No entiendo de política; o no entiendo a los políticos. Por lo menos me hacen dudar y hasta me desconciertan.
Veo a los del PSOE convencidos de que siguen, según dicen, el camino más acertado para elegir a su mandamás (¿cómo llamarlo, líder, caudillo, jefe...?), y tengo la impresión de que se equivocan. Pedir a sus seguidores una elección multitudinaria
para seleccionar a un goleador, es confundir a éste con un jarrón chino o cosa parecida. Al goleador se le elige por su historial, su "currículum" (preferible con estudios superiores) y por expertos. En política eso nunca pasa, (por lo menos entre españoles) y así nos va.
Veo a los del PP acongojadillos porque les pilla el toro de las elecciones y en vez de hacer un ejercicio de humildad ("nos equivocamos, no volverá a suceder") y proponer una reforma fiscal imaginativa, seria y de alto contenido político capaz de asombrar a Europa, nos endilgan unos retoques fiscales afiligranados, - que ni osa explicarlos el primer espada en toda su extensión - para, al fin, darnos cuenta de que todo ha sido el parto de los montes. Yo les diré: la prostitución se erradica o se controla por la vía impositiva. Al botellón, la droga y otras practicas nada saludables, lo mismo. Sobra hipocresía y falta valor.
A los espectadores como yo, de vuelta de todo, (y se cuentan por millones) hay que sacarlos de la vía de la fe, -o sea de creer a los políticos por las buenas: "tendremos menos desempleados de los que heredamos"-, y llevarlos a la vía de los hechos, o sea a reformas de fondo y con un par; reformas que se vean y se palpen.
Lo demás es literatura. Y ni los secesionistas, ni los populistas, está jugando a la gallinita ciega.
A los dos partidos citados -dos auténticos problemas como sigan así - les van a dar más que a una estera, que decían los viejos de mi pueblo.
lunes, 7 de julio de 2014
domingo, 6 de julio de 2014
SOMOS MULTITUD Y ESTO NO AGUANTA.
Perdonen si les cuento mi vida. Tengo noventa y un años y, a los setenta, la primera angina de pecho que tuve -un apretón como si sobre mi tórax circulara una apisonadora- fue un aviso: "Pedro, prepárate, que esto se acaba". Y en esas estamos.
He tenido que pasar por el "taller" -Don Juan Carlos dixit- varias veces y, cada vez que allí me llevan, compruebo que el número de viejos averiados crece exponencialmente y me digo: así como vamos, esto no aguanta; el sistema sanitario irá a la ruina.
Confieso que soy un libre pensador -ya sé que es pecado- y me digo: ¿No les tendría mas cuenta a los que cargan con el peso de la sanidad pública -es decir a los sufridos contribuyentes-, rescatar fetos y, a cambio, darles matarile -vía eutanasia- a los abueletes afectados de enfermedades crónicas? Porque cada vez que muere un feto, nos viene de fuera un pobre para llenar el hueco, y si despedimos con dulzura a un ancianito, le ahorramos soledades y sufrimientos y nos evitamos los gastos de medicina y farmacia; e "inda mais" la pensión. Lo suficiente para dar de comer a un españolito sano y en condiciones de prestar alguna utilidad.
¡No sea usted bárbaro; ni tremendista! - dirá más de uno - . Otra vez pido perdón. Discúlpenme. Una verdadera reforma tributaria contribuiría a primar a quienes siguen los criterios preventivos para vivir sanos y alegres muchos años, y castigaría los abusos perjudiciales para la salud: el botellón, la droga, el putiferio incontrolado, el trabajo o el ejercicio físico hasta el desmadre... la velocidad, el atosigamiento de la ciudad, el fútbol...
¿También el fútbol? También. ¡No saben el daño que hace! Es como una droga que anula el pleno funcionamiento de las células discursivas. Es como el pan y circo de Roma, eso sí, sin muertos a la vista. Aunque sea causa de muchas heridas de lenta y costosa curación. ¡Créanme!
He tenido que pasar por el "taller" -Don Juan Carlos dixit- varias veces y, cada vez que allí me llevan, compruebo que el número de viejos averiados crece exponencialmente y me digo: así como vamos, esto no aguanta; el sistema sanitario irá a la ruina.
Confieso que soy un libre pensador -ya sé que es pecado- y me digo: ¿No les tendría mas cuenta a los que cargan con el peso de la sanidad pública -es decir a los sufridos contribuyentes-, rescatar fetos y, a cambio, darles matarile -vía eutanasia- a los abueletes afectados de enfermedades crónicas? Porque cada vez que muere un feto, nos viene de fuera un pobre para llenar el hueco, y si despedimos con dulzura a un ancianito, le ahorramos soledades y sufrimientos y nos evitamos los gastos de medicina y farmacia; e "inda mais" la pensión. Lo suficiente para dar de comer a un españolito sano y en condiciones de prestar alguna utilidad.
¡No sea usted bárbaro; ni tremendista! - dirá más de uno - . Otra vez pido perdón. Discúlpenme. Una verdadera reforma tributaria contribuiría a primar a quienes siguen los criterios preventivos para vivir sanos y alegres muchos años, y castigaría los abusos perjudiciales para la salud: el botellón, la droga, el putiferio incontrolado, el trabajo o el ejercicio físico hasta el desmadre... la velocidad, el atosigamiento de la ciudad, el fútbol...
¿También el fútbol? También. ¡No saben el daño que hace! Es como una droga que anula el pleno funcionamiento de las células discursivas. Es como el pan y circo de Roma, eso sí, sin muertos a la vista. Aunque sea causa de muchas heridas de lenta y costosa curación. ¡Créanme!
sábado, 5 de julio de 2014
EL ADOCTRINAMIENTO COMO OBJETIVO
No quisiera herir la sensibilidad de nadie, pero pequeñas cosas reveladoras del adoctrinamiento al que nos someten los políticos y sus secuaces, me inducen a protestar educadamente.
Mis padres me llevaron a un colegio de frailes de buen grado y con muchos sacrificios, con la idea de que fuera un hombre de provecho. Tal vez acertaron, pero la influencia beneficiosa llegó a través de mi abuelo paterno -al que no conocí- gracias a su biblioteca, en la que me enfrasqué todo un verano. Era un hombre abierto y sus libros, de todas las tendencias, nada tenían que ver con los criterios de adoctrinamiento que regían en la enseñanza practicada por los miembros de la Compañía de María, fundada por el francés Chaminade.
Y desde entonces me huelo al doctrinario en cuanto asoma en mis cercanías.
Cuando en la edad media se enfrentaban a mandoble limpio dos reyes entre sí, por ejemplo el de Castilla con el de Navarra, defendían o luchaban por intereses materiales, por su reino, su patrimonio; el mismo que repartían entre sus hijos a su muerte, como cualquier mortal hace con sus fincas.
Quienes padecían esas guerras eran sus respectivos súbditos, a los que hacían pagar las hazañas reales con una doble tributación: con dineros o hasta con bienes expropiados por la Corona o, lo que era más grave, con sangre y sufrimientos corporales de todo tipo, incluso pagando con su vida.
Traducir esa realidad, como se hace en nuestros días por tantos pseudo historiadores, en una lucha entre vascos y castellanos, no deja de ser un adoctrinamiento como si el vasallaje de hace siglos tuviera puntos de comparación con la realidad que hoy nos rodea.
Son los mismos que a España la conocen por Estado español, abundando en confundir el culo con las témporas.
¡Qué cargantes!
Mis padres me llevaron a un colegio de frailes de buen grado y con muchos sacrificios, con la idea de que fuera un hombre de provecho. Tal vez acertaron, pero la influencia beneficiosa llegó a través de mi abuelo paterno -al que no conocí- gracias a su biblioteca, en la que me enfrasqué todo un verano. Era un hombre abierto y sus libros, de todas las tendencias, nada tenían que ver con los criterios de adoctrinamiento que regían en la enseñanza practicada por los miembros de la Compañía de María, fundada por el francés Chaminade.
Y desde entonces me huelo al doctrinario en cuanto asoma en mis cercanías.
Cuando en la edad media se enfrentaban a mandoble limpio dos reyes entre sí, por ejemplo el de Castilla con el de Navarra, defendían o luchaban por intereses materiales, por su reino, su patrimonio; el mismo que repartían entre sus hijos a su muerte, como cualquier mortal hace con sus fincas.
Quienes padecían esas guerras eran sus respectivos súbditos, a los que hacían pagar las hazañas reales con una doble tributación: con dineros o hasta con bienes expropiados por la Corona o, lo que era más grave, con sangre y sufrimientos corporales de todo tipo, incluso pagando con su vida.
Traducir esa realidad, como se hace en nuestros días por tantos pseudo historiadores, en una lucha entre vascos y castellanos, no deja de ser un adoctrinamiento como si el vasallaje de hace siglos tuviera puntos de comparación con la realidad que hoy nos rodea.
Son los mismos que a España la conocen por Estado español, abundando en confundir el culo con las témporas.
¡Qué cargantes!
viernes, 4 de julio de 2014
NO TAN LISTOS COMO DICEN
Los malos políticos, en su irrefrenable afán de ganar votos, dicen de nosotros, los electores, que somos muy listos y es difícil dárnosla con queso.
¡Puro cinismo! Ellos, los políticos, saben que nunca podrán cumplir su programa de promesas (casi siempre excesivas en número) y nosotros, los votantes, tropezamos en la misma piedra como cándidas palomas de memoria corta y nulo sentido crítico y, sin más, les damos el voto. ¡Y así nos va!
Los malos políticos, adiestrados en el arte del birlibirloque, llevan consigo el propósito disimulado de forrarse en poco tiempo. Y allí donde caen, se afanan a diestro y siniestro, pase lo que pase, en practicar el birle porque, aunque vayan a la cárcel, el dinero nadie lo devuelve a su legítimo dueño ¡y a vivir que son dos días!.
Y digo yo: ¡jope que listos somos! Pero ¿qué se puede hacer? ¿No votar?
No conduce a nada. En Portugal, en un hotel de cinco estrellas, me hicieron una falseta y ante la obstinación del director para no reparar el daño causado, pedí el libro de reclamaciones. No lo quería facilitar. Entonces pensé: he dado en la diana. Y acerté.
Sí. Pidan ustedes a los partidos políticos el libro de reclamaciones y razonen sus quejas bien documentadas. Verán como les duele.
¡Pero si el libro de reclamaciones no existe entre políticos!
¡Que lo inventen! Y si tienen vergüenza ¿por qué no ofrecen instituirlo en sus promesas electorales? Pero eso sí, un libro de reclamaciones depositado en el Juzgado de guardia.
¡Puro cinismo! Ellos, los políticos, saben que nunca podrán cumplir su programa de promesas (casi siempre excesivas en número) y nosotros, los votantes, tropezamos en la misma piedra como cándidas palomas de memoria corta y nulo sentido crítico y, sin más, les damos el voto. ¡Y así nos va!
Los malos políticos, adiestrados en el arte del birlibirloque, llevan consigo el propósito disimulado de forrarse en poco tiempo. Y allí donde caen, se afanan a diestro y siniestro, pase lo que pase, en practicar el birle porque, aunque vayan a la cárcel, el dinero nadie lo devuelve a su legítimo dueño ¡y a vivir que son dos días!.
Y digo yo: ¡jope que listos somos! Pero ¿qué se puede hacer? ¿No votar?
No conduce a nada. En Portugal, en un hotel de cinco estrellas, me hicieron una falseta y ante la obstinación del director para no reparar el daño causado, pedí el libro de reclamaciones. No lo quería facilitar. Entonces pensé: he dado en la diana. Y acerté.
Sí. Pidan ustedes a los partidos políticos el libro de reclamaciones y razonen sus quejas bien documentadas. Verán como les duele.
¡Pero si el libro de reclamaciones no existe entre políticos!
¡Que lo inventen! Y si tienen vergüenza ¿por qué no ofrecen instituirlo en sus promesas electorales? Pero eso sí, un libro de reclamaciones depositado en el Juzgado de guardia.
jueves, 3 de julio de 2014
RICOS Y MEDIO POBRES
Todos los políticos -todos- son partidarios, cuando aspiran al poder, de una justicia impositiva que llaman progresiva, según la cual los ricos han de contribuir a sostener la hacienda pública en mayor proporción que los medio pobres (porque los pobres de verdad han de quedar exentos).
Alguno de estos políticos lo intentó y, cuando se las prometía muy felices, advirtió que los ricos se habían ido con sus dineros a los paraísos fiscales desde donde -para más inri- le saludaban con un corte de mangas.
Como consecuencia de esta huida los medio pobres tuvieron que soportar toda la carga y los políticos en la oposición -carentes de poder- sin analizar el panorama en toda su extensión, seguían prometiendo la justicia social para redimirlos de tanto martirio.
Y así un año y otro año, un mes y otro mes pasó y cuando llegó el turno de los redentores, se dieron cuenta de que si no eran duros, es decir, si no daban leña, se marchaban los ricos y vuelta a ser los pobres los sacrificados. Sólo que, sin darse cuenta, se marcharon y, con eso de no machacar al medio pobre, terminaron por implantar una dictadura bajo el pretexto de reducir el número de fugas.
Entonces, todos se echaron a temblar menos unos pocos. Estos eran los nuevos amos que empezaban a ser los nuevos ricos. Con lo cual el pueblo llano seguía allí donde estuvo, pero más pobre y sin derecho al pataleo.
Por eso decía la sabia viejecita de los Ancares: vota a los de siempre, porque - me dice la nariz, "seguro que ya se habrán llevado todo lo que se podían llevar y si vienen nuevos políticos nos quitan hasta el misterio de la Santísima Trinidad."
Pero por favor, no me interpreten mal. El voto es libre y cada cual tiene derecho a elegir el árbol donde ahorcarse.
Alguno de estos políticos lo intentó y, cuando se las prometía muy felices, advirtió que los ricos se habían ido con sus dineros a los paraísos fiscales desde donde -para más inri- le saludaban con un corte de mangas.
Como consecuencia de esta huida los medio pobres tuvieron que soportar toda la carga y los políticos en la oposición -carentes de poder- sin analizar el panorama en toda su extensión, seguían prometiendo la justicia social para redimirlos de tanto martirio.
Y así un año y otro año, un mes y otro mes pasó y cuando llegó el turno de los redentores, se dieron cuenta de que si no eran duros, es decir, si no daban leña, se marchaban los ricos y vuelta a ser los pobres los sacrificados. Sólo que, sin darse cuenta, se marcharon y, con eso de no machacar al medio pobre, terminaron por implantar una dictadura bajo el pretexto de reducir el número de fugas.
Entonces, todos se echaron a temblar menos unos pocos. Estos eran los nuevos amos que empezaban a ser los nuevos ricos. Con lo cual el pueblo llano seguía allí donde estuvo, pero más pobre y sin derecho al pataleo.
Por eso decía la sabia viejecita de los Ancares: vota a los de siempre, porque - me dice la nariz, "seguro que ya se habrán llevado todo lo que se podían llevar y si vienen nuevos políticos nos quitan hasta el misterio de la Santísima Trinidad."
Pero por favor, no me interpreten mal. El voto es libre y cada cual tiene derecho a elegir el árbol donde ahorcarse.
miércoles, 2 de julio de 2014
LA VACIEDAD DE ALGUNOS POLÍTICOS
Ayer, en una de las tantas chácharas con las que nos obsequian las emisoras de TV, el aspirante a político de altura, Don Pedro Sánchez, manifestó con orgullo que mandaba a sus hijos a la escuela pública. Yo también lo hice, pero como conocía el paño -no porque la escuela fuera pública o privada, sino por las maneras que se gastan bastantes españoles sea cual fuere su profesión- estaba siempre encima de los responsables del centro a través de las asambleas de padres; como también lo estaba para exigir un buen rendimiento a mis hijos.
Porque -Sr. Sánchez, seamos serios: lo público o lo privado es un adjetivo. Lo importante, lo sustancial, es que sus hijos acudan a una buena escuela; es decir, a un centro de enseñanza de donde salgan con una formación óptima, capaz de competir con los mejores discentes del mundo. Y de eso en España hay muy poco. Me remito a los informes PISA.
Por tanta vaciedad como vomitan una gran mayoría de políticos, yo no los votaría. Y si lo hago, es porque me asustan los tremendistas que, a fuerza de engañar a la gente de buena voluntad por el oído -como si vendieran preferentes - son capaces de darnos gato por liebre y bajo la bandera democrática meternos a todos, acongojados, en una dictadura totalitaria.
A mi me dieron la vacuna en la guerra de España. Y me, sirvió de poco, o mejor de nada. Veremos si ahora fallo.
Porque -Sr. Sánchez, seamos serios: lo público o lo privado es un adjetivo. Lo importante, lo sustancial, es que sus hijos acudan a una buena escuela; es decir, a un centro de enseñanza de donde salgan con una formación óptima, capaz de competir con los mejores discentes del mundo. Y de eso en España hay muy poco. Me remito a los informes PISA.
Por tanta vaciedad como vomitan una gran mayoría de políticos, yo no los votaría. Y si lo hago, es porque me asustan los tremendistas que, a fuerza de engañar a la gente de buena voluntad por el oído -como si vendieran preferentes - son capaces de darnos gato por liebre y bajo la bandera democrática meternos a todos, acongojados, en una dictadura totalitaria.
A mi me dieron la vacuna en la guerra de España. Y me, sirvió de poco, o mejor de nada. Veremos si ahora fallo.
martes, 1 de julio de 2014
PEDRO SÁNCHEZ Y EL ESTADO LAICO
Pedro Sánchez aspira a lucir los distintivos que corresponden al Secretario General del PSOE. Y tan seguro está de haber sido señalado por el destino para tan noble cargo, que habla y no acaba como un iluminado, sin pensar qué nos dice.
"Quiero una España laica -dijo en la tertulia de Susana Griso- "Habrá que hablar con la Santa Sede sobre el Concordato".
Pero antes, vamos a entendernos.
¿Qué es un Estado laico? ¿Y qué un Estado aconfesional?
Laico es el independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Aconfesional es aquel que no pertenece ni está adscrito a confesión religiosa alguna.
El artículo 16.3 de la Constitución vigente prescribe que "ninguna confesión tendrá carácter estatal".
No obstante, "los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones."
¿Qué es lo que quiere cambiar el Sr. Sánchez? ¿El Concordato o la Constitución?
Felicitémonos. El Sr Sánchez va a deshacer el gran entuerto. ¿La escisión de Cataluña?. No. El laicismo de España Es para comer cerillas. A lo mejor se carga a Caritas. Otra forma de chingar a los pobres.
"Quiero una España laica -dijo en la tertulia de Susana Griso- "Habrá que hablar con la Santa Sede sobre el Concordato".
Pero antes, vamos a entendernos.
¿Qué es un Estado laico? ¿Y qué un Estado aconfesional?
Laico es el independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Aconfesional es aquel que no pertenece ni está adscrito a confesión religiosa alguna.
El artículo 16.3 de la Constitución vigente prescribe que "ninguna confesión tendrá carácter estatal".
No obstante, "los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones."
¿Qué es lo que quiere cambiar el Sr. Sánchez? ¿El Concordato o la Constitución?
Felicitémonos. El Sr Sánchez va a deshacer el gran entuerto. ¿La escisión de Cataluña?. No. El laicismo de España Es para comer cerillas. A lo mejor se carga a Caritas. Otra forma de chingar a los pobres.
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