(Continuación)
Señalé en un comentario anterior -con la brevedad que este formato exige- la suerte de los fueros vascos condenados a desaparecer, como privilegio injusto, por la Constitución de 1812. También indique cómo el Convenio de Vergara no vino a resolver las demandas de los fueristas. El caso fue que pasaron treinta y siete años, con dos nuevas guerras carlistas en el intermedio, y no hubo acuerdo.
La última guerra Carlista terminó con el triunfo liberal que fue decisivo para poner a los territorios forales al nivel de las provincias de régimen común. La ley del 21 de julio de 1876, acabó con la tradición y las Diputaciones forales empezaron a llamarse Diputaciones provinciales.
Por tanto las provincias exentas dejaron de serlo y tuvieron que acomodarse a las circunstancias. Pero como el Gobierno central carecía de estructuras propias en los territorios vascos para recaudar los impuestos vigentes, tuvieron que valerse de las Diputaciones vascas y acordaron -a título provisional- que éstas pagaran un cupo provisional hasta regularizar la situación.
No valieron razones jurídicas ni siquiera históricas para cambiar tal estado de cosas. Tuvo que entrar en juego la burguesía vasca -sobre todo la vizcaína y liberal- para que la solución provisional, inspirada en el Convenio que ya funcionada en Navarra, se estableciera por un plazo limitado, hasta ver cómo iba el asunto. También hubo de influir en alguna manera el estadista Antonio Cánovas del Castillo, Jefe del Gobierno de España.
Valorar la eficacia de un Concierto Económico como el vasco, no estaba al alcance de los españoles en general. Funcionaba, pero carecía de valor político-económico para las masas. No me puedo detener en explicaciones pero si Bilbao llegó a ser lo que era, antes de la guerra civil de 1936, se debe en gran arte a este régimen concertado. Y Bilbao tiraba de todo el País Vasco para bien o para mal.
Puestos a elegir en el siglo XX entre los fueros medievales y un régimen fiscal concertado, para lograr eficiencia en el progreso de un pueblo, no hay duda. Hoy esta ya experimentado el tema y la realidad suscita la envidia de las restantes autonomías de España, salvo la navarra, que tiene su propio Convenio concertado.
Pero claro está: los herederos de Sabino de Arana, no se conforman con los fueros, ni mucho menos con versiones autonómicas por muy concertado que esté el régimen tributario. Euskadi es para ellos una nación y quieren su independencia soberana.
Entonces surge la pregunta: Qué importa más, ¿la independencia de un territorio o el bienestar de las personas? En el primer caso se ventila el derecho de un colectivo; en el segundo el de cada individuo. Según la Carta de las Naciones Unidas el derecho colectivo ha de estar supeditado al derecho individual.
Lo paradójico es que para defender el derecho colectivo, numerosos personajes recurren a los derechos humanos individuales.
(Continuará)
viernes, 24 de marzo de 2017
jueves, 23 de marzo de 2017
ORIGEN DEL CONCIERTO ECONÓMICO VASCO
(Continuación)
Las peculiaridades forales de los vascos eran diversas y afectaban, en las tierras llanas (sector agrícola ganadero) principalmente, a los buenos usos y costumbres de las gentes. Tenían su importancia, pero con efectos secundarios.
Los factores forales importantes puestos en juego, -con independencia del valor sacrosanto de todo pacto- eran básicamente dos: la exención del servicio militar obligatorio y del pago de tributos, ambos derechos cedidos por la Corona, a cambio de la protección que ésta prestaba para mantener la estabilidad del régimen foral entonces vigente. En sustitución de estos "deberes", activos en los territorios de régimen común, los vascos harían un donativo a la Corona y, en caso de guerra, participarían con batallones de voluntarios al mando oficiales designados por cada territorio foral. Se mantendría el pase foral, es decir: en caso de incumplimientos por parte de la Corona de estos principios, la orden se acataba pero no se cumplía.
La primera Guerra Carlista, lucha entre dos Borbones para decidir quién reinaba o no, moviliza a los vascos porque, tras la Constitución de Cádiz, abolitoria de los Fueros, se supone que Fernando VII o su heredero directo asumiría el compromiso constitucional, y su hermano Carlos V, no; éste se proclama defensor de la religión y de los fueros vascongados.
La guerra es devastadora y para acabarla dos generales personifican los deseos de paz y firman el convenio de Vergara.
Expuesto el tema a grandes rasgos, el meollo del convenio, está en el apartado primero del, documento: "Espartero recomendaría al Gobierno proponer a las Cortes la concesión o modificación de los Fueros". La concesión de algo que ya existía, o la modificación de lo existente -ya lo dijeron probos carlistas de la época- era una traición.
Era fama extendida y mantenida entre vascos que la palabra dada -la paz a cambio de mantener los fueros- iba a misa. Y no fue así. Se sintieron traicionados. Y ésto, perdura y se transmite de padres a hijos. Sabino de Arana, es un hijo del Fuero: Dios (religión) y ley vieja (tradición). Pero Arana es nacionalista y pone a debate algo que no existía: la nación. La nación, recién instituida para España con la constitución de 1812 (otros conceptos de nación no hacen al caso), reniega de los fueros, a los que considera un privilegio medieval. Y hay que acabar con los privilegios, según la ética del cambio impuesto por los Ilustrados.
Ahí está la entraña de este desbarajuste autonómico que tenemos montado en España. Vascos y catalanes, vienen a coincidir. A mi entender, la nación tuvo su tiempo y trajo muchas guerras.
Los problemas sociales se mueven hoy en otras dimensiones.
(Continuará)
miércoles, 22 de marzo de 2017
LOS TERRITORIOS FORALES VASCOS
(Continuación de comentarios anteriores)
Los territorios forales. aludidos en la Constitución española vigente, son Álava, Guipúzcoa y Vizcaya y, por separado, Navarra. Para estas demarcaciones los políticos de la legislatura constituyente hicieron rancho aparte, con la conformidad mayoritaria de los demás políticos españoles.
No es por nada, pero tampoco es malo recordar que eran tiempos de tribulación: unos apaleaban el nogal y otros recogían las nueces caídas al suelo. ¡Todo vale que decía el fraile!
El pleito foral de las "provincias exentas" (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya) -como eran conocidas en las postrimerías del Antiguo Régimen-, vino a cobrar intensidad tras el abrazo de Vergara, acordado para dar fin a la I Guerra Carlista. Los generales Espartero y Maroto escenificaron la paz bajo un acuerdo muy genérico: respetar los fueros de cada territorio foral sin perjuicio de cumplir con el mandato constitucional, que había consagrado la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. ¡Centralismo puro y duro!
Esto era como poner el fuero "al higuí", que consistía en en ofrecer a los niños un higo pasa, sujeto al extremo de un cordel pendiente de una larga caña, por un sujeto carnavalesco que anunciaba: "Al higuí, al higuí", con la mano no, con la boca sí".
Así pasaron casi cincuenta años hasta que, en el último tercio del siglo XIX, reimplantada la monarquía borbónica de signo liberal, resultaron vencidos los rebeldes carlistas defensores del fuero, y de un plumazo se igualaron las Vascongadas con el resto de España.
Pero... la Vizcaya burguesa y liberal, los nuevos ricos de la metalurgia progresista, fuertes y entrenados, consiguieron que el poder central aprobara un Concierto Económico que, al paso del tiempo resultaría ser una joya inestimable.
Así se configuró un proyecto de territorios forales (que incluía también a Navarra porque este distrito también es Euskadi) en la Constitución de 1978.. Así podrían reconocerse los derechos históricos de los territorios forales, como si el resto de España no tuviese historia. ¡Los dioses ciegan a los que quieren perder!
El Gobierno Vasco -constituido mas tarde al calor de estos "derechos históricos"- cuenta con más competencias que los de otras CC.AA. y, lógicamente, mayores recursos "per capita" gracias al régimen fiscal pactado o reconocido, con o por el Estado. El sistema ha cuajado y ha permitido que Euskadi se consolide, no como un país compuesto por tres territorios forales cada uno con sus peculiares derechos históricos, sino como una nación emergente estructurada (al margen de toda previsión estatal) para funcionar como tal en un breve plazo de tiempo; ése es el proyecto.
El que avisa no es traidor. Y los nacionalistas avisan casi a diario. "¡Euskadi es una nación!", según proclamó no hace mucho un parlamentario nacionalista a voz alzada en las Cortes españolas.
Al margen de ese aviso, el avance secesionista está latente en la vida diaria de los territorios forales. Constato hechos.
Y digo "está latente", no se confundan.
(Continuará)
martes, 21 de marzo de 2017
LOS PRINCIPIOS NACIONALISTAS VASCOS
(Continuación de los dos comentarios anteriores)
No hay duda de que en el joyero de todo movimiento nacionalista, hay piezas que se distinguen no tanto por su valor real, como por su aportación sentimental. Y el político nato suele, por puro instinto, jugar con el sentimiento de las masas.
Hay un momento en el que Sabino de Arana se expresa así: "... es indudable que dos lazos confederativos son necesarios para que la unión nacional sea sólida y duradera: la raza y la religión. La primera es la materia nacional; la segunda el espíritu que la informa". Y tiene razón.
Pero sin olvidar que, en el fondo de toda política y fuera del joyero, en la confusa y difusa calle, el móvil de casi toda la actividad humana es de signo materialista: es el dinero; la mísera peseta de antes, el costoso euro de nuestro días.
Lo primera derrota de la II República, en la guerra del 36, devino de la pérdida del control del oro que se custodiaba en el Banco de España . No es para alarmarse. España está llena de grandes figuras que fueron, y hoy no lo son al cesar de su condición de ricos.
Tras todo nacionalismo -diría de toda política- está el dinero. Hoy ni los nacionalistas vascos, ni los constitucionalistas de cualquier género, ni los populistas más lanzados, ni siquiera la Santa Madre Iglesia se atreverían, en el País Vasco, a incluir en sus programas la supresión del llamado Concierto Económico, si pelean por el voto o cosa parecida.
El propio Sabino de Arana, que sufrió cárcel por defender sus ideales, se plegó a la realidad económica de sus tiempos. La libertad derivada de la "ley vieja", la,libertad foral, no tenía equivalencia con las libertades individuales preconizadas por la Ilustración. Aceptar la liturgia de los liberales -como el voto universal, el centralismo igualador, el equilibrio de los tres poderes- era un contrafuero. Pues bien, Sabino de Arana y sus seguidores, jugaron con naipes y normas que no eran los propios, por pura conveniencia económica; para cumplir con el dicho de"seamos prácticos". Y participar en unas elecciones liberales, con normas liberales, era tanto como admitir un contrafuero; pero era rentable.
Estaremos de acuerdo en algo: la política sin dinero tiene poco porvenir. Y ciertamente, los nacionalistas vascos, han sabido ganar esta batalla en su tierra mixtificando sus principios.
En esas circunstancias, la religión y la raza pueden pasar -como ya han pasado- a ser elementos secundarios. ¿O no?
(continuará)
lunes, 20 de marzo de 2017
LOS DERECHOS HISTÓRICOS VASCOS
(Continuación del texto publicado el 18-03-2017)
Comprendo que resulte extraño, a estas alturas, buscar el cestaño de la abuelita para dar con el huevo de madera y útiles con que repasar calcetines, cuando en nuestros días se tiran a la basura.
Pero verán: Sabino de Arana y Goiri, fundador del PNV y apóstol de todos los nacionalismos vascos, tenía su propia versión sobre la génesis de los derechos históricos de Vasconia, hoy Euskadi, en el más amplio sentido del término. Y no hace mal a nadie que lo recordemos.
"Las familias asociadas libremente, -según Sabino de Arana- constituían el pueblo, con perfecta igualdad de derechos; los pueblos, libremente asociados, formaban la región o merindad, con iguales derechos, sin que nada importasen las diferencias de riqueza o de población; las regiones, libremente asociadas, componían la república o Confederación Bizkaina. La familia podía libremente emanciparse del pueblo; el pueblo de la región; la región, del Estado, con la misma libertad con que concurrieron a asociarse".
Y sigue: "Aquellos estados bizkainos tenían derecho a vivir independientes los unos de los otros, y, (por lo mismo) que eran dueños absolutos de sí mismos, tenían también derecho a confederarse unos con otros cuando les pareciese oportuno..."
Conste que ni entro ni salgo, deliberadamente, a discutir si Sabino de Arana manipulaba los hechos históricos o no; simplemente, trato de explicar que si nos acogiéramos a su doctrina, por razonables causas, Alava podría y debería ejercer su derecho a separarse de la Comunidad Autónoma del País Vasco, sin perder ninguna de las competencias, es decir con iguales derechos que sus hermanas "confederadas"; podría ejercer su derecho por una razón potísima: el sistema actual -que se ha generalizado para toda España- nos lleva a la ruina.
Comprendan que mi amor por Álava, mi tierra de nación, el menos rico de los territorios forales, es la forma más directa con la que cuento, para amar al País Vasco, a Euskadi; y este amor -les aseguro- está acuerdo con la más pura justicia equitativa y libre. Un amor que no necesita signos externos, porque va en beneficio de todos los vascos peninsulares, y sé por qué lo digo.
Puesto que eramos libres -Según Sabino de Arana- para estar o no políticamente asociados en una u otra configuración del régimen gubernativo, me inclinaría porque Alava,Vizcaya y Guipúzcoa siguieran estando fraternalmente unidas, con sus respectivas Diputaciones Forales dimensionadas para cumplir con las competencias estatutarias, cada una en su territorio foral. Se supone que no haría falta depender de un Gobierno Vasco, -permitan que insista- por lo costoso que resulta. Tampoco hay que volver al huevo de madera.
¿Que esto es imposible? No. La Constitución vigente "ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales". Es decir que la "carta magna" permite que cada territorio foral -Álava, Vizcaya y Guipúzcoa-, funcione por separado, con una economía tal de euros, que los contribuyentes. si lo supìeran, quedarían sentados para no caer de espaldas. Solo haría falta revisar el Estatuto Vasco
Y los problemas comunes que afectasen a los tres territorios ¿cómo se abordarían? Muy sencillo, como lo hacían nuestros abuelos: reuniendo en conferencia a una comisión representativa de cada territorio foral, en pie de igualdad. Este tipo de reuniones siguen siendo actuales y económicas.
Me guía el amor a mi tierra y a su prosperidad. ¿Por qué no tener presentes algunas de las doctrinas de Sabino de Arana? Un partido que defendiera esta idea que expongo y lo hiciera con seriedad y solvencia, con más hechos que palabras, sería benéfico para muchos vascos y llegaría lejos.
Lo digo a sabiendas de que hace falta, también, mantener cierto respeto a la verdad histórica.
(Continuará)
Comprendo que resulte extraño, a estas alturas, buscar el cestaño de la abuelita para dar con el huevo de madera y útiles con que repasar calcetines, cuando en nuestros días se tiran a la basura.
Pero verán: Sabino de Arana y Goiri, fundador del PNV y apóstol de todos los nacionalismos vascos, tenía su propia versión sobre la génesis de los derechos históricos de Vasconia, hoy Euskadi, en el más amplio sentido del término. Y no hace mal a nadie que lo recordemos.
"Las familias asociadas libremente, -según Sabino de Arana- constituían el pueblo, con perfecta igualdad de derechos; los pueblos, libremente asociados, formaban la región o merindad, con iguales derechos, sin que nada importasen las diferencias de riqueza o de población; las regiones, libremente asociadas, componían la república o Confederación Bizkaina. La familia podía libremente emanciparse del pueblo; el pueblo de la región; la región, del Estado, con la misma libertad con que concurrieron a asociarse".
Y sigue: "Aquellos estados bizkainos tenían derecho a vivir independientes los unos de los otros, y, (por lo mismo) que eran dueños absolutos de sí mismos, tenían también derecho a confederarse unos con otros cuando les pareciese oportuno..."
Conste que ni entro ni salgo, deliberadamente, a discutir si Sabino de Arana manipulaba los hechos históricos o no; simplemente, trato de explicar que si nos acogiéramos a su doctrina, por razonables causas, Alava podría y debería ejercer su derecho a separarse de la Comunidad Autónoma del País Vasco, sin perder ninguna de las competencias, es decir con iguales derechos que sus hermanas "confederadas"; podría ejercer su derecho por una razón potísima: el sistema actual -que se ha generalizado para toda España- nos lleva a la ruina.
Comprendan que mi amor por Álava, mi tierra de nación, el menos rico de los territorios forales, es la forma más directa con la que cuento, para amar al País Vasco, a Euskadi; y este amor -les aseguro- está acuerdo con la más pura justicia equitativa y libre. Un amor que no necesita signos externos, porque va en beneficio de todos los vascos peninsulares, y sé por qué lo digo.
Puesto que eramos libres -Según Sabino de Arana- para estar o no políticamente asociados en una u otra configuración del régimen gubernativo, me inclinaría porque Alava,Vizcaya y Guipúzcoa siguieran estando fraternalmente unidas, con sus respectivas Diputaciones Forales dimensionadas para cumplir con las competencias estatutarias, cada una en su territorio foral. Se supone que no haría falta depender de un Gobierno Vasco, -permitan que insista- por lo costoso que resulta. Tampoco hay que volver al huevo de madera.
¿Que esto es imposible? No. La Constitución vigente "ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales". Es decir que la "carta magna" permite que cada territorio foral -Álava, Vizcaya y Guipúzcoa-, funcione por separado, con una economía tal de euros, que los contribuyentes. si lo supìeran, quedarían sentados para no caer de espaldas. Solo haría falta revisar el Estatuto Vasco
Y los problemas comunes que afectasen a los tres territorios ¿cómo se abordarían? Muy sencillo, como lo hacían nuestros abuelos: reuniendo en conferencia a una comisión representativa de cada territorio foral, en pie de igualdad. Este tipo de reuniones siguen siendo actuales y económicas.
Me guía el amor a mi tierra y a su prosperidad. ¿Por qué no tener presentes algunas de las doctrinas de Sabino de Arana? Un partido que defendiera esta idea que expongo y lo hiciera con seriedad y solvencia, con más hechos que palabras, sería benéfico para muchos vascos y llegaría lejos.
Lo digo a sabiendas de que hace falta, también, mantener cierto respeto a la verdad histórica.
(Continuará)
sábado, 18 de marzo de 2017
NUEVO CURSO DEL PP VASCO
Hoy se reúnen en Vitoria las huestes del PP Vasco para revisar su armamento dialéctico y promover jerarquías, todo por medios democráticos y a puertas abiertas. Es un día de parabienes, abrazos, optimismo y horizontes esperanzados de futuro.
Claro está que el mismo paisaje, mirado a distancia, no permite despertar entusiasmos. En lo que al País Vasco se refiere, puestos a pisar tierra firme, cosas veredes. ¡No está la magdalena para tafetanes!
¿Qué les pasa a los partidos constitucionalistas para que, desde un punto de vista electoral, no levanten cabeza en tierras vascas? ¿No calculan que están perdiendo gancho y clientela?
Pasa, al entender de muchos votantes, que los llamados españolistas no convencen cuando proclaman el amor a lo vasco. Y en Vasconia, lo vasco es sagrado.
¡Pura lógica! El amor de los nacionalistas esta demostrado que cala hondo; el de los constitucionalistas, no.
Todos los caminos valen para demostrar ese amor a los valores vascos. Algunos (muchos) son ya propiedad espiritual exclusiva y amorosa de los vasquistas: la iglesia, la escuela, la ciencia, el arte en toda sus expresiones, la historia más o menos falseada, las leyendas y mitos, item más la geografía, las fiestas populares y las parodias infantiles, la danza, la gastronomía, el deporte rural y pronto el internacional... y ¡que sé yo! : el mear más alto, si no fuera una prueba de machismo que no se lleva.
Estos valores, bien manipulados, son prueba de amor, y el amor es un sentimiento capaz de doblar el mejor argumento por muy razonable que sea.
Pero es que además, los nacionalistas vascos son mayoría y de hecho ocupan en gran número las instituciones vascas; ellos controlan las cuentas, y el dinero unido al amor materializa y da aún más valor a los sentimientos patrios.
¿Miento acaso? Y concluyo: ¿Qué dejan estos estos amantes de lo vasco -en el buen sentido de la palabra- para las buenas gentes del PP?
Sujeten el ánimo y piensen un minuto; sean sinceros para sus adentros al responder a esta pregunta: ¿Quién se lleva bajo estas condiciones la tajada del león?
Pero miren por dónde los nacionalistas han dejado una vía libre que, si quisieran utilizarla, podría volverse contra ellos.
Hay que reflexionar en frío, tranquilamente.
(Continuará)
Claro está que el mismo paisaje, mirado a distancia, no permite despertar entusiasmos. En lo que al País Vasco se refiere, puestos a pisar tierra firme, cosas veredes. ¡No está la magdalena para tafetanes!
¿Qué les pasa a los partidos constitucionalistas para que, desde un punto de vista electoral, no levanten cabeza en tierras vascas? ¿No calculan que están perdiendo gancho y clientela?
Pasa, al entender de muchos votantes, que los llamados españolistas no convencen cuando proclaman el amor a lo vasco. Y en Vasconia, lo vasco es sagrado.
¡Pura lógica! El amor de los nacionalistas esta demostrado que cala hondo; el de los constitucionalistas, no.
Todos los caminos valen para demostrar ese amor a los valores vascos. Algunos (muchos) son ya propiedad espiritual exclusiva y amorosa de los vasquistas: la iglesia, la escuela, la ciencia, el arte en toda sus expresiones, la historia más o menos falseada, las leyendas y mitos, item más la geografía, las fiestas populares y las parodias infantiles, la danza, la gastronomía, el deporte rural y pronto el internacional... y ¡que sé yo! : el mear más alto, si no fuera una prueba de machismo que no se lleva.
Estos valores, bien manipulados, son prueba de amor, y el amor es un sentimiento capaz de doblar el mejor argumento por muy razonable que sea.
Pero es que además, los nacionalistas vascos son mayoría y de hecho ocupan en gran número las instituciones vascas; ellos controlan las cuentas, y el dinero unido al amor materializa y da aún más valor a los sentimientos patrios.
¿Miento acaso? Y concluyo: ¿Qué dejan estos estos amantes de lo vasco -en el buen sentido de la palabra- para las buenas gentes del PP?
Sujeten el ánimo y piensen un minuto; sean sinceros para sus adentros al responder a esta pregunta: ¿Quién se lleva bajo estas condiciones la tajada del león?
Pero miren por dónde los nacionalistas han dejado una vía libre que, si quisieran utilizarla, podría volverse contra ellos.
Hay que reflexionar en frío, tranquilamente.
(Continuará)
viernes, 17 de marzo de 2017
CLASE MEDIA A LA DERIVA
Del 2007 al 2017, diez años, la clase media española ha perdido más de tres millones de personas que hoy malamente bordean los límites de la pobreza. ¡Estúpida crisis!
Y después de esta lección ¿qué dicen los españoles? Nada nuevo. ¿Y qué hacen los políticos? Unos pocos, aportar ideas, sacrificarse y sufrir. Otros, en número mayor pero sin exagerar, callarse y aguantar marea. Y los más, sin perder ojo, van de palmeros para conservar su puesto en las listas de candidatos cuando no están chingando a la peladita.
La clase media en España no sabe asociarse en defensa propia. Se queja (con razón), protesta sin salir de casa (cargando el cabreo sobre los menos culpables) y hasta blasfema (llegado el caso). Y si sale a la calle es casi siempre para ponerse en manos de unos artistas de la promesa rimbombante, que suele servir para premiar a los más atrevidos a la par que demagogos.
La clase media está en manos de las multinacionales que se configuran para vender bienes y servicios con alta rentabilidad, del gran capital que se las arregla para ganar cuanto más mejor sin mirar al que sufre, de las organizaciones que suscitan la admiración de las masas a las que ilusionan y colectivizan, mientras las ordeñan...
La clase media,cuando vienen mal dadas, se para a la espera de embrujos justicieros que llenarían un memorial.
Y no es esto. La clase media, para empezar, ha de saber asociarse y mantenerse fuerte, no en tiempos de vacas flacas, sino desde la cresta de la ola. Tiene que saber organizarse para formar, no un partido político, sino grupos de presión, lo que los americanos llaman "lobyys". Ha de saber exigir.
De no ser así, el declive se sabe cuando empieza pero no cuando acaba.
Y después de esta lección ¿qué dicen los españoles? Nada nuevo. ¿Y qué hacen los políticos? Unos pocos, aportar ideas, sacrificarse y sufrir. Otros, en número mayor pero sin exagerar, callarse y aguantar marea. Y los más, sin perder ojo, van de palmeros para conservar su puesto en las listas de candidatos cuando no están chingando a la peladita.
La clase media en España no sabe asociarse en defensa propia. Se queja (con razón), protesta sin salir de casa (cargando el cabreo sobre los menos culpables) y hasta blasfema (llegado el caso). Y si sale a la calle es casi siempre para ponerse en manos de unos artistas de la promesa rimbombante, que suele servir para premiar a los más atrevidos a la par que demagogos.
La clase media está en manos de las multinacionales que se configuran para vender bienes y servicios con alta rentabilidad, del gran capital que se las arregla para ganar cuanto más mejor sin mirar al que sufre, de las organizaciones que suscitan la admiración de las masas a las que ilusionan y colectivizan, mientras las ordeñan...
La clase media,cuando vienen mal dadas, se para a la espera de embrujos justicieros que llenarían un memorial.
Y no es esto. La clase media, para empezar, ha de saber asociarse y mantenerse fuerte, no en tiempos de vacas flacas, sino desde la cresta de la ola. Tiene que saber organizarse para formar, no un partido político, sino grupos de presión, lo que los americanos llaman "lobyys". Ha de saber exigir.
De no ser así, el declive se sabe cuando empieza pero no cuando acaba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)