La especie humana, a lo largo de siglos, ha generado toda suerte de respuestas individuales para sobrevivir ejerciendo un dominio cruel sobre sus semejantes.
La esclavitud nunca ha dejado de existir en el planeta Tierra. Todos los teóricos moralistas la declaran ilegal, la repudian, e incluso, en las versiones más duras y salvajes consiguieron que, en algunos territorios, fuera parcialmente eliminada. Pero los esclavos -de ambos sexos- existen y sufren, desgraciadamente, en medio de la indiferencia de muchos de sus coetáneos.
Las grandes emigraciones se explican por el afán de huir de algún tipo de versión esclavista, instituida bajo programas políticos de liberación en muy señalados países.
Y digo, conscientemente, bajo programas políticos de liberación, porque nadie ha sido capaz de convencer a nuevos creyentes de que las grandes promesas liberadoras, por lo general, esconden la falacia de las grandes sumisiones.
Solo cuando el paso del tiempo demuestra la imposibilidad de dar aplicación práctica a ciertas fórmulas liberadoras, la gente desengañada huye. Pero nuevas generaciones de creyentes harán buenas las mismas doctrinas predicadas, ahora, por nuevos apóstoles con nuevas palabras.
La solución está en las respuestas individuales fundamentadas en el trabajo y el estudio; no en agarrarse a un clavo ardiendo.
sábado, 7 de junio de 2014
viernes, 6 de junio de 2014
LOS TARDÍOS EFECTOS DE LA CORRUPCION,
El fenómeno no es nuevo: cada vez que una generación de políticos alcanza el poder, ha de estar al tanto de que los parásitos que van con ella (inevitables, según parece) no le birlen la tostada. Toda desconfianza es poca. Nada de poner la mano en el fuego en defensa de la parasitosis o de sus protagonistas. Nada de mirar para otro lado y dejar abierto el cajón del dinero. Nunca debieron de suprimirse o dilatar en el tiempo la exigencia de controles, intervenciones y revisiones de cuentas, ni mucho menos la triple llave de la de caja de caudales.
Al finalizar la era de la burbuja, -años de una España alegre, gastadora, pechugona y faldicorta- con las vacas bíblicas más tiesas que el perro pulgoso del refranero, los españoles nos dimos cuenta que para el arte del birlibirloque, como nosotros ninguno, siempre que existan políticos vestidos de idiotas dirigidos por algún que otro idiota con traje de político.
Los estragos de la corrupción se han traducido al fin en un castigo electoral que se ha detectado en las elecciones europeas. Las víctimas principales han sido aquellos partidos políticos que más toleraron la corrupción. Hasta este momento han sido los que mejor eludieron los efectos de la crisis. Al fin han entrevisto la llegada de la fiera.
Pero esto ha sido como empezar el melón. ¡ Veamos cómo se las arreglan en las confrontaciones electorales que ya tenemos encima!".
Al finalizar la era de la burbuja, -años de una España alegre, gastadora, pechugona y faldicorta- con las vacas bíblicas más tiesas que el perro pulgoso del refranero, los españoles nos dimos cuenta que para el arte del birlibirloque, como nosotros ninguno, siempre que existan políticos vestidos de idiotas dirigidos por algún que otro idiota con traje de político.
Los estragos de la corrupción se han traducido al fin en un castigo electoral que se ha detectado en las elecciones europeas. Las víctimas principales han sido aquellos partidos políticos que más toleraron la corrupción. Hasta este momento han sido los que mejor eludieron los efectos de la crisis. Al fin han entrevisto la llegada de la fiera.
Pero esto ha sido como empezar el melón. ¡ Veamos cómo se las arreglan en las confrontaciones electorales que ya tenemos encima!".
jueves, 5 de junio de 2014
EL SOCIALISMO ESPAÑOL ¿DIVIDIDO?
En la España de la II República el PSOE se definía como partido obrero, socialista y marxista.
La República llegó por los muchos errores cometidos por los Gobiernos monárquicos, con Alfonso XIII a la cabeza, y gracias a la crítica acerada y acertada de un selecto grupo intelectual, una de cuyas primeras figuras fue Don José Ortega y Gasset.
Las bases republicanas estaban más cerca de los socialistas que de esta pléyade de intelectuales, también tenidos por burgueses.
Los marxistas -en sus distintas ramas- y los sindicalistas de izquierdas se sintieron defraudados por la política republicana, dado que lo suyo era la "revolución del proletariado". En el PSOE, Largo Caballero defendió la revolución antidemocrática, mientras Julián Besteiro, se situó a favor de la democracia. El PSOE se dividió y triunfaron las tesis de Largo Caballero. De ahí vino la revolución de 1934, preludio de la Guerra del 36.
Ahora, en circunstancias bien distintas, el PSOE que dejó de ser marxista y ha defendido la democracia ante todo y por encima de las formas de Gobierno, se encuentra de hecho dividido. La cúpula antepone los compromisos democráticos a que España sea monarquía o república. (Observen: es el mismo criterio seguido en la Unión Europea, en la que España está integrada). Gran parte de las bases de este partido se muestran republicanas.
Usted lector puede juzgar lo que se juega España (los españoles) si las bases -algo parecido a lo que sucedió en el 34- triunfan sobre la cúpula.
Claro está, esas bases republicanas dirán que España no tiene por qué perder soberanía, para pasar a ser un protectorado de Europa. Y mientras, se suman a los movimientos secesionistas periféricos.
¡Joder que tropa!, que diría el conde de Romanones.
La República llegó por los muchos errores cometidos por los Gobiernos monárquicos, con Alfonso XIII a la cabeza, y gracias a la crítica acerada y acertada de un selecto grupo intelectual, una de cuyas primeras figuras fue Don José Ortega y Gasset.
Las bases republicanas estaban más cerca de los socialistas que de esta pléyade de intelectuales, también tenidos por burgueses.
Los marxistas -en sus distintas ramas- y los sindicalistas de izquierdas se sintieron defraudados por la política republicana, dado que lo suyo era la "revolución del proletariado". En el PSOE, Largo Caballero defendió la revolución antidemocrática, mientras Julián Besteiro, se situó a favor de la democracia. El PSOE se dividió y triunfaron las tesis de Largo Caballero. De ahí vino la revolución de 1934, preludio de la Guerra del 36.
Ahora, en circunstancias bien distintas, el PSOE que dejó de ser marxista y ha defendido la democracia ante todo y por encima de las formas de Gobierno, se encuentra de hecho dividido. La cúpula antepone los compromisos democráticos a que España sea monarquía o república. (Observen: es el mismo criterio seguido en la Unión Europea, en la que España está integrada). Gran parte de las bases de este partido se muestran republicanas.
Usted lector puede juzgar lo que se juega España (los españoles) si las bases -algo parecido a lo que sucedió en el 34- triunfan sobre la cúpula.
Claro está, esas bases republicanas dirán que España no tiene por qué perder soberanía, para pasar a ser un protectorado de Europa. Y mientras, se suman a los movimientos secesionistas periféricos.
¡Joder que tropa!, que diría el conde de Romanones.
miércoles, 4 de junio de 2014
LA HORA DE LOS OPORTUNISTAS
Para evitar malas interpretaciones, para clarificar conceptos y concretar ideas, vayamos al diccionario a ver qué se entiende por oportunismo:
Primera acepción: "Actitud o conducta sociopolítica, económica, etc., que prescinde en cierta medida de los principios fundamentales, tomando en cuenta las circunstancias de tiempo y lugar".
Segunda acepción: "Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el máximo beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones".
El lector es muy libre de elegir si es la hora de los oportunistas. Si lo fuera, serviría para dar encaje lógico a la borrascosa tormenta que descarga sobre España a cuenta de la abdicación real anunciada hace un par de días en medio de una crisis que ha llevado la penuria a millones de hogares.
Dicho de otra manera: ¿qué es lo importante: salir de la crisis o proclamar la tercera República?
Hasta hace unos días, salir de la crisis.
Ya se dijo en el Gatopardo de Lampedusa: algo ha de cambiar para que todo siga igual.
En ésas estamos.
Primera acepción: "Actitud o conducta sociopolítica, económica, etc., que prescinde en cierta medida de los principios fundamentales, tomando en cuenta las circunstancias de tiempo y lugar".
Segunda acepción: "Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el máximo beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones".
El lector es muy libre de elegir si es la hora de los oportunistas. Si lo fuera, serviría para dar encaje lógico a la borrascosa tormenta que descarga sobre España a cuenta de la abdicación real anunciada hace un par de días en medio de una crisis que ha llevado la penuria a millones de hogares.
Dicho de otra manera: ¿qué es lo importante: salir de la crisis o proclamar la tercera República?
Hasta hace unos días, salir de la crisis.
Ya se dijo en el Gatopardo de Lampedusa: algo ha de cambiar para que todo siga igual.
En ésas estamos.
martes, 3 de junio de 2014
SENTIMENTALISMO FRENTE A RACIOCINIO.
No quisiera ser mal interpretado, porque de sobra se sabe que los sentimientos heridos mueven más montañas que la fe.
Cuando uno hace las más leve advertencia sobre el sentir político de un tercero, ha de medir su intervención porque si el aludido entiende que se ha mancillado su honor es capaz de cualquier disparate.
Cuando, de forma bien distinta, alguien aconseja y efectúa advertencias razonables sobre los peligros -por ejemplo- de una inversión, el aludido las admite o las rechaza, pero siempre con criterios equilibrados y sin perder las formas.
¿Monarquía o república?
La formulación de esta pregunta nos retrotrae a discusiones del siglo XIX , recae sobre contenidos sentimentales y viene a tener el mismo valor que el debate que pueda organizarse sobre si al equipo de fútbol local lo llamamos Atlético, Atletic o Atleti. Lo importante es que su hacienda esté saneada, que juegue bien, gane muchos trofeos y tenga satisfecha a la afición.
Lo malo y lo bueno de una monarquía o de una república está íntimamente ligado a las virtudes o vicios del titular que desempeñe el cargo. Entre el padre y el hijo, me inclino por el último.
Y me niego a discutir sobre situaciones cargadas de sentimientos aunque sean históricos. Algo inevitable hablando de monarquías o de repúblicas.
Cuando uno hace las más leve advertencia sobre el sentir político de un tercero, ha de medir su intervención porque si el aludido entiende que se ha mancillado su honor es capaz de cualquier disparate.
Cuando, de forma bien distinta, alguien aconseja y efectúa advertencias razonables sobre los peligros -por ejemplo- de una inversión, el aludido las admite o las rechaza, pero siempre con criterios equilibrados y sin perder las formas.
¿Monarquía o república?
La formulación de esta pregunta nos retrotrae a discusiones del siglo XIX , recae sobre contenidos sentimentales y viene a tener el mismo valor que el debate que pueda organizarse sobre si al equipo de fútbol local lo llamamos Atlético, Atletic o Atleti. Lo importante es que su hacienda esté saneada, que juegue bien, gane muchos trofeos y tenga satisfecha a la afición.
Lo malo y lo bueno de una monarquía o de una república está íntimamente ligado a las virtudes o vicios del titular que desempeñe el cargo. Entre el padre y el hijo, me inclino por el último.
Y me niego a discutir sobre situaciones cargadas de sentimientos aunque sean históricos. Algo inevitable hablando de monarquías o de repúblicas.
lunes, 2 de junio de 2014
LA DESCUAJARINGACION DE ESPAÑA.
Veamos primero la significación del verbo descuajaringar: equivale a desvencijar, desunir, desconcertar algo.
La tendencia de los seres humanos a supervivir, les induce a unirse con sus semejantes. Es algo instintivo. También obran de tal forma otras especies animales.
El hombre al intelectualizar ese instinto descubre la conveniencia de fortalecer esas uniones. Y empieza por dar una certera estabilidad, una unión reforzada, a la familia, al clan, a la tribu, a las gentes de su misma raza...a las regiones, a las naciones, a las uniones continentales.
Admitida esta costumbre, algunas familias del género humano descubren que su particular grupo - su específica tribu, su raza, su pueblo - por herencia, por educación, por hábitos, hasta por razones genéticas, es superior al resto de los seres humanos que las rodean, y reclaman el reconocimiento de unos derechos distintos y fuera de norma, en virtud de su singularidad. A sus cualidades, propias de seres excepcionales, hay que corresponder con derechos también excepcionales. Con privilegios. Y con esta fórmula consiguen seguidores, partidarios, adeptos y adictos.
Lo justo, en estos casos -para tales distinguidos seres- es que los pueblos peor dotados por la naturaleza, se pongan al servicio de los mejores.
Cuando esto no sucede los mejor dotados hacen ver la injusticia que supone; y claman ante los peor dotados que, engañados por una supuesta inferioridad, se callan acomplejados como si ésta fuera cierta.
Entonces se puede romper la tendencia natural y espontánea que induce a los seres humanos a vivir agrupados en unidades superiores en beneficio mutuo. Y surgen como por ensalmo los descuajaringadores, en beneficio de los menos, claro está; en beneficio de las minorías que se tienen por superiores.
Esta forma de proceder se ha detectado en toda clase de civilizaciones, culturas, religiones, etc., donde llegan a prosperar unos pocos en virtud de mil artimañas.
Es nuestro caso, en la España de nuestros días, también se detecta este fenómeno.
Ahora bien, sólo los interesados y los tontos muerden el engaño.
La tendencia de los seres humanos a supervivir, les induce a unirse con sus semejantes. Es algo instintivo. También obran de tal forma otras especies animales.
El hombre al intelectualizar ese instinto descubre la conveniencia de fortalecer esas uniones. Y empieza por dar una certera estabilidad, una unión reforzada, a la familia, al clan, a la tribu, a las gentes de su misma raza...a las regiones, a las naciones, a las uniones continentales.
Admitida esta costumbre, algunas familias del género humano descubren que su particular grupo - su específica tribu, su raza, su pueblo - por herencia, por educación, por hábitos, hasta por razones genéticas, es superior al resto de los seres humanos que las rodean, y reclaman el reconocimiento de unos derechos distintos y fuera de norma, en virtud de su singularidad. A sus cualidades, propias de seres excepcionales, hay que corresponder con derechos también excepcionales. Con privilegios. Y con esta fórmula consiguen seguidores, partidarios, adeptos y adictos.
Lo justo, en estos casos -para tales distinguidos seres- es que los pueblos peor dotados por la naturaleza, se pongan al servicio de los mejores.
Cuando esto no sucede los mejor dotados hacen ver la injusticia que supone; y claman ante los peor dotados que, engañados por una supuesta inferioridad, se callan acomplejados como si ésta fuera cierta.
Entonces se puede romper la tendencia natural y espontánea que induce a los seres humanos a vivir agrupados en unidades superiores en beneficio mutuo. Y surgen como por ensalmo los descuajaringadores, en beneficio de los menos, claro está; en beneficio de las minorías que se tienen por superiores.
Esta forma de proceder se ha detectado en toda clase de civilizaciones, culturas, religiones, etc., donde llegan a prosperar unos pocos en virtud de mil artimañas.
Es nuestro caso, en la España de nuestros días, también se detecta este fenómeno.
Ahora bien, sólo los interesados y los tontos muerden el engaño.
domingo, 1 de junio de 2014
ARMADO DE PACIENCIA
Ayer, sábado, armado de paciencia, me dispuse a seguir atento un debate político transmitido por TV, gracias al cual pude apreciar cuán difícil es guardar una cierta mesura, un comedido equilibrio, entre las promesas de los teóricos disertantes y las limitaciones que nos impone -a todos, también a los políticos- la dura realidad de cada día.
Hablaron de acabar con la corrupción pero nadie tuvo en cuenta un factor hereditario, algo genético, detectado ya en la literatura del Siglo de Oro, donde todo un Cervantes nos recrea con los inventos picarescos de su siglo, nos ilustra sobre las hazañas de Rinconete y Cortadillo y nos pone al día sobre el código de costumbres vigente en el patio de Monipodio. ¿Hay quien de más?
En ese juego picaresco televisivo, muy seriamente dialogado, entran, ¿cómo no?, las mentiras promisorias, que en boca de los políticos son sencillas de cumplir, cuando la realidad nos demuestra todo lo contrario. ¿Cómo puede prometerse una jubilación remunerada a los sesenta años, cuando se empieza a cotizar tardíamente y el índice medio de vida se alarga de forma imprevista gracias a los avances médicos? ¿De dónde saldrá ese dinero?
Creo que fue en Italia - tierra de herederos de la Roma histórica, como sucedió en la Hispania peninsular- donde un sociólogo avispado, al adivinar que periclitaba un ciclo de promesas con las que cautivar a los electores, sentenció: "Hacen falta nuevos políticos con nuevas mentiras".
Tuve la sensación de que estamos asistiendo en España, al comienzo de un nuevo ciclo político social, necesitado de verdad, de nuevas mentiras en boca de nuevos políticos.
¿O no?
Hablaron de acabar con la corrupción pero nadie tuvo en cuenta un factor hereditario, algo genético, detectado ya en la literatura del Siglo de Oro, donde todo un Cervantes nos recrea con los inventos picarescos de su siglo, nos ilustra sobre las hazañas de Rinconete y Cortadillo y nos pone al día sobre el código de costumbres vigente en el patio de Monipodio. ¿Hay quien de más?
En ese juego picaresco televisivo, muy seriamente dialogado, entran, ¿cómo no?, las mentiras promisorias, que en boca de los políticos son sencillas de cumplir, cuando la realidad nos demuestra todo lo contrario. ¿Cómo puede prometerse una jubilación remunerada a los sesenta años, cuando se empieza a cotizar tardíamente y el índice medio de vida se alarga de forma imprevista gracias a los avances médicos? ¿De dónde saldrá ese dinero?
Creo que fue en Italia - tierra de herederos de la Roma histórica, como sucedió en la Hispania peninsular- donde un sociólogo avispado, al adivinar que periclitaba un ciclo de promesas con las que cautivar a los electores, sentenció: "Hacen falta nuevos políticos con nuevas mentiras".
Tuve la sensación de que estamos asistiendo en España, al comienzo de un nuevo ciclo político social, necesitado de verdad, de nuevas mentiras en boca de nuevos políticos.
¿O no?
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