Voy a fijarme en dos políticos señeros, es decir únicos, sin par; ambos de reciente aparición: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias dijo que nunca formaría parte de un gobierno si no fuera presidido por él. Y Pedro Sánchez dice que su entrega y sus sacrificios, para dotar de Gobierno al Reino de España y evitar una nueva convocatoria de elecciones, solo están motivados por un noble afán: el bienestar de los españoles; presidir ese Gobierno es algo secundario; lo importante es el programa.
La verdad es que los dos se despepitan por alcanzar el poder. A Iglesias no le importa ser Vicepresidente, siempre y cuando desde ese cargo controle un conjunto de ministerios punteros y algunas instituciones que son claves para la gobernanza de España. A Sánchez, le pierden sus intentos por fingir lo contrario de lo que resulta ser: un perdedor nato. Siente pavor ante la caída del PSOE que continuará tras una nueva llamada a las urnas. Por eso le urgen los apoyos de su adversario más directo: PODEMOS.
Casi todos los politólogos pronostican que una nueva convocatoria de elecciones, serviría para poco, ya que los resultados serán parecidos a los registrados y hoy todavía vigentes. Pero, en realidad, no se sabe qué pasará, porque cualquier acontecimiento puede influir de manera decisiva en el futuro. Sin embargo, el que más riesgos corre de perder escaños es el PSOE, en favor de PODEMOS. Mal asunto para los partidos constitucionalistas. Porque en realidad, con los resultados actuales, una mayoría muy cualificada no está pidiendo el cambio,-como sostiene P. Sánchez- sino la vigencia de la Constitución actual en la que caben reformas pactadas para dar estabilidad a la nación llamada España.
Este hecho no lo admite Pedro Sánchez y, antes de reconocerlo, prefiere negar la existencia del PP. No lo quiere ver, imagina que no existe y se mete a formar Gobierno teniendo que vender para ello el derecho de primogenitura que, además, no es suyo.
Vivimos en un mar revuelto, donde la mentira han de soportarla millones de españoles como si fueran tontos. Se equivocan quienes piensen tal cosa.
lunes, 28 de marzo de 2016
miércoles, 23 de marzo de 2016
CAUSA DE LOS GRANDES CAMBIOS
Si examinamos las circunstancias que concurren para generar los grandes cambios que en el mundo han sido, veremos por lo menos dos cosas: que pillaron desprevenidos a la inmensa mayoría de los seres humanos testigos del fenómeno y -como consecuencia- su respuesta estuvo incontrolada durante un tiempo, por lo que generó conductas muy diversas.
Un ejemplo, la invención de la imprenta que permitió la divulgación masiva de los textos escritos, cobró importancia a medida que progresaban las naciones cultas que terminaron por dominar a las menos cultas.
Naturalmente, nadie acusó a la imprenta de las injusticias surgidas como consecuencia de su aparición, porque era un instrumento y el hombre fue, y es, el responsable de su manejo o de su olvido.
Al fin los cambios siguen produciéndose por distintas causas. La vida de los pueblos -activos o pasivos- también cambia y los que antes asumieron el fenómeno promotor de ese cambio, antes lo dominaron y lo usaron en su provecho.
Tan importante como la imprenta, lo es en nuestros días el invento de las comunicaciones electrónicas. La divulgación informativa y la de opinión están al alcance de cientos de millones de personas que se multiplican cada año que pasa. Este gran cambio de nuestra era, influye de modo incomparable en todos nosotros, por activa por pasiva: la información da poder.
Las migraciones multitudinarias con el volúmen que hoy registran, son una de las consecuencias de este cambio. Si se producen con la fuerza y efectos nunca superados antes, es porque la comunicación electrónica ha creado estímulos o temores que se divulgan en horas y dan celeridad y masificación a las iniciativas que despierta, hasta hacer inútiles las líneas fronterizas.
Estamos viviendo tiempos de confusión y miedos. Pero no equivocarse. Los pueblos cultos seguirán dominando el cambio. Y no olvidarse: la cultura se acepta y funciona en la misma medida en que se acepte y funcione la escuela. No es cuestión que se resuelva por la vía legislativa que puede ayudar no entorpeciendo. Es una cuestión de hábitos asumidos por las familias. Téngase en cuenta que la escuela está también en internet como están los juegos para pasar el tiempo. Y nuestros niños están más tiempo -mucho mas- en el patio de recreo de internet que en sus aulas.
Son los pueblos cultos quienes seguirán dominando el cambio.
Un ejemplo, la invención de la imprenta que permitió la divulgación masiva de los textos escritos, cobró importancia a medida que progresaban las naciones cultas que terminaron por dominar a las menos cultas.
Naturalmente, nadie acusó a la imprenta de las injusticias surgidas como consecuencia de su aparición, porque era un instrumento y el hombre fue, y es, el responsable de su manejo o de su olvido.
Al fin los cambios siguen produciéndose por distintas causas. La vida de los pueblos -activos o pasivos- también cambia y los que antes asumieron el fenómeno promotor de ese cambio, antes lo dominaron y lo usaron en su provecho.
Tan importante como la imprenta, lo es en nuestros días el invento de las comunicaciones electrónicas. La divulgación informativa y la de opinión están al alcance de cientos de millones de personas que se multiplican cada año que pasa. Este gran cambio de nuestra era, influye de modo incomparable en todos nosotros, por activa por pasiva: la información da poder.
Las migraciones multitudinarias con el volúmen que hoy registran, son una de las consecuencias de este cambio. Si se producen con la fuerza y efectos nunca superados antes, es porque la comunicación electrónica ha creado estímulos o temores que se divulgan en horas y dan celeridad y masificación a las iniciativas que despierta, hasta hacer inútiles las líneas fronterizas.
Estamos viviendo tiempos de confusión y miedos. Pero no equivocarse. Los pueblos cultos seguirán dominando el cambio. Y no olvidarse: la cultura se acepta y funciona en la misma medida en que se acepte y funcione la escuela. No es cuestión que se resuelva por la vía legislativa que puede ayudar no entorpeciendo. Es una cuestión de hábitos asumidos por las familias. Téngase en cuenta que la escuela está también en internet como están los juegos para pasar el tiempo. Y nuestros niños están más tiempo -mucho mas- en el patio de recreo de internet que en sus aulas.
Son los pueblos cultos quienes seguirán dominando el cambio.
martes, 22 de marzo de 2016
¿ADÓNDE NOS QUIEREN LLEVAR?
En la Europa más o menos organizada en reinos desde el siglo XVI, los tres estamentos privilegiados sobremanera eran la Corona, la Nobleza y el Clero, dicho a grandes rasgos para no alargarnos en pormenores que están más que estudiados. Coinciden en denunciar esta situación distintas personalidades y al final la plebe -realmente perjudicada- se moviliza a finales del XVIII y desmonta el tinglado de la antigua farsa. Aparecen las naciones al calor de revueltas de signo liberal y con ellas el capitalismo, gran invento que favorecerá el crecimiento de la burguesía, nueva beneficiada, y de las masas proletarias perjudicadas.
Pasa el tiempo, evolucionan los países, las comunicaciones son más rápidas, corren las noticias, surgen nuevos pensadores, denuncian las injusticias que sufre el proletariado y cobran fuerza el comunismo y el marxismo allí donde triunfan las repúblicas democráticas populares; pero también aparecen los fascismos nacionalistas y entre unos y otros se hacen dueños del poder en varios países de Europa (siglo XX) y para perdurar idean los Estados totalitarios donde se aplica la doctrina de la igualdad que servirá de marco al paisaje de la pobreza, en beneficio del poder detentado por una clase jerarquizada, cuyo único propósito termina por ser el de perdurar en los puestos de mando.
La historia se repite con nuevos hombres y nuevas mentiras fruto de un parecido ideario, porque todo está inventado. Ahora, con esta amenaza presente en España, se despepita Don Pedro Sánchez para recomendarnos el cambio e imponerlo, en cuanto pueda, a rajatabla con tal de ser el amo, que es lo que busca. Pero se encuentra con un hueso difícil de roer: el neo comunista, camarada Pablo Iglesias que naturalmente -para eso está en la política- también quiere mandar. Lo dice por las buenas y en paz. Para alcanzar el poder que Pablo Iglesias ambiciona, ha pasado desde el insulto al PSOE y sus dignidades, calificadas despectivamente como "casta" maldita, hasta buscar alianzas con ellos para formar gobierno y convivir juntos hasta caerseles la baba. El caso es apalancar el triunfo.
¿Quién trae en su mochila el cambio que incluye el desplazamiento del adversario? ¿Iglesias? ¿Sánchez? ¿Los dos? ¿Ninguno? ¡Ya, lo están viendo! Se valen del descontento creado por los gobiernos que les precedieron (centro derecha y socialismo) a los que acusan de abusos deshonestos en la administración del Estado, lo que siendo cierto, puede olvidarse por un Pablo Iglesias enternecido siempre y cuando le garanticen el acceso al poder. Ahora, los socialistas ya no son "casta".
Sánchez tiene poco olfato pero es un buen tipo (por su físico). Iglesias magro de carnes, cumple en el probador y poco más, pero es listo (por su química) y le va a birlar el objeto de sus deseos a Sánchez.
Pero si esto sucediera, ¡ya lo verán!, ¿quienes van a pagar las consecuencias si no pudieran macharse a otro país? Los más débiles¡Y Sánchez, de apuntalador de esta posible ruina! ¡Los dioses ciegan a quienes quieren perder!, como dicen que dijo Eurípides.
Pasa el tiempo, evolucionan los países, las comunicaciones son más rápidas, corren las noticias, surgen nuevos pensadores, denuncian las injusticias que sufre el proletariado y cobran fuerza el comunismo y el marxismo allí donde triunfan las repúblicas democráticas populares; pero también aparecen los fascismos nacionalistas y entre unos y otros se hacen dueños del poder en varios países de Europa (siglo XX) y para perdurar idean los Estados totalitarios donde se aplica la doctrina de la igualdad que servirá de marco al paisaje de la pobreza, en beneficio del poder detentado por una clase jerarquizada, cuyo único propósito termina por ser el de perdurar en los puestos de mando.
La historia se repite con nuevos hombres y nuevas mentiras fruto de un parecido ideario, porque todo está inventado. Ahora, con esta amenaza presente en España, se despepita Don Pedro Sánchez para recomendarnos el cambio e imponerlo, en cuanto pueda, a rajatabla con tal de ser el amo, que es lo que busca. Pero se encuentra con un hueso difícil de roer: el neo comunista, camarada Pablo Iglesias que naturalmente -para eso está en la política- también quiere mandar. Lo dice por las buenas y en paz. Para alcanzar el poder que Pablo Iglesias ambiciona, ha pasado desde el insulto al PSOE y sus dignidades, calificadas despectivamente como "casta" maldita, hasta buscar alianzas con ellos para formar gobierno y convivir juntos hasta caerseles la baba. El caso es apalancar el triunfo.
¿Quién trae en su mochila el cambio que incluye el desplazamiento del adversario? ¿Iglesias? ¿Sánchez? ¿Los dos? ¿Ninguno? ¡Ya, lo están viendo! Se valen del descontento creado por los gobiernos que les precedieron (centro derecha y socialismo) a los que acusan de abusos deshonestos en la administración del Estado, lo que siendo cierto, puede olvidarse por un Pablo Iglesias enternecido siempre y cuando le garanticen el acceso al poder. Ahora, los socialistas ya no son "casta".
Sánchez tiene poco olfato pero es un buen tipo (por su físico). Iglesias magro de carnes, cumple en el probador y poco más, pero es listo (por su química) y le va a birlar el objeto de sus deseos a Sánchez.
Pero si esto sucediera, ¡ya lo verán!, ¿quienes van a pagar las consecuencias si no pudieran macharse a otro país? Los más débiles¡Y Sánchez, de apuntalador de esta posible ruina! ¡Los dioses ciegan a quienes quieren perder!, como dicen que dijo Eurípides.
lunes, 21 de marzo de 2016
VALORES DE LA DERECHA.
Cuando me refiero a la derecha, estoy aludiendo a la derecha sociológica y no a los políticos que la pastorean. Sé de sobra que gran parte de esa derecha se abstiene de votar o vota a otros por alejarse de los malos recuerdos generados por una corrupción inmerecida que sufren los electores.
Podría decirse que la derecha sociológica, ajena a este tinglado de venalidades y sobornos, ha perdido prestigio en medio de tardíos y muy guarnecidos actos de contrición y de una débil condena del deterioro causado.
Cabría argumentar que la corrupción estaba generalizada, también entre muchos demócratas de pacotilla que presumen de ser auténticos. Sería y es un pobre argumento que nunca aliviaría el daño causado. Y a estas alturas de lo sucedido la mancha es tan extensa y de consecuencias tal mal calculadas, que sólo una catarsis entendida como purificadora, seguida de un sincero arrepentimiento, podría mitigar y no del todo el mal causado.
Pero además, la derecha poíìtica tendría que reafirmar unos principios, unos valores, una doctrina que hoy está difusa en esos programas políticos donde se advierte, bajo pretextos varios -tal vez erróneamente- que la economía no está al servicio de la política, sino al revés.
Los valores familiares de quienes suelen votar a las derechas, pueden ser de signo conservador, pero no por ello se apartan de un comportamiento que tiene muy en cuenta, la justicia social, la unidad territorial de España y el empuje cultural de una sociedad estable e integrada.
Creo que las derechas sociológicas, por otros llamadas "centro" sin perder su carácter, tienen en España, esos tres sectores donde reafirmar y proteger estos valores: el social, el cultural y el territorial, por este orden. Precisamente tres valores conectados a una inmensa mayoría de familias que constituyen -si se hicieran bien las cosas- el común denominador de un amplio sector de votantes que, hoy por hoy, se inclinan hacia la izquierda con iniciativas mejor explicadas o más aceptables que las de una derecha carente de dotes didácticas.
Sin embargo les diré de nuevo: "No hagan caso; puede ser ensoñaciones de un visionario". Pero "eppur si muove", los votos se van hacia la izquierda ayudados por sedicentes secesionistas.
Ya hablaremos.
Cabría argumentar que la corrupción estaba generalizada, también entre muchos demócratas de pacotilla que presumen de ser auténticos. Sería y es un pobre argumento que nunca aliviaría el daño causado. Y a estas alturas de lo sucedido la mancha es tan extensa y de consecuencias tal mal calculadas, que sólo una catarsis entendida como purificadora, seguida de un sincero arrepentimiento, podría mitigar y no del todo el mal causado.
Pero además, la derecha poíìtica tendría que reafirmar unos principios, unos valores, una doctrina que hoy está difusa en esos programas políticos donde se advierte, bajo pretextos varios -tal vez erróneamente- que la economía no está al servicio de la política, sino al revés.
Los valores familiares de quienes suelen votar a las derechas, pueden ser de signo conservador, pero no por ello se apartan de un comportamiento que tiene muy en cuenta, la justicia social, la unidad territorial de España y el empuje cultural de una sociedad estable e integrada.
Creo que las derechas sociológicas, por otros llamadas "centro" sin perder su carácter, tienen en España, esos tres sectores donde reafirmar y proteger estos valores: el social, el cultural y el territorial, por este orden. Precisamente tres valores conectados a una inmensa mayoría de familias que constituyen -si se hicieran bien las cosas- el común denominador de un amplio sector de votantes que, hoy por hoy, se inclinan hacia la izquierda con iniciativas mejor explicadas o más aceptables que las de una derecha carente de dotes didácticas.
Sin embargo les diré de nuevo: "No hagan caso; puede ser ensoñaciones de un visionario". Pero "eppur si muove", los votos se van hacia la izquierda ayudados por sedicentes secesionistas.
Ya hablaremos.
sábado, 19 de marzo de 2016
LA DERECHA ESPAÑOLA AL PAIRO
Quedarse al pairo viene a significar, coloquialmente, que la embarcación está con las velas tendidas en sopesada quietud, sin avanzar, tal vez a la espera de sucesos, quizá y sin quizá previendo que los problemas los resuelve el tiempo. En la mar, puede ser; en la vida real con tierra de secano, rara vez sucede.
Les confieso -y pido perdón por publicar estas nimiedades que a nadie importan- que en las noches de insomnio que padezco, en vez de contar ovejas o preocuparme sobre cómo ganar el cielo, me sublevo y agarro unos cabreos soberanos al ver a una derecha sociológica trompicada y cuesta abajo, a punto de darse la morrada, por no saber sus líderes cómo se domina el temporal y por no poner en posición de firmes y con los bolsillos del revés a los de casa, (para ver que no se llevan nada); y me pongo malo por sufrir una dialéctica hiriente proyectada a chorros por sus adversarios, a la que se responde tarde y mal, tal vez para mantenernos precavidos sobre la utilidad de los colegios de pago.
La derecha española -con toda su historia a cuestas- puede y debe ser moderada, pero nunca hacer de punch ball de la colección unida de rivales. Ni siquiera en tiempos de la II República se vio algo parecido, porque daban leña, sí, pero tenían respuesta. Lo malo es que si no cambian las cosas, esta derecha sociológica dejará de votar y entonces se verá la valía del tiempo perdido. Pero no nos pongamos a llorar a destiempo.
La derecha tiene tres campos por explorar ante los que patina, no se sabe si por falta de sensibilidad o por carecer de cultura política propia. Esos tres sectores son: la promoción social en favor de las personas desasistidas; la promoción cultural no leguleya, sino eficaz, en favor de todos los que pongan voluntad de aprender; y la promoción autonómica, hasta liderarla desde la racionalidad, que no tiene nada que ver con los nacionalismos separatistas ni con las promesas federales socialistas.
La derecha rectora lleva años despreocupada de su doctrina. Vean su publicidad. Está a la defensiva. Nos anuncia: "Defendemos el crecimiento y el empleo" donde deberían proclamar: "Como partidarios de la justicia social, fomentamos el desarrollo y el empleo". No es lo mismo "defender" que "fomentar" ni el "crecimiento" que el "desarrollo".
Los valores cuentan, pero hay que saber narrarlos y dar ejemplo.
¡Ya sé! No hagan caso: son elucubraciones de un pobre visionario que además duerme muy poco. Pero la derecha española está al pairo.
Les confieso -y pido perdón por publicar estas nimiedades que a nadie importan- que en las noches de insomnio que padezco, en vez de contar ovejas o preocuparme sobre cómo ganar el cielo, me sublevo y agarro unos cabreos soberanos al ver a una derecha sociológica trompicada y cuesta abajo, a punto de darse la morrada, por no saber sus líderes cómo se domina el temporal y por no poner en posición de firmes y con los bolsillos del revés a los de casa, (para ver que no se llevan nada); y me pongo malo por sufrir una dialéctica hiriente proyectada a chorros por sus adversarios, a la que se responde tarde y mal, tal vez para mantenernos precavidos sobre la utilidad de los colegios de pago.
La derecha española -con toda su historia a cuestas- puede y debe ser moderada, pero nunca hacer de punch ball de la colección unida de rivales. Ni siquiera en tiempos de la II República se vio algo parecido, porque daban leña, sí, pero tenían respuesta. Lo malo es que si no cambian las cosas, esta derecha sociológica dejará de votar y entonces se verá la valía del tiempo perdido. Pero no nos pongamos a llorar a destiempo.
La derecha tiene tres campos por explorar ante los que patina, no se sabe si por falta de sensibilidad o por carecer de cultura política propia. Esos tres sectores son: la promoción social en favor de las personas desasistidas; la promoción cultural no leguleya, sino eficaz, en favor de todos los que pongan voluntad de aprender; y la promoción autonómica, hasta liderarla desde la racionalidad, que no tiene nada que ver con los nacionalismos separatistas ni con las promesas federales socialistas.
La derecha rectora lleva años despreocupada de su doctrina. Vean su publicidad. Está a la defensiva. Nos anuncia: "Defendemos el crecimiento y el empleo" donde deberían proclamar: "Como partidarios de la justicia social, fomentamos el desarrollo y el empleo". No es lo mismo "defender" que "fomentar" ni el "crecimiento" que el "desarrollo".
Los valores cuentan, pero hay que saber narrarlos y dar ejemplo.
¡Ya sé! No hagan caso: son elucubraciones de un pobre visionario que además duerme muy poco. Pero la derecha española está al pairo.
viernes, 18 de marzo de 2016
DESCONECTARSE DE ESPAÑA
Creo no estar equivocado si afirmo que los territorios autonómicos de España son desiguales. No entiendo que haya de dárseles el mismo tratamiento si lo que se pretende es su desarrollo y progreso en beneficio de sus habitantes y en suma de todos los españoles.
A veces surge la protesta de los olvidados. La sociedad turolense, por citar un caso, conoce de sobra las limitaciones de su provincia y su grito de "Teruel existe" es la más expresiva declaración que puede gritar una provincia olvidada.
Provincia por provincia las desigualdades existen y los factores que influyen en esas diferencias no interesan en las más ricas o mejor dotadas. Las provincias más pobres son, casi todas, las del interior peninsular y un criterio inspirado en un reparto equitativo y justo de competencias autonómicas, siempre debió de tener en cuenta este factor cuando estudió la promoción de un nuevo desarrollo descentralizado. Algo parecido podría decirse de algunos distritos de las gran des ciudades.
Esta realidad vigente es una prueba más de la insolidaridad entre españoles. Sus políticos ni se han tomado la molestia de reconocer y enumerar estas diferencias y mucho menos remediarlas. Ni los autores que diseñaron la estructura autonómica española, se detuvieron a pensar en darle racionalidad y equilibrio al sistema. Desde cada territorio, sus políticos, procuraron dotarse de competencias tratando de justificarlas con antecedentes históricos y diferencias lingüísticas (donde pudieron) como lo hicieron en el País Vasco y Cataluña, sin tener en cuenta que en estos dos territorios subyace, en parte, el viejo anhelo de desconectarse -según versión moderna- del resto de España.
¿Quién es capaz de deshacer, a estas alturas, tal maquinación? ¿Y cómo hacerlo? ¿O cómo dar racionalidad autonómica, justa y equitativa, a las gentes de España?
Ya hablaremos, pero antes... habrá que conocer bien la dimensión del problema, ahora que estamos en la Unión Europea.
A veces surge la protesta de los olvidados. La sociedad turolense, por citar un caso, conoce de sobra las limitaciones de su provincia y su grito de "Teruel existe" es la más expresiva declaración que puede gritar una provincia olvidada.
Provincia por provincia las desigualdades existen y los factores que influyen en esas diferencias no interesan en las más ricas o mejor dotadas. Las provincias más pobres son, casi todas, las del interior peninsular y un criterio inspirado en un reparto equitativo y justo de competencias autonómicas, siempre debió de tener en cuenta este factor cuando estudió la promoción de un nuevo desarrollo descentralizado. Algo parecido podría decirse de algunos distritos de las gran des ciudades.
Esta realidad vigente es una prueba más de la insolidaridad entre españoles. Sus políticos ni se han tomado la molestia de reconocer y enumerar estas diferencias y mucho menos remediarlas. Ni los autores que diseñaron la estructura autonómica española, se detuvieron a pensar en darle racionalidad y equilibrio al sistema. Desde cada territorio, sus políticos, procuraron dotarse de competencias tratando de justificarlas con antecedentes históricos y diferencias lingüísticas (donde pudieron) como lo hicieron en el País Vasco y Cataluña, sin tener en cuenta que en estos dos territorios subyace, en parte, el viejo anhelo de desconectarse -según versión moderna- del resto de España.
¿Quién es capaz de deshacer, a estas alturas, tal maquinación? ¿Y cómo hacerlo? ¿O cómo dar racionalidad autonómica, justa y equitativa, a las gentes de España?
Ya hablaremos, pero antes... habrá que conocer bien la dimensión del problema, ahora que estamos en la Unión Europea.
jueves, 17 de marzo de 2016
UNA DERECHA SIN RUMBO
Las observaciones que voy a formular, referidas a la derecha moderada española, (también llamada centro) no están en uso ni merecen gran estima entre los comentaristas políticos de nuestros días. La corrupción puede con todo y, hasta que no pasen las consecuencias del tsunami, será difícil que los pescadores mediáticos abandonen este caladero.
Da vergüenza confesar que uno es votante de la derecha, aun cuando -como sucede en España- no es porque haya dejado ser conservadora y moderada. Mucho peor: es timorata, camina cargada de remordimientos y de respetos humanos. Tiene sus razones para ser así pero, al final, si esto sucede no es porque le sobren principios nobles y con empuje de los que sentirse orgullosa. Los pocos que maneja los utiliza raramente.
Los dirigentes de la derecha creen de buena fe que todo se arregla siguiendo fielmente determinados axiomas económicos que sirvan para animar a los votantes; pero el sistema va decayendo y las promesas de un futuro esplendoroso acogido a teorías económicas que muy pocos entienden, van de capa caída, sobre todo si se exigen sacrificios como una mayor presión tributaria con la que cargan los de siempre.
La política ha de apoyarse en doctrinas acompasadas con nuestra forma de ser, con nuestra idiosincrasia, nuestra educación cívica.
La izquierda dice saber hacerlo. A la voz de "uníos hermanos proletarios", dicho con lemas puestos al día, concita a las masas a que les den el voto, porque ellos, los titulares de esa izquierda van por uvas en cuanto llegan al poder, si es preciso nacionalizando bancos para que no haya desahucios. Falsa promesa, que acaba cuando se agotan las reservas.
La derecha no tiene doctrina política y la que maneja, la económica, no llega a entusiasmar a sus posibles votantes, propensos al escepticismo.
Lo primero que ha de hacer la derecha es ponerse de acuerdo en unos fundamentos doctrinales, capaces de emocionar a las masas, para mantener un rumbo. Han de proclamarse en favor de una doctrina, con claridad, con valor, y hacerlo convencidos de estar en el buen camino.
¿Qué esto no se lleva? ¿No será que esa derecha no ha elegido su trayectoria y navega sin rumbo? Como anticipo les diré que da muchos más votos un buen rumbo que un buen caudillaje sometido a academicistas económicos.
Se puede demostrar repasando la historia.
Da vergüenza confesar que uno es votante de la derecha, aun cuando -como sucede en España- no es porque haya dejado ser conservadora y moderada. Mucho peor: es timorata, camina cargada de remordimientos y de respetos humanos. Tiene sus razones para ser así pero, al final, si esto sucede no es porque le sobren principios nobles y con empuje de los que sentirse orgullosa. Los pocos que maneja los utiliza raramente.
Los dirigentes de la derecha creen de buena fe que todo se arregla siguiendo fielmente determinados axiomas económicos que sirvan para animar a los votantes; pero el sistema va decayendo y las promesas de un futuro esplendoroso acogido a teorías económicas que muy pocos entienden, van de capa caída, sobre todo si se exigen sacrificios como una mayor presión tributaria con la que cargan los de siempre.
La política ha de apoyarse en doctrinas acompasadas con nuestra forma de ser, con nuestra idiosincrasia, nuestra educación cívica.
La izquierda dice saber hacerlo. A la voz de "uníos hermanos proletarios", dicho con lemas puestos al día, concita a las masas a que les den el voto, porque ellos, los titulares de esa izquierda van por uvas en cuanto llegan al poder, si es preciso nacionalizando bancos para que no haya desahucios. Falsa promesa, que acaba cuando se agotan las reservas.
La derecha no tiene doctrina política y la que maneja, la económica, no llega a entusiasmar a sus posibles votantes, propensos al escepticismo.
Lo primero que ha de hacer la derecha es ponerse de acuerdo en unos fundamentos doctrinales, capaces de emocionar a las masas, para mantener un rumbo. Han de proclamarse en favor de una doctrina, con claridad, con valor, y hacerlo convencidos de estar en el buen camino.
¿Qué esto no se lleva? ¿No será que esa derecha no ha elegido su trayectoria y navega sin rumbo? Como anticipo les diré que da muchos más votos un buen rumbo que un buen caudillaje sometido a academicistas económicos.
Se puede demostrar repasando la historia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)