Considero -soy muy osado- que crece el número de advertidos y convencidos de que el problema autonómico, a medida que se agrava, puede dar al traste con muchos proyectos que afectan al bienestar de los españoles; es decir, de los que hoy por hoy tienen esta nacionalidad.
En circunstancias difíciles, en plena transición, me tocó en suerte (sin mérito alguno por mi parte) defender el Concierto Económico de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, desde una posición moderada de derechas; y lo hice convencido de que este régimen concertado era una medida de positivos efectos para el bienestar de España (lo digo ahora, como lo decía entonces en plena oleada terrorista) siempre que funcionara el principio de solidaridad entre los distintos territorios y entre todos los españoles.
El principio de solidaridad quedó recogido en la Constitución española, pero nunca se pusieron en juego los mecanismos que ofrecieran garantìas de que, en efecto, estaba legalizado pero vivo y,
por tanto, funcionaba con seriedad sometido a los poderes del Estado.(También las CC.AA. son Estado)
En el día a día, la política autonómica se fue embarrando y lo mismo servía para impartir una enseñanza doctrinaria, que para meterse en obras faraónicas o para corromperla en favor de un voto clientelar. Así funciona. Y naturalmente con ese ideario, la corrupción se generaliza y aquí nos tienes a media España, luchando contra la otra media queriendo aparentar lo que no somos: demócratas.
Viendo venir el futuro y las reticencias puestas en juego por los más significados derechistas que ejercían el poder central al incumplir con su deber, no es de extrañar que el nacionalismo, sobre todo en Cataluña y Vasconia, creciera en forma desorbitada. Lo digo porque no es lo mismo -por ejemplo- legitimar que un Guardia Civil, en el País Vasco, haya de ganar un treinta por ciento menos que un Policìa Autónomo, es un ejemplo de insolidaridad que da vergüenza a cualquiera que se sienta español. Les ahorro citar otros ejemplos: son para llorar.
Y mientras tanto, el jerife máximo del PSOE se nos va a Cataluña a templar gaitas con los separatistas de este territorio que ya están poniendo en marcha su propia hacienda, y no pasa nada. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué España les roba? Si es verdad -que puede serlo- es otro ejemplo de insolidaridad. Y si no es verdad -que puede no serlo- difundir la mentira también es un acto insolidario. ¿Por qué no se hacen cuentas de una vez y con números en la mano se inicia un periodo solidario, equitativo y justo?
Comprenderán que me considere en público un fracasado de la política. Pero tengo razón: el principio de solidaridad no funciona. ¡Ya hablaremos!
miércoles, 16 de marzo de 2016
martes, 15 de marzo de 2016
EL PODER Y LA GLORIA
Se comenta y comentará, en las esferas mediáticas, la nula relación que mantiene el Secretario líder del PSOE con el Presidente del PP. Protagonista: Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy.
Los dos se presentan como sacrificados personajes de la farándula política española, ejercitantes desinteresados del poder -según su criterio- lo cual no impide que don Pedro le toque la paciencia a don Mariano, sin tener en cuenta que la llave de salida del laberinto donde han metido al PSOE, puede estar en una alianza forjada entre ambos.
Téngase en cuenta que el poder y la gloria son consustanciales con la vocación de todo político que se precie de serlo y que en principio, la lucha suele favorecer a terceros, antes que a los contendientes
Malo resulta para cualquiera no aceptar esta realidad; y peor, aún, como en el caso que nos ocupa, que cada uno de los dos citados políticos no acabe de cerciorarse de que es víctima de sus errores. Don Pedro repite hasta creérselo, que el resultado electoral demuestra pide un cambio. ¿Y eso qué significa? ¿Cambio para bien o para mal?
En realidad, los electores quieren bienestar. Y quieren bienestar sin salirse de los dictados constitucionales. Eso explica la lógica propuesta de Rajoy: una alianza y un gobierno de los res partidos que netamente defienden el sistema constitucional vigente, incluso para proponer toda suerte de cambios.
Rodríguez Zapatero, cuya memoria es de difícil olvido, nos dejó al país sumido en la crisis y al borde de la ruina: para unos porque se vieron sumidos en un mar de deudas y para otros porque se quedaron a la luna de Valencia, fenómeno también llamado desempleo, y con el piso a medio pagar. La pérdida de puesta de trabajos fue la consecuencia de una mala gestión gubernativa.
Este es el cambio que urge: crear riqueza y para ello facilitar las iniciativas de quienes pueden promoverla con éxito.
A punto de superar esa fase, no chinguemos a la peladita. Bien mirada, la única diferencia seria, existente entre los meritados políticos, radica en que Rajoy mantiene el poder sin gloria y Sánchez ha de conformarse con la gloria, sin tocar poder. Y ninguno de los dos está conforme.
Ahora bien, el Sr, Sánchez recurre con demasiada facilidad a los sofismas para engañarnos y hacernos creer que el poder es suyo: "Tengo más votos (131) que Rajoy (123)". Es como si una entidad bancaria nos prestara diez millones de euros para montar un negocio y termináramos por adquirir un palacio con un Ferrari en el garaje. Cuarenta y uno de esos votos se los han prestado al PSOE (no al Sr. Sánchez) y eso no es tener, sino deber. Ese préstamo le obligan a renunciar a ciertas doctrinas socialistas y a doblegarse ante otras de signo liberal. Es un voto prestado que si no llegara a funcionar castigaría, en las próxima elecciones, a quien no supo sacar partido de ese crédito.
Veremos en qué terminan esas misas, pero llego a intuir que quien menos habla y promete
se llevará el gato al agua.
Los dos se presentan como sacrificados personajes de la farándula política española, ejercitantes desinteresados del poder -según su criterio- lo cual no impide que don Pedro le toque la paciencia a don Mariano, sin tener en cuenta que la llave de salida del laberinto donde han metido al PSOE, puede estar en una alianza forjada entre ambos.
Téngase en cuenta que el poder y la gloria son consustanciales con la vocación de todo político que se precie de serlo y que en principio, la lucha suele favorecer a terceros, antes que a los contendientes
Malo resulta para cualquiera no aceptar esta realidad; y peor, aún, como en el caso que nos ocupa, que cada uno de los dos citados políticos no acabe de cerciorarse de que es víctima de sus errores. Don Pedro repite hasta creérselo, que el resultado electoral demuestra pide un cambio. ¿Y eso qué significa? ¿Cambio para bien o para mal?
En realidad, los electores quieren bienestar. Y quieren bienestar sin salirse de los dictados constitucionales. Eso explica la lógica propuesta de Rajoy: una alianza y un gobierno de los res partidos que netamente defienden el sistema constitucional vigente, incluso para proponer toda suerte de cambios.
Rodríguez Zapatero, cuya memoria es de difícil olvido, nos dejó al país sumido en la crisis y al borde de la ruina: para unos porque se vieron sumidos en un mar de deudas y para otros porque se quedaron a la luna de Valencia, fenómeno también llamado desempleo, y con el piso a medio pagar. La pérdida de puesta de trabajos fue la consecuencia de una mala gestión gubernativa.
Este es el cambio que urge: crear riqueza y para ello facilitar las iniciativas de quienes pueden promoverla con éxito.
A punto de superar esa fase, no chinguemos a la peladita. Bien mirada, la única diferencia seria, existente entre los meritados políticos, radica en que Rajoy mantiene el poder sin gloria y Sánchez ha de conformarse con la gloria, sin tocar poder. Y ninguno de los dos está conforme.
Ahora bien, el Sr, Sánchez recurre con demasiada facilidad a los sofismas para engañarnos y hacernos creer que el poder es suyo: "Tengo más votos (131) que Rajoy (123)". Es como si una entidad bancaria nos prestara diez millones de euros para montar un negocio y termináramos por adquirir un palacio con un Ferrari en el garaje. Cuarenta y uno de esos votos se los han prestado al PSOE (no al Sr. Sánchez) y eso no es tener, sino deber. Ese préstamo le obligan a renunciar a ciertas doctrinas socialistas y a doblegarse ante otras de signo liberal. Es un voto prestado que si no llegara a funcionar castigaría, en las próxima elecciones, a quien no supo sacar partido de ese crédito.
Veremos en qué terminan esas misas, pero llego a intuir que quien menos habla y promete
se llevará el gato al agua.
lunes, 14 de marzo de 2016
NO QUIEREN NUEVAS ELECCIONES
Pasa el tiempo y en España los partidos políticos no acaban de rematar la construcción de alianzas mayoritarias que puedan gobernar, sin riesgos de perder el poder por un voto de censura; y lo más inquietante: si el PP no entra a formar parte de Gobierno, nadie puede privarle de su mayoría absoluta en el Senado, competencia que, bien manejada, ralentizaría y hasta impediría algunas de las profundas reformas de las que anuncian sus adversarios.
En suma, las nuevas elecciones dependen de que se acepte o no la propuesta del PP, y no dejen de advertir que se está ofreciendo al PSOE (como partido y no a su Secretario General) la posibilidad de formar un Gobierno conjuntado (PP, PSOE y CIUDADANOS) contando con un programa que se basa en la búsqueda del bienestar de los españoles, con preferencia a la afirmación de valores ideológicos; la base de esta unión sería el ideario constitucional vigente, admitido por las tres fuerzas citadas.
El propio Felipe González baraja esta posibilidad, en pie de igualdad con la que también cita para ir con PODEMOS, lo que nos indica que dentro del PSOE existe una corriente de opinión favorable al pacto constitucionalista, que tiene en cuenta la historia reciente de otros acuerdos asumidos en situaciones críticas en las que los políticos supieron lo que era tragarse un sapo en beneficio de la ciudadanía.
Solo una oposición: la de un ambicioso político que antepone sus ansias personales al beneficio que puede alcanzar a todo un pueblo.
Pensemos: aún puede prosperar la idea. Equivaldría a situarnos con la mayoría europea.
En suma, las nuevas elecciones dependen de que se acepte o no la propuesta del PP, y no dejen de advertir que se está ofreciendo al PSOE (como partido y no a su Secretario General) la posibilidad de formar un Gobierno conjuntado (PP, PSOE y CIUDADANOS) contando con un programa que se basa en la búsqueda del bienestar de los españoles, con preferencia a la afirmación de valores ideológicos; la base de esta unión sería el ideario constitucional vigente, admitido por las tres fuerzas citadas.
El propio Felipe González baraja esta posibilidad, en pie de igualdad con la que también cita para ir con PODEMOS, lo que nos indica que dentro del PSOE existe una corriente de opinión favorable al pacto constitucionalista, que tiene en cuenta la historia reciente de otros acuerdos asumidos en situaciones críticas en las que los políticos supieron lo que era tragarse un sapo en beneficio de la ciudadanía.
Solo una oposición: la de un ambicioso político que antepone sus ansias personales al beneficio que puede alcanzar a todo un pueblo.
Pensemos: aún puede prosperar la idea. Equivaldría a situarnos con la mayoría europea.
sábado, 12 de marzo de 2016
RÉGIMEN AUTONÓMICO EQUITATIVO
El centro derecha y la derecha dura y pura españolas, están poco propicias a meter el diente al que ahora llaman problema territorial (la autodeterminación de las regiones), que históricamente se conoció bajo el epígrafe de "movimientos separatistas", ceñidos en España a Vasconia y Cataluña, con posibilidades de extenderse a Galicia y ¡quién sabe!
Para ser sinceros, en la guerra civil del 36, desde el bando nacional, se enfrentaron a dos problemas: el separatismo nacionalista y el marxismo revolucionario. Así como para combatir ideológicamente al marxismo se implantó al terminar la guerra, como sucedáneo, el nacional sindicalismo, el único recurso para enfrentarse a las patrias catalana y vasca, fue rearmar la patria España manteniéndola bajo un centralismo a rajatabla.
Ganaron los mejor armados. Pero la lucha ideológica sentimental entre patriotismos regionales enfrentados al poder central, se mantuvo latente, fue ganando vida durante la dictadura y estalló, al fin, cuando el régimen se vio debilitado, con una virulencia separatista muy superior a la social. Mientras la lucha social se limitó a refundar el sindicalismo horizontal frente al ya decaído sindicalismo vertical, los separatistas radicales hicieron su guerra, contra la España centralizada, bajo la figura del terrorismo.
La lucha por la patria vasca, -y de rebote por la catalana- se apoyó en la violencia de ETA y dígase lo que se quiera, el hecho es que el Gobierno democrático de España, presionado por esa guerra no declarada, tuvo que ceder en el sector autonómico como nunca se había pensado. Y los organismos competentes parieron un sistema de autonomías muy poco racional y por ende muy costoso, con el que ni se ha resuelto el problema ni se sienten satisfechos millones de personas. En suma: está cada día más enredada la solución del separatismo español.
¿Por qué? Estamos a mitad del camino. Unos, los separatistas, esperanzados con su independencia, se mantienen firmes y esta firmeza que les ha sido rentable, les induce a seguir con su política y sus presiones, ahora dialécticas, hasta alcanzar el reconocimiento de nuevas pequeñas naciones soberanas. Otros, los autonomistas, queriendo poner remedio a una ruptura de España, tratan de convencer a las mayorías con los recursos de un federalismo "ad hoc", sin explicar en qué consiste; lo ofrecen esperanzados, cuando en realidad es de incierta y difícil aplicación. Por fin, están los de siempre, los unionistas, o sea quienes defienden la igualdad centralista para todos los españoles, que desearían volver a épocas pasadas y el que no esté contento que pida la baja.
Esa es la situación trazada a grandes rasgos. Son muchos los que empujan pero recuerdan a los bueyes del cura de Villalpando. Van ciegos a lo suyo y van sudando. Muy meritorio, aunque para una inmensa mayoría de españoles, está ya siendo un mal negocio.
Habría que tratar el problema poniendo razones que pudieran triunfar sin herir los sentimientos particulares de los españoles de cada territorio. Y esta tarea parece que nadie la quiere iniciar. Ni el centralismo radical, ni las taifas autonómicas vigentes, ni el separatismo, son solución para ese viejo problema de la España insolidaria. ¿Por qué?
Porque, en principio, son muy pocos, -por no decir nadie- los que admiten la existencia de esa insolidaridad. Se expresa de mil maneras. Hasta en los juegos deportivos.
Para entrar en razón (y ser racionalmente justos) hay que partir de un análisis frío del problema. Se llega a una consecuencia: no valen parches ni lociones tópicas; hay que deducir la solución por otras vías. Y, por principio, la solución ha de ser equitativa. La actual no lo es. Por eso chirría. Ya hablaremos.
Para ser sinceros, en la guerra civil del 36, desde el bando nacional, se enfrentaron a dos problemas: el separatismo nacionalista y el marxismo revolucionario. Así como para combatir ideológicamente al marxismo se implantó al terminar la guerra, como sucedáneo, el nacional sindicalismo, el único recurso para enfrentarse a las patrias catalana y vasca, fue rearmar la patria España manteniéndola bajo un centralismo a rajatabla.
Ganaron los mejor armados. Pero la lucha ideológica sentimental entre patriotismos regionales enfrentados al poder central, se mantuvo latente, fue ganando vida durante la dictadura y estalló, al fin, cuando el régimen se vio debilitado, con una virulencia separatista muy superior a la social. Mientras la lucha social se limitó a refundar el sindicalismo horizontal frente al ya decaído sindicalismo vertical, los separatistas radicales hicieron su guerra, contra la España centralizada, bajo la figura del terrorismo.
La lucha por la patria vasca, -y de rebote por la catalana- se apoyó en la violencia de ETA y dígase lo que se quiera, el hecho es que el Gobierno democrático de España, presionado por esa guerra no declarada, tuvo que ceder en el sector autonómico como nunca se había pensado. Y los organismos competentes parieron un sistema de autonomías muy poco racional y por ende muy costoso, con el que ni se ha resuelto el problema ni se sienten satisfechos millones de personas. En suma: está cada día más enredada la solución del separatismo español.
¿Por qué? Estamos a mitad del camino. Unos, los separatistas, esperanzados con su independencia, se mantienen firmes y esta firmeza que les ha sido rentable, les induce a seguir con su política y sus presiones, ahora dialécticas, hasta alcanzar el reconocimiento de nuevas pequeñas naciones soberanas. Otros, los autonomistas, queriendo poner remedio a una ruptura de España, tratan de convencer a las mayorías con los recursos de un federalismo "ad hoc", sin explicar en qué consiste; lo ofrecen esperanzados, cuando en realidad es de incierta y difícil aplicación. Por fin, están los de siempre, los unionistas, o sea quienes defienden la igualdad centralista para todos los españoles, que desearían volver a épocas pasadas y el que no esté contento que pida la baja.
Esa es la situación trazada a grandes rasgos. Son muchos los que empujan pero recuerdan a los bueyes del cura de Villalpando. Van ciegos a lo suyo y van sudando. Muy meritorio, aunque para una inmensa mayoría de españoles, está ya siendo un mal negocio.
Habría que tratar el problema poniendo razones que pudieran triunfar sin herir los sentimientos particulares de los españoles de cada territorio. Y esta tarea parece que nadie la quiere iniciar. Ni el centralismo radical, ni las taifas autonómicas vigentes, ni el separatismo, son solución para ese viejo problema de la España insolidaria. ¿Por qué?
Porque, en principio, son muy pocos, -por no decir nadie- los que admiten la existencia de esa insolidaridad. Se expresa de mil maneras. Hasta en los juegos deportivos.
Para entrar en razón (y ser racionalmente justos) hay que partir de un análisis frío del problema. Se llega a una consecuencia: no valen parches ni lociones tópicas; hay que deducir la solución por otras vías. Y, por principio, la solución ha de ser equitativa. La actual no lo es. Por eso chirría. Ya hablaremos.
viernes, 11 de marzo de 2016
EL ASTUTO Y EL APUESTO EN LUCHA
El astuto mandamás de PODEMOS y el apuesto secretario general del PSOE, con la ayuda de sus respectivos compadres y distinguidos conmilitones, hicieron cálculos tras las últimas elecciones y llegaron a un misma conclusión: entre socialistas, podemitas, comunistas y alguna ayuda marginal, tenemos, todos revueltos, más votos que el PP lleno de cuitas.
Era verdad en términos contables. Y sin embargo la realidad, traducida en poder o no poder, estaba a favor del PP, ya que con su mayoría absoluta en el Senado podía controlar cualquiera de las iniciativas de cambio ideadas por sus adversarios. Por muchas vueltas que le dieran, lo más sustancial de sus promesas, podría verse aplazado..
El apuesto secretario con sus denuestos, y el dubitativo y premioso presidente con sus cuitas, saltaron a la palestra: el primero para decir "aquí estoy yo, con un par"; confundía el valor con la temeridad, ya que habiendo perdido las elecciones y siendo el candidato socialista peor votado desde que se instauró la democracia, se sentía capaz de alzarse como mandamás del Reino sin reconocer sus limitaciones; y el segundo para, advertir al pretendiente: "de eso nada, porque, aunque llegaras a presidir el Gobierno no ibas a comerte una rosca".
¿Y qué hace el astuto podemita que ya se postulaba como Vicepresidente de un futuro Gobierno izquierdoso de España? Prepararse para mandar tras unas nuevas elecciones. Pasa por ser el amo de la corrala izquierdista; lleva la etiqueta, la marca de populista a la europea. Al socialismo imperante se le ofrece ese dilema: se deja seducir por los arbitrios puestos en juego por el podemita para alzarse con la Presidencia de un nuevo Gobierno podemizado, o se derechiza.
Un panorama de película. "El apuesto y el zorro", con más espectadores que los "Ocho apellidos vascos". ¡Y a qué precio! El apuesto no quiere soltar el queso y el astuto no tiene prisa porque espera alzarse con todo en unas pròximas elecciones.
Siempre nos quedaría el recurso de que el PSOE como partido, se decidiera por prepararse para unas nuevas elecciones y dejara de dar la matraca con su frustrado matrimonio ciudadano. A no ser que se derechice para ir de la mano con el PP.
Pero el PP -sin iniciativas con las que afirmar su vigencia- parece incardinado en el limbo de los justos y -la verdad- en esa nube nadie se prepara para ganar unas elecciones. ¿O creen que les bastará con reeditar un programa que ya nació muerto para el recorrido electoral ya vencido?
El PP bien se merece otra reflexión.
.
Era verdad en términos contables. Y sin embargo la realidad, traducida en poder o no poder, estaba a favor del PP, ya que con su mayoría absoluta en el Senado podía controlar cualquiera de las iniciativas de cambio ideadas por sus adversarios. Por muchas vueltas que le dieran, lo más sustancial de sus promesas, podría verse aplazado..
El apuesto secretario con sus denuestos, y el dubitativo y premioso presidente con sus cuitas, saltaron a la palestra: el primero para decir "aquí estoy yo, con un par"; confundía el valor con la temeridad, ya que habiendo perdido las elecciones y siendo el candidato socialista peor votado desde que se instauró la democracia, se sentía capaz de alzarse como mandamás del Reino sin reconocer sus limitaciones; y el segundo para, advertir al pretendiente: "de eso nada, porque, aunque llegaras a presidir el Gobierno no ibas a comerte una rosca".
¿Y qué hace el astuto podemita que ya se postulaba como Vicepresidente de un futuro Gobierno izquierdoso de España? Prepararse para mandar tras unas nuevas elecciones. Pasa por ser el amo de la corrala izquierdista; lleva la etiqueta, la marca de populista a la europea. Al socialismo imperante se le ofrece ese dilema: se deja seducir por los arbitrios puestos en juego por el podemita para alzarse con la Presidencia de un nuevo Gobierno podemizado, o se derechiza.
Un panorama de película. "El apuesto y el zorro", con más espectadores que los "Ocho apellidos vascos". ¡Y a qué precio! El apuesto no quiere soltar el queso y el astuto no tiene prisa porque espera alzarse con todo en unas pròximas elecciones.
Siempre nos quedaría el recurso de que el PSOE como partido, se decidiera por prepararse para unas nuevas elecciones y dejara de dar la matraca con su frustrado matrimonio ciudadano. A no ser que se derechice para ir de la mano con el PP.
Pero el PP -sin iniciativas con las que afirmar su vigencia- parece incardinado en el limbo de los justos y -la verdad- en esa nube nadie se prepara para ganar unas elecciones. ¿O creen que les bastará con reeditar un programa que ya nació muerto para el recorrido electoral ya vencido?
El PP bien se merece otra reflexión.
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jueves, 10 de marzo de 2016
EL INSULTO ENTRE POLÍTICOS
Lo pintoresco del caso es, en la lucha política planteada por los líderes del PSOE y de C`s contra el PP, que el ataque no va contra las tesis o el programa político que defiende este partido, sino contra las personas, contra el hombre, contra su Presidente, contra Mariano Rajoy. Ataque insultante con alevosía, sin riesgo para el que agrede de palabra.
Estamos ante un paradigmático argumento "ad hominem": como este señor no es mi tipo, que le den morcilla, por no mandarlo a un sitio peor. Al enemigo ni agua.
La democracia está basada en dos pilares fundamentales: el respeto máximo hacia la persona, cualquiera que sea su condición y circunstancias que la rodean, y el culto a la libertad para, sin faltar a ese respeto, poder afirmar o combatir las ideas que los políticos ponen en juego.
El día en que el Sr. Sánchez llamò "indecente" al Sr. Rajoy, estaba dando una coz a ese respeto personal y negando su pretendido comportamiento democrático. Otro tanto le sucede a quien tropieza en las mismas diatribas para solo ver defectos personales en la conducta de cualquier otro político.
Lo pintoresco es que no van contra la doctrina: van contra la persona, la descalifican, niegan sus capacidades, se la desprecia, se la condena. Al temido opositor se le llenan la fauces con el autoelogio comparativo: no somos como ése que está solo, que nadie le quiere, que va contra el cambio, que se desvive por el poder, que no atiende el servicio a los demás, que es indecente... Nosotros, -éste, áquel, yo- somos auténticos demócratas... ¿El poder? No nos afecta... Es cierto: si lo aceptamos es como un sacrificio al servicio de los demás. ¡Dios se lo pague, hermano! Pero... las huellas que van dejando no otorgan siquiera verosimilitud a sus promesas.
España, desde antes de la guerra civil está pidiendo tres cambios en tres sectores interinfluídos: el cultural educativo, el económico social y el territorial hoy autonómico. Y si algo ha cambiado nuestro país, ha sido, no gracias a sus políticos, sino pese a ellos. Ha sido el pueblo, o los pueblos que integran España, los que han sudado y se las han ingeniado para ir mejorando cada uno en el plano individual y así cambiar el país, eso sí, en perjuicio del paisaje.
¡Claro que han existido minorías con las cuales hemos sido poco y mal agradecidos! ¡Claro que hemos tenido algunos políticos excepcionales en general poco apreciados! ¿Y el resto? ¡Para qué hablar!
Sería una suerte y una bendición que esos políticos, sensibles, trabajaran para ponerse de acuerdo sin tanta verborrea, y para organizarse y organizarnos en una actividad constructiva.
Estamos ante un paradigmático argumento "ad hominem": como este señor no es mi tipo, que le den morcilla, por no mandarlo a un sitio peor. Al enemigo ni agua.
La democracia está basada en dos pilares fundamentales: el respeto máximo hacia la persona, cualquiera que sea su condición y circunstancias que la rodean, y el culto a la libertad para, sin faltar a ese respeto, poder afirmar o combatir las ideas que los políticos ponen en juego.
El día en que el Sr. Sánchez llamò "indecente" al Sr. Rajoy, estaba dando una coz a ese respeto personal y negando su pretendido comportamiento democrático. Otro tanto le sucede a quien tropieza en las mismas diatribas para solo ver defectos personales en la conducta de cualquier otro político.
Lo pintoresco es que no van contra la doctrina: van contra la persona, la descalifican, niegan sus capacidades, se la desprecia, se la condena. Al temido opositor se le llenan la fauces con el autoelogio comparativo: no somos como ése que está solo, que nadie le quiere, que va contra el cambio, que se desvive por el poder, que no atiende el servicio a los demás, que es indecente... Nosotros, -éste, áquel, yo- somos auténticos demócratas... ¿El poder? No nos afecta... Es cierto: si lo aceptamos es como un sacrificio al servicio de los demás. ¡Dios se lo pague, hermano! Pero... las huellas que van dejando no otorgan siquiera verosimilitud a sus promesas.
España, desde antes de la guerra civil está pidiendo tres cambios en tres sectores interinfluídos: el cultural educativo, el económico social y el territorial hoy autonómico. Y si algo ha cambiado nuestro país, ha sido, no gracias a sus políticos, sino pese a ellos. Ha sido el pueblo, o los pueblos que integran España, los que han sudado y se las han ingeniado para ir mejorando cada uno en el plano individual y así cambiar el país, eso sí, en perjuicio del paisaje.
¡Claro que han existido minorías con las cuales hemos sido poco y mal agradecidos! ¡Claro que hemos tenido algunos políticos excepcionales en general poco apreciados! ¿Y el resto? ¡Para qué hablar!
Sería una suerte y una bendición que esos políticos, sensibles, trabajaran para ponerse de acuerdo sin tanta verborrea, y para organizarse y organizarnos en una actividad constructiva.
miércoles, 9 de marzo de 2016
VIVIDORES DE LA POLÍTICA
Es para tener preparado el paracaídas ante el futuro que nos espera a los españoles, si los partidos no empiezan por marcarse una "línea roja" para seleccionar a sus candidatos, ante unas próximas elecciones, con criterios racionales y para que triunfe -en la gobernación del País- el sentido común. El mal de nuestra política es que ha de satisfacer el apetito de un excesivo número de vividores. Por ahí se cuelan los compadres de la corrupción, la carcoma capaz de llevar a la ruina a los partidos más fuertes y sólidamente constituidos; la carcoma que pudre las vigas maestras de un país, sin dejar huellas externas de la desgracia inminente.
Para un próximo votante, para un elector consciente de lo que ocurre, no es admisible que los representantes políticos de una cámara legislativa se apiñen para aplaudir el discurso de un orador de su cuerda, cuando con él se humilla sin necesidad a un adversario; sus aportaciones interesan siempre que contribuyan a resolver los innumerables problemas del país. El aplauso revanchista no conduce a nada constructivo.
En nuestra Constitución, los miembros de las Cortes Generales no están ligados por el voto imperativo. Si honestamente algún parlamentario no estuviera de acuerdo con lo preconizado por sus líderes, podría votar en contra. Nunca se hace, y tanta unanimidad resulta sospechosa. Si además, se mantiene la costumbre del palmeo imperativo, los protagonistas de ese despropòsito terminarán por convertir el hemiciclo en un "hemicirco". ¡En esas estamos! Ya hemos asistido, en las últimas semanas, a varias escenas circenses como la del beso en la boca y la del mamoncillo incluidas. No es bueno confundir el sentido del humor con burdas payasadas.
Es decir estamos en una asamblea donde los llamados a la templanza para hacer justicia, se entregan a la imprudencia del vituperio o a la adulación del aplauso, que son la más expresiva negación de la fortaleza.
Y así no hay quien se entienda. En suma, nos esperan nuevas elecciones, más gastos y pérdidas de un tiempo, muy necesario, éste, para que no se compliquen los problemas que más agobian a millones de españoles con el pretexto del cambio.
Para un próximo votante, para un elector consciente de lo que ocurre, no es admisible que los representantes políticos de una cámara legislativa se apiñen para aplaudir el discurso de un orador de su cuerda, cuando con él se humilla sin necesidad a un adversario; sus aportaciones interesan siempre que contribuyan a resolver los innumerables problemas del país. El aplauso revanchista no conduce a nada constructivo.
En nuestra Constitución, los miembros de las Cortes Generales no están ligados por el voto imperativo. Si honestamente algún parlamentario no estuviera de acuerdo con lo preconizado por sus líderes, podría votar en contra. Nunca se hace, y tanta unanimidad resulta sospechosa. Si además, se mantiene la costumbre del palmeo imperativo, los protagonistas de ese despropòsito terminarán por convertir el hemiciclo en un "hemicirco". ¡En esas estamos! Ya hemos asistido, en las últimas semanas, a varias escenas circenses como la del beso en la boca y la del mamoncillo incluidas. No es bueno confundir el sentido del humor con burdas payasadas.
Es decir estamos en una asamblea donde los llamados a la templanza para hacer justicia, se entregan a la imprudencia del vituperio o a la adulación del aplauso, que son la más expresiva negación de la fortaleza.
Y así no hay quien se entienda. En suma, nos esperan nuevas elecciones, más gastos y pérdidas de un tiempo, muy necesario, éste, para que no se compliquen los problemas que más agobian a millones de españoles con el pretexto del cambio.
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