciaba la "revolución del proletariado". Son una mezcla de intelectuales anti monárquicos y de partidarios del trágala, con una idea: establecer unos servicios públicos gratuitos en "beneficio" de la mayoría, sobre manera de los más necesitados. La pobreza creciente les asiste y proporciona una base de votos generosa. Pero todo tiene un límite. Si ganan, todos perderemos.
El PSOE, que se declara socialdemócrata, no acaba de ganar credibilidad -con ese abanderamiento-, entre los socialistas natos, obreros o descendientes de familias que trabajaron generalmente como asalariados para sobrevivir en medio de grandes dificultades; y siempre, dentro de un plan de vida reivindicatorio. Hoy se sienten más cercanos a PODEMOS que a CIUDADANOS. Ante la nueva generación de partidos, no aciertan a explicarse la forja de alianza alguna sincera del PSOE, ni con CIUDADANOS ni con el PP. ¡Ellos sabrán!
CIUDADANOS quiere posicionarse en el centro de la gama, un equilibrio inestable, ni chicha ni limonada; con un andamiaje dialéctico pero irreal. Terminan por jugar el papel de templa gaitas pese a contar con primeras figuras entre sus seguidores.
No nos avergoncemos. Tenemos al PP. Sus votos proceden, en su mayor parte, de hogares descendientes de familias derechistas que hicieron la guerra civil del 36 en las filas nacionales, y que si aceptaron el cambio constitucional, fué bajo la promesa de que -fuera la que fuere la vida anterior- todos, absolutamente todos, orillarían el pasado; y a cambio de entrar en un clima de olvido y perdón mutuo, pactado como básico para una pacífica convivencia, podría España gozar de una democracia verdadera y duradera. Pero la promesa no se ha cumplido, ni se cumple, aun a sabiendas de que puede precipitar la aparición de una ultra derecha intransigente y combativa, favorecida por una inmigración incontrolada y de mala digestión popular.
Pero todo esto no puede hacernos olvidar que los políticos, tan preocupados por el bien común, se sienten primordialmente atraídos por eso que se llama Poder. Dicen que discuten programas. No es verdad. Discuten cargos, puestos desde donde mandar.
Quiero aclarar que ni quito ni pongo: me baso en hechos. Pero no me resisto a constatar que algo han hecho (y están haciendo) mal el PP y el PSOE y por eso pierden votos. Si no lo ven así, peor para ellos.
t
PODEMOS -que acaba de estrechar lazos con IU- sitúa a sus posibles seguidores entre las que llama "clases populares". Sacan a relucir muchos de los símbolos que se hicieron "populares" durante la II República, cuando se anunciaba la "revolución del proletariado". Son una mezcla de intelectuales anti monárquicos y de partidarios del trágala, con una idea: establecer unos servicios públicos gratuitos en "beneficio" de la mayoría, sobre manera de los más necesitados. La pobreza creciente les asiste y proporciona una base de votos generosa. Pero todo tiene un límite. Si ganan, todos perderemos.
El PSOE, que se declara socialdemócrata, no acaba de ganar credibilidad -con ese abanderamiento-, entre los socialistas natos, obreros o descendientes de familias que trabajaron generalmente como asalariados para sobrevivir en medio de grandes dificultades; y siempre, dentro de un plan de vida reivindicatorio. Hoy se sienten más cercanos a PODEMOS que a CIUDADANOS. Ante la nueva generación de partidos, no aciertan a explicarse la forja de alianza alguna sincera del PSOE, ni con CIUDADANOS ni con el PP. ¡Ellos sabrán!
CIUDADANOS quiere posicionarse en el centro de la gama, un equilibrio inestable, ni chicha ni limonada; con un andamiaje dialéctico pero irreal. Terminan por jugar el papel de templa gaitas pese a contar con primeras figuras entre sus seguidores.
No nos avergoncemos. Tenemos al PP. Sus votos proceden, en su mayor parte, de hogares descendientes de familias derechistas que hicieron la guerra civil del 36 en las filas nacionales, y que si aceptaron el cambio constitucional, fué bajo la promesa de que -fuera la que fuere la vida anterior- todos, absolutamente todos, orillarían el pasado; y a cambio de entrar en un clima de olvido y perdón mutuo, pactado como básico para una pacífica convivencia, podría España gozar de una democracia verdadera y duradera. Pero la promesa no se ha cumplido, ni se cumple, aun a sabiendas de que puede precipitar la aparición de una ultra derecha intransigente y combativa, favorecida por una inmigración incontrolada y de mala digestión popular.
Pero todo esto no puede hacernos olvidar que los políticos, tan preocupados por el bien común, se sienten primordialmente atraídos por eso que se llama Poder. Dicen que discuten programas. No es verdad. Discuten cargos, puestos desde donde mandar.
Quiero aclarar que ni quito ni pongo: me baso en hechos. Pero no me resisto a constatar que algo han hecho (y están haciendo) mal el PP y el PSOE y por eso pierden votos. Si no lo ven así, peor para ellos.
t
Suscribirse a:
Entradas (Atom)