martes, 31 de octubre de 2017

SIMPLIFICADAS PROMESAS POLÍTICAS

     Se supone que los partidos políticos se fundaron para -entre otros menesteres- cumplir con su tarea: la gestión del bienestar de los habitantes de un país, ya sea  desde el gobierno o  desde la oposición.
      Desde el gobierno han de proceder con justicia, equidad y eficiencia, por lo menos, y desde la oposición, con lealtad y firmeza en pro de los principios que defiende sin recurrir a la argumentación "ad hominen", con espíritu constructivo.
     De  forma genérica se supone también que a los políticos les guía  ese espíritu, para mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, sobre todo de aquellos que están en peores condiciones para resolver sus problemas dignamente.  
      Estos objetivos, de fácil explicación  y no tan fácil desarrollo, suelen adolecer de un inconveniente serio: para vestir a un santo se suele desnudar a otro. Y eso es mala política.
      Por ejemplo, el líder de un partido político cuyo nombre no hace al caso, no se cansa de repetir que la enseñanza en su país ha de ser solo oficial y obligatoria. Y formulado este principio, termina por dificultar  a la iniciativa privada el ejercicio de la libertad de enseñanza.
      Esta "oficialidad" ya funciona de hecho, puesto que si hay -que los hay- cetros privados de enseñanza, cada vez son menos y están muy condicionados por la legislación vigente.
      En resumen la libertad de enseñanza es un mito.
      Claro que bajo el pretexto de la  libre  enseñanza no  se puede  montar un negocio, pero nadie negará que cabe conciliar esa libertad con iniciativas generosas, existentes en algunas naciones, poco promovidas en la nuestra.
      La libertad de enseñanza es necesaria para promover la igualdad. Pero... los países totalitarios no están por la  labor.










      

lunes, 30 de octubre de 2017

LA NACIÓN DE NACIONES NUNCA EXISTIÓ

     En nuestro ámbito europeo y entre cristianos, desde un punto de vista al uso, común, sencillo y  elemental, coexistían reinos, condados, ducados, señoríos, etc. sin olvidar las jerarquías eclesiásticas que solían comer aparte  sin  renunciar al poder temporal tejas abajo. No en vano todo poder se ejercía por la gracia de Dios.
     La evolución, propia de las sociedades avanzadas,  puso en  duda la intervención de la divina gracia en el fundamento y ejercicio  del poder y, a  fuerza de sudárselo,  descubrieron que,  mediante elecciones honestamente organizadas, se podían encontrar personas competentes para ejercer de mandamases. Y la patria, la nación, la potencia armada, empieza por esta vía a ser un título político- jurídico  donde el poder pierde su condición divina para para ser competencia del pueblo soberano. El pueblo adquiere así la deseada soberanía que califica a una nación cuyos límites se fueron forjando de muy diversas formas.
      Por ejemplo España, con la Constitución de Cádiz en 1812, quiso ser una nación de naciones aún en formación, puesto que su  contenido abarcaba no sólo al territorio peninsular europeo e islas adyacentes,  sino a todos los que entonces  constituían la América hispana y a las colonias de nuestra hoy sufrida patria,  dispersas por otros mares.
     Ahora bien, como  estos países querían ser soberanos, es decir "naciones", le declararon la guerra a España hasta conseguir que, en  cada demarcación, fueran ellos  capaces de labrar la felicidad o desgracia de sus gentes,  porque lo suyo era ser soberanos de una pieza, sin monsergas ni historietas, como vienen  a ser las naciones culturales.
     Los políticos suelen ser humanos de poca imaginación,  salvo excepciones. Las políticas son cosa bien distinta.

sábado, 28 de octubre de 2017

MUCHEDUMBRES EXALTADAS

      Esta España nuestra viene dando tumbos  desde hace años y no acaba de encontrar el equipo dirigente previsor y cauto que  acierte a conducirnos  por el buen camino. ¡Democracia a pasto!. Sí, sí, pero de boquilla; viste mucho proclamar, vender, exhibir bondad de tamboril. Y viste más si te haces (o te hacen)víctima de un adversario facha.
     Así está España dándose al capricho de la pelea diaria.  Para ello, salen a la calle convencidos de que sus enemigos son los malos, demócratas de pacotilla, sátrapas,  tiranos que explotan a los débiles... Y ellos, los otros, forman parte del lote compuesto por buenas gentes, demócratas de verdad que solo piensan en perder la piel en beneficio de las víctimas del fascio. Y viceversa.
      Los dos extremos. Se auto califican y juzgan a los demás sin  pudor, dispuestos a imponer sus tesis  como si fueran definitivas;  la doctrina única para alcanzar la felicidad de la jauría humana.
     En este clima,  a España le han salido  dos granos: el social y el territorial; y, en medio, una cueva de ladrones que ha dejado chica a la de Alí Babá del cuento.
     En los treinta y nueve años pasados desde que nos vendieron la transición como si fuera un  milagro, en España  no hubo Gobierno capaz de hermanar a las muchedumbres exaltadas.  Los bandos rivales salen  cada día a la calle, a la vida  pública, aleccionados, dispuestos a pregonar su "verdad" mediante el insulto, el desprecio, la mentira, el infundio...
     Que nadie presuma de que tiene el remedio. Es mentira.
      Y así va la cosa...

viernes, 27 de octubre de 2017

TODO O NADA; HE AHÍ EL DILEMA

     Les anticipo que el espectáculo político que estamos dando los españoles (incluidos los catalanes) a cuenta de los nacionalismos irredentos, es difícil de explicar cuando el que escucha no quiere entender.
    Dicho de otra forma,  los nacionalistas a la española parten de un viejo principio: son distintos. No mejores ni peores: "distintos". 
    Lo de menos es que se entiendan en otro idioma. Lo importante  es que ese  instrumento o medio para sobrevivir alcance la categoría de  excelso.
    Ser distintos y excelsos y estar sometidos a otro pueblo, al español,  no deja de ser vulgar, es una injusticia. Porque, además, quiérase o no, otros rasgos complementarios le dan al que de por sí es distinto,  una configuración étnica-cultural también distinta.
    Los que cultivan relaciones con nacionalistas y jamás tienen con ellos disgustos, es porque  saben y tienen en cuenta que la hegemonía es de ellos. Llegados a ese extremo, "ellos"no lo dudan:  quieren el "todo" o de no ser así, "nada", aunque hayan de correr grandes riesgos. Bien entendido que aun derrotados, nunca dejaran de pelear  hasta conseguir su "todo".
    Entre esos dos extremos -todo o nada- la pelea de  un "distinto" frente a un español "vulgar", no se liquida con soluciones intermedias, ni el "distinto" si fuera perdedor se dará por  vencido. Ni dará por terminada la partida.
    Hay excepciones. Si el "vulgar"es el rico y tiene una hija guapa y heredera de saneada fortuna,  el mocetón "distinto" que la sigue, no lo dudará: el mestizaje puede mejorar la raza.
     La solución al conflicto entre el "distinto" y el "vulgar" está en que el segundo sea pudiente y deje una buena herencia. Funciona con los "distintos" en el mundo entero. A esto le llaman hoy "globalización".
    Suele funcionar en todo tiempo y país. En el siglo XIX, los vascos "distintos" y por ende "distinguidos", cuando perdieron el fuero pelearon por el huevo: "No eran aldeanos", decía la canción. Eran bilbainos  y además liberales. El huevo, el  "Concierto Económico", no lo inventaron los vasco nacionalistas como puede parecer en nuestros días.  Eran bilbainos, liberales y con casta. Algo queda: no se puede negar. Eran "distintos". Y se forraron
    ¿Cataluña? Hablen con Europa. A escondidas todo tiene arreglo. Con tal de que el premio sea distinto  para los "distintos, que de verdad, no son tantos ni se la juegan en la calle.

jueves, 26 de octubre de 2017

UNA LUCHA CARGADA DE ODIO

         Quiero ponerme en el caso de millones de familias  o de personas que viven solas, carentes de medios económicos para atender a sus  mínimas necesidades y poder subsistir con cierta  dignidad.
         Guardo en mi memoria las promesas de toda suerte de políticos que  anunciaron, al paso de los tiempos, ser redentores de toda  víctima pobre y solitaria sin remedio. ¿Y qué? Con altibajos imprevisibles no hubo arreglo; siempre hubo pobres y además desasistidos.
         Las guerras, en general, son materialistas. No lo dicen, ni se atreven a reconocerlo las partes en lucha, pero las guerras persiguen someter a una nación, a un pueblo, a un sector social, en beneficio del  más fuerte, más poderoso,  que una vez triunfante pasa factura al vencido.
         Es doloroso, es injusto, es abusivo porque,en verdad,  las guerras se pagan por los más débiles, sean o no del bando derrotado.
         Nadie recuerda a  la miriada de tuberculosos y víctimas de otras endemias  - enfermos mal alimentados y peor asistidos- que murieron en una pobreza, demás vergonzante en la posguerra. española. Lo viví de cerca, Lo padecí,y sé hasta donde llega la soledad del pobre.
         ¿La España dividida? Unos cuantos divos de la política quieren arreglar nuestras diferencias fomentando rivalidades estúpidas. Todos niegan el uso de medios violentos. No es verdad. Las palabras crean odios. El odio está ya en marcha. Es el preludio de las luchas a degüello.
         El odio también mata.




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miércoles, 25 de octubre de 2017

DEMOCRACIA CONTAMINADA

     Si se detienen a examinar el proceder de los políticos que mantuvieron o mantienen sus actividades en países donde el nivel cultural es de dudosa calificación, advertirán que son minoría los que pueden presumir de haber vivido  su aporreada vocación como modélicos demócratas.
     Y los que no faltaron a su palabra -dicha sea la verdad-  se retiraron a tiempo huyendo de la plaga contaminante.
     Este mal que se detecta, la falta de integridad, el todo vale, está grabado en la semilla de origen de estos políticos: de padres gatos hijos michinos.
     La primera falla vocacional responde a la quiebra de un principio: el de su lealtad. Es admirable comprobar cómo juran o prometen ser leales a la Constitución, en nuestro caso  española, y cómo incumplen lo jurado o prometido tan pronto les conviene,
     Los secesionistas forman cuerpo aparte. No por nada: son leales a macha martillo, es verdad. Pero juegan con naipe propio. Se pasan por el forro su promesa de lealtad, cuando la exigencia de su cumplimiento salta ciertas barreras. Entonces, la Constitución -y más si es española- "se acata pero no se cumple". O cómo se ha descubierto últimamente, se colocan bajo el amparo de unos "principios universales" muy superiores en calidad y  nobleza a los constitucionales, amañados para anular a las pequeñas naciones, según ellos dicen.
     Y los otros  con mando en plaza, -secesionistas o no- si bien prometieron  o juraron no codiciar los bienes ajenos,  ahora están casi todos contaminados por el feo vicio de apropiárselos pringándose  como gorrinos; o sea cerdos la española, unos por comisión y otros por omisión. Bajo esta negra sombra, muchos parecen ángeles.          .
     Las virtudes clásicas, que debe llevar impresas  en lo íntimo del alma todo político, -prudencia, justicia, fortaleza y templanza- han caído -por su falta de lealtad- en un  profundo abismo. ¡Miren hacia Cataluña!
     Además, no dan una en el clavo. Los incendios, si no los sofocas a tiempo y con pocos riesgos, son tolerables.  Luego, si la ocasión se deja pasar, son una plaga y además resulta muy cara.
    Pero los españoles no aprenden  que  los males colectivos tienen un precio que lo pagan todos-


martes, 24 de octubre de 2017

LA DEVOLUCIÓN COMO REMEDIO

     Nació en un  pueblo alavés, una aldea, y creció hasta los siete años inapetente y sin  ver el mar. Lo llevaron a Vizcaya, a una villa costera para probar con un cambio de aires. Lo dejaron en un sanatorio en manos de unas monjitas, agarró un berrinche de tomo y  lomo y no quiso probar bocado en dos días con  sus dos noches. Nadie insistió y nada le dijeron. Un compañerito de su edad le ofreció un bocadillo de jamón por encargo de una monja que sintió pena por él. Lo devoró y rendido a las demandas de su apetito decidió  volver al comedor como  uno más y romper la huelga de hambre. El cambio  de aires surtió sus efectos. No por la playa o por el clima marítimo, sino por algo bien distinto.
     Siendo mayor reflexionó: nadie le obligaba a comer, a  nadie podía  incordiar y funcionó el instinto de conservación; reaccionó  como  cualquier hijo de vecino cuando no hay comida y se pasa hambre. Llegó a pensar si no era un niño mimado.
       Pasaron diez años. La abundancia de 1933,  no hacía previsible que en 1943  llegaran las angustias del hambre. En plena mocedad le tocó vivir la falta de alimentos con toda su crudeza. No podía más cuando recibió un paquete  envuelto en papel de estraza que le entregaron  por confusión en una estación de autobuses. Lo abrió. Contenía una  seca rebanada de pan negro y dos raspas de tocino salado. Se lo comió. Luego le cayó el alma a sus pies de pura vergüenza. No pudo resistir la tentación. Cometió  la canallada de comer sin miramientos lo que no era suyo: la comida de otro pobre.
      Arrepentido,  lo pensó. Cuando  quiso compensar a su víctima -devolver lo sustraído-, no tenía a quién. El pobre expoliado nunca se dió a conocer.
      Sucede a menudo. Las sociedades prósperas, piensan poco (o nada) en las víctimas de su egoismo. Las ignoran.
      Por algo se inventaron las tapias, los muros, la fronteras. Cosa de ricos.
      Por si alguien nos roba. Estamos en ello.