Mi vida ha sido larga, con horas de soledad y de gratas compañías. Olvido los vacíos que tanto me enseñaron. Recuerdo las horas compartidas, muchas en silencio, otras cariñosas, la inmensa mayoría anodinas pero libres. Es así, porque sí, y ahora que lo pienso me encentro lleno de ingratitud. No he cumplido mis deberes. Me siento obligado y arrepentido ante los que me prestan atención, uno por uno. Muchas gracias y en relieve. PMM.
Reitero: gracias a todos, uno por uno; y en relieve.
lunes, 23 de diciembre de 2019
domingo, 22 de diciembre de 2019
ESPAÑOLES A PRUEBA
Desde mi rincón en el Camino Alto del Prado, aquí en Vitoria, siento mis dudas y me pregunto: quiénes han colaborado más y mejor en favor de Cataluña desde tiempo atrás: ¿los españoles obligados de hecho a consumir productos catalanes protegidos con franquicias fronterizas o los nativos de raza con su idioma que respeto?
No quiero con esta pregunta restar mérito alguno al empeño y cultura del pueblo catalán que pudo estar en desacuerdo con el poder ejercido desde jerarquías coronadas. Estoy valorando la vida y aportaciones de catalanes que se sentían españoles con mando en plaza y de los españoles que se veían influidos e integrados, cuando no sometidos, por el duro quehacer en una tierra que no le era extraña.
Solo pido que se hagan cuentas y después hablamos. Cuentas que no debemos olvidar porque al día de hoy, muchos catalanes, -ibéricos más que catalaúnicos- se quedarían admirados además de sorprendidos.
Y después de echar cuentas vamos a ser honrados antes de llegar a una ruptura en momentos tan cruciales. Lo que hay que cambiar no es de fronteras, sino de seres humanos dedicados a la política, no para unir (recomendación positiva) sino para dividir y separar (resultado negativo) cuando la globalización se impone en favor de los pueblos organizados en grandes superficies.
En España hay que empezar por una reforma constitucional que favorezca la influencia positiva de la Península Ibérica en la Unión Europea.
Lo demás, ya lo estamos viendo, está a falta de un buen barrido de políticos de medio pelo que se tienen por todo lo contrario.
No quiero con esta pregunta restar mérito alguno al empeño y cultura del pueblo catalán que pudo estar en desacuerdo con el poder ejercido desde jerarquías coronadas. Estoy valorando la vida y aportaciones de catalanes que se sentían españoles con mando en plaza y de los españoles que se veían influidos e integrados, cuando no sometidos, por el duro quehacer en una tierra que no le era extraña.
Solo pido que se hagan cuentas y después hablamos. Cuentas que no debemos olvidar porque al día de hoy, muchos catalanes, -ibéricos más que catalaúnicos- se quedarían admirados además de sorprendidos.
Y después de echar cuentas vamos a ser honrados antes de llegar a una ruptura en momentos tan cruciales. Lo que hay que cambiar no es de fronteras, sino de seres humanos dedicados a la política, no para unir (recomendación positiva) sino para dividir y separar (resultado negativo) cuando la globalización se impone en favor de los pueblos organizados en grandes superficies.
En España hay que empezar por una reforma constitucional que favorezca la influencia positiva de la Península Ibérica en la Unión Europea.
Lo demás, ya lo estamos viendo, está a falta de un buen barrido de políticos de medio pelo que se tienen por todo lo contrario.
sábado, 21 de diciembre de 2019
EL DECLIVE DE LAS CLASES MEDIAS
Resulta difícil referirse a la clase media bajo un concepto singular. Y hablar de las clases medias -en plural- es un hecho real de muy difícil concreción. A mi entender la clase media está integrada por un amplio conjunto de personas con criterio cultural muy lógico, alcanzado gracias a una deliberada formación costeada por el empeño familiar.
Los factores, que en esta formación son muy variados, se prestan a que el pensamiento del alumnado esté sometido a consignas dogmáticas muy concretas. La costumbre contradice el derecho, calificado como humano, que le permite elegir libremente a ese alumnado, -o a sus padres o tutores- la enseñanza que desean seguir para formarse.
Dicho lo cual es probable que una gran parte de votantes influidos por una enseñanza de signo sectario, convencidos de que su elección les llevará a ser felices, se inclinen por una marca que consideran buena. Pero entre políticos, su conveniencia personal tiene su áquel, que no suele adaptarse a la fe que predican, sino más bien a sus intereses que son los que cuentan.
¿Les preocupa el bien de sus electores? Sí, pero de pacotilla. Se han organizado muchos y variados políticos para dirigir a una nación durante años; tiempo que pasa y perdura perdiendo tiempo y dando mucho dinero a los que nos gobiernan en medio de un "dolce far niente".
A esto le llaman democracia. El diccionario tiene previsto el caso y le dicen timocracia.
Los factores, que en esta formación son muy variados, se prestan a que el pensamiento del alumnado esté sometido a consignas dogmáticas muy concretas. La costumbre contradice el derecho, calificado como humano, que le permite elegir libremente a ese alumnado, -o a sus padres o tutores- la enseñanza que desean seguir para formarse.
Dicho lo cual es probable que una gran parte de votantes influidos por una enseñanza de signo sectario, convencidos de que su elección les llevará a ser felices, se inclinen por una marca que consideran buena. Pero entre políticos, su conveniencia personal tiene su áquel, que no suele adaptarse a la fe que predican, sino más bien a sus intereses que son los que cuentan.
¿Les preocupa el bien de sus electores? Sí, pero de pacotilla. Se han organizado muchos y variados políticos para dirigir a una nación durante años; tiempo que pasa y perdura perdiendo tiempo y dando mucho dinero a los que nos gobiernan en medio de un "dolce far niente".
A esto le llaman democracia. El diccionario tiene previsto el caso y le dicen timocracia.
martes, 17 de diciembre de 2019
GRATO RECUERDO (5)
Cuando el niño crece y se siente aislado se aburre y, a nada que los adultos lo dejen a su aire, el pequeño se las arregla solo. Mi ocurrencia, silenciosa y muy trillada, se redujo a cazar y domesticar a las moscas. Yo era un enfermo condenado al reposo día y noche y si no es por el insecto alado habría muerto de asco (es un decir).
El caso es que, para que las moscas o se escaparan, tenía yo que arrancarles las alas. Y mi madre, muy sensible ante el sufrimiento inútil, sentía piedad por la víctima y, si me descuidaba, me dejaba sin moscas.
Gracias a ella, a mi madre, empecé a valorar el sufrimiento ajeno, a sentir miedo de los seres humanos cuando tienen que matar para poder comer. A mí me alcanzó la guerra con trece años y cerca de la línea de fuego. Los muertos, como, moscas caían sin piedad. ¡Daba miedo!
Así -sensible a la cruenta realidad- empecé a creer en la política. Era, a mi entender, una guerra sin muertos ni heridos. Algo así como un pacífico entendimiento para ponerse de acuerdo en paz y reducir desgracias.
¡Mentira! La política no hace otra cosa que dejar sin alas al enemigo por vías malamente consideradas como humanitarias. Los votos se compran por el envase. Lo que va dentro suele ser puro engaño.
¿Pobres moscas?
Eso es lo malo. Son seres vivos condenados a morir sin alas por docenas; y por millares gracias a los venenos del insecticida.
domingo, 15 de diciembre de 2019
GRATO RECUERDO (4)
Leo y no salgo del susto: "El problema lo arrastran (aquí en España) las autonomías: no podemos pagar (los españoles) diecisiete administraciones paralelas y a 520.000 enchufados".
Pasa lo que nos pasa porque los más desenfrenados de la tropa de politicastros no se paran a pensar que una inmensa mayoría de vividores mal repartidos, han heredado el feo vicio de chupar de la goma. ¡Y así nos va!
Los catalanes de los años treinta del siglo pasado, terminaron al acabar la guerra por pensar que el dinero del erario público, por no ser de nadie era de todos; y arrepentidos con la derrota, -que bien mirada arruinó y rodeo de miserias a los españoles más pobres- fueron los primeros en levantar cabeza vendiendo su progreso a los más humildes de la patria hispana. Los catalanes tenían vendido a buen precio hasta el copón de la baraja.
Otro sí puede decirse de los vascos acomodados de Bilbao, portadores del monopolio del hierro, que vivieron una paz sin restricciones mientras se llenaban de chabolas los barrios del emigrante.
En esas fechas. 1945, un servidor, -con 1´76 de estatura y 22 años cumplidos-, llegó a pesar cincuenta kilos. Por eso sé lo que cuesta un peine. Y entonces de expliqué el porqué del comunismo.
Y ahora me pregunto: ¿De dónde sale ese dinero que nunca llega a saciar a la nueva burguesía que no no acaba?
Me acuerdo de las populares Cajas de Ahorro que ya nadie valora. ¿Quién se las ha zampado
Caro lector: cuando lea estas líneas no deje de pensar en los que chupan de la goma. Y piense: lo que encarece su vida diaria. En proporción el que más paga, es el que menos tiene.
¡Y a esto le llaman democracia! ¡¡Tiene pelotas!!
Pasa lo que nos pasa porque los más desenfrenados de la tropa de politicastros no se paran a pensar que una inmensa mayoría de vividores mal repartidos, han heredado el feo vicio de chupar de la goma. ¡Y así nos va!
Los catalanes de los años treinta del siglo pasado, terminaron al acabar la guerra por pensar que el dinero del erario público, por no ser de nadie era de todos; y arrepentidos con la derrota, -que bien mirada arruinó y rodeo de miserias a los españoles más pobres- fueron los primeros en levantar cabeza vendiendo su progreso a los más humildes de la patria hispana. Los catalanes tenían vendido a buen precio hasta el copón de la baraja.
Otro sí puede decirse de los vascos acomodados de Bilbao, portadores del monopolio del hierro, que vivieron una paz sin restricciones mientras se llenaban de chabolas los barrios del emigrante.
En esas fechas. 1945, un servidor, -con 1´76 de estatura y 22 años cumplidos-, llegó a pesar cincuenta kilos. Por eso sé lo que cuesta un peine. Y entonces de expliqué el porqué del comunismo.
Y ahora me pregunto: ¿De dónde sale ese dinero que nunca llega a saciar a la nueva burguesía que no no acaba?
Me acuerdo de las populares Cajas de Ahorro que ya nadie valora. ¿Quién se las ha zampado
Caro lector: cuando lea estas líneas no deje de pensar en los que chupan de la goma. Y piense: lo que encarece su vida diaria. En proporción el que más paga, es el que menos tiene.
¡Y a esto le llaman democracia! ¡¡Tiene pelotas!!
sábado, 14 de diciembre de 2019
GRATO RECUERDO (3)
Era su forma de ser: impaciente ante el absurdo."Somos iguales". Cuando oía el aserto, se ciscaba en lo más barrido. "Somos parecidos pero nunca iguales". Y como no quería disgustarse, encendía un cigarro y buscaba una salida para no enrarecer el ambiente.
La céntrica calle de Dato en Vitoria tiene gancho y tiene aconteceres olvidados que además son historiables: perdió la luz eléctrica porque estuvo racionada por los años cuarenta del siglo XX, en periodos de sequía que no cedieron ni a fuerza de rogativas y rosarios prodigados por iniciativa episcopal. Una calle, comercial sin luz en los escaparates es una calle muerta.
Y un viejo vitoriano, el del pitillo calmante para huir del absurdo, comentó: "Es una calle gafada". Convertida en diario paseo de un extremo a otro, era una vía viva, distinta y prometedora, donde las parejas buscaban amor. Un anuncio comercial, colocado a la altura del tejado en el extremo norte del céntrico paseo, rezaba: LOSA.
"La vida, sin muerte, no tiene sentido:parece un fábula", dijo el vitoriano que no quiere disgustos. ¿Y qué remedio nos queda?
Dar vida al aeropuerto de Foronda. Pero los de Bilbao no quieren. ¡Por eso!
La céntrica calle de Dato en Vitoria tiene gancho y tiene aconteceres olvidados que además son historiables: perdió la luz eléctrica porque estuvo racionada por los años cuarenta del siglo XX, en periodos de sequía que no cedieron ni a fuerza de rogativas y rosarios prodigados por iniciativa episcopal. Una calle, comercial sin luz en los escaparates es una calle muerta.
Y un viejo vitoriano, el del pitillo calmante para huir del absurdo, comentó: "Es una calle gafada". Convertida en diario paseo de un extremo a otro, era una vía viva, distinta y prometedora, donde las parejas buscaban amor. Un anuncio comercial, colocado a la altura del tejado en el extremo norte del céntrico paseo, rezaba: LOSA.
"La vida, sin muerte, no tiene sentido:parece un fábula", dijo el vitoriano que no quiere disgustos. ¿Y qué remedio nos queda?
Dar vida al aeropuerto de Foronda. Pero los de Bilbao no quieren. ¡Por eso!
viernes, 13 de diciembre de 2019
GRATO RECUERDO (2)
La guerra civil del 36 se veía venir incluso por un mozalbete. En aquella rompiente primavera uno se compraba el periódico para seguir el resultado de la vuelta ciclista a España y terminaba por leer el atentado con sangre del día anterior, acompañado del debate violento cruzado en las Cortes entre odios que llegaban a la calle y se expandían por toda la celtiberia en desgracia.
El miedo se disimulaba pero estaba presente en casi todos los hogares. Se había generalizado la amenaza: "Su señoría morirá con las botas puestas". Y el miedo se refugiaba en muchos corazones y nos condujo a ver cómo los más audaces se armaban sin recato. En el fondo se rendía culto al miedo medio escondido.
La guerra dio pie a una historia doblemente apasionada: primero la de quienes la ganaron y hoy en día por quienes la perdieron. Ochenta años han pasado y ¿qué hacen los que nos dominan? Unos ponen en evidencia a los otros, o éstos, que no se dejan y reviven viejos pleitos, responden con parecidas razones, pese a que, según la realidad palpable, ya no cuentan.
Digo yo -que soy un viejo muy viejo- que ya no cuentan; porque la falseada realidad demuestra que la mentira crece y la verdad nos abandona. Porque lo auténtico -que casi nadie toma en cuenta- no se quiere reconocer, ya que la guerra la perdieron ambos bandos movilizados para luego morir en las trincheras o ante un paredón o como viejos desengañados, cargados de hambre y otras miserias, sin que sus nietos, en gran parte, no hayan aprendido la lección y sigan metidos en la misma guerra.
El núcleo de los que se auto-califican con razón como víctimas, mucho más si han caído en el olvido, se merecen todos los respetos, sin olvidar a las masas que sufrieron por su parte otras desgracias como si no hubieran existido.
Esto no se enseña en las escuelas. Porque los que mandan gastan más energía en sus ambiciones que en el dolor patrio.
El miedo se disimulaba pero estaba presente en casi todos los hogares. Se había generalizado la amenaza: "Su señoría morirá con las botas puestas". Y el miedo se refugiaba en muchos corazones y nos condujo a ver cómo los más audaces se armaban sin recato. En el fondo se rendía culto al miedo medio escondido.
La guerra dio pie a una historia doblemente apasionada: primero la de quienes la ganaron y hoy en día por quienes la perdieron. Ochenta años han pasado y ¿qué hacen los que nos dominan? Unos ponen en evidencia a los otros, o éstos, que no se dejan y reviven viejos pleitos, responden con parecidas razones, pese a que, según la realidad palpable, ya no cuentan.
Digo yo -que soy un viejo muy viejo- que ya no cuentan; porque la falseada realidad demuestra que la mentira crece y la verdad nos abandona. Porque lo auténtico -que casi nadie toma en cuenta- no se quiere reconocer, ya que la guerra la perdieron ambos bandos movilizados para luego morir en las trincheras o ante un paredón o como viejos desengañados, cargados de hambre y otras miserias, sin que sus nietos, en gran parte, no hayan aprendido la lección y sigan metidos en la misma guerra.
El núcleo de los que se auto-califican con razón como víctimas, mucho más si han caído en el olvido, se merecen todos los respetos, sin olvidar a las masas que sufrieron por su parte otras desgracias como si no hubieran existido.
Esto no se enseña en las escuelas. Porque los que mandan gastan más energía en sus ambiciones que en el dolor patrio.
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