Cualquier observador del recorrido iniciado por los distintos partidos políticos de la España de hoy, advirtió al pronto que se podían clasificar en dos grandes familias: los constitucionalistas (inclinados hacia una reforma del texto actual) y los partidarios del borrón y cuenta nueva y de abrir un nuevo período constituyente.
Entre los primeros estaban el PP, el PSOE y C´s y algún otro de ámbito regionalista. En el segundo bando estaban todos los demás.
Cuando el PP proponía, tras ver el resultado de las primears elecciones en diciembre del 2015, la formación de un gobierno tripartito, el PSOE dió el primer "NO, TRES VECES NO" y forzó la segundas elecciones de las que saliò trasquilado. Todo dirigido por el equipo del exitoso, hasta entonces, Pedro Sánchez: ignoró que la credibilidad del "cambio" estaba patentada, para estas convocatorias electorales, por las huestes de Pablo Iglesias. Claro está, el PSOE patinò y dió con la cabeza en el pesebre.
Adviertan, por favor, el desenlace posible: el PSOE puede situarse en el espectro político de España, como el único partido constitucional reformista de izquierdas. A muchos del equipo, en vías de extinción de Sánchez, y al propio interesado no les convence este encuadre. Les gusta más -aunque no lo confiesen- la izquierda populista, sin darse cuenta de que esa plaza está ya colmada y, además, dividida.
Un gobierno tripartito podría encauzar la solución de muchos problemas si las fuerzas constitucionalistas -mayoritarias- saben consensuar las soluciones que necesita España. El consenso nunca supuso la pérdida de las características de cada partido. Eso pasó en 1977. Si la UCD desapareció fue por egoísmos personales incontrolados por los llamados "barones".
¿No será que la epìdemia ha hincado el diente en el socialismo obrero español?
Si así fuera, ¡pobres obreros!
miércoles, 16 de noviembre de 2016
martes, 15 de noviembre de 2016
CRISIS AUTONÓMICA Y SECESIONIISTA
Los secesionistas
catalanes, tan pronto olfatean que el Gobierno central de España está debilitado, pisan el acelerador a fondo, como si fueran los únicos dueños de
la calzada, y se declaraban independientes. El paso siguiente -hacer de su capa
un sayo- lo dan sin paracaídas y les viene a suceder lo de siempre: desde
Madrid les bajan los humos y vuelta a empezar.
Esto fue lo sucedido en 1931 y
1934 cuando, los tales secesionistas,
desde el balcón de la Generalidad, alzaron la bandera de la libertad, vocearon a gritos su independencia y se pusieron a verlas venir. El debilitado
Gobierno, desde Madrid, les dijo "no", destacó en Barcelona un par de piquetes del
Ejército con dos cañones y dejaron a los independentistas
compuestos y sin autonomía.
Durante la guerra civil, años de 1936-37, el
Gobierno central no es que pasara por un periodo de debilidad, si no que iba agotado e inmovilizado por una catalepsia de origen nervioso, a causa del golpe
dado por los militares, primero en Marruecos y luego en varias regiones y
ciudades de España. En Cataluña, los sedicentes independentistas se hicieron
valer y, pese al anarquismo reinante, fueron de hecho asumiendo
competencias del Poder central; comenzaron a ejercerlas tan ricamente sin que nadie les diera una orden para cortar el desafuero.
Manuel Azaña, Presidente de la II República lo
dejó reflejado por escrito de modo expreso: “La Generalidad funciona
insurreccionada contra el Gobierno (…) asalta servicios y funciones del Estado,
encaminándose a una separación de hecho. Legisla en lo que no le compete, administra
lo que no le pertenece. Mientras otros se baten y mueren, Cataluña hace
política.” “Hablan de que en ella (en la guerra) interviene Cataluña no como
provincia, sino como nación. Como nación
central, observan algunos.”
Después de pasados ochenta años largos,
estamos en situación, si no análoga, muy parecida: con distintos canes pero con los mismos collares.
Antes con guerra, ahora con paz. ¿Cuántos siglos puede durar esta crisis? ¿No se dan cuenta de que los
nacionalismos se desdibujan para dar paso a organizaciones de más amplio formato?
lunes, 14 de noviembre de 2016
ESTABILIDAD, TURISMO, EMPLEO
El turismo que ofrece España tiene dos facetas: la populachera (que no popular) y la de largo alcance que valora todo el legado histórico de esta torturada Península.
Dicho lo cual, no es cierto el dicho "los gobiernos no crean o quitan empleos". Téngase en cuenta que el trabajo es una rutina y hay gobiernos que la rompen bajo un proyecto de cambio; si luego las promesas se frustran y surgen imprevistos y si todos, también los gobiernos, no se acompasan a las nuevas rutinas, el país cae en picado. Y el paro se agiganta.
El caso es que en España, por fas o por nefas, estamos en fase próxima a un cambio anunciado. Y no cuentan con que las iniciativas turísticas, de carácter privado, están bajo mínimos y sólo nos salvan las multinacionales, las empresas muy consagradas (y exportadoras) de ese turismo barato.
Los cambios que de verdad mueven la economía suelen ser creativos y en España, no están las mayorías a punto de participar en esa vanguardia.
Para empezar, a España los turistas llegan en masa durante los meses de verano. Si quisiéramos progresar en este sector, estaríamos en fase de innovar. No nos vemos inclinados a la creatividad turística. El turismo, en España, según las estadísticas, crece en número, pero no en calidad y esto tiene sus riesgos. Un simple atentado, -que nadie desea- puede ser nuestra ruina. España se merece un especial cuidado de este sector: menos turismo de botellón y magreo, y más visitas de larga estancia.
Por lo demás, España es un país con mejor futuro turístico, con un clima favorable que bien entendido, podría favorecer un turismo de más calidad, a nada que se lo propusieran la autoridad competente y los promotores del ramo. Los atractivos existen, la infraestructura (por cierto mejorable), también.
Pero no se vé propuesta alguna, por parte de España, que destaque en el ámbito europeo, para relanzar un turismo con clase que abarcara a toda ella, y no sólo a las playas mediterráneas.
Tal vez el equivocado sea un servidor. ¡Es opinable!
Dicho lo cual, no es cierto el dicho "los gobiernos no crean o quitan empleos". Téngase en cuenta que el trabajo es una rutina y hay gobiernos que la rompen bajo un proyecto de cambio; si luego las promesas se frustran y surgen imprevistos y si todos, también los gobiernos, no se acompasan a las nuevas rutinas, el país cae en picado. Y el paro se agiganta.
El caso es que en España, por fas o por nefas, estamos en fase próxima a un cambio anunciado. Y no cuentan con que las iniciativas turísticas, de carácter privado, están bajo mínimos y sólo nos salvan las multinacionales, las empresas muy consagradas (y exportadoras) de ese turismo barato.
Los cambios que de verdad mueven la economía suelen ser creativos y en España, no están las mayorías a punto de participar en esa vanguardia.
Para empezar, a España los turistas llegan en masa durante los meses de verano. Si quisiéramos progresar en este sector, estaríamos en fase de innovar. No nos vemos inclinados a la creatividad turística. El turismo, en España, según las estadísticas, crece en número, pero no en calidad y esto tiene sus riesgos. Un simple atentado, -que nadie desea- puede ser nuestra ruina. España se merece un especial cuidado de este sector: menos turismo de botellón y magreo, y más visitas de larga estancia.
Por lo demás, España es un país con mejor futuro turístico, con un clima favorable que bien entendido, podría favorecer un turismo de más calidad, a nada que se lo propusieran la autoridad competente y los promotores del ramo. Los atractivos existen, la infraestructura (por cierto mejorable), también.
Pero no se vé propuesta alguna, por parte de España, que destaque en el ámbito europeo, para relanzar un turismo con clase que abarcara a toda ella, y no sólo a las playas mediterráneas.
Tal vez el equivocado sea un servidor. ¡Es opinable!
sábado, 12 de noviembre de 2016
DESÁNIMO EMPRESARIAL
Cuando uno recorre las calles de su ciudad, advierte la presencia de numerosas lonjas vacías correspondientes a otros tantos negocios que fueron cerrándose por haber dejado de serlo. Al entender de los expertos, las condiciones laborales han dado tal cambio en estos últimos diez años, que difícilmente se decidirán a reemprender, las generaciones actuales, la apertura de estos locales; no se prestan a invertir tiempo y dinero en empresas que no pueden funcionar con éxito.
El cambio a mejor va a ser más lento de lo que algunos pronosticaron. Solo una reforma muy profunda de las condiciones laborales y fiscales, podría activar esta revitalización rápida de los mercados, pero los políticos no parecen animados a correr ese riesgo.
En todo caso la esperanza recae en las iniciativas familiares que, ante el paro crónico que impide la colocación de sus vástagos, solo tienen dos caminos: el de la emigración o montar una pequeña empresa en la que dar trabajo a los suyos.
Desde algunos partidos políticos, se han ideado reformas para incentivar este tipo de empresas autónomas. La intención es buena, pero de vuelo corto.
Esta es la realidad de nuestros días: el desánimo empresarial es de tal calibre, que resulta dudoso el cambio en favor de nuevas inversiones.
No lo negamos: los políticos están queriendo facilitar ese camino, pero tampoco pueden aventurarse con grandes promesas, entre otras razones porque los medios financieros nacionales están muy limitados y la amenaza de una mayor presión tributaria no la puede eludir ninguno de los partidos con probabilidades de gobernar España.
Los políticos, en circunstancias como las que sufrimos en este País, no aciertan a dar golpe de efecto. En el año que vence, con un gobierno en funciones, las cosas no fueron tan mal; pero es de temer que no sucederá lo mismo ahora que "los opositores" ya tienen al chivo expiatorio en el altar del sacrificio.
Esto es un freno. Los autónomos son los primeros en detectarlo.
.
El cambio a mejor va a ser más lento de lo que algunos pronosticaron. Solo una reforma muy profunda de las condiciones laborales y fiscales, podría activar esta revitalización rápida de los mercados, pero los políticos no parecen animados a correr ese riesgo.
En todo caso la esperanza recae en las iniciativas familiares que, ante el paro crónico que impide la colocación de sus vástagos, solo tienen dos caminos: el de la emigración o montar una pequeña empresa en la que dar trabajo a los suyos.
Desde algunos partidos políticos, se han ideado reformas para incentivar este tipo de empresas autónomas. La intención es buena, pero de vuelo corto.
Esta es la realidad de nuestros días: el desánimo empresarial es de tal calibre, que resulta dudoso el cambio en favor de nuevas inversiones.
No lo negamos: los políticos están queriendo facilitar ese camino, pero tampoco pueden aventurarse con grandes promesas, entre otras razones porque los medios financieros nacionales están muy limitados y la amenaza de una mayor presión tributaria no la puede eludir ninguno de los partidos con probabilidades de gobernar España.
Los políticos, en circunstancias como las que sufrimos en este País, no aciertan a dar golpe de efecto. En el año que vence, con un gobierno en funciones, las cosas no fueron tan mal; pero es de temer que no sucederá lo mismo ahora que "los opositores" ya tienen al chivo expiatorio en el altar del sacrificio.
Esto es un freno. Los autónomos son los primeros en detectarlo.
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viernes, 11 de noviembre de 2016
EL MIEDO A TIEMPOS PEORES
Démonos por engañados si llegamos a creer que mejorarán nuestras condiciones de vida con fórmulas ya superadas por las generaciones que nos precedieron en sus andanzas por este pícaro mundo. Hablo de fórmulas; no de valores.
La sobriedad, admitida como valor humano si se mantiene por convicción -no por narices-, suelen practicarla un contado número de personas y no les va mal; sin embargo, cuando la sufren muchos mortales como deber impuesto, no les va bien; sobre todo si conduce a que sean muchos los obligados a llevar una vida miserable.
Voy a fijarme en un sector, el sanitario, que -como a tantos enfermos crónicos- me afecta personalmente. Cuando acudo a los centros de salud, tomo nota mental del despliegue que se organiza para atender a miles de enfermos y los medios puestos en juego para vencer a la muerte. Nunca lo habría pensado. Llego a esta conclusión: esto solo lo resiste un pueblo donde la iniciativa privada funciona y soporta una gran presión tributaria; porque esto se paga y si no se hunde.Tan pronto como cualquier golpe de fortuna nos conduzca a una prolongada crisis económica, la decadencia del sistema sanitario es inevitable. Diría, con dolor, que no puede resultarnos extraño que llegue a legalizarse el suicidio para evitar gastos que serían calificados de inútiles.
Hay una solución básica si se rodea de otras complementarias. Y ésto ¿qué supondría? Nada menos que cambiar el estilo de vida de millones de personas. Supone prestar mucha más atención a la medicina preventiva que a la curativa; nos llevaría a orientar la educación de esas personas para combatir -porque la presión tributaria tiene sus límites- los excesos, los malos hábitos; es decir a ser sobrios por convicción, a llevar una vida muy ordenada, muy higiénica, muy sencilla, bordeando la austeridad.
Pero ha de tenerse en cuenta que los malos hábitos son de difícil desarraigo. "El alcohol es un veneno lento", pusieron en una pancarta, con ánimo educativo, en las cercanías de varias tabernas. Al poco apareció otro letrero con esa leyenda: "No tenemos ninguna prisa".
Uno quisiera ser optimista, asunto de difícil abordaje para un viejo precavido y muy gastado. "Esta oscura desbandada", como tituló Zunzunegui -tan olvidado- una de sus novelas, no acepta ciertos remedios.
La sobriedad, admitida como valor humano si se mantiene por convicción -no por narices-, suelen practicarla un contado número de personas y no les va mal; sin embargo, cuando la sufren muchos mortales como deber impuesto, no les va bien; sobre todo si conduce a que sean muchos los obligados a llevar una vida miserable.
Voy a fijarme en un sector, el sanitario, que -como a tantos enfermos crónicos- me afecta personalmente. Cuando acudo a los centros de salud, tomo nota mental del despliegue que se organiza para atender a miles de enfermos y los medios puestos en juego para vencer a la muerte. Nunca lo habría pensado. Llego a esta conclusión: esto solo lo resiste un pueblo donde la iniciativa privada funciona y soporta una gran presión tributaria; porque esto se paga y si no se hunde.Tan pronto como cualquier golpe de fortuna nos conduzca a una prolongada crisis económica, la decadencia del sistema sanitario es inevitable. Diría, con dolor, que no puede resultarnos extraño que llegue a legalizarse el suicidio para evitar gastos que serían calificados de inútiles.
Hay una solución básica si se rodea de otras complementarias. Y ésto ¿qué supondría? Nada menos que cambiar el estilo de vida de millones de personas. Supone prestar mucha más atención a la medicina preventiva que a la curativa; nos llevaría a orientar la educación de esas personas para combatir -porque la presión tributaria tiene sus límites- los excesos, los malos hábitos; es decir a ser sobrios por convicción, a llevar una vida muy ordenada, muy higiénica, muy sencilla, bordeando la austeridad.
Pero ha de tenerse en cuenta que los malos hábitos son de difícil desarraigo. "El alcohol es un veneno lento", pusieron en una pancarta, con ánimo educativo, en las cercanías de varias tabernas. Al poco apareció otro letrero con esa leyenda: "No tenemos ninguna prisa".
Uno quisiera ser optimista, asunto de difícil abordaje para un viejo precavido y muy gastado. "Esta oscura desbandada", como tituló Zunzunegui -tan olvidado- una de sus novelas, no acepta ciertos remedios.
jueves, 10 de noviembre de 2016
ELECCIONES EN USA Y SUS EFECTOS EN ESPAÑA
La prosa derramada, a cuenta de las elecciones en los EE.UU. norteamericanos y sus efectos sobre España, es arrolladora. Todo parece prematuro. Son necesarios más elementos de juicio para sacar conclusiones verosímiles.
Supongamos que se cumplen las promesas electorales y cortan el grifo migratorio que desde México surte de mano de obra barata a los EE.UU. ¿Quién nos asegura que una gran parte de esa corriente migratoria no se dirigirá a España y por esa vía al resto de la UE? ¿Cuánto tardarían las naciones europeas en implantar limitaciones legales a estas invasiones?
Es muy difícil medir las repercusiones de los cambios que se puedan producir, unos legales y otros nada pacíficos, en esta globalizada Tierra donde nos toca vivir.
Para empezar, España registra un indice de paro muy elevado y, si aumentara el número de emigrantes, el mercado laboral se vería más degradado por una sencilla razón: la que dimana de la ley de la oferta y la demanda; a más paro, peores salarios. Y por añadidura, crecería la repulsa contra la mano de obra extranjera. En el PaísVasco, donde los índices de paro están entre los más bajos de España, esta repulsa se detecta ya y se manifiesta con claridad con acentos raciales respecto a ciertos extranjeros, cuya creciente cifra se percibe de forma manifiesta en las calles de sus ciudades.
Hasta el momento los afectados no han sentido la necesidad de agruparse para defender lo que entienden son sus derechos; pero no hace falta ser muy perspicaz para deducir que suenan ya campanas que tocan a vìsperas. Solamente constato hechos; no los apruebo.
El problema, claro está, se anuncia solo. No hacen falta pregoneros. Lo malo de estos asuntos es que los políticos suelen ser los últimos en enterarse, o se hacen los sordos con marcada intención.
Esto explica, en parte, los resultados electorales de los EE.UU norteamericanos.
Supongamos que se cumplen las promesas electorales y cortan el grifo migratorio que desde México surte de mano de obra barata a los EE.UU. ¿Quién nos asegura que una gran parte de esa corriente migratoria no se dirigirá a España y por esa vía al resto de la UE? ¿Cuánto tardarían las naciones europeas en implantar limitaciones legales a estas invasiones?
Es muy difícil medir las repercusiones de los cambios que se puedan producir, unos legales y otros nada pacíficos, en esta globalizada Tierra donde nos toca vivir.
Para empezar, España registra un indice de paro muy elevado y, si aumentara el número de emigrantes, el mercado laboral se vería más degradado por una sencilla razón: la que dimana de la ley de la oferta y la demanda; a más paro, peores salarios. Y por añadidura, crecería la repulsa contra la mano de obra extranjera. En el PaísVasco, donde los índices de paro están entre los más bajos de España, esta repulsa se detecta ya y se manifiesta con claridad con acentos raciales respecto a ciertos extranjeros, cuya creciente cifra se percibe de forma manifiesta en las calles de sus ciudades.
Hasta el momento los afectados no han sentido la necesidad de agruparse para defender lo que entienden son sus derechos; pero no hace falta ser muy perspicaz para deducir que suenan ya campanas que tocan a vìsperas. Solamente constato hechos; no los apruebo.
El problema, claro está, se anuncia solo. No hacen falta pregoneros. Lo malo de estos asuntos es que los políticos suelen ser los últimos en enterarse, o se hacen los sordos con marcada intención.
Esto explica, en parte, los resultados electorales de los EE.UU norteamericanos.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
EL PRESTIGIO DE LOS POLÍTICOS
Para juzgar la valía de una persona llamada a ejercer una tarea difícil - curar a un enfermo, levantar un puente, juzgar a un presunto culpable, etc. - los invitados para opinar suelen tentarse hasta el forro de sus entretelas. Para juzgar a un político vale cualquiera: el primer mindundi que uno encuentre al volver la esquina.
Los abueletes que se vieron en vida sometidos a tratar a terceros por razones profesionales, para resolver compromisos delicados, se resisten a opinar sobre casos concretos: A quién confiarle un secreto, o tomarlo por testigo de una decisión delicada, o pedirle un préstamo o cosas parecidas.
Es muy difícil acertar...
Sin embargo, cuando se trata de juzgar a un político hasta el más tonto de la clase le pone nota. Por supuesto, sus adversarios, incluso los peor preparados, siempre están dispuestos a poner en ridículo y a crucificar a sus rivales. Y lo hacen en demérito propio: ¡Nada menos meritorio que derrotar a un lelo!
Confieso que pequé de osado al decir que Pedro Sánchez, ex-secretario general del PSOE, era un político inmaduro. Solo lo intuía, más por mis experiencias de vejestorio que por sapiencia ilustrada. Se delató Pedro Sánchez en varias ocasiones, que no hace al caso evocarlas, sin importarle la trascendencia de sus actos . Pero, curiosamente, las encuestas lo colocan -según el juicio de terceros consultados- muy por encima de Mariano Rajoy, cuando éste lo barría con sus silencios.
Algo están haciendo mal los expertos encuestadores. Parece cómo si pusieran mala nota, a propósito, a los llamados a ganar las elecciones. Ejemplo: las elecciones de USA
¡Blanco y en botella o en cartón laminado!
Los abueletes que se vieron en vida sometidos a tratar a terceros por razones profesionales, para resolver compromisos delicados, se resisten a opinar sobre casos concretos: A quién confiarle un secreto, o tomarlo por testigo de una decisión delicada, o pedirle un préstamo o cosas parecidas.
Es muy difícil acertar...
Sin embargo, cuando se trata de juzgar a un político hasta el más tonto de la clase le pone nota. Por supuesto, sus adversarios, incluso los peor preparados, siempre están dispuestos a poner en ridículo y a crucificar a sus rivales. Y lo hacen en demérito propio: ¡Nada menos meritorio que derrotar a un lelo!
Confieso que pequé de osado al decir que Pedro Sánchez, ex-secretario general del PSOE, era un político inmaduro. Solo lo intuía, más por mis experiencias de vejestorio que por sapiencia ilustrada. Se delató Pedro Sánchez en varias ocasiones, que no hace al caso evocarlas, sin importarle la trascendencia de sus actos . Pero, curiosamente, las encuestas lo colocan -según el juicio de terceros consultados- muy por encima de Mariano Rajoy, cuando éste lo barría con sus silencios.
Algo están haciendo mal los expertos encuestadores. Parece cómo si pusieran mala nota, a propósito, a los llamados a ganar las elecciones. Ejemplo: las elecciones de USA
¡Blanco y en botella o en cartón laminado!
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