No es de mi agrado participar en las peleas patrias y menos cuando rezuman odios insatisfechos. Hay, en España, muchos "patriotas" -sobre todo entre políticos de ambos sexos-; están ideando cómo hacer, unos para conservar y otros para alcanzar el poder.
Quiero colocarme ante hechos ya pasados y otros que se anuncian como inevitables, en actitud neutral. Pero es imposible : las pasiones humanas pueden con todo. Vivimos y vemos cómo se atacan sin piedad; cómo se ponen tibios los unos a los otros. No se perdonan, sin que eso impida alianzas circunstanciales y endemoniadas, para medrar, con los que ayer se cruzaban insultos.
Según dicen, se fragua un alianza -tipo frente populista- para echar del poder a los enemigos, tildados de heredo fascistas sanguinarios y de ladrones consumados. Funcionan las predicaderas mediáticas de ambos bandos a toda pastilla. Hay muchos intereses en juego. Van en serio.
Se anuncia una moción de censura para salvar a la Patria, y a los fieles patriotas promotores del cambio; de un desastre irremediable.
Los enemigos -que no adversarios- también patriotas, tienen en sus manos los mandos de una respuesta que les asusta: cortar por lo sano sin anestesia. La respuesta que esta medida pueda ocasionar, se desconoce. Pero las cicatrices son duraderas.
Soluciones prácticas: ninguna.
¿Estado de bienestar? Para unos cuantos, como siempre.
El que más chifla, capador. De ahí, no pasamos.
jueves, 31 de agosto de 2017
miércoles, 30 de agosto de 2017
OTRO TIPO DE EMPRESAS
España necesita -para el desarrollo de las clases medias y bajas- un tipo de empresas y una legislación laboral que se adapten a la realidad de nuestro tiempo.
Tiempo donde las clases medias, principal basamento de los Estados en alza, se debilitan, donde decae la prosperidad nacional y donde, por tal causa, las clases bajas - castigadas por el paro - resultan además perjudicadas con impuestos indirectos, nada equitativos, que afectan al consumo de los artículos de comer, beber, arder y parecer, que no se merecen.
El País decae y languidece aunque intenten demostrarnos lo contrario. Además, la globalización, -en contra de lo esperado- incrementa las diferencias sociales allí donde las gentes no se ponen al día, es decir en la vanguardia innovadora que dirige al rebaño. Consecuencias: las empresas medias y pequeñas, cargadas con tantas obligaciones como las grandes, cuando se mantienen, reducen al mínimo la contratación de personal que no podrían sostener por la merma de sus beneficios que casi siempre derivan en pérdidas.
En suma, las iniciativas se enfrían y lo único que funcionan son algunas muy personales, de muy difícil control fiscal, que cobran y pagan en dinero negro.
El freno que impidió, al calor de la crisis, la actividad de las empresas de tipo medio, fue la excesiva presión fiscal y peso de las cargas oficiales y sindicales que, aparte del trasiego propio de cada negocio, recayeron obre ellas. En cosa de pocos años, por causa del cierre impuesto por sus crecientes pérdidas, mandaron a la calle a millones de trabajadores.
¿No fueron despidos causados por la burbuja del ladrillo? Sería largo de explicar, pero la tal burbuja se alimentó por la provocada abundancia de dinero, gracias a la que surgió la especulación de inmuebles, muchas veces negociada desde los planos de un edificio.
Aquello ya pasó. No volverá a suceder en mucho tiempo. Y las empresas de tamaño medio -salvo algunas bien asentadas- no hay quien las quiera. Exigen mucha inversión, soportan demasiadas dificultades y no son sostenibles.
Los primeros que están en las nubes aunque otra cosa piensen, son -en gran parte, no todos - los políticos. Están inventado naciones y fronteras cuando la prosperidad va por otros cauces.
Sostener una nación con su Estado de bienestar es muy caro y para abaratarlo, no hay que legalizar hasta el color de los pijamas a rayas. Ni llenar el país de extranjeros.
Ya veremos.
Tiempo donde las clases medias, principal basamento de los Estados en alza, se debilitan, donde decae la prosperidad nacional y donde, por tal causa, las clases bajas - castigadas por el paro - resultan además perjudicadas con impuestos indirectos, nada equitativos, que afectan al consumo de los artículos de comer, beber, arder y parecer, que no se merecen.
El País decae y languidece aunque intenten demostrarnos lo contrario. Además, la globalización, -en contra de lo esperado- incrementa las diferencias sociales allí donde las gentes no se ponen al día, es decir en la vanguardia innovadora que dirige al rebaño. Consecuencias: las empresas medias y pequeñas, cargadas con tantas obligaciones como las grandes, cuando se mantienen, reducen al mínimo la contratación de personal que no podrían sostener por la merma de sus beneficios que casi siempre derivan en pérdidas.
En suma, las iniciativas se enfrían y lo único que funcionan son algunas muy personales, de muy difícil control fiscal, que cobran y pagan en dinero negro.
El freno que impidió, al calor de la crisis, la actividad de las empresas de tipo medio, fue la excesiva presión fiscal y peso de las cargas oficiales y sindicales que, aparte del trasiego propio de cada negocio, recayeron obre ellas. En cosa de pocos años, por causa del cierre impuesto por sus crecientes pérdidas, mandaron a la calle a millones de trabajadores.
¿No fueron despidos causados por la burbuja del ladrillo? Sería largo de explicar, pero la tal burbuja se alimentó por la provocada abundancia de dinero, gracias a la que surgió la especulación de inmuebles, muchas veces negociada desde los planos de un edificio.
Aquello ya pasó. No volverá a suceder en mucho tiempo. Y las empresas de tamaño medio -salvo algunas bien asentadas- no hay quien las quiera. Exigen mucha inversión, soportan demasiadas dificultades y no son sostenibles.
Los primeros que están en las nubes aunque otra cosa piensen, son -en gran parte, no todos - los políticos. Están inventado naciones y fronteras cuando la prosperidad va por otros cauces.
Sostener una nación con su Estado de bienestar es muy caro y para abaratarlo, no hay que legalizar hasta el color de los pijamas a rayas. Ni llenar el país de extranjeros.
Ya veremos.
martes, 29 de agosto de 2017
EL ÉXITO DE LA FAMILIA
Las personas, los seres humanos, no pueden contabilizarse como si fueran monedas o piezas coleccionables. Cada cual es como es y responde de muy distintas maneras para satisfacer su necesidades o deseos. A eso -siempre que respete los derechos ajenos- se le llama libertad. Es decir que la libertad tiene sus límites.
Es más libre, es el que menos necesidades siente o el que de más medios dispone para satisfacerlas. Todos los días surge quien pide más libertad, sin reconocer que todos y cada uno han de ganársela con su trabajo, su ingenio, sacrificios y constancia. ¡Ah! Sin olvidar unas dosis de sentido común que nadie niega a los escarmentados por errores cometidos.
Pese a todo, no se pueden evitar las desgracias personales. Ahora bien, una sociedad dispuesta a ser libre de verdad, es solidaria; disminuiría a ojos vista el censo de los desasistidos.
Los tiempos que vienen, según anuncios precursores, tienden a que los menos acaparen la riqueza y a que aumente el número de los condenados a repartirse la pobreza. Disminuirá la clase media,
según indicios ya en marcha.
Lo malo del caso es que los pueblos, entendidos como colectividades insatisfechas, suelen comulgar con ruedas de molino: suelen conformarse con el portador locuaz, siempre que prometa felicidad a esgalla y a ser posible gratis y con buenas maneras. A esto le llaman política.
No hay mejor política que la familiar, cuando es sincera, leal y no se echa atrás ni tiene que remangarse para ayudar a su prójimo a llevar el madero.
No es broma: todo está inventado, y felices aquellos que cuentan episodios de este estilo. Volveremos a reconstruir la familia y luego al prójimo (al próximo) para salvarnos en parte de toda desgracia..
Tengamos en cuenta que la solidaridad ha de ser mutua. Pocas veces se regala.
Es más libre, es el que menos necesidades siente o el que de más medios dispone para satisfacerlas. Todos los días surge quien pide más libertad, sin reconocer que todos y cada uno han de ganársela con su trabajo, su ingenio, sacrificios y constancia. ¡Ah! Sin olvidar unas dosis de sentido común que nadie niega a los escarmentados por errores cometidos.
Pese a todo, no se pueden evitar las desgracias personales. Ahora bien, una sociedad dispuesta a ser libre de verdad, es solidaria; disminuiría a ojos vista el censo de los desasistidos.
Los tiempos que vienen, según anuncios precursores, tienden a que los menos acaparen la riqueza y a que aumente el número de los condenados a repartirse la pobreza. Disminuirá la clase media,
según indicios ya en marcha.
Lo malo del caso es que los pueblos, entendidos como colectividades insatisfechas, suelen comulgar con ruedas de molino: suelen conformarse con el portador locuaz, siempre que prometa felicidad a esgalla y a ser posible gratis y con buenas maneras. A esto le llaman política.
No hay mejor política que la familiar, cuando es sincera, leal y no se echa atrás ni tiene que remangarse para ayudar a su prójimo a llevar el madero.
No es broma: todo está inventado, y felices aquellos que cuentan episodios de este estilo. Volveremos a reconstruir la familia y luego al prójimo (al próximo) para salvarnos en parte de toda desgracia..
Tengamos en cuenta que la solidaridad ha de ser mutua. Pocas veces se regala.
lunes, 28 de agosto de 2017
LA ESCUELA EN CASA
No es fácil, pero la escuela, tal y como hoy se la concibe, está siendo superada por la realidad invasora de la informática. Coincide la divulgación con el manejo de receptores electrónicos de bolsillo por una mayoría de escolares desde muy temprana edad. Un vecino, niño de diez años, demostró en su casa que sabía de enfermedades venéreas más que su propio padre.
Un padre o una madre, o mejor ambos, dotados culturalmente, con vocación y entrega, podrían abordar con éxito la enseñanza de sus hijos sin salir de casa. Es difícil, pero no imposible
En estas circunstancias, los cambios que están experimentando las sociedades dominadas por la informática, nos llevan a meditar sobre el futuro de muchas profesiones, de otros tantos profesionales y, de rebote, de las minorías cultas frente a las mayorías lúdicas.
Hay dos mundos, al menos, que están experimentando el cambio de forma palpable: el de ,los mercados y el de los avances científicos. Rompen los controles establecidos, como el pez grande lo hace con las redes que intentan detener su rumbo.
Quiéranlo o no los políticos, estas realidades informáticas están surtiendo sus efectos. ¿En que dirección van los cambios? Al parecer las respuestas varían. De ellas dependerá que los pueblos progresen o regresen.
Las propuestas reivindicativas de un pasado de imposible repetición, se intentan superar con un futuro que la mayoría no acaba de presentir.
La escuela tiene que entrar en las casas. Y hoy por hoy, las familias -muchas deshechas- están más inclinadas a la diversión banal que a la inversión cultural.
Un padre o una madre, o mejor ambos, dotados culturalmente, con vocación y entrega, podrían abordar con éxito la enseñanza de sus hijos sin salir de casa. Es difícil, pero no imposible
En estas circunstancias, los cambios que están experimentando las sociedades dominadas por la informática, nos llevan a meditar sobre el futuro de muchas profesiones, de otros tantos profesionales y, de rebote, de las minorías cultas frente a las mayorías lúdicas.
Hay dos mundos, al menos, que están experimentando el cambio de forma palpable: el de ,los mercados y el de los avances científicos. Rompen los controles establecidos, como el pez grande lo hace con las redes que intentan detener su rumbo.
Quiéranlo o no los políticos, estas realidades informáticas están surtiendo sus efectos. ¿En que dirección van los cambios? Al parecer las respuestas varían. De ellas dependerá que los pueblos progresen o regresen.
Las propuestas reivindicativas de un pasado de imposible repetición, se intentan superar con un futuro que la mayoría no acaba de presentir.
La escuela tiene que entrar en las casas. Y hoy por hoy, las familias -muchas deshechas- están más inclinadas a la diversión banal que a la inversión cultural.
sábado, 26 de agosto de 2017
NINGUNEAR AL PUEBLO ESPAÑOL
¿Hay diferencias entre los españoles de Cataluña y los del resto de nacionalidades y regiones de España? Supongamos que sí. O mejor aún: reconozcamos que, en efecto, hay grandes diferencias .
El argumento, para los secesionistas, es elemental: hablamos distinto idioma, luego somos diferentes. Y dada esa premisa, es fácil deducir que los catalanes tienen derechos y deberes distintos al resto de los españoles. Es que, -según sus tesis- son catalanes forzados a ser españoles.
A partir de ese credo, los que no se sienten españoles promueven el uso de los distintivos que favorecen aquello que les distingue; y ningunean lo que les confunde. De esta práctica hacen un sentimiento, una religión con la que se identifican pasionalmente.
La forma de entenderse tanto con los catecúmenos como con los veteranos practicantes de una creencia cargada de valores sentimentales, es adoptar la actitud del indiferente. Lo demás es como el viento a la contra; lo único que se consigue es que vuele más alto la cometa.
Pero esta actitud que conduce al ahorro de debates inútiles a cambio de una indiferencia reflexiva, no excluye la discreta promoción de valores prácticos, en favor de todos: en especial de los que son catalanes sin perjuicio de ser españoles. Algo parecido a lo que hacen los suizos que se entienden en tres idiomas con lo que consiguen, desde hace ya años, ahorrarse peleas y alcanzar los más altos niveles de bienestar.
Lo que no es admisible es que con el pretexto de "por la paz un avemaría" se acabe por ningunear al pueblo español.
Y en eso están incurriendo nuestros sufridos gobernantes.
¡Pueden decirlo hasta los agentes a quienes se confía la seguridad del pueblo español!
El argumento, para los secesionistas, es elemental: hablamos distinto idioma, luego somos diferentes. Y dada esa premisa, es fácil deducir que los catalanes tienen derechos y deberes distintos al resto de los españoles. Es que, -según sus tesis- son catalanes forzados a ser españoles.
A partir de ese credo, los que no se sienten españoles promueven el uso de los distintivos que favorecen aquello que les distingue; y ningunean lo que les confunde. De esta práctica hacen un sentimiento, una religión con la que se identifican pasionalmente.
La forma de entenderse tanto con los catecúmenos como con los veteranos practicantes de una creencia cargada de valores sentimentales, es adoptar la actitud del indiferente. Lo demás es como el viento a la contra; lo único que se consigue es que vuele más alto la cometa.
Pero esta actitud que conduce al ahorro de debates inútiles a cambio de una indiferencia reflexiva, no excluye la discreta promoción de valores prácticos, en favor de todos: en especial de los que son catalanes sin perjuicio de ser españoles. Algo parecido a lo que hacen los suizos que se entienden en tres idiomas con lo que consiguen, desde hace ya años, ahorrarse peleas y alcanzar los más altos niveles de bienestar.
Lo que no es admisible es que con el pretexto de "por la paz un avemaría" se acabe por ningunear al pueblo español.
Y en eso están incurriendo nuestros sufridos gobernantes.
¡Pueden decirlo hasta los agentes a quienes se confía la seguridad del pueblo español!
viernes, 25 de agosto de 2017
Y EL SEMINARIO VACÍO
IX
Aficionado a los libros de historia me siento defraudado porque los autores prestan atención a las figuras que más destacan y difuminan al sufrido pueblo. Y uno, en su inocencia, se queda sin saber que hacían los domingos por la tarde las madres de familia para no aburrirse.
Por ejemplo, me pregunto: ¿Qué pasa en la católica España que nos hemos quedado sin curas? ¡Quién lo diría!
Allá por los años cincuenta, del pasado siglo, la ciudad de Vitoria donde resido perdió la capitalidad de la Diócesis del hoy llamado Euskadi, por razones políticas que no evangélicas. Y cuando se temía que el Seminario diocesano entrara en desuso, porque Álava era muy pequeña para llenar tan gran edificio, sucedió lo contrario: nunca tan pocos contaron tantas vocaciones. Vitoria se lleno de curas y algo tenían que hacer.
La ciudad, por otro lado, al final de la década de los cincuenta asumió un llamado desarrollo
industrial y se llenó de emigrantes. Con ellos, se pudo prever, se abonaría el terreno de la injusticia social. Los curas se sintieron llamados a intervenir. En Vitoria vivimos un nacional-catolicismo de primera clase, entreverado con ansias de justicia social y virutas euskéricas para camuflar el envite.
El clero, como nunca, tenía tomada la ciudad, y hasta se dió el caso de un feligrés que se corto la mano pecadora influido por un sermón de la Semana Santa.
No quiero entrar en disquisiciones. Vitoria se ha quedado sin curas. Ciertamente, la política ha perdido categoría. ¿Quién lo iba a decir?
Dependemos de los más fuertes, y la fuerza no suele cuadrar con la calidad.
En Vitoria, la caída vocacional eclesiástica, se perdió con la llegada de la democracia. Se secularizó la política. Los políticos se reprodujeron como hongos. Los curas se quitaron la sotana.
Perdieron fuerza y misterio.
Y el Seminario vacío..
(Continuará)
Aficionado a los libros de historia me siento defraudado porque los autores prestan atención a las figuras que más destacan y difuminan al sufrido pueblo. Y uno, en su inocencia, se queda sin saber que hacían los domingos por la tarde las madres de familia para no aburrirse.
Por ejemplo, me pregunto: ¿Qué pasa en la católica España que nos hemos quedado sin curas? ¡Quién lo diría!
Allá por los años cincuenta, del pasado siglo, la ciudad de Vitoria donde resido perdió la capitalidad de la Diócesis del hoy llamado Euskadi, por razones políticas que no evangélicas. Y cuando se temía que el Seminario diocesano entrara en desuso, porque Álava era muy pequeña para llenar tan gran edificio, sucedió lo contrario: nunca tan pocos contaron tantas vocaciones. Vitoria se lleno de curas y algo tenían que hacer.
La ciudad, por otro lado, al final de la década de los cincuenta asumió un llamado desarrollo
industrial y se llenó de emigrantes. Con ellos, se pudo prever, se abonaría el terreno de la injusticia social. Los curas se sintieron llamados a intervenir. En Vitoria vivimos un nacional-catolicismo de primera clase, entreverado con ansias de justicia social y virutas euskéricas para camuflar el envite.
El clero, como nunca, tenía tomada la ciudad, y hasta se dió el caso de un feligrés que se corto la mano pecadora influido por un sermón de la Semana Santa.
No quiero entrar en disquisiciones. Vitoria se ha quedado sin curas. Ciertamente, la política ha perdido categoría. ¿Quién lo iba a decir?
Dependemos de los más fuertes, y la fuerza no suele cuadrar con la calidad.
En Vitoria, la caída vocacional eclesiástica, se perdió con la llegada de la democracia. Se secularizó la política. Los políticos se reprodujeron como hongos. Los curas se quitaron la sotana.
Perdieron fuerza y misterio.
Y el Seminario vacío..
(Continuará)
jueves, 24 de agosto de 2017
FALTAN INVERSORES
VIII
La tentación de servirse de frases hechas, usuales en mi juventud, caen por su propio peso: hoy no dicen nada. Por ejemplo, hablar de "fuerzas vivas" sirve de poco. ¿Será porque están muertas?
Sin recurrir a viejas denominaciones, en España, las personas que, sin pertenecer a organizaciones o grupos partidistas , podrían con su influencia y medios económicos promover un cambio que creara puestos de trabajo, no existe. No están ni se les espera.
Por supuesto no se crearán puestos de trabajo que merezcan la pena, si no tenemos inversores. ¿Por qué?
Responden voces sensatas: no merece la pena; no hay quien invierta en empresas de cierta entidad porque, si se hacen cuentas invertir supone, dada las circunstancias, muchos sacrificios para muy dudosos resultados.
De ahí deriva que los contratos laborales sean precarios y acomodaticios. Y si se presiona al contratante para que mejore la oferta, es peor: el inversor cerraría la barraca.
¿Y quién puede arreglar ésto?
Aquí es donde uno percibe la falta del, sector más dinámico de una sociedad como la española, poco dispuesta tomar iniciativas.
Los políticos tampoco se ponen de acuerdo para favorecer los ánimos. En todo caso para no sembrar incertidumbres. Ahí está la clave del problema.
La amenaza de que la nación se rompa a cachos, la continua oferta de derechos multitudinarios por parte de los políticos para captar votos, la creciente masificación de la burocracia oficial con políticos aficionados a la mamandurria, el aumento de las plebes migratorias se supone que costosas para el país receptor, la corrupción que sigue porque los elegidos para responder son pocos y la golfería no descansa...
Siempre citaré a la escuela, por ahora en manos doctrinarias. ¿Faltan inversores? Es lógico.
(Continuará)
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