viernes, 18 de marzo de 2016

DESCONECTARSE DE ESPAÑA

     Creo no estar equivocado si afirmo que los territorios autonómicos de  España son desiguales. No entiendo que haya de dárseles el mismo tratamiento  si lo que se pretende es su desarrollo y progreso en beneficio de sus habitantes y en suma de todos los españoles.
      A veces surge la protesta de los olvidados. La sociedad turolense, por citar un  caso, conoce de sobra las limitaciones de su provincia y su grito de  "Teruel existe" es la más expresiva declaración que puede gritar una provincia olvidada.
     Provincia por provincia las desigualdades existen y los factores que influyen en esas diferencias no interesan en las más ricas o mejor dotadas.  Las provincias más pobres  son, casi todas, las del interior peninsular y un criterio inspirado en un reparto equitativo y justo de competencias autonómicas, siempre debió de tener en cuenta este factor cuando estudió la promoción de un nuevo desarrollo descentralizado. Algo parecido podría decirse de algunos distritos de las gran des ciudades.
     Esta realidad vigente es una prueba más de la insolidaridad  entre españoles. Sus políticos ni se han tomado la molestia de reconocer y enumerar estas diferencias y mucho menos remediarlas. Ni los autores que diseñaron la estructura autonómica española, se detuvieron a pensar en darle racionalidad y equilibrio al sistema. Desde cada territorio, sus políticos, procuraron dotarse de competencias tratando de justificarlas con antecedentes históricos y diferencias lingüísticas (donde pudieron) como lo hicieron en el País  Vasco y Cataluña, sin tener en cuenta que en estos dos territorios subyace, en parte,  el viejo anhelo de desconectarse -según versión moderna- del resto de España.
     ¿Quién es capaz de deshacer, a estas alturas, tal  maquinación? ¿Y cómo hacerlo? ¿O cómo dar racionalidad autonómica, justa y equitativa, a  las gentes de España?
      Ya hablaremos, pero antes... habrá que conocer bien la dimensión del problema, ahora que estamos en la Unión Europea.    

     

jueves, 17 de marzo de 2016

UNA DERECHA SIN RUMBO

    Las observaciones que voy a formular, referidas a la derecha moderada española, (también llamada centro) no están en uso ni merecen gran estima entre los comentaristas políticos de nuestros días. La corrupción puede con todo y, hasta que no pasen las consecuencias del tsunami, será difícil que los pescadores mediáticos abandonen este caladero.
    Da vergüenza  confesar que uno es votante de la derecha, aun cuando -como sucede en España-  no es porque haya dejado ser conservadora y moderada. Mucho peor: es timorata,  camina cargada de remordimientos y de respetos humanos.  Tiene sus razones para ser así  pero,  al final, si  esto sucede no es porque  le sobren  principios nobles y con empuje de los que sentirse orgullosa. Los pocos que maneja los utiliza raramente.
     Los dirigentes de la derecha creen de buena fe que todo se arregla siguiendo fielmente determinados axiomas económicos que sirvan para animar a los votantes; pero el sistema va   decayendo y las promesas de un futuro esplendoroso acogido a teorías económicas que muy pocos entienden, van de capa caída, sobre todo si se exigen sacrificios como una mayor presión tributaria con la que cargan los de siempre.
     La política ha de apoyarse en doctrinas acompasadas con nuestra forma de ser, con nuestra idiosincrasia, nuestra educación cívica.
     La izquierda dice saber hacerlo. A la voz de "uníos hermanos proletarios", dicho  con lemas puestos al día, concita a las masas a que les den el voto, porque ellos, los titulares de esa izquierda van por uvas  en cuanto llegan al poder, si es preciso nacionalizando bancos  para que no  haya desahucios. Falsa promesa, que  acaba cuando se agotan las reservas.
     La derecha no tiene doctrina política y la que maneja, la económica, no llega a entusiasmar a sus posibles votantes, propensos al escepticismo.
     Lo primero que ha de hacer la derecha es ponerse de acuerdo en unos fundamentos doctrinales, capaces de emocionar a las masas, para mantener un rumbo. Han de proclamarse en favor de una doctrina, con claridad, con valor, y hacerlo convencidos de  estar en el buen camino.
     ¿Qué esto no se lleva? ¿No será que esa derecha no ha elegido su trayectoria y navega sin rumbo? Como anticipo les diré que da muchos más votos un buen rumbo que un buen  caudillaje  sometido a academicistas económicos.
      Se puede demostrar repasando la historia.

   

  

miércoles, 16 de marzo de 2016

UN VIAJE A CATALUÑA

     Considero -soy muy osado- que crece el número de  advertidos y convencidos de que el problema autonómico, a medida que se agrava, puede dar al traste con muchos proyectos que afectan al bienestar de los españoles; es decir, de los que hoy por hoy  tienen esta nacionalidad.
      En circunstancias difíciles, en plena transición, me tocó en suerte (sin mérito alguno por mi parte) defender el Concierto Económico de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, desde una posición moderada de derechas; y lo hice convencido de que este régimen concertado era una medida de positivos efectos para el bienestar de España (lo digo ahora, como  lo decía entonces en plena oleada terrorista) siempre que funcionara el principio de solidaridad entre los distintos territorios y entre todos los españoles.
     El principio de solidaridad quedó recogido en la Constitución española, pero nunca se pusieron  en juego los mecanismos que ofrecieran garantìas de que, en efecto, estaba legalizado pero vivo y,
por tanto, funcionaba con  seriedad sometido a  los poderes del Estado.(También las CC.AA. son Estado)
      En el día a día, la política autonómica se fue embarrando y lo  mismo servía para impartir una enseñanza  doctrinaria,  que para meterse en obras faraónicas o para corromperla en favor de un voto clientelar. Así funciona. Y naturalmente con ese ideario, la corrupción se generaliza y aquí nos tienes a media España, luchando  contra la otra media queriendo aparentar lo que no somos: demócratas.
      Viendo venir el  futuro y las reticencias puestas en juego por los más significados derechistas que ejercían el  poder central  al incumplir con su deber,  no es de extrañar que el nacionalismo, sobre todo en Cataluña y Vasconia, creciera en forma desorbitada.  Lo digo porque no es lo mismo -por ejemplo- legitimar que un Guardia Civil, en el País Vasco, haya de ganar un treinta por ciento menos que un Policìa Autónomo,  es un ejemplo de insolidaridad que da vergüenza a cualquiera que se sienta español. Les ahorro citar otros ejemplos: son  para llorar.
       Y mientras tanto, el jerife máximo del PSOE se nos  va a Cataluña a templar gaitas con los separatistas de este territorio que ya están poniendo en marcha su propia hacienda, y no pasa nada. ¿Por qué lo hacen?   ¿Por qué España les roba? Si es verdad -que puede serlo- es otro ejemplo de insolidaridad. Y si no es verdad -que puede no serlo- difundir la mentira también  es un acto  insolidario. ¿Por qué  no se hacen cuentas de una vez y con números en la mano se inicia un periodo solidario, equitativo y justo?
       Comprenderán que me considere en  público un fracasado de la política. Pero tengo razón: el principio de solidaridad no funciona. ¡Ya hablaremos!
   
   





   
     

martes, 15 de marzo de 2016

EL PODER Y LA GLORIA

      Se comenta  y comentará, en las esferas mediáticas, la nula relación  que mantiene el Secretario líder del PSOE con el Presidente del PP. Protagonista: Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy.
      Los dos se presentan como sacrificados personajes de la farándula política española,  ejercitantes desinteresados del poder -según su criterio-  lo cual no impide que  don Pedro le toque la paciencia  a don Mariano, sin tener en cuenta que la llave de salida del laberinto donde han metido al PSOE, puede estar en una alianza forjada entre ambos.
      Téngase en cuenta que el poder y la gloria son consustanciales con la vocación de todo político que se precie de serlo y que en principio, la lucha suele favorecer a terceros,  antes que a los contendientes
       Malo resulta para cualquiera no aceptar  esta realidad; y peor, aún, como en el caso que nos ocupa, que cada uno de los dos citados políticos no acabe de  cerciorarse de que es víctima de sus errores. Don Pedro repite hasta creérselo, que el resultado electoral demuestra pide un cambio. ¿Y eso qué significa? ¿Cambio para bien o para mal?
      En realidad, los electores quieren bienestar. Y quieren bienestar sin salirse de los dictados constitucionales. Eso  explica la lógica propuesta de Rajoy: una alianza y un gobierno de los res partidos que netamente defienden el sistema constitucional vigente, incluso para proponer toda suerte de cambios.
     Rodríguez Zapatero, cuya memoria es de difícil olvido, nos dejó al país sumido  en la crisis y al borde de la ruina: para unos porque se vieron sumidos en un mar de deudas  y para otros porque se quedaron a la luna de  Valencia, fenómeno también llamado desempleo, y con el piso a medio pagar. La pérdida de puesta de trabajos fue la consecuencia de una mala gestión gubernativa.
      Este es el cambio que urge: crear riqueza y para ello facilitar las iniciativas de quienes pueden promoverla con éxito.
      A punto de superar esa fase, no chinguemos a la peladita. Bien mirada, la única diferencia seria, existente entre los meritados políticos, radica en que Rajoy mantiene el poder sin gloria y Sánchez  ha de conformarse con la gloria, sin tocar poder.  Y ninguno de los dos está conforme.
      Ahora bien, el Sr, Sánchez recurre con demasiada facilidad a los sofismas para engañarnos y hacernos creer que el poder es suyo:  "Tengo más votos (131) que Rajoy (123)". Es como si una entidad bancaria nos prestara diez millones  de euros para montar un negocio y termináramos por adquirir un palacio con un  Ferrari en el garaje. Cuarenta y uno de esos votos  se los han prestado al PSOE (no al Sr. Sánchez) y eso no es tener, sino deber. Ese préstamo le obligan a renunciar a ciertas doctrinas socialistas y a doblegarse ante otras de signo liberal. Es un voto prestado que si no llegara a funcionar castigaría, en las próxima elecciones, a quien no supo sacar partido de ese crédito.
      Veremos en qué terminan esas misas, pero llego a intuir que  quien menos habla y promete
se llevará el gato al agua.

  

lunes, 14 de marzo de 2016

NO QUIEREN NUEVAS ELECCIONES

     Pasa el tiempo y  en España los partidos políticos no acaban de rematar la construcción de alianzas mayoritarias que puedan gobernar, sin riesgos de perder el poder por un voto de censura; y lo más inquietante: si el PP no entra a formar parte de Gobierno, nadie puede privarle de su mayoría absoluta en el Senado, competencia que, bien manejada, ralentizaría y hasta impediría algunas de las profundas reformas de las que anuncian sus adversarios.
     En suma, las nuevas elecciones dependen de que se acepte o no la propuesta del PP, y no  dejen de advertir que se está ofreciendo al PSOE (como partido y no a su Secretario General) la posibilidad de formar un Gobierno conjuntado (PP, PSOE y CIUDADANOS)  contando con  un programa que se basa en la búsqueda del bienestar de los españoles, con preferencia a la afirmación de valores ideológicos; la base de esta unión sería el ideario constitucional vigente, admitido por las tres fuerzas citadas.
     El propio Felipe González baraja esta posibilidad, en pie de igualdad con  la que también cita para ir  con PODEMOS, lo que nos indica que dentro del PSOE existe una corriente de opinión favorable al pacto constitucionalista,  que tiene en cuenta la historia reciente de otros acuerdos asumidos en situaciones críticas en las que los políticos supieron lo que era tragarse  un sapo en beneficio de la ciudadanía.
     Solo una oposición: la de un ambicioso político que antepone sus ansias   personales al beneficio que puede alcanzar a todo un pueblo.
     Pensemos: aún  puede prosperar la idea. Equivaldría a situarnos con la mayoría europea.

sábado, 12 de marzo de 2016

RÉGIMEN AUTONÓMICO EQUITATIVO

        El centro derecha y la derecha dura y pura españolas, están poco propicias a meter el diente  al que ahora llaman problema territorial  (la autodeterminación de las regiones), que históricamente se conoció bajo el epígrafe de "movimientos separatistas", ceñidos en España a  Vasconia y Cataluña, con posibilidades de extenderse a Galicia y ¡quién sabe!
         Para ser sinceros, en la guerra civil del 36, desde el bando nacional, se enfrentaron a dos problemas: el separatismo nacionalista y el marxismo revolucionario. Así como para combatir ideológicamente al marxismo se implantó al terminar la guerra, como sucedáneo,  el nacional sindicalismo,  el único recurso para enfrentarse a las patrias catalana y vasca, fue rearmar la patria España manteniéndola bajo un centralismo a rajatabla.
         Ganaron los mejor armados. Pero la lucha ideológica sentimental entre patriotismos regionales enfrentados al poder central, se mantuvo latente, fue ganando  vida durante la dictadura y estalló, al fin, cuando el régimen se vio debilitado, con una virulencia separatista muy superior a la social. Mientras la lucha social se limitó a refundar el sindicalismo horizontal frente al ya decaído sindicalismo vertical, los separatistas radicales hicieron su guerra, contra la España centralizada, bajo la figura del terrorismo.
         La lucha por la patria vasca, -y de rebote por la catalana-  se apoyó en la violencia de ETA y dígase lo que se quiera, el hecho es que el Gobierno democrático de España, presionado por esa guerra no declarada, tuvo que ceder en el sector autonómico como nunca se había pensado. Y los organismos competentes parieron un sistema de autonomías muy poco racional y por ende muy costoso, con el que ni se ha resuelto el problema ni se sienten satisfechos millones de personas. En suma: está cada día más enredada la solución del separatismo español.
        ¿Por qué? Estamos a mitad del camino. Unos, los separatistas, esperanzados con su independencia, se mantienen firmes y esta firmeza que les ha sido rentable,  les induce a seguir con su política y sus presiones, ahora dialécticas, hasta alcanzar el reconocimiento de nuevas pequeñas naciones soberanas. Otros, los  autonomistas,  queriendo poner remedio a una ruptura de España, tratan de  convencer a las mayorías  con los recursos de un federalismo "ad hoc", sin explicar en qué consiste;  lo ofrecen esperanzados, cuando en realidad es de  incierta y  difícil aplicación. Por fin, están los de siempre, los unionistas,  o sea quienes  defienden la igualdad centralista para todos  los españoles,  que desearían volver a épocas pasadas y el que no esté contento que pida la baja.
         Esa es la situación trazada a grandes rasgos. Son muchos los que empujan pero recuerdan a los bueyes del cura de Villalpando. Van ciegos a lo suyo y van sudando. Muy meritorio, aunque para una inmensa mayoría de  españoles, está ya siendo un mal negocio.
         Habría que tratar el problema  poniendo razones que pudieran triunfar sin herir los sentimientos particulares de los españoles de cada territorio. Y esta tarea parece que nadie la quiere iniciar. Ni el centralismo radical, ni las taifas autonómicas vigentes, ni el separatismo, son solución para ese viejo problema de la España insolidaria. ¿Por qué?
         Porque, en principio, son muy pocos, -por no decir nadie- los que admiten la existencia de  esa  insolidaridad. Se expresa de mil maneras. Hasta en los juegos deportivos.
         Para entrar en razón (y ser racionalmente justos) hay que partir de un análisis frío del problema. Se llega a una consecuencia: no valen parches ni lociones tópicas; hay que deducir la solución por otras vías. Y, por principio, la solución ha de ser equitativa. La actual no lo es. Por eso chirría.  Ya hablaremos.    







viernes, 11 de marzo de 2016

EL ASTUTO Y EL APUESTO EN LUCHA

         El astuto mandamás de PODEMOS y el apuesto secretario general del PSOE, con la ayuda de sus respectivos  compadres y distinguidos conmilitones, hicieron cálculos tras las últimas elecciones y llegaron a un misma conclusión: entre socialistas, podemitas,  comunistas y alguna ayuda marginal, tenemos, todos revueltos, más votos que el PP lleno de cuitas.
         Era verdad en términos contables. Y sin embargo la realidad, traducida en poder o no poder, estaba a favor del PP,  ya que con su mayoría absoluta en el Senado podía controlar cualquiera de las iniciativas de  cambio  ideadas por  sus adversarios. Por muchas vueltas que le dieran, lo más sustancial de sus promesas, podría verse aplazado..
        El  apuesto secretario  con sus denuestos, y el dubitativo y premioso presidente con sus cuitas, saltaron a la palestra: el primero para decir "aquí estoy yo, con un par"; confundía el valor con la temeridad, ya que habiendo perdido las elecciones y siendo el candidato socialista peor votado desde que se instauró la democracia, se sentía capaz de alzarse como mandamás del Reino sin reconocer sus limitaciones;  y el segundo para,  advertir al pretendiente:  "de eso nada, porque, aunque llegaras a presidir el Gobierno no ibas  a comerte una rosca".
       ¿Y qué  hace el astuto podemita que ya se postulaba como Vicepresidente de un futuro Gobierno izquierdoso de España?  Prepararse para mandar tras unas nuevas elecciones. Pasa por ser el amo de la corrala izquierdista; lleva la etiqueta, la marca de populista a la europea. Al socialismo imperante se le ofrece ese dilema: se deja  seducir  por los arbitrios puestos en juego por el podemita para alzarse con la Presidencia de un nuevo Gobierno podemizado,   o  se derechiza.
      Un panorama de película. "El apuesto y el zorro", con más espectadores que los "Ocho apellidos vascos".  ¡Y a qué precio! El apuesto no quiere soltar el queso y el astuto no tiene prisa porque espera alzarse con todo en unas pròximas elecciones.
        Siempre nos quedaría  el recurso de que el PSOE como partido,  se decidiera  por prepararse para unas nuevas elecciones y dejara de dar la matraca con su  frustrado matrimonio ciudadano. A no ser que se derechice para ir de la mano con el PP.
        Pero el PP -sin iniciativas con las que afirmar su vigencia- parece incardinado en el limbo de los justos y -la verdad-  en esa nube nadie se  prepara para ganar unas elecciones. ¿O creen que les bastará con reeditar un programa que ya nació muerto para el recorrido electoral  ya vencido?
       El PP bien se merece otra reflexión.      
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