Más bien, la vida que les espera a los que se levantan y se sienten dueños de un tiempo que, por lejano, se les hace eterno. Tengo la suerte de ser un viejo reflexivo -y en esas condiciones me muevo-que se siente animado a manosear conjeturas; -y ustedes me perdonen- conjeturas previsoras y limpias de malas intenciones.
No soy adivino. Solo me aplico a deducir, al ver la creación persistente de muros y fronteras protectoras de los poderosos ayudados por los pobres, para adivinar a dónde nos llevan con estas conductas.
Muros y fronteras, creadas desde el poder, que sirven para conservar los bienes acumulados por los pocos ricos censados, eso sí, a cambio de grandes injusticias. Las mayorías al servicio de los ricos con tarifas de hambre, no se inmutan y poco a poco sus componentes, asisten a un cambio pernicioso: ver cómo sus "amos" -los ricos- más dados a salvarse con la huida que a resistir las bondades de la pobreza masiva, al procurar su fuga van hacia países dormidos donde terminan por dar con la ayuda de pobres todavía propensos a sentirse agradecidos.
¿Cómo hacer para sacar de la pobreza a todo un país como España?
Siguiendo un proceso de aprendizaje en muy buenas escuelas. Pasando de la ineptitud con corbata
al estudio con posible valor añadido. Y eso no lo pueden regalar los políticos a cambio de papeletas
preñando urnas. Es algo que se aprende en casa si la madre es lista y se la considera por su valía.
Y usted político, no prometa lo que no puede hacer, como matar a los muertos.
Su tarea es reanimar a los vivos.
sábado, 9 de noviembre de 2019
viernes, 8 de noviembre de 2019
¿POR QUÉ TAN POCAS ESPERANZAS?
España está mal organizada desde hace siglos. ¿Por qué? Sencillo y en cierto modo lógico. La Península Ibérica fue y es una plataforma muy dada a ofrecernos fenómenos geográficos e históricos llenos de contrastes. Y los sucesivos habitantes que en estos parajes arribaron, siempre quisieron que triunfaran sus hábitos, sus idiomas, sus manías hasta el punto de ir a la guerra inter-próximos para imponer sus costumbres y ser felices.
A mí -aburrido comentarista de cuanto me rodea- me surge la idea que conduce a constatar hechos: Álava, donde resido, pequeño territorio de la antigua Vasconia peninsular con poco más de trecientos mil habitantes, está supeditada en modos y maneras a una emergente nación vasca, que ha seleccionado lo que podríamos llamar hábitos y costumbres autóctonos, con su idioma propio incluido, así como aquellos distintivos que nos separan de otras tribus.
Pero, claro está, cuando un pueblo -en el sentido étnico cultural- impone sus consignas raciales y domina los manantiales del buen pasar económico, y nos invita a sumarnos a las corrientes nativas porque ellos -buena gente- lo primero que desean es vivir en paz, tenemos que comprender que los buenos son ellos que nos dejan pasar hasta la cocina del hogar querido y suyo hasta las cachas.
Entonces, sin quererlo, advierto que poco a poco se van perfilando dos comunidades:una que manda y domina y otra que obedece y mal camina. Algo que ya pasaba en la Roma imperial o en la España visigótica.
Entonces ¿qué procede o qué camino seguir? Tengo hechas mis reflexiones. Esto ha motivado el libro -corta edición- que D.m. lo tendré en mis manos (El fuero, el huevo, y las verdades del tintero)
antes de que acabe este mes de noviembre.
He vivido una larga historia.¡Ya veremos!
antes de que acabe este mes de noviembre.
He vivido una larga historia.¡Ya veremos!
jueves, 7 de noviembre de 2019
UNA DEMOCRACIA FUNESTA.
Es decir, un acuerdo entre pares dispuestos a practicar el juego sucio para resolver diferencias y acordar soluciones con las que medrar los de la misma camada.
No me animo a concretar las posiciones de apoyo de las que se valen una mayoría de políticos, capaces de falsear cualquier intento democrático, por lo general con promesas de mala moneda caracterizada por su escaso valor; promesas que suelen ser insuficientes o nulas para la mayoría de votantes.
Al estar sujetos a soluciones nefandas, los malos políticos que tanto prometieron recurren a toda suerte de explicaciones para justificar su pesca en río revuelto; pero el beneficio de unos pocos es cargante para unos muchos.
Por ejemplo me atrevo a citar las escuálidas pensiones de una mayoría de jubilados. Los recursos en juego no llegan para dar de comer a muchos, no solucionan los problemas de las masas y, ante esta evidencia, los políticos -al no tener medios creibles- se callan.¡Y a esto le llaman democracia!
Otro caso, la enseñanza. Toda prosperidad y progreso, propios de las sociedades civilizadas, no avanza eficazmente en una sociedad dominada por el oleaje de conocimientos sectarios, pero poco dedicados a los avances científicos.
España necesita un profunda reforma para mejorar las condiciones vitales de nuestros jubilados más pobres. Pero nuestros demócratas no aciertan -o no quieren- luchar por el alivio a tantos necesitados.
España precisa una gran reforma de la enseñanza si queremos progresar como nación. Estamos consintiendo todo lo contrario. Nadie se afana en buscar el bienestar colectivo desde la escuela.
¿Ustedes han visto a nuestros jerifaltes preocupados en el estudio de soluciones para superar ambas carencias?
Pues bien: presumen de demócratas y se auto-consideran progresistas pero no dan en la diana ni por casualidad.
¡Que tropa!
No me animo a concretar las posiciones de apoyo de las que se valen una mayoría de políticos, capaces de falsear cualquier intento democrático, por lo general con promesas de mala moneda caracterizada por su escaso valor; promesas que suelen ser insuficientes o nulas para la mayoría de votantes.
Al estar sujetos a soluciones nefandas, los malos políticos que tanto prometieron recurren a toda suerte de explicaciones para justificar su pesca en río revuelto; pero el beneficio de unos pocos es cargante para unos muchos.
Por ejemplo me atrevo a citar las escuálidas pensiones de una mayoría de jubilados. Los recursos en juego no llegan para dar de comer a muchos, no solucionan los problemas de las masas y, ante esta evidencia, los políticos -al no tener medios creibles- se callan.¡Y a esto le llaman democracia!
Otro caso, la enseñanza. Toda prosperidad y progreso, propios de las sociedades civilizadas, no avanza eficazmente en una sociedad dominada por el oleaje de conocimientos sectarios, pero poco dedicados a los avances científicos.
España necesita un profunda reforma para mejorar las condiciones vitales de nuestros jubilados más pobres. Pero nuestros demócratas no aciertan -o no quieren- luchar por el alivio a tantos necesitados.
España precisa una gran reforma de la enseñanza si queremos progresar como nación. Estamos consintiendo todo lo contrario. Nadie se afana en buscar el bienestar colectivo desde la escuela.
¿Ustedes han visto a nuestros jerifaltes preocupados en el estudio de soluciones para superar ambas carencias?
Pues bien: presumen de demócratas y se auto-consideran progresistas pero no dan en la diana ni por casualidad.
¡Que tropa!
miércoles, 6 de noviembre de 2019
DEBATES ANACRÓNICOS
Nada mejor que los días previos a una elección de cargos políticos parlamentarios para gozar con promesas materiales que harían felices a millones de electores. Nada mejor si las multitudes electoras creyeran los cuentos esperanzadores que prodigan para ganarse una plaza por la que se alcanza un poder bien remunerado.
La falta de fe entre los llamados a votar, conduce a la abstención de buen número de votantes y las elecciones terminan por interesar solo a los que esperan chupar de la goma enchufada a las barricas oficiales de donde se surten los políticos de casta, cazadores con trampa.
Y de los demás, de los que superaron rigurosas pruebas por la vía de la oposición o garantías probadas, ¿qué me de dice?¿También chupan?
No. Porque lo normal, cuando algo cuesta y se paga con méritos, esfuerzos, experiencias o dineros del protagonista, la respuesta se cuida y hasta se mima porque con el prestigio se garantiza la ganancia.
Si ustedes observan, advierten y examinan con la mejor intención la escuela y argucias de un alto porcentaje de nuestros políticos, pueden adivinar el porvenir que nos espera.
Me pueden preguntar: ¿Por qué no habla usted de su aprendizaje? Este es el caso. Tengo mucha historia que contar con pruebas. Lo hago. Pero cuesta tiempo, dinero y disgustos.
Mi ante-último libro "El fuero, el huevo y las verdades del tintero", a punto de aparecer en público en muy corta edición, va a ser -eso espero- muy expresivo. No es un libro de historia. No soy historiador. Ni siquiera valgo como testigo presencial de muchos desvíos. Sencillamente hago de intérprete. Por eso dudo que mi último libro -más valioso y de dudosa edición- intitulado "Los fueros, los huevos y las verdades de los porqueros" -que están de moda- me costarían la vida y dirían que he muerto por viejo.
La falta de fe entre los llamados a votar, conduce a la abstención de buen número de votantes y las elecciones terminan por interesar solo a los que esperan chupar de la goma enchufada a las barricas oficiales de donde se surten los políticos de casta, cazadores con trampa.
Y de los demás, de los que superaron rigurosas pruebas por la vía de la oposición o garantías probadas, ¿qué me de dice?¿También chupan?
No. Porque lo normal, cuando algo cuesta y se paga con méritos, esfuerzos, experiencias o dineros del protagonista, la respuesta se cuida y hasta se mima porque con el prestigio se garantiza la ganancia.
Si ustedes observan, advierten y examinan con la mejor intención la escuela y argucias de un alto porcentaje de nuestros políticos, pueden adivinar el porvenir que nos espera.
Me pueden preguntar: ¿Por qué no habla usted de su aprendizaje? Este es el caso. Tengo mucha historia que contar con pruebas. Lo hago. Pero cuesta tiempo, dinero y disgustos.
Mi ante-último libro "El fuero, el huevo y las verdades del tintero", a punto de aparecer en público en muy corta edición, va a ser -eso espero- muy expresivo. No es un libro de historia. No soy historiador. Ni siquiera valgo como testigo presencial de muchos desvíos. Sencillamente hago de intérprete. Por eso dudo que mi último libro -más valioso y de dudosa edición- intitulado "Los fueros, los huevos y las verdades de los porqueros" -que están de moda- me costarían la vida y dirían que he muerto por viejo.
sábado, 2 de noviembre de 2019
UN CAMBIO QUE NO LLEGA
No llega porque los mandamases trajinan como si viviéramos los tiempos de hace cien años. Les cuesta adaptarse y no echan de menos una modernidad capacitada para enfrentarse a los problemas que tantas desgracias causan en el escenario actual. Para ellos, los mandamases, la historia no enseña. Ahí los tienes. Se sienten suficientes respirando mierda -y haciendo que los demás la mastiquen - en las grandes ciudades para demostrarnos su eficiencia, que quiere decir su valía, tanto como la anuncian para rodearnos con un mínimo bienestar.
A un quinteto elegido para ganarse el voto, ante una inmediata renovación de diputados y otros cargos, les dieron la oportunidad de mostrar su talento y valía por medio de un debate televisado.
El tema discutido en primer termino fue la llamada unidad de España y la forma de joderla -en el mejor sentido de la palabra y perdonen la grosería- en perjuicio de todos. Cuando medio mundo está forjando uniones de pueblos vecinos para vivir mejor y combatir los peligros y guerras de pequeñas o empequeñecidas naciones, nos ponen como remedio el repartirnos fronteras y deificar idiomas para encontrar un medio de justificar nuevas guerras en nombre de la pequeña patria, donde los que mandan viven y los mandados padecen en el olvido pertinaz y pobre. Estamos ya en ese camino, y no a la vista del progreso de los mejor unidos de verdad y no con estatutos y apaños abusivos.
Pero ¿acaso por el camino de la grandeza se gana en felicidad? Se gana en medios materiales para vivir mejor. La felicidad se gana por otros derroteros. Pero... es difícil de explicar.
A un quinteto elegido para ganarse el voto, ante una inmediata renovación de diputados y otros cargos, les dieron la oportunidad de mostrar su talento y valía por medio de un debate televisado.
El tema discutido en primer termino fue la llamada unidad de España y la forma de joderla -en el mejor sentido de la palabra y perdonen la grosería- en perjuicio de todos. Cuando medio mundo está forjando uniones de pueblos vecinos para vivir mejor y combatir los peligros y guerras de pequeñas o empequeñecidas naciones, nos ponen como remedio el repartirnos fronteras y deificar idiomas para encontrar un medio de justificar nuevas guerras en nombre de la pequeña patria, donde los que mandan viven y los mandados padecen en el olvido pertinaz y pobre. Estamos ya en ese camino, y no a la vista del progreso de los mejor unidos de verdad y no con estatutos y apaños abusivos.
Pero ¿acaso por el camino de la grandeza se gana en felicidad? Se gana en medios materiales para vivir mejor. La felicidad se gana por otros derroteros. Pero... es difícil de explicar.
jueves, 31 de octubre de 2019
VIVIMOS UN PROCESO CRÍTICO (6)
Los países socializables -en sus días de crisis- entendieron que la forma de prosperar y alcanzar un buen nivel de vida para sus habitantes, estaba al alcance de los pueblos siempre que acertaran a unirse y a convivir ayudándose mutuamente. Así, lograron unas metas nunca alcanzadas por los conglomerados de seres bípedos, en el fondo racistas, empeñados en ser los amos por estar dotados para ello- según su criterio- con virtudes exclusivas, modélicas, superiores con las que alcanzar la gloria en esta vida y el cielo en la otra.
Este comienzo tan corto, para tratar un tema que exige una colección de libros, me lleva a citar ejemplos de uniones -cada una con su modelo- que están hoy dirigiendo la inesperada globalización mundial donde los que mucho pueden piden más y los que menos se arrinconan en pobres chabolas expuestas a ser guaridas.
Los pueblos unionistas encontraron soluciones diversas: el Reino Unido de la Gran Bretaña, la Confederación de cantones suizos, los Estados Unidos de América del Norte, la Unión Europea...
El estamento superior acordado por los unionistas, asume poderes cedidos por las instituciones de cada territorio llamado a fusionarse. Es un paso constructivo. De las pequeñas comunidades, por concesiones convenientes a todos, nace una nación. Lógico.
En España, los socialistas -no todos- nos proponen la marcha en dirección contraria: la Nación consolidada en los comienzos de la edad moderna, tienden a dividirla creando una docena y media de naciones más pequeñas con tendencia a ganar su respectiva independencia y a prosperar cada una con su idioma, sus embajadas y su colección de pesos y medidas. Eso sería una España federada.
Y no exagero... pero ¡qué tropa!
Este comienzo tan corto, para tratar un tema que exige una colección de libros, me lleva a citar ejemplos de uniones -cada una con su modelo- que están hoy dirigiendo la inesperada globalización mundial donde los que mucho pueden piden más y los que menos se arrinconan en pobres chabolas expuestas a ser guaridas.
Los pueblos unionistas encontraron soluciones diversas: el Reino Unido de la Gran Bretaña, la Confederación de cantones suizos, los Estados Unidos de América del Norte, la Unión Europea...
El estamento superior acordado por los unionistas, asume poderes cedidos por las instituciones de cada territorio llamado a fusionarse. Es un paso constructivo. De las pequeñas comunidades, por concesiones convenientes a todos, nace una nación. Lógico.
En España, los socialistas -no todos- nos proponen la marcha en dirección contraria: la Nación consolidada en los comienzos de la edad moderna, tienden a dividirla creando una docena y media de naciones más pequeñas con tendencia a ganar su respectiva independencia y a prosperar cada una con su idioma, sus embajadas y su colección de pesos y medidas. Eso sería una España federada.
Y no exagero... pero ¡qué tropa!
martes, 29 de octubre de 2019
VIVIMOS UN PROCESO CRÍTICO (5)
En España los políticos, no todos pero sí la mayoría, no dan importancia al gasto público, siempre que no suponga una merma en sus ingresos y, en consecuencia, siempre que no reduzca su nivel económico.
Si tenemos en cuenta que los multimillonarios manejan fondos exentos de las presiones fiscales, porque sin ellos no se especularía, y los pobres hasta las cachas no tienen con qué pagarse su entierro, hemos de reconocer que los seres humanos manipuladores del montón tributario -los políticos- son los llamados a mantener las arcas del tesoro abiertas al creciente número de inútiles que chupan del frasco.
Y la inmensa tropa de a pie que vota, no piensa y se chupa el dedo en las sufridas calles céntricas que son de todos. Todo para ver, sin percatarse, a los que buscan el relevo y ser ellos, los manifestantes, los llamados a dirigir los valores económicos y cobrar de paso el tanto por cierto del río revuelto y aquí paz y después gloria; es decir a vivir a lo grande, a ser posible en un palacete de lujo, a los que proclaman su derecho a una vivienda digna. ¿Y los demás? A la puñetera calle que -no se olviden- es de todos.
Puede usted lector decir que esto es demagogia y tiene razón. Y si la calle se llena de demagogos es porque conviene a unos pocos que esperan el relevo en nombre de la memocracia, vestida con ropajes democráticos.
En fin a votar tocan, aunque el invento sirva para cubrir las apariencias.
¿Una nota de optimismo? Cada día más pobres y daremos la oportunidad del poder a franceses y alemanes que saben ponerse de acuerdo.
Si tenemos en cuenta que los multimillonarios manejan fondos exentos de las presiones fiscales, porque sin ellos no se especularía, y los pobres hasta las cachas no tienen con qué pagarse su entierro, hemos de reconocer que los seres humanos manipuladores del montón tributario -los políticos- son los llamados a mantener las arcas del tesoro abiertas al creciente número de inútiles que chupan del frasco.
Y la inmensa tropa de a pie que vota, no piensa y se chupa el dedo en las sufridas calles céntricas que son de todos. Todo para ver, sin percatarse, a los que buscan el relevo y ser ellos, los manifestantes, los llamados a dirigir los valores económicos y cobrar de paso el tanto por cierto del río revuelto y aquí paz y después gloria; es decir a vivir a lo grande, a ser posible en un palacete de lujo, a los que proclaman su derecho a una vivienda digna. ¿Y los demás? A la puñetera calle que -no se olviden- es de todos.
Puede usted lector decir que esto es demagogia y tiene razón. Y si la calle se llena de demagogos es porque conviene a unos pocos que esperan el relevo en nombre de la memocracia, vestida con ropajes democráticos.
En fin a votar tocan, aunque el invento sirva para cubrir las apariencias.
¿Una nota de optimismo? Cada día más pobres y daremos la oportunidad del poder a franceses y alemanes que saben ponerse de acuerdo.
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