Cuando alguien quiere resolver un problema, llevar a buen destino un proyecto o ganar en un negocio y necesita la colaboración de terceros, suele proceder con educación y buenas maneras. Si entra al juego ladrando y mostrando los caninos, es difícil que alcance algo positivo; y si muerde se hace con un enemigo para lo que le quede de vida.
Las maneras políticas -la buena índole- son norma habitual entre los vocacionalmente entregados al servicio de los demás. Tales maneras incluyen varias virtudes, entre ellas la habilidad y la diplomacia donde quiera que se actúe. Es la forma de engancharse a la democracia constructiva. Todos tenemos algo positivo que aportar y se gana más y mejor, para todos, siendo antes educados que groseros.
Un político ha de saber decir "no" en muchas ocasiones; este "no" hay que razonarlo, y las razones cuando son auténticas han de exponerse de forma convincente y con buena educación.
Los políticos españoles, en gran número, han elegido esa carrera por ambiciones personales y se les nota a distancia. Como no tienen conciencia clara del terreno que pisan, les falta finura, delicadeza, educación en ese trascendente servicio a los demás; sobre todo a los más débiles. Lo cual no impide, en la vida real, la aplicación de una ingeniosa ironía asimilable por todos los que se distinguen por su buen sentido del humor
Termino: hay que saber estar firmes y derechos. A la grosería infamante (que deshonra y rebaja) de Pedro Sánchez, debió responder Mariano Rajoy con firmeza y derechura, tomando puerta y dejando a su adversario a solas con el moderador que no sabía su oficio.
Ya lo dijo con belleza Gómez Manrique en el Siglo XV: "Nobles discretos varones/que gobernáis a Toledo,/en aquestos escalones/desechad las aficiones,/codicias, amor y miedo./ Por los comunes provechos/ dexad los particulares./ Pues vos fizo Dios pilares/ de tan riquísimos techos/ estad firmes y derechos".
jueves, 17 de diciembre de 2015
miércoles, 16 de diciembre de 2015
EL MIEDO A LA LIBERTAD
Si lo primero que hace un Gobierno, a poco de tomar posesión de sus carteras los ministros que lo integran, es establecer un articulado control de la enseñanza, no caben dudas: estamos ante un poder ejecutivo con ínfulas totalitarias que tratará de cubrirlas con banderas y símbolos democráticos.
Se puede afirmar, en román paladino, que en la España nación y en sus nacionalidades adyacentes, pese al ordenamiento constitucional y a la Carta de los Derechos humanos de las Naciones Unidas, ambas vigentes en este País, no existe libertad de enseñanza, si se considera como tal el derecho que tienen los padres elegir la educación de sus hijos en el idioma o idiomas y credo o credos que quieran, una vez cumplidos los requisitos mínimos que garanticen la eficiencia docente deseable, como sucede entre los países punteros del Universo.
No se puede afirmar que existe libertad de enseñanza, cuando el modelo impartido en centros escolares españoles subvencionados, viene impuesto por los Gobiernos del color que fueren, ya que quien pone el dinero no suele renunciar ejercer la influencia que conviene a sus intereses políticos, como sucede en Cataluña y en el País Vasco, a las claras, y en otras comunidades autónomas con apoyos legales.
No habrá libertad de enseñanza hasta que no sean los padres y particulares interesados los que abonen el coste de la misma y tengan libertad para exigir a los gobiernos y a los docentes, dentro de un orden, su aplicación.
Con este fin, en algunos países funciona el "cheque escolar" que lo reciben los padres desde el sector público, para abonar la enseñanza de sus hijos en centros -oficiales o privados- que libremente elijan sin cortapisa alguna.
No hablen en España del "cheque escolar" porque dirán que va contra la escuela publica, (consagrada como intocable), cuando no tendría por qué ser así, si se hicieran las cosas con arreglo a una Constitución incumplida incluso por los llamados a dar ejemplo.
No lo olviden: ni las derechas ni las izquierdas quieren la libertad de enseñanza, aunque pesuman de ser demócratas a machamartillo. ¡Mentira y gorda!
Se puede afirmar, en román paladino, que en la España nación y en sus nacionalidades adyacentes, pese al ordenamiento constitucional y a la Carta de los Derechos humanos de las Naciones Unidas, ambas vigentes en este País, no existe libertad de enseñanza, si se considera como tal el derecho que tienen los padres elegir la educación de sus hijos en el idioma o idiomas y credo o credos que quieran, una vez cumplidos los requisitos mínimos que garanticen la eficiencia docente deseable, como sucede entre los países punteros del Universo.
No se puede afirmar que existe libertad de enseñanza, cuando el modelo impartido en centros escolares españoles subvencionados, viene impuesto por los Gobiernos del color que fueren, ya que quien pone el dinero no suele renunciar ejercer la influencia que conviene a sus intereses políticos, como sucede en Cataluña y en el País Vasco, a las claras, y en otras comunidades autónomas con apoyos legales.
No habrá libertad de enseñanza hasta que no sean los padres y particulares interesados los que abonen el coste de la misma y tengan libertad para exigir a los gobiernos y a los docentes, dentro de un orden, su aplicación.
Con este fin, en algunos países funciona el "cheque escolar" que lo reciben los padres desde el sector público, para abonar la enseñanza de sus hijos en centros -oficiales o privados- que libremente elijan sin cortapisa alguna.
No hablen en España del "cheque escolar" porque dirán que va contra la escuela publica, (consagrada como intocable), cuando no tendría por qué ser así, si se hicieran las cosas con arreglo a una Constitución incumplida incluso por los llamados a dar ejemplo.
No lo olviden: ni las derechas ni las izquierdas quieren la libertad de enseñanza, aunque pesuman de ser demócratas a machamartillo. ¡Mentira y gorda!
martes, 15 de diciembre de 2015
LA GRAN MENTIRA
Un miembro de mi familia -soltero y telegrafista por más señas, libre de prejuicios, buena persona-, todos los domingos de los años treinta me daba dos pesetas, en moneda de plata acuñada con ese valor, para mis gastos, y me dejaba ojear las novelas de su tiempo que solía adquirir semanalmente para que las leyera a mi antojo. Cayeron en mis manos autores, hoy casi desconocidos, de libérrima prosa. Recuerdo "El negro que tenìa el alma blanca" de Alberto Insua, "Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?" de Enrique Jardiel Poncela, "Las siete columnas" de Wenceslao Fernández Flores... Por estas y otras causas, mi mundo interior estaba hecho un lío, impropio de un mozalbete de once o doce años. Pero poco a poco, sobre la base de nuevas lecturas, se fue deslìando el ovillo y, a estas calendas de mi vida, aun no siendo experto en nada -o tal vez por eso-, dudo de muchas cosas. Sobre todo de las ideas expuestas por quienes se amparan en la política con la pretensiòn de que prosperen como si fueran verdades científicas.
Pues verán: no me creo el cambio anunciado por políticos al uso, aunque los anhelen de buena fe, ni está la Magdalena preparada para estos tafetanes. Muy sencillo: ninguno de los contendientes en la lucha electoral española, basa sus promesas en una doctrina influyente, como pudo ser el liberalismo en un caso, o el comunismo en otro. Hemos creado una sociedad a cuya mayoría le preocupa vivir bien, a ser posible poniendo en juego la ley del mínimo esfuerzo. A esta sociedad le hace falta algo que está por crear: una especie de padre pródigo, que garantice a las multitudes un estado de bienestar perpetuo. Algo impensable ¿verdad? Pues bien, me van a perdonar pero no entro al engaño, pese a que casi todos los políticos asumen el desempeño del papel de magos y veo a millones de creyentes que comulgan con tan gigantescas ruedas de molino.
Recuerdo vagamente el contenido de "Las siete columnas" de Fernández Flórez. Satanás deja de tentar a los humanos y éstos se liberan de "cumplir" con los siete pecados capitales. Desaparecen la envidia, la lujuria, la codicia, etc. ¿Y qué pasa? Que la vida de las personas se hizo insoportable por aburrida y se impuso un modelo social que generó una pobreza asoladora. Algo así como vivir bajo un régimen comunista.
Pienso que Fernández Flórez, que las pasó canutas refugiado en una embajada durante la guerra civil, echaba de menos el consuelo de una religión verdadera. ¡Pero ése es otro misterio del que casi nadie habla en un mar de iglesias medio vacías!. Y lo poco que queda se lo quieren cargar, muchas veces desde dentro. ¡Ya es mala suerte!
Pues verán: no me creo el cambio anunciado por políticos al uso, aunque los anhelen de buena fe, ni está la Magdalena preparada para estos tafetanes. Muy sencillo: ninguno de los contendientes en la lucha electoral española, basa sus promesas en una doctrina influyente, como pudo ser el liberalismo en un caso, o el comunismo en otro. Hemos creado una sociedad a cuya mayoría le preocupa vivir bien, a ser posible poniendo en juego la ley del mínimo esfuerzo. A esta sociedad le hace falta algo que está por crear: una especie de padre pródigo, que garantice a las multitudes un estado de bienestar perpetuo. Algo impensable ¿verdad? Pues bien, me van a perdonar pero no entro al engaño, pese a que casi todos los políticos asumen el desempeño del papel de magos y veo a millones de creyentes que comulgan con tan gigantescas ruedas de molino.
Recuerdo vagamente el contenido de "Las siete columnas" de Fernández Flórez. Satanás deja de tentar a los humanos y éstos se liberan de "cumplir" con los siete pecados capitales. Desaparecen la envidia, la lujuria, la codicia, etc. ¿Y qué pasa? Que la vida de las personas se hizo insoportable por aburrida y se impuso un modelo social que generó una pobreza asoladora. Algo así como vivir bajo un régimen comunista.
Pienso que Fernández Flórez, que las pasó canutas refugiado en una embajada durante la guerra civil, echaba de menos el consuelo de una religión verdadera. ¡Pero ése es otro misterio del que casi nadie habla en un mar de iglesias medio vacías!. Y lo poco que queda se lo quieren cargar, muchas veces desde dentro. ¡Ya es mala suerte!
domingo, 13 de diciembre de 2015
UNA RECESIÓN DURADERA Y LARGA
Vísperas electorales. Días de promesas, sueños y esperanzas. Ante un prolongado período de pérdidas registrado en numerosas empresas, si se pusieran trabas al despido y los salarios tendieran a crecer, se crearía incertidumbre y temor entre los emprendedores. Todo podría cambiar a peor. Depende de quién ganara las elecciones.
Pero los políticos que anuncian la subida de los salarios no se dan cuenta (o no quieren darse cuenta) de que si no se crea un régimen de incentivos en favor de los empresarios o de los trabajadores, para que no corran peligro los beneficios del negocio, no hay nada que hacer. Nadie crea trabajo si no hay expectativas de ganancias
Se anuncia otro peligro: los sistemas que recurren al régimen de subsidios corren el peligro de que se desborden los límites del déficit, algo vedado por razones obvias y por la ley que rige entre las naciones cuya moneda es el euro. Vease el caso de Grecia.
Por consiguiente dadas las circunstancias que concurren en España, y la posibilidad de que no se alcance el consenso entre los llamados a gobernar el País, la situación puede complicarse, afectar a la estabilidad económica y, como consecuencia, provocar el desánimo inversor, sin el cual no hay creación de empleo que valga.
Si se impone por ley una sustanciosa mejora de salarios, es probable que desaparezcan algunas empresas y cunda el desánimo para crear otras nuevas.
El solo hecho de algunas promesas electorales, anunciadas desde de distintos partidos, está frenando ya la creación de empleo hasta ver los resultados que salgan de las urnas.
Aún ganando el PP si los demás partidos imponen sus criterios, la trayectoria política actual se vería interrumpida por un plazo largo. Como consecuencia bajarían las inversiones y continuaría la crisis con tendencia clara a la recesión. Aumentarías las cifras del paro.
Si España no crea riqueza, podría entenderse que seguiría el paro hasta mantenerse estable, si es que no crece.
¡Estas son lentejas!
Pero los políticos que anuncian la subida de los salarios no se dan cuenta (o no quieren darse cuenta) de que si no se crea un régimen de incentivos en favor de los empresarios o de los trabajadores, para que no corran peligro los beneficios del negocio, no hay nada que hacer. Nadie crea trabajo si no hay expectativas de ganancias
Se anuncia otro peligro: los sistemas que recurren al régimen de subsidios corren el peligro de que se desborden los límites del déficit, algo vedado por razones obvias y por la ley que rige entre las naciones cuya moneda es el euro. Vease el caso de Grecia.
Por consiguiente dadas las circunstancias que concurren en España, y la posibilidad de que no se alcance el consenso entre los llamados a gobernar el País, la situación puede complicarse, afectar a la estabilidad económica y, como consecuencia, provocar el desánimo inversor, sin el cual no hay creación de empleo que valga.
Si se impone por ley una sustanciosa mejora de salarios, es probable que desaparezcan algunas empresas y cunda el desánimo para crear otras nuevas.
El solo hecho de algunas promesas electorales, anunciadas desde de distintos partidos, está frenando ya la creación de empleo hasta ver los resultados que salgan de las urnas.
Aún ganando el PP si los demás partidos imponen sus criterios, la trayectoria política actual se vería interrumpida por un plazo largo. Como consecuencia bajarían las inversiones y continuaría la crisis con tendencia clara a la recesión. Aumentarías las cifras del paro.
Si España no crea riqueza, podría entenderse que seguiría el paro hasta mantenerse estable, si es que no crece.
¡Estas son lentejas!
sábado, 12 de diciembre de 2015
LA CONSTITUCIÓN EN SOLFA
Al referirme a "la Constitución en solfa" sólo pretendo defenderla de aquellos que tratan de ponerla en ridículo declarandola fuera de época (algo así como fea, vieja y despeinada). Nuestro régimen, según la Constitución vigente, es el propio de un Estado social democrático de Derecho y los valores superiores que propugna son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. (Artículo 1º. del texto constitucional). Un panorama prometedor por alcanzar.
Sobre esas bases, la Constitución se presta a un mejor desarrollo y tal vez a ciertos retoques; pero no es lo que se busca. Lo que quieren algunos políticos es un meneo a fondo de la ley de leyes siguiendo modelos que no han pasado la prueba del nueve.
Seamos claros: Unos pretenden el medro de un populismo totalitario al socaire de una idea tentadora: reforzar el nacionalismo de España frente a la UE, para no depender de un liberalismo conducido -según ellos- desde las oligarquías financieras. Otros desean que prospere el soberanismo de Cataluña, del PaísVasco, tal vez de Galicia, frente a la Nación española, que -según su criterio- les perjudica y les obliga a sacrificarse por el resto de las regiones hispanas, en perjuicio de los pueblos originarios catalanes, vascos y gallegos, dignos de constituirse como naciones..
En este trance, el pluripartidismo que ya existía saldrá fortalecido después de las elecciones del 2O-D, en perjuicio de una inmensa mayoría de españoles que desean mejoras, cierto, pero sin convulsiones políticas.
A este planteamiento se llegó porque tanto el PP como el PSOE no supieron reaccionar a tiempo contra los brotes descarados de corrupción que se detectaron en sus filas, de forma que al pueblo llano nadie le saca de la convicción de que todos estaban pringados. Además, pecando ambos partidos de negligencia en la tarea básica de limpieza, desde dentro, de sus respectivos patios de Monipodio (la mierda propia se lava en casa), confiaron toda la tarea a los tribunales de justicia a sabiendas de que las sentencias tardan años en dictarse y los medios de difusión -durante ese tiempo- tendrían tarea y morbo con los que instruir -y adoctrinar- al personal expectante. De aquellos polvos, estos lodos, todo por falta de pulso y un mal entendido compañerismo dentro de cada uno de estos partidos.
Si ni el PSOE ni el PP supieron ir unidos para algo tan sencillo como defenderse del chaparrón de basura creado en sus filas, mucho menos iban a formar piña para proteger a la Constitución frente a unos reformistas de poco fuste. Si hubieran llegado a jugar esa baza (que no impedía ciertas reformas) estarían patrocinando el consenso que une frente al disenso que separa. En este sentido el PSOE ha perdido el norte. Y en política los errores se pagan.
Ahí están dos perdedores: el PP y el PSOE, debido a sus voluntarios fracasos. Y dos, triunfadores, cada uno convirtiendo el desprestigio ajeno en mérito propio.
La solución -mala por fuerza, ya se verá- el día veinte de este mes y año.
Sobre esas bases, la Constitución se presta a un mejor desarrollo y tal vez a ciertos retoques; pero no es lo que se busca. Lo que quieren algunos políticos es un meneo a fondo de la ley de leyes siguiendo modelos que no han pasado la prueba del nueve.
Seamos claros: Unos pretenden el medro de un populismo totalitario al socaire de una idea tentadora: reforzar el nacionalismo de España frente a la UE, para no depender de un liberalismo conducido -según ellos- desde las oligarquías financieras. Otros desean que prospere el soberanismo de Cataluña, del PaísVasco, tal vez de Galicia, frente a la Nación española, que -según su criterio- les perjudica y les obliga a sacrificarse por el resto de las regiones hispanas, en perjuicio de los pueblos originarios catalanes, vascos y gallegos, dignos de constituirse como naciones..
En este trance, el pluripartidismo que ya existía saldrá fortalecido después de las elecciones del 2O-D, en perjuicio de una inmensa mayoría de españoles que desean mejoras, cierto, pero sin convulsiones políticas.
A este planteamiento se llegó porque tanto el PP como el PSOE no supieron reaccionar a tiempo contra los brotes descarados de corrupción que se detectaron en sus filas, de forma que al pueblo llano nadie le saca de la convicción de que todos estaban pringados. Además, pecando ambos partidos de negligencia en la tarea básica de limpieza, desde dentro, de sus respectivos patios de Monipodio (la mierda propia se lava en casa), confiaron toda la tarea a los tribunales de justicia a sabiendas de que las sentencias tardan años en dictarse y los medios de difusión -durante ese tiempo- tendrían tarea y morbo con los que instruir -y adoctrinar- al personal expectante. De aquellos polvos, estos lodos, todo por falta de pulso y un mal entendido compañerismo dentro de cada uno de estos partidos.
Si ni el PSOE ni el PP supieron ir unidos para algo tan sencillo como defenderse del chaparrón de basura creado en sus filas, mucho menos iban a formar piña para proteger a la Constitución frente a unos reformistas de poco fuste. Si hubieran llegado a jugar esa baza (que no impedía ciertas reformas) estarían patrocinando el consenso que une frente al disenso que separa. En este sentido el PSOE ha perdido el norte. Y en política los errores se pagan.
Ahí están dos perdedores: el PP y el PSOE, debido a sus voluntarios fracasos. Y dos, triunfadores, cada uno convirtiendo el desprestigio ajeno en mérito propio.
La solución -mala por fuerza, ya se verá- el día veinte de este mes y año.
viernes, 11 de diciembre de 2015
EL CAMBIO QUE VIENE
Mi escepticismo crece de forma asombrosa cuando oigo a un político anunciarnos un "cambio" del que, además, se siente protagonista. La realidad es que los cambios llegan pese a los políticos y sin remedio, muchas veces a causa de una mal entendida política.
El caso que traigo a cuento lo protagonizó un modesto empresario dueño de un pequeño taller donde se manufacturaban alpargatas de artesanía. Daba trabajo a diez personas todas ellas cobrando el salario mínimo obligatorio. Una demanda sindical y un cambio político, tras unas elecciones, derivó en un aumento de ese salario. El dueño, en edad de jubilarse, cerró el chiringuito porque dejó de ser rentable; sus diez trabajadores se fueron a cobrar el subsidio del paro.
El hijo del dueño, experto informático, echó cuentas y vió la posibilidad de renovar el negocio de la alpargata, introduciendo cambios en la empresa.
Robotizó la producción de forma que solo necesitaba un empleado que vigilara a los robots y un servicio de asistencia técnica contratado por vía mercantil. Ideó unas alpargatas de diseño que puso de moda en las zonas veraniegas de paìses turísticos. Toda la producción era adquirida por una sociedad mercantil que quedó inscrita en otros tantos paraísos fiscales de distintos continentes.
La empresa fabricante vendía a la empresa mercantil con un mínimo beneficio, para pagar en proporción una cuota mínima por impuestos en el país de origen. La empresa compradora, del propio fabricante aunque con otro nombre, revendía las alpargatas quintuplicando los beneficios que no cotizaban por estar domiciliada y facturar desde un paraíso fiscal. Negocio redondo.
Todo un cambio con el que ni siquiera habían soñado los políticos.
La economía de mercado mundializada es la que está cambiando los comportamientos sociales sin tener en cuenta -o de acuerdo, según casos y países- a los políticos. Y los votantes mirándose el ombligo.
El caso que traigo a cuento lo protagonizó un modesto empresario dueño de un pequeño taller donde se manufacturaban alpargatas de artesanía. Daba trabajo a diez personas todas ellas cobrando el salario mínimo obligatorio. Una demanda sindical y un cambio político, tras unas elecciones, derivó en un aumento de ese salario. El dueño, en edad de jubilarse, cerró el chiringuito porque dejó de ser rentable; sus diez trabajadores se fueron a cobrar el subsidio del paro.
El hijo del dueño, experto informático, echó cuentas y vió la posibilidad de renovar el negocio de la alpargata, introduciendo cambios en la empresa.
Robotizó la producción de forma que solo necesitaba un empleado que vigilara a los robots y un servicio de asistencia técnica contratado por vía mercantil. Ideó unas alpargatas de diseño que puso de moda en las zonas veraniegas de paìses turísticos. Toda la producción era adquirida por una sociedad mercantil que quedó inscrita en otros tantos paraísos fiscales de distintos continentes.
La empresa fabricante vendía a la empresa mercantil con un mínimo beneficio, para pagar en proporción una cuota mínima por impuestos en el país de origen. La empresa compradora, del propio fabricante aunque con otro nombre, revendía las alpargatas quintuplicando los beneficios que no cotizaban por estar domiciliada y facturar desde un paraíso fiscal. Negocio redondo.
Todo un cambio con el que ni siquiera habían soñado los políticos.
La economía de mercado mundializada es la que está cambiando los comportamientos sociales sin tener en cuenta -o de acuerdo, según casos y países- a los políticos. Y los votantes mirándose el ombligo.
jueves, 10 de diciembre de 2015
COMPETENCIA ENTRE POLÍTICOS
No soy quién, y pido perdón de antemano, para inmiscuirme en la propaganda que los políticos hacen de sus valores, ideas, programas, intenciones, críticas, etc.
Ahora bien, si me hubieran puesto en un trance parecido al que soportaron las cuatro figuras señeras de la política española que participaron en el debate del día 07-12-2015, tendría en cuenta por encima de todo a los nueve millones de telespectadores y -precavidamente- mantendría una distancia respetuosa y educada con mis adversarios(figuras señeras), restándoles importancia y haciéndoles poco caso, para volcarme sobre el público expectante.
Y digo esto por pura experiencia y cierto sesgo intuitivo que padezco y porque -salvo alguna rara excepción- en mi vida he visto en las peleas publicitarias mercantiles, que cuestan un dineral a cada firma a costa de su bolsillo, hablar mal del adversario, porque tal cháchara equivale a perder el tiempo y el dinero que son sagrados. Y si lo importante para el rival es que hablen de lo suyo, mejor permanecer callado.
Por mi parte, habría preparado mi discurso para, en mis turnos y sin salirme del tema puesto sobre el tapete, demostrar: estas son las previsiones y proyectos de mi partido para resolver los problemas del caso, esta la organización, estos los medios materiales que pondremos en juego, este el presupuesto y el índice de dónde saldrá el dinero, estos los medios personales y los equipos que trabajará en ello, estas nuestras relaciones en Europa y nuestra influencia para implicarla en el desarrollo que proponemos, este es el calendario, estos los posibles beneficiados, etc. Todo menos hacer promesas al aire. y andar por las nubes.
¿Y si le atacan por la falta de honradez de sus conmilitones o colaboradores que pueden comprometer y hasta anular sus proyectos? Diría, lo mismo: Esta es mi organización, éstas las medidas de régimen interno que hemos preparado para evitar los latrocinios, estos los avales para responder de las pérdidas si se llegaran a producir, etc...
¿Y si los opuestos recurren a la calumnia y al insulto personal? Diría: toda injuria es propaganda favorable a la víctima si ésta demuestra su inocencia de forma irrevocable.
Entonces ¿qué le parecieron los protagonistas de tan sonado debate? Muy sencillo: los ví capaces de propagar el aburrimiento entre los telespectadores medianamente instruidos, porque siempre dicen y prometen lo mismo; siempre bien dispuestos a sacar provecho de la inocencia y buena fe de los que aún creen en las promesas, nunca avaladas, de politicastros predicando la virtud generadora de realidades, como si vendieran una loción contra la calvicie.
Mi padre era uno de los creyentes calvos en busca de crecepelos. Siendo yo un niño, le pregunté por la pócima que gastaba: "¿Te sale el pelo?" Y me respondió con dolor: "Sí, hijo mío: en el peine". Pero seguía fiel al uso ilusionado de aquella cara e inútil loción. Así es la vida.
Ahora bien, si me hubieran puesto en un trance parecido al que soportaron las cuatro figuras señeras de la política española que participaron en el debate del día 07-12-2015, tendría en cuenta por encima de todo a los nueve millones de telespectadores y -precavidamente- mantendría una distancia respetuosa y educada con mis adversarios(figuras señeras), restándoles importancia y haciéndoles poco caso, para volcarme sobre el público expectante.
Y digo esto por pura experiencia y cierto sesgo intuitivo que padezco y porque -salvo alguna rara excepción- en mi vida he visto en las peleas publicitarias mercantiles, que cuestan un dineral a cada firma a costa de su bolsillo, hablar mal del adversario, porque tal cháchara equivale a perder el tiempo y el dinero que son sagrados. Y si lo importante para el rival es que hablen de lo suyo, mejor permanecer callado.
Por mi parte, habría preparado mi discurso para, en mis turnos y sin salirme del tema puesto sobre el tapete, demostrar: estas son las previsiones y proyectos de mi partido para resolver los problemas del caso, esta la organización, estos los medios materiales que pondremos en juego, este el presupuesto y el índice de dónde saldrá el dinero, estos los medios personales y los equipos que trabajará en ello, estas nuestras relaciones en Europa y nuestra influencia para implicarla en el desarrollo que proponemos, este es el calendario, estos los posibles beneficiados, etc. Todo menos hacer promesas al aire. y andar por las nubes.
¿Y si le atacan por la falta de honradez de sus conmilitones o colaboradores que pueden comprometer y hasta anular sus proyectos? Diría, lo mismo: Esta es mi organización, éstas las medidas de régimen interno que hemos preparado para evitar los latrocinios, estos los avales para responder de las pérdidas si se llegaran a producir, etc...
¿Y si los opuestos recurren a la calumnia y al insulto personal? Diría: toda injuria es propaganda favorable a la víctima si ésta demuestra su inocencia de forma irrevocable.
Entonces ¿qué le parecieron los protagonistas de tan sonado debate? Muy sencillo: los ví capaces de propagar el aburrimiento entre los telespectadores medianamente instruidos, porque siempre dicen y prometen lo mismo; siempre bien dispuestos a sacar provecho de la inocencia y buena fe de los que aún creen en las promesas, nunca avaladas, de politicastros predicando la virtud generadora de realidades, como si vendieran una loción contra la calvicie.
Mi padre era uno de los creyentes calvos en busca de crecepelos. Siendo yo un niño, le pregunté por la pócima que gastaba: "¿Te sale el pelo?" Y me respondió con dolor: "Sí, hijo mío: en el peine". Pero seguía fiel al uso ilusionado de aquella cara e inútil loción. Así es la vida.
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