Comprendo que más de un lector se dé por aburrido y deseche la lectura de temas político-sociales por el pesimismo que destilan sus autores.
El lector inconformista -es cierto- quiere salir de esa rutina y abrazarse al ideario alentador, esperanzado, cargado de promesas como hacen los políticos.
Muchos paisanos del montón consideran que estas promesas son libertad, igualdad, fraternidad, unidas a una buena paga. No es lo corriente. Ninguna de estas esperanzas están al alcance de cualquiera; conviene pararse a pensar que los políticos salvadores de pueblos están contados.
Lo normal es que las familias, cuando prosperan, es porque han cuidado su formación profesional y mejorado sus medios económicos con sacrificios vocacionales, de un parte, y la defensa de su valía, por otra, mediante el ahorro de los dineros ganados en horas de sacrificio con sudores extraordinarios.
Esta es la verdad que para nada procede de los prometedores políticos, salvo excepciones de sobra conocidas de las que suelen dar cuenta los libros de historia.
¿Cuál es el defecto de la sociedad que hoy está llamada a protagonizar la evolución y desarrollo de los pueblos y ciudades de España?
Es su buena fe. Creen en lo que no vimos y se olvidan de crear lo que no vemos, conforme a lo que predicaba don Miguel Unamuno.
Crear lo que no vemos está en manos de avispados negociantes apátridas y dados al recuento del progreso económico, sin ir a los altares de la misericordia.
La defensa de ciertas virtudes vocacionales en España y en muchos otros países no funciona.
Hemos pasado de contar curas hasta en la sopa, a regalar la sopa de curas.
Y esto ni es pesimismo lacrimoso, ni un punto de vista envejecido. Es la búsqueda de un equilibrio que en España-y en países parecidos- no se usa, ni se valora.
El desequilibrio actual se llama "globalización" en un extremo y "nacionalización" en el otro.
¡Ya hablaremos!
martes, 24 de marzo de 2020
lunes, 23 de marzo de 2020
SIN MIEDO A LA VERDAD (35)
Cada día que pasa se complica aún más el enredo que nos trajo el coronavirus de los demonios. Es inevitable. Como único remedio nos aconsejan, nos empujan hacia la huida. Y no es cualquier cosa; no es correr sin fatiga hacia nuevos horizontes, tal que las cebras; es ir a esconderse en la guarida, tal que las ratas. ¡Qué triste desenlace!
Uno piensa: metidos en la oscuridad del recinto, -en el aburrimiento de cuatro paredes, en la rutina de no hacer nada-, en cómo el ser vivo, el bípedo implume que decía Unamuno, se inclina -en el seno de la desgracia- por mantener la lucha a oscuras cuando lo que pide el alma es la luz.
Esta es la verdad del día, que no para hasta dar miedo.
En plena acometida de esa que llaman "la globalización" del género humano, alguien ha puesto el punto de mira en los más ilustres mortales -de ello presumen- en un problema sin solución inmediata o a corto plazo.
Esta realidad -no hay agua en el desierto- nos lleva al espejismo. En esas estamos. En casos así, el egoismo mata no se sabe si es para chupar sangre.
¿Y que solución queda?
Es triste. Pero no hay otra puerta de escape: propiciar el descubrimiento del antídoto salvador en forma de botica.
Mayormente, para ponerlo a la venta y salvar antes que a nadie al pudiente...
Por muchos que se empeñen: no somos iguales, salvo cuando llega el suspiro final, suponiendo que no exista el cielo.
.
Uno piensa: metidos en la oscuridad del recinto, -en el aburrimiento de cuatro paredes, en la rutina de no hacer nada-, en cómo el ser vivo, el bípedo implume que decía Unamuno, se inclina -en el seno de la desgracia- por mantener la lucha a oscuras cuando lo que pide el alma es la luz.
Esta es la verdad del día, que no para hasta dar miedo.
En plena acometida de esa que llaman "la globalización" del género humano, alguien ha puesto el punto de mira en los más ilustres mortales -de ello presumen- en un problema sin solución inmediata o a corto plazo.
Esta realidad -no hay agua en el desierto- nos lleva al espejismo. En esas estamos. En casos así, el egoismo mata no se sabe si es para chupar sangre.
¿Y que solución queda?
Es triste. Pero no hay otra puerta de escape: propiciar el descubrimiento del antídoto salvador en forma de botica.
Mayormente, para ponerlo a la venta y salvar antes que a nadie al pudiente...
Por muchos que se empeñen: no somos iguales, salvo cuando llega el suspiro final, suponiendo que no exista el cielo.
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sábado, 21 de marzo de 2020
SIN MIEDO A LA VERDAD (34)
Frente al éxito de la globalización comercial y financiera, surge la enfermedad que, divulgada desde muy concretas y limitadas zonas locales, se "mundializa".
Pero -adviértase-un hecho, una enfermedad combatida como se puede por procedimientos en desuso, haciendo de la casa un refugio y del tapabocas una aspirina. Esto da para mal pensar. Y no eso es todo. El latigazo que le espera a la familia de los fallecidos, ha sido tan higiénico y eficaz como para privar a las familias que perdieron la vida de un ser querido, -por esa y otras causas- a conducirlos al otro mundo sin ceremonias eclesiásticas públicas por razones higiénicas.
. Es la respuesta "progresista" que nos imponen: la soledad. Todo un éxito para una progresía lindante con una cultura silvestre, ahora cuando las honras funerarias pueden llevarse a las casas, con más razón si afectan a un episodio en soledad que mata por docenas. Pueden llevarse a las casas por vía inalámbrica, y no se diga que los políticos no la usan cuando les conviene.
Pero mi idea era hacer ver cómo olvidamos la existencia de medios para no dejarse arrollar por políticos mediocres que no abren vía franca al progreso auténtico.
No estoy para florituras -por viejo y por escarmentado- pero me desmoraliza que no se alcen una docena de alaveses en defensa de lo propio; de lo que se ha hecho con el dinero de todos. Y digo "lo "propio" sin propósito de lucro alguno.
Verán: los historiadores no lo cuentan pero tengo noticia de las dos personas -dos- que movieron la parsimonia de una ciudad dormida, para provocar el desarrollo industrial de Álava por los años cincuenta del pasado siglo.
Alava es un punto de encuentro. Si no lo ven, mal se puede aprovechar.
Pero -adviértase-un hecho, una enfermedad combatida como se puede por procedimientos en desuso, haciendo de la casa un refugio y del tapabocas una aspirina. Esto da para mal pensar. Y no eso es todo. El latigazo que le espera a la familia de los fallecidos, ha sido tan higiénico y eficaz como para privar a las familias que perdieron la vida de un ser querido, -por esa y otras causas- a conducirlos al otro mundo sin ceremonias eclesiásticas públicas por razones higiénicas.
. Es la respuesta "progresista" que nos imponen: la soledad. Todo un éxito para una progresía lindante con una cultura silvestre, ahora cuando las honras funerarias pueden llevarse a las casas, con más razón si afectan a un episodio en soledad que mata por docenas. Pueden llevarse a las casas por vía inalámbrica, y no se diga que los políticos no la usan cuando les conviene.
Pero mi idea era hacer ver cómo olvidamos la existencia de medios para no dejarse arrollar por políticos mediocres que no abren vía franca al progreso auténtico.
No estoy para florituras -por viejo y por escarmentado- pero me desmoraliza que no se alcen una docena de alaveses en defensa de lo propio; de lo que se ha hecho con el dinero de todos. Y digo "lo "propio" sin propósito de lucro alguno.
Verán: los historiadores no lo cuentan pero tengo noticia de las dos personas -dos- que movieron la parsimonia de una ciudad dormida, para provocar el desarrollo industrial de Álava por los años cincuenta del pasado siglo.
Alava es un punto de encuentro. Si no lo ven, mal se puede aprovechar.
viernes, 20 de marzo de 2020
SIN MIEDO A LA VERDAD (33)
Tengo mis dudas. Sí: nadie negará que el tinglado montado a cuenta del "coronavirus" se las trae moradas. Es decir que vivimos una pelea cuyo resultado será una victoria o una derrota para las sociedades adelantadas en el uso y disfrute de la Globalización de moda. Si no salieran derrotadas, habría que dar paso, como auténticos jerarcas, a los elegidos por los votantes de buena fe entre los más capaces de modelar el cambio.
¿Pero cómo se atreve este abuelo a plantearnos semejante alternativa?
Comprendo, dos veces comprendo, que tienen razones los demócratas para dominar el tema. Y yo no. Pero, no se por qué, creo que van a ganar los globeros y vamos a pasarlas canutas viendo como, los sometidos a la democracia santa, pasan a estar dominados por la internacionalizada totalitaria y victoriosa China.
Verán: los italianos -conscientes de sus limitaciones- han pedido auxilio a los chinos que ya han desembarcado con sus equipos y sus tapabocas para remediar los males acarreados por el "coronavirus".
Por el momento los tales tapabocas fabricados por los chinos, -que son al abundar aplicables a diario en todo terreno, en la calle y en recintos cerrados- van a producir abundantes beneficios; y en todo momento, porque este remedio, que caduca después de cada uso, se renueva por necesidad o no sirve para lo que fue inventado. Y las pérdidas se pagarán por las naciones atrasadas.
No digo que vaya a suceder así; digo que podría ser así. China va por delante y esto lo saben hasta en los EE.UU. que suelen estar a tanto del manejo democrático al uso. Más o menos tarde, las democracias europeas unidas, si no dan un cambio pasarán a ser dominadas por un modelo de globalización aún sin perfilar.
El tiempo pasa. Pero mal asunto si se deja pasar.
¿Pero cómo se atreve este abuelo a plantearnos semejante alternativa?
Comprendo, dos veces comprendo, que tienen razones los demócratas para dominar el tema. Y yo no. Pero, no se por qué, creo que van a ganar los globeros y vamos a pasarlas canutas viendo como, los sometidos a la democracia santa, pasan a estar dominados por la internacionalizada totalitaria y victoriosa China.
Verán: los italianos -conscientes de sus limitaciones- han pedido auxilio a los chinos que ya han desembarcado con sus equipos y sus tapabocas para remediar los males acarreados por el "coronavirus".
Por el momento los tales tapabocas fabricados por los chinos, -que son al abundar aplicables a diario en todo terreno, en la calle y en recintos cerrados- van a producir abundantes beneficios; y en todo momento, porque este remedio, que caduca después de cada uso, se renueva por necesidad o no sirve para lo que fue inventado. Y las pérdidas se pagarán por las naciones atrasadas.
No digo que vaya a suceder así; digo que podría ser así. China va por delante y esto lo saben hasta en los EE.UU. que suelen estar a tanto del manejo democrático al uso. Más o menos tarde, las democracias europeas unidas, si no dan un cambio pasarán a ser dominadas por un modelo de globalización aún sin perfilar.
El tiempo pasa. Pero mal asunto si se deja pasar.
jueves, 19 de marzo de 2020
SIN MIEDO A LA VERDAD (32)
Un pobre despistado, tal que un servidor, poco amigo de fronteras y murallas, se siente traicionado por el medio puesto a punto para combatir a un microscópico personaje venenoso: han pretendido que no se cuelen en los hogares patrios los extranjeros por el hecho de serlo, sin más trámites, para evitar que pasen a escondidas el tóxico que mata.
Y además, a sus compatriotas se les ordena que no salgan a la calle a no ser que sea por razones documentadas o para pasear al perro. ¡Tiene melones la carga de leña!
En una sociedad libérrima como la nuestra, la española, tal medida habría sido considerada como dictatorial si llega a disponerla una derecha morbosa. Pero... así es la vida, como la tal medida es propuesta por las izquierdas, ha sido aplaudido del refugio casero, sin más preocupaciones.
!Ellos sabrán por qué!
Pero yo no quiero equivocarme: la mayoría callejera de paisanos en la actualidad, buscan al aire libre, aunque esté viciado, un confort que para sí quisieran en sus respectivos ambientes. Claro que no es éste el caso. Son muchos los españoles que aceptan la idea de que encerrados en casa, con los micro organismos venenosos encima, estos son tan fieros como en la calle o en los recintos donde uno trabaja o se divierte. Luego aquí se cuece algo que va a necesitar el aplauso de la mayoría; y la libertad que se otorgue, a no tardar, será un éxito que imagino pero no de atrevo a desvelar.
Cuentan que un fiel feligrés judío se dirigió a un sabio sacerdote de su religión para pedirle un consejo:"En mi casa -le dijo- vivimos el matrimonio con diez hijos, dos perros, un gato y tres puercos... Una vida imposible. ¿Qué puedo hacer?". El consultado le dijo: "Echa de la casa a los perros y a los cerdos y pasado un mes vuelves y me informas".
No volvió.
Y además, a sus compatriotas se les ordena que no salgan a la calle a no ser que sea por razones documentadas o para pasear al perro. ¡Tiene melones la carga de leña!
En una sociedad libérrima como la nuestra, la española, tal medida habría sido considerada como dictatorial si llega a disponerla una derecha morbosa. Pero... así es la vida, como la tal medida es propuesta por las izquierdas, ha sido aplaudido del refugio casero, sin más preocupaciones.
!Ellos sabrán por qué!
Pero yo no quiero equivocarme: la mayoría callejera de paisanos en la actualidad, buscan al aire libre, aunque esté viciado, un confort que para sí quisieran en sus respectivos ambientes. Claro que no es éste el caso. Son muchos los españoles que aceptan la idea de que encerrados en casa, con los micro organismos venenosos encima, estos son tan fieros como en la calle o en los recintos donde uno trabaja o se divierte. Luego aquí se cuece algo que va a necesitar el aplauso de la mayoría; y la libertad que se otorgue, a no tardar, será un éxito que imagino pero no de atrevo a desvelar.
Cuentan que un fiel feligrés judío se dirigió a un sabio sacerdote de su religión para pedirle un consejo:"En mi casa -le dijo- vivimos el matrimonio con diez hijos, dos perros, un gato y tres puercos... Una vida imposible. ¿Qué puedo hacer?". El consultado le dijo: "Echa de la casa a los perros y a los cerdos y pasado un mes vuelves y me informas".
No volvió.
miércoles, 18 de marzo de 2020
SIN MIEDO A LA VERDAD (31)
Cada día que pasa, en tiempos de crisis, surgen proyectos de futuro con soluciones diversas. Soluciones que nos conducen a no perder la esperanza, a ser optimistas. Me apunto muchas veces a este fácil desarrollo del futuro, pero durante la noche, en las horas de insomnio, brotan las dudas.
Nuestros gobernantes se han propuesto reunir doscientos mil millones de euros, para activar un conjunto de proyectos con los que satisfacer las necesidades de una mayoría de españoles. Se pondrá en juego un abanico de iniciativas y se activaran numerosos remedios para las clases mas necesitadas.
No quiero ser pesimista. Pero ante soluciones expuestas a los cuatro vientos por los partidos dominantes en el reino de España y después de ver como machacan uvas en otras latitudes, uno se siente obligado a dudar. Y concluye: cuando una familia ha vivido sacrificios ineludibles para salir de la pobreza y comer caliente, sabe lo que cuesta subir y lo fácil que es bajar.
Llegados a ciertos extremos, los que viven la calle y en la calle, tiene dos caminos para no caer de bruces: uno es la reducir el gasto y vivir una austeridad programada; el otro consiste en romper prejuicios para trajinar -según se decía en tiempos de la posguerra-, con las artes del "estraperlo".
Estamos viviendo horas determinantes.Van a cambiar las costumbres de forma lenta, pero segura.Y no lo olviden: los mejor armados para vencer en este trance, -cuando más pregonan los políticos la igualdad- son los que dominan el nuevo lenguaje desigual utilizado por los partidarios de la "globalización" inevitable; son los auténticos dirigentes de las movidas ya en marcha.
¿Y cómo eludir la acometida?
Es para pensárselo.
Nuestros gobernantes se han propuesto reunir doscientos mil millones de euros, para activar un conjunto de proyectos con los que satisfacer las necesidades de una mayoría de españoles. Se pondrá en juego un abanico de iniciativas y se activaran numerosos remedios para las clases mas necesitadas.
No quiero ser pesimista. Pero ante soluciones expuestas a los cuatro vientos por los partidos dominantes en el reino de España y después de ver como machacan uvas en otras latitudes, uno se siente obligado a dudar. Y concluye: cuando una familia ha vivido sacrificios ineludibles para salir de la pobreza y comer caliente, sabe lo que cuesta subir y lo fácil que es bajar.
Llegados a ciertos extremos, los que viven la calle y en la calle, tiene dos caminos para no caer de bruces: uno es la reducir el gasto y vivir una austeridad programada; el otro consiste en romper prejuicios para trajinar -según se decía en tiempos de la posguerra-, con las artes del "estraperlo".
Estamos viviendo horas determinantes.Van a cambiar las costumbres de forma lenta, pero segura.Y no lo olviden: los mejor armados para vencer en este trance, -cuando más pregonan los políticos la igualdad- son los que dominan el nuevo lenguaje desigual utilizado por los partidarios de la "globalización" inevitable; son los auténticos dirigentes de las movidas ya en marcha.
¿Y cómo eludir la acometida?
Es para pensárselo.
martes, 17 de marzo de 2020
SIN MIEDO A LA VERDAD (30)
Hasta aquí hemos llegado. Tengo una media docena de novelas escritas y publicadas pero no publicitadas. Termino por sentirme satisfecho con que las hayan leído doscientas personas -si llegan- y de no aburrirse. Eso es todo y no pretendo ir más allá.
¿Por qué? Les confieso que mis narraciones noveladas, viciadas por su simpleza, las toman en serio bastantes lectores y, cuando expongo hechos reales -que rodeo de suavidad para no herir a terceros- estiman que son anécdotas o curiosidades divertidas.
Si fuera a narrar las circunstancias que rodean el nacimiento y vida de la pandemia que nos abruma, me tomarían por explotador fantástico de una historieta, con la que provocar el sueño del lector en una cálida noche de verano.
En mis largos insomnios -cosa de viejos- suelo entretenerme en buscar soluciones a problemas socio-políticos que marean y nunca los resuelven. Entre ellos está el paro laboral que sufren varios millones de expectantes compatriotas. ¿Por culpa de quién tal paro? No lo duden: tiene su importancia. Hasta ahora, son tantas las obligaciones y tantos los aflojamientos de dinero que han de poner en juego los inversores, tan exigente ese tinglado de complejo arranque, que resulta mejor no iniciar nada.
Pues bien: se acaba de vulgarizar el "tele-trabajo" que permitirá a muchos ganarse un sueldo en su casa sin más, para atender una abundante realización de tareas. Tele-trabajo que se ha puesto a funcionar, sin ruidos, en un par de semana.
Del mucho a exigir estamos pasando al poco pedir.
Una verdad digna de su desarrollo.
Si fuera a narrar las circunstancias que rodean el nacimiento y vida de la pandemia que nos abruma, me tomarían por explotador fantástico de una historieta, con la que provocar el sueño del lector en una cálida noche de verano.
En mis largos insomnios -cosa de viejos- suelo entretenerme en buscar soluciones a problemas socio-políticos que marean y nunca los resuelven. Entre ellos está el paro laboral que sufren varios millones de expectantes compatriotas. ¿Por culpa de quién tal paro? No lo duden: tiene su importancia. Hasta ahora, son tantas las obligaciones y tantos los aflojamientos de dinero que han de poner en juego los inversores, tan exigente ese tinglado de complejo arranque, que resulta mejor no iniciar nada.
Pues bien: se acaba de vulgarizar el "tele-trabajo" que permitirá a muchos ganarse un sueldo en su casa sin más, para atender una abundante realización de tareas. Tele-trabajo que se ha puesto a funcionar, sin ruidos, en un par de semana.
Del mucho a exigir estamos pasando al poco pedir.
Una verdad digna de su desarrollo.
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