Las probabilidades de acierto de unas elecciones primarias, para designar a quienquiera que aspire a un cargo político, son muy remotas, por no decir que son una lotería. El PSOE está viviendo en sus propias carnes las consecuencias negativas que derivan de esa moda. Consecuencias que pueden ser fatales, a no ser que se hayan tomado antes precauciones por quienes las convocan, para que no se presente a la elección el primer indocumentado que pasaba por allì.
Aquí en España -incluidas Cataluña y Vasconia- la preparación que recibimos casi todos, para contar con elementos de juicio respecto a la que podría llamarse política constructiva, es muy elemental; por eso los políticos suelen abusar -salvo excepciones- de palabra y obra y nos cuestan mucho más dinero del que se merecen. Las mayorías primarias no suelen ser exigentes y aprueban a los nominados sin comprobar su valía.
Esta simpleza de las elecciones primarias se puso en práctica para elegir a los directivos del PSOE en la federación de Madrid y fué la máxima autoridad de ese partido, su propio secretario general, el que se puso a la cabeza de los que acordaron anular esa designación, sencillamente porque no convenía a sus propósitos. Ese asunto aún no está cerrado, pero es un despropósito
Nadie en su sano juicio confía la elección de un médico, de un ingeniero, de un simple futbolista, etc, para que nos dé servicios, a un grupo de aficionados. Antes de nada, todos ellos han de acreditar su profesionalidad mediante un título o historial de méritos que se constituyen en garantía de que, en el peor de los casos, todos cuentan con superiores conocimientos de la materia, no precisamente primarios.
Si el sabio no aprueba, malo; si el necio elogia, peor. Esto de las primarias, es una pincelada de ficticia honestidad, puesta de moda por los populistas, carente de eficacia; ellos como medio de elección lo elogian, pero en la práctica lo eluden; sus cuadros directivos ya estaban pre-elegidos en el despacho de los jefazos, incluido el general previsto para ministrar el ramo de la defensa armada.
lunes, 8 de febrero de 2016
sábado, 6 de febrero de 2016
PROGRESISMO VISCERAL
El éxito de muchos políticos se basa en una fijación: convertir la idea de progreso, que por esencia es racional, en un sentimiento que, también por esencia, es visceral. La idea "progresista" en manos de un profesor vocacional, no es igual (ni parecida) a la que maneja un político en busca de votos.
Progresar, según la RAE, es "avanzar, mejorar, hacer adelantos en determinada materia", definición válida para referirnos al "progresismo político".
Sé que cualquiera pasaría por "progresista" de vanguardia, si anunciara que va a defender -por citar un caso- la legalización del suicidio , en casos irremediables de enfermos vegetativos. ¿Qué hace el político para llamar la atención y cosechar votos? Provocar al público, para que tome partido en pro de su idea, de forma apasionada. No hay como citar casos paradigmáticos para despertar, primero, la atención del gran público y, luego, su apasionamiento favorable a la aplicación del principio que dice defender: el suicidio autorizado en favor de la personas condenadas a una vida vegetativa.
Veamos el problema territorial español. Particularmente me entusiasma que alguien se sienta poseedor del gran remedio que aleje de nosotros este zafarrancho que ha de influir, forzosamente en la vida de todos los españoles, sean o no nacionalistas. Pero no hay tal. El planteamiento no puede ser más irracional: se trata de contentar a las mayorías regionales, a costa de una mayoría de españoles. Para esto piden la consulta de las masas, previamente divididas y clasificadas en pueblos (pueblo catalán, pueblo vasco, etc. ) por la vía emotiva, plasmada en grandes manifestaciones patrióticas que se apoyan en una falsa teoría de raíz étnico-cultural. A esto le llaman progresismo. No lo es.
El progresismo consiste en que los pueblos se organicen, desde el poder, para tomar acuerdos que permitan, a sus habitantes, vivir en paz y ayudarse a ser solidarios con los más débiles. Las competencias para ejercer ese poder, han de administrarse racionalmente.
Esto de organizarse, desde la racionalidad, ¿qué quiere decir? Que lo largo y ancho del espacioso mundo (el nuestro, el del planeta Tierra), sobran organismos que cuestan grandes sumas de dinero para mal gobernarnos. ¿A costa de quien? A costa de millones de personas que no cuentan con lo necesario para subsistir.
Frente a esta realidad cargada de guerras, podría crecer un progreso racional; pero es el caso que a los políticos no les interesa la racionalidad, por otra parte imprescindible siempre y cuando se quiera que triunfen las rectas ideas y no las pasiones.
Ya les contaré. Pero en principio sería bueno que no comulguemos con las ruedas de molino que por televisiones y otros medios se nos brindan como soluciones al alcance de la mano. Para ello habrá que hablar de la irracionalidad autonómica que se instaló en España con la Constitución de 1978.
Que conste que personalmente me abstuve de votarla y así figura en acta. Y lo digo porque voy a razonar mi voto.
Progresar, según la RAE, es "avanzar, mejorar, hacer adelantos en determinada materia", definición válida para referirnos al "progresismo político".
Sé que cualquiera pasaría por "progresista" de vanguardia, si anunciara que va a defender -por citar un caso- la legalización del suicidio , en casos irremediables de enfermos vegetativos. ¿Qué hace el político para llamar la atención y cosechar votos? Provocar al público, para que tome partido en pro de su idea, de forma apasionada. No hay como citar casos paradigmáticos para despertar, primero, la atención del gran público y, luego, su apasionamiento favorable a la aplicación del principio que dice defender: el suicidio autorizado en favor de la personas condenadas a una vida vegetativa.
Veamos el problema territorial español. Particularmente me entusiasma que alguien se sienta poseedor del gran remedio que aleje de nosotros este zafarrancho que ha de influir, forzosamente en la vida de todos los españoles, sean o no nacionalistas. Pero no hay tal. El planteamiento no puede ser más irracional: se trata de contentar a las mayorías regionales, a costa de una mayoría de españoles. Para esto piden la consulta de las masas, previamente divididas y clasificadas en pueblos (pueblo catalán, pueblo vasco, etc. ) por la vía emotiva, plasmada en grandes manifestaciones patrióticas que se apoyan en una falsa teoría de raíz étnico-cultural. A esto le llaman progresismo. No lo es.
El progresismo consiste en que los pueblos se organicen, desde el poder, para tomar acuerdos que permitan, a sus habitantes, vivir en paz y ayudarse a ser solidarios con los más débiles. Las competencias para ejercer ese poder, han de administrarse racionalmente.
Esto de organizarse, desde la racionalidad, ¿qué quiere decir? Que lo largo y ancho del espacioso mundo (el nuestro, el del planeta Tierra), sobran organismos que cuestan grandes sumas de dinero para mal gobernarnos. ¿A costa de quien? A costa de millones de personas que no cuentan con lo necesario para subsistir.
Frente a esta realidad cargada de guerras, podría crecer un progreso racional; pero es el caso que a los políticos no les interesa la racionalidad, por otra parte imprescindible siempre y cuando se quiera que triunfen las rectas ideas y no las pasiones.
Ya les contaré. Pero en principio sería bueno que no comulguemos con las ruedas de molino que por televisiones y otros medios se nos brindan como soluciones al alcance de la mano. Para ello habrá que hablar de la irracionalidad autonómica que se instaló en España con la Constitución de 1978.
Que conste que personalmente me abstuve de votarla y así figura en acta. Y lo digo porque voy a razonar mi voto.
viernes, 5 de febrero de 2016
EUROPA Y ESPAÑA
Con cuarenta y seis millones de habitantes una España próspera y unida es pieza de valor para los mercados de la Unión Europea. Una España en recesión -al ejemplo de Grecia- causaría muchos problemas.
Sin entrar en juicios de valor, la derecha española civilizada -es doloroso reconocerlo- ha entendido en última instancia que resolviendo ciertos problemas macro econòmicos, siguiendo la estela de otros países europeos en vanguardia, bastaba para mantenerse en el poder con una mayoría holgada. Y no se ha cumplido el pronóstico.
Ha resultado que la derecha española ha ido perdiendo votos y si no ha sido mayor el derrumbamiento por causa de la corrupción, es debido a que la izquierda de nuevo cuño no inspira confianza a numerosas familias que alcanzaron ciertos niveles de bienestar. Esa falta de confianza deriva en temor al cambio y esto hace que el voto al PP se mantenga, pese a que las críticas mediáticas -no sin razón- hayan puesto en candelero la penuria moral de muchos polìticos. Por cierto un mal muy generalizado en casi todos los partidos que han venido funcionando al viejo estilo, aunque algunos de ellos buscan que el PP haga de chivo expiatorio.
En fin: La Unión Europea da mucho juego y su equipo es poderoso. Se toma su tiempo y, si dialogando los políticos no avanzan por la línea que ya está marcada, tendremos probablemente nuevas elecciones con nuevos protagonistas dispuestos a ganar democráticamente la partida, sin salirse de la vía europea. La oposición es del todo legítima y tiene a su disposición todos los recursos que le brinda un sistema democrático de alto nivel; pero lo tiene difícil -si gana- imponer sus criterios frente a la UE.
Se deduce que no caben ciertos cálculos sin atender y entender esta realidad europea. No cabe que un líder le diga con desprecio a otro de distinto signo "con usted nada tengo que hablar", para que luego -cuando a él le conviene- cambie de opinión y llame a la, puerta del, adversario su cínicamente para pedirle árnica.
En fin, no es hora de hacer pronòsticos pero, muy probablemente, si llega a superar la prueba de la investidura el Sr. Sánchez por libre, los primeros en padecerla van a ser muchos de sus votantes de clase media y otros tantos o màs de nivel bajo. Europa permite toda suerte de ensayos y figuras democráticas siempre que la gracia no le salga gratuita al autor del ensayo.
Solo hay que tener en cuenta que los errores de los gobiernos la pagan los ciudadanos a costa de su bienestar. Se salvan los que huyen de la quema.
Sin entrar en juicios de valor, la derecha española civilizada -es doloroso reconocerlo- ha entendido en última instancia que resolviendo ciertos problemas macro econòmicos, siguiendo la estela de otros países europeos en vanguardia, bastaba para mantenerse en el poder con una mayoría holgada. Y no se ha cumplido el pronóstico.
Ha resultado que la derecha española ha ido perdiendo votos y si no ha sido mayor el derrumbamiento por causa de la corrupción, es debido a que la izquierda de nuevo cuño no inspira confianza a numerosas familias que alcanzaron ciertos niveles de bienestar. Esa falta de confianza deriva en temor al cambio y esto hace que el voto al PP se mantenga, pese a que las críticas mediáticas -no sin razón- hayan puesto en candelero la penuria moral de muchos polìticos. Por cierto un mal muy generalizado en casi todos los partidos que han venido funcionando al viejo estilo, aunque algunos de ellos buscan que el PP haga de chivo expiatorio.
En fin: La Unión Europea da mucho juego y su equipo es poderoso. Se toma su tiempo y, si dialogando los políticos no avanzan por la línea que ya está marcada, tendremos probablemente nuevas elecciones con nuevos protagonistas dispuestos a ganar democráticamente la partida, sin salirse de la vía europea. La oposición es del todo legítima y tiene a su disposición todos los recursos que le brinda un sistema democrático de alto nivel; pero lo tiene difícil -si gana- imponer sus criterios frente a la UE.
Se deduce que no caben ciertos cálculos sin atender y entender esta realidad europea. No cabe que un líder le diga con desprecio a otro de distinto signo "con usted nada tengo que hablar", para que luego -cuando a él le conviene- cambie de opinión y llame a la, puerta del, adversario su cínicamente para pedirle árnica.
En fin, no es hora de hacer pronòsticos pero, muy probablemente, si llega a superar la prueba de la investidura el Sr. Sánchez por libre, los primeros en padecerla van a ser muchos de sus votantes de clase media y otros tantos o màs de nivel bajo. Europa permite toda suerte de ensayos y figuras democráticas siempre que la gracia no le salga gratuita al autor del ensayo.
Solo hay que tener en cuenta que los errores de los gobiernos la pagan los ciudadanos a costa de su bienestar. Se salvan los que huyen de la quema.
jueves, 4 de febrero de 2016
PROGRESISMO DE PANDERETA
Mi abuela materna, maestra bilingüe (vascuence y español) me hablaba de política - no se por qué, yo tendría unos diez años- y se refería mucho al progresismo vivido en su juventud, en tiempos de la I República. Como pueden comprobar las ideas del Sr. Sánchez, aspirante a gobernarnos, cargadas de progresismo, son más viejas que una jofaina. Mi abuelita me decía, más o menos, que el progresismo iba unido al grado de riqueza de cada pueblo y que la riqueza se alcanzaba antes y mejor por los países cultos que por los incultos. Y remataba: "dado que España -se refería a su época- está llena de analfabetos, este país malamente puede progresar".
Me van a decir que el progresismo sanchesco de nuestros días, va unido a una reforma educativa, una más entre muchas que, como se viene demostrando, son de pobres resultados. Estamos a la cola, entre los países de la OCDE (según los informes PISA) y siendo así no hay progreso que valga; a no ser que llamemos así a la cultura del botellón.
Culturalmente se progresa no gracias a las leyes, sino mediante el cultivo de la voluntad de estudio de cada uno, con la ayuda de muy buenos y sacrificados maestros. A los buenos y sacrificados maestros hay que elegirlos, formarlos, darles prestigio y pagarles bien, y esto no cuenta en los planes educativos de Pedro Sánchez y compañeros, mártires de la vulgaridad más sonora que conocieron los tiempos.
La enseñanza y el progreso no pueden ser doctrinarios. En España, la enseñanza ha sido y es un medio de conquistar voluntades en favor de la secta política (o religiosa) que aspira a dominar o ejercer el poder, y los socialistas están entre ellos: a eso le llaman progreso y todavía hay incautos que pican sin descubrir que lo es de pandereta.
En España, progresaremos el dia que se imponga la libertad de enseñanza, sea esta pública o privada, donde las escuelas puedan competir y los padres elegir la que más les convenga. Hay una sistema de subvencionarlas: el cheque escolar.
Les aseguro que estas enseñanzas propias de mi abuela, datan del año de 1932, cuando me iniciaba en la secundaria. Desde entonces, ninguno de los Ministros de educación que se sucedieron en el cargo, ha tenido el valor ni la ocurrencia de poner en práctica, en España, la libertad de enseñanza. No tendríamos a los políticos prometiendo banalidades ni a los ciudadanos tomándolas en serio.
El progreso -no sólo el material- nunca llega a los países desasistidos del poder cultural.
Me van a decir que el progresismo sanchesco de nuestros días, va unido a una reforma educativa, una más entre muchas que, como se viene demostrando, son de pobres resultados. Estamos a la cola, entre los países de la OCDE (según los informes PISA) y siendo así no hay progreso que valga; a no ser que llamemos así a la cultura del botellón.
Culturalmente se progresa no gracias a las leyes, sino mediante el cultivo de la voluntad de estudio de cada uno, con la ayuda de muy buenos y sacrificados maestros. A los buenos y sacrificados maestros hay que elegirlos, formarlos, darles prestigio y pagarles bien, y esto no cuenta en los planes educativos de Pedro Sánchez y compañeros, mártires de la vulgaridad más sonora que conocieron los tiempos.
La enseñanza y el progreso no pueden ser doctrinarios. En España, la enseñanza ha sido y es un medio de conquistar voluntades en favor de la secta política (o religiosa) que aspira a dominar o ejercer el poder, y los socialistas están entre ellos: a eso le llaman progreso y todavía hay incautos que pican sin descubrir que lo es de pandereta.
En España, progresaremos el dia que se imponga la libertad de enseñanza, sea esta pública o privada, donde las escuelas puedan competir y los padres elegir la que más les convenga. Hay una sistema de subvencionarlas: el cheque escolar.
Les aseguro que estas enseñanzas propias de mi abuela, datan del año de 1932, cuando me iniciaba en la secundaria. Desde entonces, ninguno de los Ministros de educación que se sucedieron en el cargo, ha tenido el valor ni la ocurrencia de poner en práctica, en España, la libertad de enseñanza. No tendríamos a los políticos prometiendo banalidades ni a los ciudadanos tomándolas en serio.
El progreso -no sólo el material- nunca llega a los países desasistidos del poder cultural.
miércoles, 3 de febrero de 2016
A TOMAR POR EL CAMBIO
Cuando Pablo Iglesias llegó a las televisiones para exponer sus ideas políticas en público, atacó al PSOE con saña, acusó a sus directivos -entre jocoso e insultante- de valerse del poder y de su influencia política, de su falta de escrúpulos y de las puertas giratorias para su medro personal. Acabó Pablo Iglesias por situar a este partido, al PSOE en vías de extinción; una antigualla de politicastros constituidos en "casta" a la que derribar sin miramientos para sanear a la Patria España...
Cuando Pedro Sánchez se marcó el propósito de alcanzar el Gobierno de España, después de haber insultado en un debate televisado al Presidente del Gobierno, de haberle negado el pan y la sal y hasta el diálogo político en el interés de España y de los españoles, nadie daba un euro por él, ni en su propio partido; pero tras ser nominado para formar gobierno, pese a a contar sólo con una minorìa corta y dividida y a dar sus primeros pasos con aires de triunfador y en tono insultante, las cosas han cambiado. Pedro se siente el amo y, ciertamente, para otras cosas no valdrá pero como cuajaleches es un maestro.
Cuando Albert Ribera asume con espíritu patriótico el papel de mediador y se muestra comprensivo sin tacha, frente a un presidenciable que habla de "programa, programa, programa" y sólo muestra enunciados (¿en qué consiste su federalismo?), a él - a Albert, capaz de recitar su biblia política hasta en verso- le dejan hablar pero le restan poder y puede terminar siendo un títere en manos de la cuadrilla socialista o, si no se deja, partiendo peras.
Cuando todo esto -de forma directa o indirecta- lo va a sufrir una derecha, sostén básico de la Nación, con más de siete millones de votantes en peligro de arruinarse, gente buena, trabajadora y contribuyente a la que entre unos y otros -los de casa y los de fuera- la insultan y le birlan el poder... es como para comer cerillas y gritar: ¡Viva la República!
El PP, se ha ganado el derecho para, -con serenidad, pero sin perder el pulso; sin levantar la voz aunque con argumentos bien razonados; con arrepentimiento por hechos y desechos en manos de la Justicia y por los que políticamente ya se ha pagado un buen precio- decir y hacer algo.
Se ha ganado el derecho, insisto, a distinguirse por una fuerte, digna y leal oposición en defensa de una mayoría de españoles y de los valores que los movilizaron para dar su voto
¿Qué ahora al Sr. Sánchez se le ha pasado el susto y quiere hablar con todos, incluido el apestado PP? Claro que sí: hay que hablar. Pero esto tiene un precio. Todo menos que la derecha de siempre, moderada y centrada a gusto de la izquierda, la manden a tomar por el cambio. Seamos conscientes: la llave del teclado sigue en poder del PP.
.
Cuando Pedro Sánchez se marcó el propósito de alcanzar el Gobierno de España, después de haber insultado en un debate televisado al Presidente del Gobierno, de haberle negado el pan y la sal y hasta el diálogo político en el interés de España y de los españoles, nadie daba un euro por él, ni en su propio partido; pero tras ser nominado para formar gobierno, pese a a contar sólo con una minorìa corta y dividida y a dar sus primeros pasos con aires de triunfador y en tono insultante, las cosas han cambiado. Pedro se siente el amo y, ciertamente, para otras cosas no valdrá pero como cuajaleches es un maestro.
Cuando Albert Ribera asume con espíritu patriótico el papel de mediador y se muestra comprensivo sin tacha, frente a un presidenciable que habla de "programa, programa, programa" y sólo muestra enunciados (¿en qué consiste su federalismo?), a él - a Albert, capaz de recitar su biblia política hasta en verso- le dejan hablar pero le restan poder y puede terminar siendo un títere en manos de la cuadrilla socialista o, si no se deja, partiendo peras.
Cuando todo esto -de forma directa o indirecta- lo va a sufrir una derecha, sostén básico de la Nación, con más de siete millones de votantes en peligro de arruinarse, gente buena, trabajadora y contribuyente a la que entre unos y otros -los de casa y los de fuera- la insultan y le birlan el poder... es como para comer cerillas y gritar: ¡Viva la República!
El PP, se ha ganado el derecho para, -con serenidad, pero sin perder el pulso; sin levantar la voz aunque con argumentos bien razonados; con arrepentimiento por hechos y desechos en manos de la Justicia y por los que políticamente ya se ha pagado un buen precio- decir y hacer algo.
Se ha ganado el derecho, insisto, a distinguirse por una fuerte, digna y leal oposición en defensa de una mayoría de españoles y de los valores que los movilizaron para dar su voto
¿Qué ahora al Sr. Sánchez se le ha pasado el susto y quiere hablar con todos, incluido el apestado PP? Claro que sí: hay que hablar. Pero esto tiene un precio. Todo menos que la derecha de siempre, moderada y centrada a gusto de la izquierda, la manden a tomar por el cambio. Seamos conscientes: la llave del teclado sigue en poder del PP.
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martes, 2 de febrero de 2016
EL VOTO DEL MIEDO
Parece aventurado pronosticar que en España, antes del verano seremos convocados para participar en unas nuevas elecciones. Aventurado, cierto, pero nadie impide imaginar qué futuro nos espera tras esta probable llamada a las urnas. El resultado tendrà su eco, sobre todo, entre los países de la Unión Europea.
No olvidemos que la Europa unida mira con toda atención la evolución política y social de las naciones que la integran. Y desde esta Europa se preparan ante el futuro incierto que prevén los expertos politólogos para España.
A esta Europa le causó asombro que el PP -sobre el que había caído el desprestigio, a fuerza de airearle los latrocinios puestos en práctica por un selecto número de sus jerifaltes- ganara las elecciones del 2015. Fue un voto emitido sin calor, un voto calculado y triste; el voto del miedo a que llegaran a gobernar de nuevo los socialistas ya que, en dos ocasiones anteriores, habían dejado la economía española hecha unos zorros.
Un voto tan poco entusiasta como inseguro, porque el PP de las últimas hornadas no está dotado del don de la oportunidad; aquello de "más vale llegar a tiempo que rondar un año" no le va al PP de nuestras desdichas y, para más fastidio, se le reventó el grano podrido que tenía en sus posaderas la C.A. de Valencia, por donde más daño causaba a sus compañeros del alma de toda España.
Como el miedo sigue ahí, y como el sistema electoral español fue concebido para que funcionara el bipartidismo, si hay elecciones tendremos, muy probablemente, dos perdedores: el PP y el PSOE y dos ganadores PODEMOS Y CIUDADANOS, que se repartirán la merienda de siempre.
No hace falta ser muy sagaz para ver que PODEMOS está ya en campaña electoral. ¿Por qué? Sin duda, porque sus líderes saben que un Gobierno socialista pactado con partidos de mil leches, frente al PP con 122 votos y mayorìa absoluta en el Senado, llega a ser menos armònico que, y tan irritante como, el canto de un grillo. Y por ende ineficaz y lamentoso; como para echarse a llorar. Ese gobierno tendría corto recorrido.
El PP, dado al sosiego hasta que la desgracia se le viene encima, tendría que refundarse, pero ya no será el poderoso imán del bandidaje más carroñero que conocieron los siglos. Es un desgracia, pero las reclamaciones al maestro armero.
Como se verá el idioma español está lleno de frases hechas porque nada hay nuevo bajo el sol. ¡Es un alivio!
No olvidemos que la Europa unida mira con toda atención la evolución política y social de las naciones que la integran. Y desde esta Europa se preparan ante el futuro incierto que prevén los expertos politólogos para España.
A esta Europa le causó asombro que el PP -sobre el que había caído el desprestigio, a fuerza de airearle los latrocinios puestos en práctica por un selecto número de sus jerifaltes- ganara las elecciones del 2015. Fue un voto emitido sin calor, un voto calculado y triste; el voto del miedo a que llegaran a gobernar de nuevo los socialistas ya que, en dos ocasiones anteriores, habían dejado la economía española hecha unos zorros.
Un voto tan poco entusiasta como inseguro, porque el PP de las últimas hornadas no está dotado del don de la oportunidad; aquello de "más vale llegar a tiempo que rondar un año" no le va al PP de nuestras desdichas y, para más fastidio, se le reventó el grano podrido que tenía en sus posaderas la C.A. de Valencia, por donde más daño causaba a sus compañeros del alma de toda España.
Como el miedo sigue ahí, y como el sistema electoral español fue concebido para que funcionara el bipartidismo, si hay elecciones tendremos, muy probablemente, dos perdedores: el PP y el PSOE y dos ganadores PODEMOS Y CIUDADANOS, que se repartirán la merienda de siempre.
No hace falta ser muy sagaz para ver que PODEMOS está ya en campaña electoral. ¿Por qué? Sin duda, porque sus líderes saben que un Gobierno socialista pactado con partidos de mil leches, frente al PP con 122 votos y mayorìa absoluta en el Senado, llega a ser menos armònico que, y tan irritante como, el canto de un grillo. Y por ende ineficaz y lamentoso; como para echarse a llorar. Ese gobierno tendría corto recorrido.
El PP, dado al sosiego hasta que la desgracia se le viene encima, tendría que refundarse, pero ya no será el poderoso imán del bandidaje más carroñero que conocieron los siglos. Es un desgracia, pero las reclamaciones al maestro armero.
Como se verá el idioma español está lleno de frases hechas porque nada hay nuevo bajo el sol. ¡Es un alivio!
lunes, 1 de febrero de 2016
AL BORDE DEL HARAKIRI
Al rito de recurrir al suicidio, para morir con honor antes de caer en las manos de tu enemigo, parece ser que lo designaron en Japón con la frase "hacerse el harakiri". Pero vayamos al grano.
Hasta los más mendrugos de la clase se han dado cuenta de que Pedro Sánchez, una vez alcanzado el cargo con máximo poder dentro del PSOE, ha perdido el equilibrio. A fuerza de acumular el desprestigio sobre su principal rival Mariano Rajoy, tarea fácil, el Secretario General debió de pensar: "ahora o nunca, la ocasión la pintan calva; "YO (con mayúsculas) soy el llamado a presidir el futuro Gobierno de España".
Sánchez veía cómo se acumulaban las desdichas sobre Rajoy y cómo, a la,inversa, él, Pedro Sánchez, estaba libre de todo pecado por la gracia de Dios. Era el elegido. No había duda: las elecciones -pese a las encuestas que siempre se equivocaron- estaban chupadas. Soñaba con la Presidencia de un Gobierno milagrero.
Llegó la hora de la verdad y los resultados fueron devastadores: en el año 2008, once millones de votos; en el 2015, poco más de cinco millones. Era para dejarse de sueños. Pero para Sánchez, estos resultados fueron todo un triunfo; e insistió: quiero gobernar.
Sánchez sigue sin bajarse de la nube ensoñadora. Se lo dicen lo más sensatos de su partido. Un perdedor puesto a gobernar depende del voto prestado. Entonces se cambian los papeles: el que manda es el prestamista, no el prestatario. Es así, es ley de vida. Pero Sánchez, no es Sancho, y ve molinos donde en realidad hay gigantes.
No le han faltado a este Sánchez conmilitones que nunca se privaron de argumentar a su favor: tú habla a los españoles de reformas, de cambio, de progresismo, de modernidad, de abundancia para el pobre y mano dura para el rico, etc. Las bases te darán la razón, cuando lo que se necesitas es el Poder con mayúscula.
En fin: Pedro Sánchez está poniendo a los miembros directivos del PSOE al borde del harakiri; al borde del suicidio para morir con dignidad.
Hay gente para todo.
Hasta los más mendrugos de la clase se han dado cuenta de que Pedro Sánchez, una vez alcanzado el cargo con máximo poder dentro del PSOE, ha perdido el equilibrio. A fuerza de acumular el desprestigio sobre su principal rival Mariano Rajoy, tarea fácil, el Secretario General debió de pensar: "ahora o nunca, la ocasión la pintan calva; "YO (con mayúsculas) soy el llamado a presidir el futuro Gobierno de España".
Sánchez veía cómo se acumulaban las desdichas sobre Rajoy y cómo, a la,inversa, él, Pedro Sánchez, estaba libre de todo pecado por la gracia de Dios. Era el elegido. No había duda: las elecciones -pese a las encuestas que siempre se equivocaron- estaban chupadas. Soñaba con la Presidencia de un Gobierno milagrero.
Llegó la hora de la verdad y los resultados fueron devastadores: en el año 2008, once millones de votos; en el 2015, poco más de cinco millones. Era para dejarse de sueños. Pero para Sánchez, estos resultados fueron todo un triunfo; e insistió: quiero gobernar.
Sánchez sigue sin bajarse de la nube ensoñadora. Se lo dicen lo más sensatos de su partido. Un perdedor puesto a gobernar depende del voto prestado. Entonces se cambian los papeles: el que manda es el prestamista, no el prestatario. Es así, es ley de vida. Pero Sánchez, no es Sancho, y ve molinos donde en realidad hay gigantes.
No le han faltado a este Sánchez conmilitones que nunca se privaron de argumentar a su favor: tú habla a los españoles de reformas, de cambio, de progresismo, de modernidad, de abundancia para el pobre y mano dura para el rico, etc. Las bases te darán la razón, cuando lo que se necesitas es el Poder con mayúscula.
En fin: Pedro Sánchez está poniendo a los miembros directivos del PSOE al borde del harakiri; al borde del suicidio para morir con dignidad.
Hay gente para todo.
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