Resulta normal que a un futbolista destacado se le premie con salarios descomunales sus habilidades con el balón, mientras a un buen maestro de escuela no se le distinga, con una mínima diferencia en sus ingresos, de la masa de maestros más zoquetes -que los hay- por aquello de que en democracia todos somos iguales ante la ley.
Un pensador, experto en estos temas, José Antonio Marina Torres, en una entrevista concedida a EL MUNDO (03/11/2015), se manifestaba de esta manera: "Quiero que en la carrera docente haya posibilidades de mejora y que se distinga y se premie a los buenos profesores. El buen maestro no puede cobrar lo mismo que el malo. Voy a proponer incentivos económicos y de progreso en la carrera. Planteo la posibilidad de ascensos en dos vías. Por un lado, la vía de la gestión, porque necesitamos buenos gestores de educación. Y, por otro, la vía académica. El sueldo de los profesores en España y en el extranjero es prácticamente igual en el inicio. Pero, en los sistemas de éxito, aumenta conforme van progresando y aquí no: están estancados. No tienen más sueldo por el mérito de su desempeño".
Observen este dato: tan democráticas son las masas humanas que llenan un estadio deportivo para presenciar una final de fútbol, como las que concurren a una manifestación en defensa de la enseñanza pública, frente a la privada, porque en la primera ven un símbolo democrático de igualdad y en la segunda una muestra de todo lo contrario. El pueblo masificado no advierte el daño que hace a sus seres más queridos y el flaco servicio que presta al progreso del País.
Es indudable: España universalmente admirada por sus resultados futbolísticos, está por debajo de la media entre las naciones que compiten en las pruebas de capacidad PISA en las que participan escolares de quince años.
Las masas confunden la igualdad ante la ley, con la equidad; ésta prima la valía de las personas con arreglo a sus méritos. O lo que es bueno para el fútbol, no hay por qué tenerlo por malo en las escuelas.
¡Eso parece!
martes, 20 de diciembre de 2016
lunes, 19 de diciembre de 2016
CONEXIÓN CON LA MADRE PATRIA
El magnetismo centralizador ejercido desde Madrid sobre las provincias del resto de España, perdió fuerza desde que se suprimieron las delegaciones del Gobierno central y la figura del Gobernador Civil.
La pregunta que surge es inmediata: ¿esto es bueno o malo? Como casi todo en la vida, la bondad o la maldad dependen de muchos factores, pero sobre todo de cómo llegue el dinero a las personas encargadas de mantener abastecido el frigorífico de cada familia.
Los políticos del actual período democrático, los padres de la Patria, al recrear una España descentralizada, pensaron en dar solución, primero, al problema autonómico de Cataluña, del País Vasco y de Galicia, creyendo que otorgaban a estas (entonces) regiones, un derecho ganado en los tiempos de la II República; las demás pequeñas patrias podían esperar, pero...
¡Buenos somos los españoles...! ¿Qué razón hay para distinguir sólo a catalanes, vascos y gallegos? ¿La historia? ¿El idioma? ¿Sus costumbres? ¿La raza? ¿Sus leyendas? Somos iguales y si sólo hay café, ha de ser café para todos.
Desde Cataluña, desde el País Vasco y desde Galicia (ésta con menos ínfulas), pedían más; querían ser naciones, reconocimiento previo a sus deseos de una soberanía total. Pero las demás regiones protestaron: todas tenían historia, idioma, costumbres y razas. Y en un tiempo breve, dada la importancia del tema, se instituyeron diecisiete autonomías con sus respectivos tres poderes: el ejecutivo hacedor de prolíficos y fecundos gobiernos con sus hijuelas (instituciones que siempre están pariendo nuevos organismos, nadie sabe para qué), el judicial (lento como una apisonadora por falta de medios para modernizarse y agilitar sus resoluciones) y el legislativo (que no para de funcionar y de complicar la vida a moros, a cristianos y a los contribuyentes que van por libre, con un diluvio de disposiciones capaces de regular hasta la longitud del cordón de los zapatos).
Sobraba algo: sobraban los Gobiernos Civiles y la recua de delegaciones , poco apreciadas pese a dar solución a muchos problemas, pero no al orden público; otro día les diré por qué. Los Gobernadores nunca supieron ejercer de poncios, aunque funcionaran como tales.
Tampoco, en los días que corren es cosa de volver la vista atrás. Tal y como avanza el proceso autonómico esto puede durar años o resolverse con un sistema plurinacional, que podría llamarse Yugoiberia, siempre y cuando dieran su conformidad los territorios soberanistas que si algo quieren es su independencia soberana, como toda nación-estado que se precie de serlo, y no parches de sor Virginia.
Conseguido el cambio, (perdón por la ocurrencia) los que pervivieran como españoles en las nuevas naciones creadas, necesitarían sendos consulados de España en cada territorio. Sería la forma legal de no perder el contacto definitivo con Madrid, la conexión (que dicen ahora) con la madre Patria heredada de sus antepasados.
Madre Patria que, para hacer felices a los españoles de buena casta que aun quedasen, podría convertirse en un paraíso fiscal con sede en Madrid, territorio también independiente en nombre y con el nombre de España.
¿Por qué no?
La pregunta que surge es inmediata: ¿esto es bueno o malo? Como casi todo en la vida, la bondad o la maldad dependen de muchos factores, pero sobre todo de cómo llegue el dinero a las personas encargadas de mantener abastecido el frigorífico de cada familia.
Los políticos del actual período democrático, los padres de la Patria, al recrear una España descentralizada, pensaron en dar solución, primero, al problema autonómico de Cataluña, del País Vasco y de Galicia, creyendo que otorgaban a estas (entonces) regiones, un derecho ganado en los tiempos de la II República; las demás pequeñas patrias podían esperar, pero...
¡Buenos somos los españoles...! ¿Qué razón hay para distinguir sólo a catalanes, vascos y gallegos? ¿La historia? ¿El idioma? ¿Sus costumbres? ¿La raza? ¿Sus leyendas? Somos iguales y si sólo hay café, ha de ser café para todos.
Desde Cataluña, desde el País Vasco y desde Galicia (ésta con menos ínfulas), pedían más; querían ser naciones, reconocimiento previo a sus deseos de una soberanía total. Pero las demás regiones protestaron: todas tenían historia, idioma, costumbres y razas. Y en un tiempo breve, dada la importancia del tema, se instituyeron diecisiete autonomías con sus respectivos tres poderes: el ejecutivo hacedor de prolíficos y fecundos gobiernos con sus hijuelas (instituciones que siempre están pariendo nuevos organismos, nadie sabe para qué), el judicial (lento como una apisonadora por falta de medios para modernizarse y agilitar sus resoluciones) y el legislativo (que no para de funcionar y de complicar la vida a moros, a cristianos y a los contribuyentes que van por libre, con un diluvio de disposiciones capaces de regular hasta la longitud del cordón de los zapatos).
Sobraba algo: sobraban los Gobiernos Civiles y la recua de delegaciones , poco apreciadas pese a dar solución a muchos problemas, pero no al orden público; otro día les diré por qué. Los Gobernadores nunca supieron ejercer de poncios, aunque funcionaran como tales.
Tampoco, en los días que corren es cosa de volver la vista atrás. Tal y como avanza el proceso autonómico esto puede durar años o resolverse con un sistema plurinacional, que podría llamarse Yugoiberia, siempre y cuando dieran su conformidad los territorios soberanistas que si algo quieren es su independencia soberana, como toda nación-estado que se precie de serlo, y no parches de sor Virginia.
Conseguido el cambio, (perdón por la ocurrencia) los que pervivieran como españoles en las nuevas naciones creadas, necesitarían sendos consulados de España en cada territorio. Sería la forma legal de no perder el contacto definitivo con Madrid, la conexión (que dicen ahora) con la madre Patria heredada de sus antepasados.
Madre Patria que, para hacer felices a los españoles de buena casta que aun quedasen, podría convertirse en un paraíso fiscal con sede en Madrid, territorio también independiente en nombre y con el nombre de España.
¿Por qué no?
sábado, 17 de diciembre de 2016
"PODEMOS" SE JERARQUIZA
En España estamos asistiendo al proceso de jerarquización de una nueva izquierda acogida al paraguas de PODEMOS. En realidad este partido surge ya que aquellos que podían ocupar este espacio, -entre los partidarios de Izquierda Unida o del ala más radical del PSOE-, encontraban cerradas las vías a toda innovación; los cuadros jerárquicos estaban herméticamente armados, no se renovaban, y el descontento de los aspirantes solo tenía dos salidas: la resignación o la sublevación, esta última, si se quiere civilizada.
Esta operación cívica la quiso poner en marcha Pedro Sánchez en el PSOE, sin advertir que para eso la aptitud de mando -de la que carece- es fundamental. Se sintió atraído por aliarse con PODEMOS, sin considerar que sería deglutido y anulado por la jerarquía naciente de este fraccionado y nuevo partido de izquierdas.
Partido fraccionado, ¿por què? Muy sencillo, porque está en fase de jerarquización. Poco a poco va viéndose cuál será el gallo imperante del hoy gallinero despadrado. Pasa siempre, hasta en las mejores familias políticas. Es instintivo.
El beso de Judas entre correligionarios, nunca se dió en la boca por escrúpulos de última hora. Que se sepa, la ocurrencia de Pablo Iglesias pasará a la historia de los besuqueos si, como es de esperar, su socio Iñigo Errejón deja (o le hacen dejar) la política y pasa a contarse entre las víctimas del beso en la boca. Lo dijo el propio Iglesias: "Yo no soy un macho alfa". Se comprende: su "machismo"; estaba tan a la vista que resultaba ofensivo. Era aconsejable vestirlo de seda. Cuando se jerarquice del todo PODEMOS, el macho alfa será inflexible, si no lo disfrazan mejor.
Porque el mono, por mucha que sea la seda, mono se queda.
Esta operación cívica la quiso poner en marcha Pedro Sánchez en el PSOE, sin advertir que para eso la aptitud de mando -de la que carece- es fundamental. Se sintió atraído por aliarse con PODEMOS, sin considerar que sería deglutido y anulado por la jerarquía naciente de este fraccionado y nuevo partido de izquierdas.
Partido fraccionado, ¿por què? Muy sencillo, porque está en fase de jerarquización. Poco a poco va viéndose cuál será el gallo imperante del hoy gallinero despadrado. Pasa siempre, hasta en las mejores familias políticas. Es instintivo.
El beso de Judas entre correligionarios, nunca se dió en la boca por escrúpulos de última hora. Que se sepa, la ocurrencia de Pablo Iglesias pasará a la historia de los besuqueos si, como es de esperar, su socio Iñigo Errejón deja (o le hacen dejar) la política y pasa a contarse entre las víctimas del beso en la boca. Lo dijo el propio Iglesias: "Yo no soy un macho alfa". Se comprende: su "machismo"; estaba tan a la vista que resultaba ofensivo. Era aconsejable vestirlo de seda. Cuando se jerarquice del todo PODEMOS, el macho alfa será inflexible, si no lo disfrazan mejor.
Porque el mono, por mucha que sea la seda, mono se queda.
viernes, 16 de diciembre de 2016
EL GOBIERNO Y SUS CIRCUNSTANCIAS.
Estoy entre los partidarios del diálogo, del entendimiento, de la paz, sobre todo si van "en aumento de la justicia", según muestra la leyenda del escudo foral alavés. Pero una cosa es dialogar aprovechando las circunstancias y otra muy distinta hacerlo obligado por las circunstancias.
Proclamado lo anterior, lo demás se veía venir.
El PNV -desde el Gobierno autonómico vasco- tuvo contra la pared, durante décadas, a todo aquello que sonara a derecha o centro derecha de signo español. Esta semana ha cambiado de rumbo, pese a los reparos que vino exhibiendo meses atrás. Ayer votó en las Cortes a favor del PP para aprobar el que llaman "techo del gasto", clave para futuros desarrollos presupuestarios.
Este tipo de entendimientos ya funcionó antes con Suárez al frente del Gobierno central y, luego, con Aznar en el poder. Y sucederá cuando convenga a los intereses de Euskadi, contemplados desde un punto de mira soberanista
Bien; está muy bien. No nos cansemos de insistir: La democracia es diálogo, es raciocinio, es tolerancia, (dos no riñen si uno no quiere), es paz. Pero... ¿cuánto cuesta comprender que no es lo mismo aprovecharse de las circunstancias, que verse forzado a pedir árnica por tener las circunstancias en contra?
Este juego no tiene nada de maquiavélico. Urkullu, el lehendakari, lo anunció a tiempo con estas o parecidas palabras: "si quieren nuestro voto tendrán que pagar un precio". En política, suele ser normal. Pero ¿quién carga con la peor parte, el que se aprovecha o el obligado? ¿cuánto nos costarán estos amores?
¡Claro que sí! En política todo se explica y cuando se oculta el precio, por algo será. Aunque al fin todo se sabe y las consecuencias de las negociaciones silenciadas siempre terminan por aparecer en escena; no pasa nada. Solo que los afectados empiezan a sentir desmemoria, despego, alejamiento en perjuicio de afectos patrióticos que son ideológicos, pero también sentimentales.
¡Claro que sí! Si los políticos españoles de tronío, desde un partido de ámbito nacional, inciden en aumentar la soberanía de un gobierno autonómico, ¿qué gana un mísero votante con oponerse a esta corriente cada día más intensa y favorable a los nacionalismos periféricos? He aquí la razón que explica por qué los partidos de ámbito nacional, tanto en el País Vasco como en Cataluña pierden votos a presión y por un tubo.
¡A lo mejor soy yo el equivocado! Pero les diré: los nacionalistas vascos tienen un programa soberanista. En favor de ese programa aprovechan las circunstancias favorables. Sus adversarios, por lo que parece, carecen de programa para defender lo suyo. Pactan a la buena de Dios.
¡Ahí está la diferencia!
Proclamado lo anterior, lo demás se veía venir.
El PNV -desde el Gobierno autonómico vasco- tuvo contra la pared, durante décadas, a todo aquello que sonara a derecha o centro derecha de signo español. Esta semana ha cambiado de rumbo, pese a los reparos que vino exhibiendo meses atrás. Ayer votó en las Cortes a favor del PP para aprobar el que llaman "techo del gasto", clave para futuros desarrollos presupuestarios.
Este tipo de entendimientos ya funcionó antes con Suárez al frente del Gobierno central y, luego, con Aznar en el poder. Y sucederá cuando convenga a los intereses de Euskadi, contemplados desde un punto de mira soberanista
Bien; está muy bien. No nos cansemos de insistir: La democracia es diálogo, es raciocinio, es tolerancia, (dos no riñen si uno no quiere), es paz. Pero... ¿cuánto cuesta comprender que no es lo mismo aprovecharse de las circunstancias, que verse forzado a pedir árnica por tener las circunstancias en contra?
Este juego no tiene nada de maquiavélico. Urkullu, el lehendakari, lo anunció a tiempo con estas o parecidas palabras: "si quieren nuestro voto tendrán que pagar un precio". En política, suele ser normal. Pero ¿quién carga con la peor parte, el que se aprovecha o el obligado? ¿cuánto nos costarán estos amores?
¡Claro que sí! En política todo se explica y cuando se oculta el precio, por algo será. Aunque al fin todo se sabe y las consecuencias de las negociaciones silenciadas siempre terminan por aparecer en escena; no pasa nada. Solo que los afectados empiezan a sentir desmemoria, despego, alejamiento en perjuicio de afectos patrióticos que son ideológicos, pero también sentimentales.
¡Claro que sí! Si los políticos españoles de tronío, desde un partido de ámbito nacional, inciden en aumentar la soberanía de un gobierno autonómico, ¿qué gana un mísero votante con oponerse a esta corriente cada día más intensa y favorable a los nacionalismos periféricos? He aquí la razón que explica por qué los partidos de ámbito nacional, tanto en el País Vasco como en Cataluña pierden votos a presión y por un tubo.
¡A lo mejor soy yo el equivocado! Pero les diré: los nacionalistas vascos tienen un programa soberanista. En favor de ese programa aprovechan las circunstancias favorables. Sus adversarios, por lo que parece, carecen de programa para defender lo suyo. Pactan a la buena de Dios.
¡Ahí está la diferencia!
jueves, 15 de diciembre de 2016
TRABAJO PARA TODA LA VIDA
Es tal la desconfianza generalizada entre los que buscan trabajo, que nadie lo duda: entre la demanda de funcionarios públicos o la de empleados del sector privado, la primera moviliza a millones de personas. ¿Por qué? Porque calculan que este puesto de trabajo es duradero; no hay despidos: es para toda una vida. Y seamos sinceros: cuando la estabilidad está asegurada y en el esfuerzo no hay engaño, reconózcase, ¡es un chollo!
Muchas de las promesas políticas, empiezan así: Vótenos y le daremos un puesto de trabajo.Y muchos desocupados se apuntan, no sólo para votarles, sino pata buscarles votos. Así empezaron muchos que hoy viven de la nómina oficial y solo de eso.
Pero otra de las promesas se cifra en reducir los gastos superfluos de las instituciones oficiales. Entre entre estos gastos están, en parte, las recargadas nóminas funcionariales. Hay que aligerar esa carga; es lo prometido.
Y sin embargo, lo primero que suelen hacer los partidos políticos, tan pronto tocan poder, es colocar a sus leales servidores en los puestos públicos de confianza, de los que se sienten amos desde el primer día. Con esta forma de proceder, al paso de los años, a medida que entran nuevos líderes a ejercer tareas de gobierno, se aumenta la nómina, hasta el punto -yo, lo he visto-de anticipar jubilaciones para dar facilidades de ingreso a los camaradas de su particular lista de espera.
Por medio de este sistema, aumenta la nómina de empleados públicos, crece la presión tributaria, se agotan las reservas económicas, surgen los problemas y hay que achicar dinero por donde mas duele: es decir a costa de los más débiles.
Apañárselas en esas circunstancias nunca será hacedero si, además, a los gobernantes les entra la fiebre de invertir en fantasías colosales y por añadidura inútiles.
Pues bien, ante ese panorama, cunde el pesimismo. No hay inversores, salvo si surgen proyectos especulativos o pueden refugiarse en paraísos fiscales, o se dedican al contrabando. Por ese camino se llega a la trampa de la que no escapan buen número de políticos, por muy moralizantes que sean sus prédicas.
Mucho han de cambiar las cosas. Se habla demasiado; se hace poco; algunos tienen la llave de la prosperidad, pero ésta no aparece para la mayoría.
Y la gente, ¡que remedio!, se apunta al populismo, sin advertir aquello: son los mismos perros con distintos collares.
.
Muchas de las promesas políticas, empiezan así: Vótenos y le daremos un puesto de trabajo.Y muchos desocupados se apuntan, no sólo para votarles, sino pata buscarles votos. Así empezaron muchos que hoy viven de la nómina oficial y solo de eso.
Pero otra de las promesas se cifra en reducir los gastos superfluos de las instituciones oficiales. Entre entre estos gastos están, en parte, las recargadas nóminas funcionariales. Hay que aligerar esa carga; es lo prometido.
Y sin embargo, lo primero que suelen hacer los partidos políticos, tan pronto tocan poder, es colocar a sus leales servidores en los puestos públicos de confianza, de los que se sienten amos desde el primer día. Con esta forma de proceder, al paso de los años, a medida que entran nuevos líderes a ejercer tareas de gobierno, se aumenta la nómina, hasta el punto -yo, lo he visto-de anticipar jubilaciones para dar facilidades de ingreso a los camaradas de su particular lista de espera.
Por medio de este sistema, aumenta la nómina de empleados públicos, crece la presión tributaria, se agotan las reservas económicas, surgen los problemas y hay que achicar dinero por donde mas duele: es decir a costa de los más débiles.
Apañárselas en esas circunstancias nunca será hacedero si, además, a los gobernantes les entra la fiebre de invertir en fantasías colosales y por añadidura inútiles.
Pues bien, ante ese panorama, cunde el pesimismo. No hay inversores, salvo si surgen proyectos especulativos o pueden refugiarse en paraísos fiscales, o se dedican al contrabando. Por ese camino se llega a la trampa de la que no escapan buen número de políticos, por muy moralizantes que sean sus prédicas.
Mucho han de cambiar las cosas. Se habla demasiado; se hace poco; algunos tienen la llave de la prosperidad, pero ésta no aparece para la mayoría.
Y la gente, ¡que remedio!, se apunta al populismo, sin advertir aquello: son los mismos perros con distintos collares.
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miércoles, 14 de diciembre de 2016
BILATERALIDAD EN MARCHA
Bien mirado el bilateralismo es un proceso de integración; pero tratándose de temas autonómicos, se puede invertir el resultado. Puede servir para todo lo contrario: para facilitar la disgregación.
Desde el Gobierno central, se ha convocado a los presidentes autonómicos de España a participar en una reunión para debatir cuestiones relativas a la financiación de cada territorio.
El Presidente autonómico del País Vasco elude la comparecencia alegando que, por sus circunstancias -la vigencia del Concierto Económico Vasco-, es recomendable una reunión bilateral entre representaciones de ambos Gobiernos: el de España, nacional, y el del País Vasco, aunque autonómico, también nacional para los vascos defensores de su nacionalismo.
Históricamente, en el siglo XIX, cuando se instauró el régimen de "Conciertos," en casos parecidos a este tipo de reuniones, comparecían ante el Poder central, con sus representantes, las Diputaciones Forales de Álava, de Vizcaya y de Guipúzcoa, titulares del poder residual -llamémoslo así- ligado a la foralidad borrada del mapa español.
El caso es que esa titularidad -aunque se juzgue paradójico- no ha cambiado sustancialmente. Siguen las Diputaciones Forales conservando el poder que dimana del Concierto Económico con el Estado y por lógica, habría que contar con ellas si de lo que trata es de mejorar -como parece- las relaciones económico financieras de la Comunidad del País Vasco con el Estado de la Nación española.
Ahora, al parecer, la reunión bilateral se maneja en solitario por el Gobierno Vasco, decididamente hegemónico, aspirante a detentar su centralismo en éstas y otras manifestaciones de poder desde Lacua.
Aunque llegara a conseguirse la unidad nacional euskérica, sería pisotear la historia, promover el achicamiento de las Diputaciones Forales, a las que apelan -en defensa de sus ansiados derechos- los nacionalismos vascos cuando les conviene. No respetar, como otrora, la autonomía foral de los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, y su derecho a participar en las reuniones sobre temas financieros con calado autonómico, sería hacer burla de todo lo pactado hasta el momento por unos y por otros.
Esa era, además, la doctrina inicial pregonada por Sabino de Arana y Goiri -puertas adentro y desde su punto de mira nacionalista- cuando prometía confederar a los territorios forales.
¡No caerá,esa breva!
Desde el Gobierno central, se ha convocado a los presidentes autonómicos de España a participar en una reunión para debatir cuestiones relativas a la financiación de cada territorio.
El Presidente autonómico del País Vasco elude la comparecencia alegando que, por sus circunstancias -la vigencia del Concierto Económico Vasco-, es recomendable una reunión bilateral entre representaciones de ambos Gobiernos: el de España, nacional, y el del País Vasco, aunque autonómico, también nacional para los vascos defensores de su nacionalismo.
Históricamente, en el siglo XIX, cuando se instauró el régimen de "Conciertos," en casos parecidos a este tipo de reuniones, comparecían ante el Poder central, con sus representantes, las Diputaciones Forales de Álava, de Vizcaya y de Guipúzcoa, titulares del poder residual -llamémoslo así- ligado a la foralidad borrada del mapa español.
El caso es que esa titularidad -aunque se juzgue paradójico- no ha cambiado sustancialmente. Siguen las Diputaciones Forales conservando el poder que dimana del Concierto Económico con el Estado y por lógica, habría que contar con ellas si de lo que trata es de mejorar -como parece- las relaciones económico financieras de la Comunidad del País Vasco con el Estado de la Nación española.
Ahora, al parecer, la reunión bilateral se maneja en solitario por el Gobierno Vasco, decididamente hegemónico, aspirante a detentar su centralismo en éstas y otras manifestaciones de poder desde Lacua.
Aunque llegara a conseguirse la unidad nacional euskérica, sería pisotear la historia, promover el achicamiento de las Diputaciones Forales, a las que apelan -en defensa de sus ansiados derechos- los nacionalismos vascos cuando les conviene. No respetar, como otrora, la autonomía foral de los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, y su derecho a participar en las reuniones sobre temas financieros con calado autonómico, sería hacer burla de todo lo pactado hasta el momento por unos y por otros.
Esa era, además, la doctrina inicial pregonada por Sabino de Arana y Goiri -puertas adentro y desde su punto de mira nacionalista- cuando prometía confederar a los territorios forales.
¡No caerá,esa breva!
martes, 13 de diciembre de 2016
DESOLACIÓN Y DESENGAÑO
Leo dos noticias, referidas a la España agro ganadera, que producen desolación y desengaño. Y se llega a este estado, después de considerar que los españoles somos "muy listos" pero también capaces de perder salud y fortuna por pura desidia y por nuestro limitado alcance para cuidar lo propio; lo que nos fue otorgado por el destino; lo heredado por azar de la madre naturaleza.
En la provincia de Zamora, rica en setas comestibles, se han descolgado mesnadas de recolectores emigrantes, contratadas a bajo precio por sagaces empresarios españoles, para obtener rentables beneficios comerciálizándolas en restaurantes de lujo nacionales y extranjeros. Los perjudicados son los naturales de las zonas productivas que se han quedado indefensos ante el saqueo. Además, han sido arrasadas las zonas productoras con peligro para futuras cosechas.
Hay más tema: en el suroeste español, donde la pericia de unos pocos mantuvo incólume la raza porcina ibérica y donde los naturales de la zona se acreditaron como expertos en la cura de jamones, -cura precedida de un régimen alimenticio a base de bellota- , están sufriendo el cruce de hembras porcinas de estirpe ibérica, con cerdos de otras raza con los que dar el pego. Se está falseando el producto en detrimento de quienes han luchado años por prestigiar y revalorizar la denominación de origen.
Sólo falta que les haga partícipes de mis sospechas sobre otro mal crónico que afecta a la pobre España: los incendios forestales. No creo en el azar, y esta falta de fe coincide con el diagnóstico de los expertos: son incendios intencionados, provocados por la mano del hombre por pura codicia. Se sospecha que sean incendios planificados en busca de objetivos económicos: tal vez para promover rentables urbanizaciones turísticas o para facilitar contratos a las empresas apaga fuegos, tal vez... (piensen ustedes lo peor).
Conclusión: España, por más que otra cosa se venda y salvo excepciones, tiene abandonadas las zonas rurales y gracias ello saturadas las grandes ciudades de basuras de todo tipo. Casi siempre sabemos elegir lo más nocivo y, a la vez, lo más caro.
¡Y lo políticos prometiendo el cambio sin decirnos en qué consiste!
En la provincia de Zamora, rica en setas comestibles, se han descolgado mesnadas de recolectores emigrantes, contratadas a bajo precio por sagaces empresarios españoles, para obtener rentables beneficios comerciálizándolas en restaurantes de lujo nacionales y extranjeros. Los perjudicados son los naturales de las zonas productivas que se han quedado indefensos ante el saqueo. Además, han sido arrasadas las zonas productoras con peligro para futuras cosechas.
Hay más tema: en el suroeste español, donde la pericia de unos pocos mantuvo incólume la raza porcina ibérica y donde los naturales de la zona se acreditaron como expertos en la cura de jamones, -cura precedida de un régimen alimenticio a base de bellota- , están sufriendo el cruce de hembras porcinas de estirpe ibérica, con cerdos de otras raza con los que dar el pego. Se está falseando el producto en detrimento de quienes han luchado años por prestigiar y revalorizar la denominación de origen.
Sólo falta que les haga partícipes de mis sospechas sobre otro mal crónico que afecta a la pobre España: los incendios forestales. No creo en el azar, y esta falta de fe coincide con el diagnóstico de los expertos: son incendios intencionados, provocados por la mano del hombre por pura codicia. Se sospecha que sean incendios planificados en busca de objetivos económicos: tal vez para promover rentables urbanizaciones turísticas o para facilitar contratos a las empresas apaga fuegos, tal vez... (piensen ustedes lo peor).
Conclusión: España, por más que otra cosa se venda y salvo excepciones, tiene abandonadas las zonas rurales y gracias ello saturadas las grandes ciudades de basuras de todo tipo. Casi siempre sabemos elegir lo más nocivo y, a la vez, lo más caro.
¡Y lo políticos prometiendo el cambio sin decirnos en qué consiste!
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