A mí, que no he puesto mi fe en los cambios prometidos por los políticos y si creo en los generados por una constante y mejor formación de las personas, me preocupa la deriva del conjunto de España. Trato de valorar los hechos del día a día y cómo enfrentarse a ellos, y no veo a las generaciones actuales -en general- decididas a prepararse para dar un do de pecho. Para arriesgarse -por citar un caso- a crear puestos de trabajo de los que tan necesitados estamos.
Es más: los políticos se ofrecen para hacer el milagro como si tuvieran la varita mágica creadora de empleo. ¡Qué más quisieran! Al final, como remedio, recurren a subsidiar al necesitado hasta donde llegue el dinero. Y cuando se acabe, se acabó. ¡No hay más! El cambio, para millones de personas, se quedará reducido a esperar las migajas de la caridad o a la implantación de un poder totalitario donde el Estado se convierte en patrono. Todos pierden, menos los que se mantengan en el poder político
Para empezar, aquí donde resido -País Vasco- vamos viendo como dos partidos de ámbito estatal y constitucionalistas van paso a paso dejando de ser partidos de algún relieve dentro de su esfera de influencia. Eso sí, se comprueba que el hecho carece de importancia y se le espera como algo lógico y consecuente, dadas las circunstancias que vienen a coincidir con una radical pérdida de hegemonía del poder central.
El PP y el PSOE, de la vieja escuela, caen del árbol como peras maduras. Y no es así: caen porque el peral está secándose, ya que los responsables no supieron ver que necesitaba riego y abono, o sea nuevas ideas para resolver nuevos problemas.
La política ha de atender -a mi entender- tres puntos básicos muy sensibles e importantes: el social, el cultural y el territorial. Y al examinar esa tríada que demanda tarea, es fácil deducir si se le prestó la atención que se merece.
En consecuencia: estoy desilusionado. Verán:
Vámonos al sector social: si se examina la realidad que nos rodea, una mente lógica nos indica que no hay mejor bienestar personal que el conseguido por medio de un trabajo seguro y digno. La necesidad indica que las mocedades han de ser educadas en tres virtudes, por lo menos: formación profesional, iniciativa y constancia para emprender, trabajar y cooperar y sobriedad en la vida diaria. La educación del carácter ha de ir por delante del adoctrinamiento del signo que fuere. Y eso no sucede en nuestros días.
Por ahí empezaron a descuidarse los partidos tradicionales aludidos. ¡Ya veremos en qué terminan estas misas! No creo que los políticos nos obsequien con el rosco de pascuas.
miércoles, 25 de mayo de 2016
martes, 24 de mayo de 2016
¿QUIÉN MANDA EN ESPAÑA?
El gran fallo de los políticos, presuntos constitucionalistas, se advierte cuando, siendo aludidos, no responden a las acechanzas de los secesionistas tal y como de ellos se esperaba. España es, probablemente, el único país del planeta Tierra donde se manifiestan las multitudes, impunemente, contra el himno nacional con silbidos insultantes.
Esto sucede porque no tienen fe en la ley de leyes. Da la impresión de que la Constitución española es poco más que el reglamento de un gimnasio; no despierta entusiasmos. Por el contrario, los secesionismos han hecho doctrina, artículo de fe, de sus aspiraciones independentistas que se condensan en un catecismo: adoran sus símbolos patrióticos.
Los reglamentos sirven para andar por casa; los catecismos para ganarse el cielo. El ciudadano de buena fe, puesto a jugarse el futuro, no lo duda; cree que lo importante es el cielo.
Es cierto que la prosperidad y la abundancia tienen un efecto demoledor para el creyente, puesto que los afortunados, cuando las palpan, se inclinan por la buena vida, dejando para un segundo lugar otras aspiraciones. Las sociedades modernas y pujantes son hedonistas y esa práctica les aleja de la promesa celestial. Pero viven unidos.
En consecuencia, para mantener unido a un país en un sistema democrático, sólo hay dos vías: la de la fe o la del bienestar. Pero además, el poder central ha de ser hegemónico, es decir ha de gozar de supremacía cultural, económica y funcional en todo el territorio bajo su gobierno.
Cuando el poder central cede su hegemonía a poderes de rango inferior -caso de la España autonómica- surgen los secesionismos más pujantes cada día y, si detectan su fortaleza y la ejercen con audacia, no paran hasta conseguir la secesión..
España no tendrá remedio si el poder central no consigue ser hegemónico, dentro de una democracia auténtica, en tres sectores: el territorial, el social y el educativo.
La democracia es perfecta cuando el pueblo gobierna para el pueblo aunque sea por delegación El acierto está en seleccionar bien a los representantes de ese pueblo. Hay que ponerse de acuerdo, a sabiendas de que el sistema actual no responde al merecimiento de una mayoría de españoles. Por eso estamos en decadencia
Y la decadencia tiene consecuencias irremediables: entre ellas la pérdida de hegemonía del poder central. Buena prueba de ello: el Presidente del Gobierno de España está peor pagado que una mayoría de presidentes de los gobiernos autonómicos. O un Guardia Civil, peor que un Policía autonómico.
Así, esto nunca podrá funcionar. ¿Y hay algún político que piense en implantar este cambio?
Esto sucede porque no tienen fe en la ley de leyes. Da la impresión de que la Constitución española es poco más que el reglamento de un gimnasio; no despierta entusiasmos. Por el contrario, los secesionismos han hecho doctrina, artículo de fe, de sus aspiraciones independentistas que se condensan en un catecismo: adoran sus símbolos patrióticos.
Los reglamentos sirven para andar por casa; los catecismos para ganarse el cielo. El ciudadano de buena fe, puesto a jugarse el futuro, no lo duda; cree que lo importante es el cielo.
Es cierto que la prosperidad y la abundancia tienen un efecto demoledor para el creyente, puesto que los afortunados, cuando las palpan, se inclinan por la buena vida, dejando para un segundo lugar otras aspiraciones. Las sociedades modernas y pujantes son hedonistas y esa práctica les aleja de la promesa celestial. Pero viven unidos.
En consecuencia, para mantener unido a un país en un sistema democrático, sólo hay dos vías: la de la fe o la del bienestar. Pero además, el poder central ha de ser hegemónico, es decir ha de gozar de supremacía cultural, económica y funcional en todo el territorio bajo su gobierno.
Cuando el poder central cede su hegemonía a poderes de rango inferior -caso de la España autonómica- surgen los secesionismos más pujantes cada día y, si detectan su fortaleza y la ejercen con audacia, no paran hasta conseguir la secesión..
España no tendrá remedio si el poder central no consigue ser hegemónico, dentro de una democracia auténtica, en tres sectores: el territorial, el social y el educativo.
La democracia es perfecta cuando el pueblo gobierna para el pueblo aunque sea por delegación El acierto está en seleccionar bien a los representantes de ese pueblo. Hay que ponerse de acuerdo, a sabiendas de que el sistema actual no responde al merecimiento de una mayoría de españoles. Por eso estamos en decadencia
Y la decadencia tiene consecuencias irremediables: entre ellas la pérdida de hegemonía del poder central. Buena prueba de ello: el Presidente del Gobierno de España está peor pagado que una mayoría de presidentes de los gobiernos autonómicos. O un Guardia Civil, peor que un Policía autonómico.
Así, esto nunca podrá funcionar. ¿Y hay algún político que piense en implantar este cambio?
lunes, 23 de mayo de 2016
PRIMARIAS TRAMPOSAS
Los partidos políticos, desde el momento en que se proclaman partidarios de la democracia, tratan de guardar las formas en todas su actuaciones y siempre, siempre, un núcleo importante de su equipo dirigente cumple lealmente, en el fondo y en la forma, con los mandamientos democráticos.
Pero hay que advertir que para destacar en cualquier profesión, al protagonista se le exige talento, y, para probarlo, ha de superar numerosas pruebas que lo demuestren. Esto no pasa en la política. Triunfar entre políticos, es una aventura muy rentable para el que sube sin méritos y muy costosa para los contribuyentes que lo sufren. Lo malo es que el triunfador crea intereses y para defenderlos se crean escuadras sugerentes y combativas, capaces de vender la burra ciega llevándola bien acicalada de pueblo en pueblo, repitiendo siempre el mismo sonsonete como, por ejemplo, "España es una nación de naciones", algo que puede ser un desgracia en manos de un incompetente.
La exigencia de las primarias parte de este supuesto: los electores del futuro gobernante son tan listos que, por fuerza, elegirán al mejor. Falso de toda falsedad. Pueden remitirse a casos prácticos que demuestran todo lo contrario. En el PSOE se cuentan varios fracasos que sirven de ejemplo.
Gestionar y dirigir un partido político, capaz de asumir el gobierno de un país, es bastante más difícil que dirigir una orquesta. Y compruébenlo: el que dirige a unos músicos previamente seleccionados con rigor -si quiere que el conjunto funcione- es implacable, porque en ello va su prestigio; no le pasan ni una. En política, al revés, siempre hay quien echa un cable hasta al que más desafina. En el primer caso se impone el talento. En el segundo el compañerismo.
¿Se pueden elegir directores de orquesta mediante unas primarias? Sí, siempre que los elegibles
hayan demostrado antes su valía. El inútil, por mucho que lo elijan, seguirá siendo un inútil. Por eso el PSOE -y no por otra razón- seguirá bajando escalones. Pero hay muchos intereses por medio y nadie enmendará la plana a nadie. Tienen algo con lo que consolarse: No son los únicos.
Pero hay que advertir que para destacar en cualquier profesión, al protagonista se le exige talento, y, para probarlo, ha de superar numerosas pruebas que lo demuestren. Esto no pasa en la política. Triunfar entre políticos, es una aventura muy rentable para el que sube sin méritos y muy costosa para los contribuyentes que lo sufren. Lo malo es que el triunfador crea intereses y para defenderlos se crean escuadras sugerentes y combativas, capaces de vender la burra ciega llevándola bien acicalada de pueblo en pueblo, repitiendo siempre el mismo sonsonete como, por ejemplo, "España es una nación de naciones", algo que puede ser un desgracia en manos de un incompetente.
La exigencia de las primarias parte de este supuesto: los electores del futuro gobernante son tan listos que, por fuerza, elegirán al mejor. Falso de toda falsedad. Pueden remitirse a casos prácticos que demuestran todo lo contrario. En el PSOE se cuentan varios fracasos que sirven de ejemplo.
Gestionar y dirigir un partido político, capaz de asumir el gobierno de un país, es bastante más difícil que dirigir una orquesta. Y compruébenlo: el que dirige a unos músicos previamente seleccionados con rigor -si quiere que el conjunto funcione- es implacable, porque en ello va su prestigio; no le pasan ni una. En política, al revés, siempre hay quien echa un cable hasta al que más desafina. En el primer caso se impone el talento. En el segundo el compañerismo.
¿Se pueden elegir directores de orquesta mediante unas primarias? Sí, siempre que los elegibles
hayan demostrado antes su valía. El inútil, por mucho que lo elijan, seguirá siendo un inútil. Por eso el PSOE -y no por otra razón- seguirá bajando escalones. Pero hay muchos intereses por medio y nadie enmendará la plana a nadie. Tienen algo con lo que consolarse: No son los únicos.
sábado, 21 de mayo de 2016
EL HUMOR SECESIONISTA
Entre los catalanes secesionistas se cultiva el humor del colonialista, que consiste en ponerse lentes de aumento para ver las pajas en el ojo ajeno, y los prismáticos del revés cuando se trata de examinar las vigas en el propio.
Ellos prohíben que un comerciante en Cataluña se anuncie únicamente en castellano y multan al infractor para conseguir el efecto deseado, mientras se pasan por la entrepierna la libertad de expresión; y arman la marimorena cuando quieren manifestarse con banderas estrelladas, en pro del independentismo catalán, en una sonada final de fútbol española; se salen con la suya y aquí paz y después gloria.
Los susodichos secesionistas van consiguiendo que, -entre los gobernantes que no ven porque no miran, y algunos otros robaperas partidarios de la libre interpretación de las leyes- convivamos españoles de dos clases: los secesionistas más demócratas que Demócrito, del que dicen que se arrancó los ojos para no distraerse de sus obsesiones, y la tropa sin graduación que somos el resto de los mortales de España, no atraídos por la Cataluña prometida.
Llevar multitudinariamente una enseña o símbolo de una expresión política, como lo es la bandera estrellada, es una manifestación antiespañola; es una protesta colectiva de los secesionistas
contra los principios constitucionales.
Españoles de dos clases: los secesionistas -protegidos- y los constitucionalistas -ignorados-. No sé para que nos hacen perder el tiempo con tantas elecciones, si luego los llamados a dirigir nuestra patria, unos nos roban y a otros les importa la unidad de España lo que una higa.
No estamos dando alas a la libertad de expresión. Estamos dando refugio a una manifestación política antiespañola en el burladero de una competición deportiva puramente hispana.
Es como mearse con la capa puesta.
Ellos prohíben que un comerciante en Cataluña se anuncie únicamente en castellano y multan al infractor para conseguir el efecto deseado, mientras se pasan por la entrepierna la libertad de expresión; y arman la marimorena cuando quieren manifestarse con banderas estrelladas, en pro del independentismo catalán, en una sonada final de fútbol española; se salen con la suya y aquí paz y después gloria.
Los susodichos secesionistas van consiguiendo que, -entre los gobernantes que no ven porque no miran, y algunos otros robaperas partidarios de la libre interpretación de las leyes- convivamos españoles de dos clases: los secesionistas más demócratas que Demócrito, del que dicen que se arrancó los ojos para no distraerse de sus obsesiones, y la tropa sin graduación que somos el resto de los mortales de España, no atraídos por la Cataluña prometida.
Llevar multitudinariamente una enseña o símbolo de una expresión política, como lo es la bandera estrellada, es una manifestación antiespañola; es una protesta colectiva de los secesionistas
contra los principios constitucionales.
Españoles de dos clases: los secesionistas -protegidos- y los constitucionalistas -ignorados-. No sé para que nos hacen perder el tiempo con tantas elecciones, si luego los llamados a dirigir nuestra patria, unos nos roban y a otros les importa la unidad de España lo que una higa.
No estamos dando alas a la libertad de expresión. Estamos dando refugio a una manifestación política antiespañola en el burladero de una competición deportiva puramente hispana.
Es como mearse con la capa puesta.
viernes, 20 de mayo de 2016
SENTIMIENTO E INTELECTO
Cuando los políticos de la facilidad razonan sobre el desempleo y sobre los incentivos que pueden promover la creación de puestos de trabajo, manteniendo salarios dignos y otras constantes que encarecen los productos, están poniendo en juego un acto de justicia social que los ennoblece.
Puede decirse que los políticos piensan con el corazón, algo opuesto a las razones que manejan los emprendedores, a quienes no les cuadran los números. Las leyes del mercado son las que son y una simple alteración de los precios del petróleo, -controlados por unos pocos- puede hacer que se cierren millares de empresas en distintos países. Como consecuencia, los especuladores generan desempleo.
Prados Arrarte fue un prestigioso economista español que vivió exiliado tras la guerra civil y pudo regresar en la segunda mitad de los años cincuenta, cuando en España se proyectaba el llamado "Plan de desarrollo"; este Plan empezó por cargarse todo el entramado de la autarquía.
Recuerdo una conferencia de Prados Arrarte en Vitoria en la que demostró las ventajas que supondrían para España su ingreso en la Comunidad Europea, pero se detuvo, también, a examinar las desventajas: entre éstas, estaba el cierre de empresas fabriles subsistentes gracias a los bajos salarios vigentes en la España franquista, gracias a una estabilidad política añadida que garantizaba la permanencia de tal situación por años.
Pero si la situación cambiara, si los obreros lograran aumentos salariales propios de países avanzados, y contaran con organizaciones sindicales para defender sus demandas, las cosas cambiarían y terminarían por cerrarse o trasladarse a otros países con bajos salarios muchas empresas que, de otra forma, no podrían competir y menos si se abrían las fronteras al comercio libre de aranceles en beneficio de miles de empresas que habían sustituido la mano de obra por técnicas avanzadas; empresas que prosperaban gracias a ganarse clientes por la calidad y precios de sus productos fabricados con criterios vanguardistas.
Dado que España, ahora en nuestros días, está a medio camino en cuanto a modernidad, y que la estabilidad política sigue pendiente de un hilo, el intelecto dice: renovarse morir. Algo muy relacionado con la escuela y centros docentes, es decir con los razonamientos hilados desde el cerebro con las técnicas de los países más avanzados
Pero para la España del montón las ideas van por otro lado: todo es posible -piensan- si los políticos así lo disponen. Y ¡a vivir que son dos días! Por eso las fáciles promesas se abren paso. Hablan al sentimiento.
Luego viene el desengaño. Miren a Venezuela.
Puede decirse que los políticos piensan con el corazón, algo opuesto a las razones que manejan los emprendedores, a quienes no les cuadran los números. Las leyes del mercado son las que son y una simple alteración de los precios del petróleo, -controlados por unos pocos- puede hacer que se cierren millares de empresas en distintos países. Como consecuencia, los especuladores generan desempleo.
Prados Arrarte fue un prestigioso economista español que vivió exiliado tras la guerra civil y pudo regresar en la segunda mitad de los años cincuenta, cuando en España se proyectaba el llamado "Plan de desarrollo"; este Plan empezó por cargarse todo el entramado de la autarquía.
Recuerdo una conferencia de Prados Arrarte en Vitoria en la que demostró las ventajas que supondrían para España su ingreso en la Comunidad Europea, pero se detuvo, también, a examinar las desventajas: entre éstas, estaba el cierre de empresas fabriles subsistentes gracias a los bajos salarios vigentes en la España franquista, gracias a una estabilidad política añadida que garantizaba la permanencia de tal situación por años.
Pero si la situación cambiara, si los obreros lograran aumentos salariales propios de países avanzados, y contaran con organizaciones sindicales para defender sus demandas, las cosas cambiarían y terminarían por cerrarse o trasladarse a otros países con bajos salarios muchas empresas que, de otra forma, no podrían competir y menos si se abrían las fronteras al comercio libre de aranceles en beneficio de miles de empresas que habían sustituido la mano de obra por técnicas avanzadas; empresas que prosperaban gracias a ganarse clientes por la calidad y precios de sus productos fabricados con criterios vanguardistas.
Dado que España, ahora en nuestros días, está a medio camino en cuanto a modernidad, y que la estabilidad política sigue pendiente de un hilo, el intelecto dice: renovarse morir. Algo muy relacionado con la escuela y centros docentes, es decir con los razonamientos hilados desde el cerebro con las técnicas de los países más avanzados
Pero para la España del montón las ideas van por otro lado: todo es posible -piensan- si los políticos así lo disponen. Y ¡a vivir que son dos días! Por eso las fáciles promesas se abren paso. Hablan al sentimiento.
Luego viene el desengaño. Miren a Venezuela.
jueves, 19 de mayo de 2016
LOS CAMBIOS IGNORADOS
La escuela donde me inicié en la lectura de las primeras letras y en la cantata coral de las dos reglas (sumar y multiplicar), era un espacio libre de tabiques en el primer piso de una casa rural; unos setenta metros cuadrados que se alcanzaban por una escalera exterior, por cuyo pasamanos aprendimos a deslizarnos cuesta abajo, contra la voluntad del maestro asesorado por nuestras madres, que no ganaban para reponer petachos culeros en nuestros pantalones.
Era una escuela pública infradotada a la que en invierno acudíamos con un hato de leña para cargar la estufa. El maestro hizo con nosotros lo que pudo hasta que llegó la República, año de 1931.
Recuerdo que retiraron un librito de historia moderna, donde aparecía en huecograbado la fotografía de Alfonso XIII, Rey de España, y nos lo cambiaron por otro nuevo, ahora con la foto de don Niceto Alcalá Zamora, Presidente de la II República; y días más tarde descolgaron el Santo Cristo.
Al paso de los años, al recordar estos episodios, deduje que en la escuela se enseña, pero también se adoctrina. He sentido la curiosidad de someter este aserto a una comprobación sistemática y he visto que, además, los doctrinarios ni siquiera se molestan en disimular su postura: "rojo y amarillo, caca de chiquillo".
El artículo 27 de nuestra Constitución señala: "Todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza." Mentira. En España la libertad de enseñanza es "rara avis!" La mejor prueba está en lo debatidas que son las leyes que regulan esta materia. Cada autonomìa tiene su particular doctrina. Cada partido, aprovecha la enseñanza para labrar de paso su futuro.
¿Y los colegios privados? También tienen su doctrina pese a estar supeditados a cumplir requisitos limitativos, como consecuencia de las subvenciones oficiales que les permiten subsistir.
La evolución de la enseñanza en los países vanguardistas está dando un cambio notable que en España apenas si preocupa a las familias. No olvidemos los medios que hoy se han puesto en juego por quienes se preocupan por la enseñanza a distancia. Es un cambio que los políticos en mayoría ni lo huelen.
Pero todo se andará.
Era una escuela pública infradotada a la que en invierno acudíamos con un hato de leña para cargar la estufa. El maestro hizo con nosotros lo que pudo hasta que llegó la República, año de 1931.
Recuerdo que retiraron un librito de historia moderna, donde aparecía en huecograbado la fotografía de Alfonso XIII, Rey de España, y nos lo cambiaron por otro nuevo, ahora con la foto de don Niceto Alcalá Zamora, Presidente de la II República; y días más tarde descolgaron el Santo Cristo.
Al paso de los años, al recordar estos episodios, deduje que en la escuela se enseña, pero también se adoctrina. He sentido la curiosidad de someter este aserto a una comprobación sistemática y he visto que, además, los doctrinarios ni siquiera se molestan en disimular su postura: "rojo y amarillo, caca de chiquillo".
El artículo 27 de nuestra Constitución señala: "Todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza." Mentira. En España la libertad de enseñanza es "rara avis!" La mejor prueba está en lo debatidas que son las leyes que regulan esta materia. Cada autonomìa tiene su particular doctrina. Cada partido, aprovecha la enseñanza para labrar de paso su futuro.
¿Y los colegios privados? También tienen su doctrina pese a estar supeditados a cumplir requisitos limitativos, como consecuencia de las subvenciones oficiales que les permiten subsistir.
La evolución de la enseñanza en los países vanguardistas está dando un cambio notable que en España apenas si preocupa a las familias. No olvidemos los medios que hoy se han puesto en juego por quienes se preocupan por la enseñanza a distancia. Es un cambio que los políticos en mayoría ni lo huelen.
Pero todo se andará.
miércoles, 18 de mayo de 2016
ELLOS TAMBIÉN VOTAN
La literatura española recoge la existencia de un figurón, el "Tío Alhiguí", personaje carnavalesco que salía a las calles con su caña dotada de un largo sedal, a cuyo extremo libre enganchaba un higo seco. Desplegaba el aparejo y ponía el higo al alcance de los niños a los que animaba a comérselo: "al higuí, al higuí, con las manos no, con la boca sí". El fracaso estaba cantado porque el cañero alzaba el señuelo tirando del sedal cuando los invitados iban a zampárselo
El juego sólo funcionaba con niños hambrientos que no perdonaban la ocasión de satisfacer sus ansias, aunque fuera en pequeñas dosis, con un higo deshidratado.
Es tétrico recordar la escena. Hay que imaginarse un país lleno de pobreza para poder llamar la atención de la chiquillería; parece un episodio de novela picaresca, solo posible si se vive de cerca y con plenitud la hambruna de un amplio sector social.
Adviertan ésto: son muchos los políticos que en período electoral salen con su oferta a jugar al higuí con fabulosas promesas, más llamativas cuanto mayor es la penuria de los electores. Lo traigo a colación en estas fechas, por una razón: la poca sensibilidad social de algunos políticos respecto a la pobreza española de nuestros días.
Creer que la justicia social acabará con esa pobreza mediante la casi milagrosa creación de puestos de trabajo, es un desiderátum, un ideal difícilmente alcanzable. En una sociedad avanzada, donde el índice de vida se alarga mientras las familias se deshacen, los niños estorban, la droga lamina y las guerras expulsan; donde los desahuciados se quedan sin hogar y sin calor, los mejor preparados huyen de la iniciativa, del trabajo propio y de la sobriedad como estilo de vida; donde hay cada día más pobres y menos clases medias y aumenta el número de los que terminan por quedarse solos y desvalidos... En suma, donde la solución es caritativa y pobre, pero pierde en equidad y justicia, no todo es economía, ni hay para todos, de todo, ni valen las soluciones precisamente milagreras, por muy arropadas que estén con sucedáneos técnicos.
Hace falta educación cívica y ética, porque los desasistidos también votan. Sobre todo hay que saber distinguir el "cambio", tan prometido como idealizado, del alhiguí que se ofrece como solución de todos los males.
El juego sólo funcionaba con niños hambrientos que no perdonaban la ocasión de satisfacer sus ansias, aunque fuera en pequeñas dosis, con un higo deshidratado.
Es tétrico recordar la escena. Hay que imaginarse un país lleno de pobreza para poder llamar la atención de la chiquillería; parece un episodio de novela picaresca, solo posible si se vive de cerca y con plenitud la hambruna de un amplio sector social.
Adviertan ésto: son muchos los políticos que en período electoral salen con su oferta a jugar al higuí con fabulosas promesas, más llamativas cuanto mayor es la penuria de los electores. Lo traigo a colación en estas fechas, por una razón: la poca sensibilidad social de algunos políticos respecto a la pobreza española de nuestros días.
Creer que la justicia social acabará con esa pobreza mediante la casi milagrosa creación de puestos de trabajo, es un desiderátum, un ideal difícilmente alcanzable. En una sociedad avanzada, donde el índice de vida se alarga mientras las familias se deshacen, los niños estorban, la droga lamina y las guerras expulsan; donde los desahuciados se quedan sin hogar y sin calor, los mejor preparados huyen de la iniciativa, del trabajo propio y de la sobriedad como estilo de vida; donde hay cada día más pobres y menos clases medias y aumenta el número de los que terminan por quedarse solos y desvalidos... En suma, donde la solución es caritativa y pobre, pero pierde en equidad y justicia, no todo es economía, ni hay para todos, de todo, ni valen las soluciones precisamente milagreras, por muy arropadas que estén con sucedáneos técnicos.
Hace falta educación cívica y ética, porque los desasistidos también votan. Sobre todo hay que saber distinguir el "cambio", tan prometido como idealizado, del alhiguí que se ofrece como solución de todos los males.
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