Las elecciones de febrero de 1936 (cerca de ochenta años nos contemplan) me pillaron con trece años y las recuerdo por el apasionamiento puesto en juego por los partidos políticos que se disputaban el poder.
La figura más popular del PSOE, Largo Caballero, no anduvo con medias tintas: luchaba por la dictadura del proletariado y colocó a su conmilitón Indalecio Prieto en segundo lugar, por ser más moderado; probablemente su talento político le indicaba que tanto radicalismo no auguraba una solución pacífica a los problemas de España.
El más destacado político de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), Gil Robes, movilizaba a sus masas con discursos explosivos y, pese a conducirse democráticamente, era considerado por las izquierdas como un peligroso fascista.
En torno a estos dos ejes se polarizó la campaña electoral en pro de soluciones radicalizadas, unas en piña, bajo el manto del Frente Popular (las izquierdas), y otras en facciones divididas, supeditadas a la suficiencia personal de algunos de sus dirigentes (las derechas).
Tras de las elecciones se montó una singular contienda política entre las izquierdas victoriosas y las derechas derrotadas. Crecida la pasión, se desarrolló la mutua intolerancia a tiro limpio y otras lindezas; aquella política derivó en el asesinato de Calvo Sotelo que vino a convertirse en la señal de partida hacia una rebelión muy generalizada: así empezó la guerra civil.
No es el caso actual ni el pueblo español está para ruidos. Pero hay algunos factores en juego, coincidentes con los de 1936, que convendría superar de mutuo acuerdo: la crisis económica con un paro demoledor, el problema territorial planteado por los separatistas catalanes y una creciente pasión política alimentada por algunos políticos desaforados.
Creo que a todos nos conviene aplicar buenas dosis de moderación en los remedios que cada partido propone, sobre todo si se examinan los problemas desde una perspectiva de futuro. Ni la crisis va a superarse con fórmulas gastadas o con una caridad oficializada vía subsidios, ni los problemas territoriales se arreglan creando nuevas fronteras.
Hubo quien pedía en tiempos idos y razonablemente, aquello de la imaginación al poder. Lo malo del caso es que, en unas elecciones generales, como la próximas, cuando como nunca desde España debemos influir en la Unión Europea (soberanía compartida) y preocuparnos de lo bueno o malo que nos llega desde el exterior, sigamos dándole vueltas a problemas caseros que debieran resolverse entre todos con la mejor voluntad y no tirándose los trastos a degüello.
El último debate entre cuatro fué, en ese sentido, de una pobreza lastimosa. ¡Con la que está cayendo!
miércoles, 9 de diciembre de 2015
martes, 8 de diciembre de 2015
UN DEBATIDO DESENCUENTRO
El debate entre cuatro, celebrado bajo el paraguas de un grupo mediático el pasado día 7, ha sido un testimonio más del desencuentro político que han de padecer los españoles en años venideros. No obstante, aviso para navegantes, cada uno o puede sacar sus propias conclusiones. Las mías son:
Pedro Sánchez del PSOE. Su actuación, llena de gestos de suficiencia y tópica en la fraseología, puesto que se repite hasta la saciedad, resultó el menos convincente de los partícipes.
Pablo Iglesias, de PODEMOS, rapaz en la argumentación al tiempo que voluble, resultó ser el más demagogo del grupo, hasta formular promesas de imposible cumplimiento si seguimos perteneciendo a la Unión Europea.
Albert Ribera, de CIUDADANOS, dotado de una retórica angelical que vale para todo, ciscó sus discurso cuando no aclaró el juego de alianzas que se trae en beneficio de los suyos, aunque intente demostrar todo lo contrario.
Soraya Sáenz de Santamaría, del PP, bastante tuvo con repeler rabiosos y reiterados ataques por culpas pasadas que nunca cometió ni alentó y siempre condenó; fue la única voz que dió pruebas fehacientes de que su partido va cumpliendo las promesas que hizo antes de recibir la ruinosa herencia que le dejó el PSOE.
Los problemas esenciales de la sociedad española: el desarrollo contra el paro, el problema territorial de Cataluña, la enseñanza como solución de futuro, la desigualdad y la falta de equidad (dar a cada uno según sus méritos) se despacharon con cuatro desplantes de capa y alguna chicuelina, pero el toro volvió vivo a los corrales.
Mucho tiempo y gran formato para tana poca cosa. Felicitaciones a la organización; pitos a los diestros.
¡Otra vez será!
Pedro Sánchez del PSOE. Su actuación, llena de gestos de suficiencia y tópica en la fraseología, puesto que se repite hasta la saciedad, resultó el menos convincente de los partícipes.
Pablo Iglesias, de PODEMOS, rapaz en la argumentación al tiempo que voluble, resultó ser el más demagogo del grupo, hasta formular promesas de imposible cumplimiento si seguimos perteneciendo a la Unión Europea.
Albert Ribera, de CIUDADANOS, dotado de una retórica angelical que vale para todo, ciscó sus discurso cuando no aclaró el juego de alianzas que se trae en beneficio de los suyos, aunque intente demostrar todo lo contrario.
Soraya Sáenz de Santamaría, del PP, bastante tuvo con repeler rabiosos y reiterados ataques por culpas pasadas que nunca cometió ni alentó y siempre condenó; fue la única voz que dió pruebas fehacientes de que su partido va cumpliendo las promesas que hizo antes de recibir la ruinosa herencia que le dejó el PSOE.
Los problemas esenciales de la sociedad española: el desarrollo contra el paro, el problema territorial de Cataluña, la enseñanza como solución de futuro, la desigualdad y la falta de equidad (dar a cada uno según sus méritos) se despacharon con cuatro desplantes de capa y alguna chicuelina, pero el toro volvió vivo a los corrales.
Mucho tiempo y gran formato para tana poca cosa. Felicitaciones a la organización; pitos a los diestros.
¡Otra vez será!
lunes, 7 de diciembre de 2015
EL AZAR DEL CAMBIO
La convocatoria electoral del próximo día 20, puede llevarnos a situaciones imprevistas y hasta nostálgicas.
Imprevistas: porque cuatro partidos están en situación de recibir la inmensa mayoría de los votos que se depositen en las urnas. Y estos partidos, por fas o por nefas muy distanciados ideológicamente, están -según sean los resultados- en trance de forjar alianzas de conveniencia para repartirse el poder, en perjuicio del partido supuestamente más votado.
Nostálgicas: ya que, después de haber descalificado al bipartidismo como causa de todos los males padecidos por los españoles (separatistas incluidos), en el caso de producirse la tal alianza (más bien insospechado lío) recordarán melancólicos que los países más adelantados son bipartidistas, algo ya de por sí costoso.¡No les digo nada con tres o cuatro partidos repartiéndose el poder! ("Ha dicho el diputado, de parte del presidente, que le diga al empleado, que pague el contribuyente").
En España, desde que existieron reyes que dijeron con orgullo aquello de que "en su imperio no se ponía el sol", una mayoría de nativos (incluidos vascos y catalanes) émulos de sus caudillos generaron un movimiento filosófico según el cual la felicidad estaba muy ligada a vivir a lo grande tocándose las pelotas (dicho a la española para que se entienda).
No es de hoy, por tanto, sino que viene de tiempos pasados, que los tocapelotas busquen refugio en el terreno de los políticos de buena fe, que todavía quedan algunos.
¿Que ha pasado en España? Que las plantillas de los viejos partidos estaban llenas y al no haber vacantes, no han visto otra solución que fundar nuevos partidos.
Y en plena crisis, el sufrido contribuyente, en vez de pagar lo de dos, va a tener que correr con el gasto de cuatro.
¡En eso consiste el cambio!
Imprevistas: porque cuatro partidos están en situación de recibir la inmensa mayoría de los votos que se depositen en las urnas. Y estos partidos, por fas o por nefas muy distanciados ideológicamente, están -según sean los resultados- en trance de forjar alianzas de conveniencia para repartirse el poder, en perjuicio del partido supuestamente más votado.
Nostálgicas: ya que, después de haber descalificado al bipartidismo como causa de todos los males padecidos por los españoles (separatistas incluidos), en el caso de producirse la tal alianza (más bien insospechado lío) recordarán melancólicos que los países más adelantados son bipartidistas, algo ya de por sí costoso.¡No les digo nada con tres o cuatro partidos repartiéndose el poder! ("Ha dicho el diputado, de parte del presidente, que le diga al empleado, que pague el contribuyente").
En España, desde que existieron reyes que dijeron con orgullo aquello de que "en su imperio no se ponía el sol", una mayoría de nativos (incluidos vascos y catalanes) émulos de sus caudillos generaron un movimiento filosófico según el cual la felicidad estaba muy ligada a vivir a lo grande tocándose las pelotas (dicho a la española para que se entienda).
No es de hoy, por tanto, sino que viene de tiempos pasados, que los tocapelotas busquen refugio en el terreno de los políticos de buena fe, que todavía quedan algunos.
¿Que ha pasado en España? Que las plantillas de los viejos partidos estaban llenas y al no haber vacantes, no han visto otra solución que fundar nuevos partidos.
Y en plena crisis, el sufrido contribuyente, en vez de pagar lo de dos, va a tener que correr con el gasto de cuatro.
¡En eso consiste el cambio!
viernes, 4 de diciembre de 2015
POLÍTICA Y VIDA REAL
La última encuesta del CIS ha ofrecido un resultado sorpresivo. La mayor parte de los consultores (que dan su parecer en virtud de unos datos) han aceptado -no sin sorpresa- que el PP se haya mantenido firme y en cabeza, entre los sometidos al pronóstico, pese a la red de adversarios que le flagelaron (y aún lo hacen) sin miramientos, durante un periodo de crisis galopante.
Pero seamos prudentes: una encuesta no es una prueba; estamos ante un tanteo, un cálculo aproximado del comportamiento de los electores dentro de un par de semanas y, eso, en el mejor de los casos, no da seguridades. La previsión, en materia tan aleatoria como es la del comportamiento de una muchedumbre de votantes, puede alterarse fácilmente por una simple nevada: el frío y la humedad pueden alterar la proporción prevista de votantes y desbaratar todos los pronósticos.
Ahora bien, conocido el alto porcentaje de los indecisos (que van a votar pero no saben o no dicen a quién), estoy tentado a ofrecer mi particular pronóstico, invadiendo el espacio de vida real con un punto de fantasía. Parto de un hecho probable: muchos votantes del PP no confiesan su decisión ni así los aspen y se ponen, al ser consultados, en fase de "no saben o no contestan". Luego votan a los suyos. Por intuición -a riesgo de equivocarme- presiento que el PP va a recibir más votos de los previstos en las encuestas.
¿Por qué? Muy sencillo. Porque el PP es el que más garantías ofrece de no meterse en aventuras políticas experimentales. Ante tanto cambio como se anuncia, puede más en la práctica el sabio consejo de Iñigo de Loyola: "en tiempos de tribulación no hacer mudanza". O dicho de otra forma: el pueblo que más ha vivido experiencias políticas varias, va a votar al que menos riesgos ofrece de equivocarse. Tiene su lógica.
Pero seamos prudentes: una encuesta no es una prueba; estamos ante un tanteo, un cálculo aproximado del comportamiento de los electores dentro de un par de semanas y, eso, en el mejor de los casos, no da seguridades. La previsión, en materia tan aleatoria como es la del comportamiento de una muchedumbre de votantes, puede alterarse fácilmente por una simple nevada: el frío y la humedad pueden alterar la proporción prevista de votantes y desbaratar todos los pronósticos.
Ahora bien, conocido el alto porcentaje de los indecisos (que van a votar pero no saben o no dicen a quién), estoy tentado a ofrecer mi particular pronóstico, invadiendo el espacio de vida real con un punto de fantasía. Parto de un hecho probable: muchos votantes del PP no confiesan su decisión ni así los aspen y se ponen, al ser consultados, en fase de "no saben o no contestan". Luego votan a los suyos. Por intuición -a riesgo de equivocarme- presiento que el PP va a recibir más votos de los previstos en las encuestas.
¿Por qué? Muy sencillo. Porque el PP es el que más garantías ofrece de no meterse en aventuras políticas experimentales. Ante tanto cambio como se anuncia, puede más en la práctica el sabio consejo de Iñigo de Loyola: "en tiempos de tribulación no hacer mudanza". O dicho de otra forma: el pueblo que más ha vivido experiencias políticas varias, va a votar al que menos riesgos ofrece de equivocarse. Tiene su lógica.
jueves, 3 de diciembre de 2015
LA CORRUPCIÓN INTERPRETADA POR EL SR.SÁNCHEZ
Al menos en dos partidos políticos españoles, sus afiliados han tenido que padecer con vergüenza el hecho de convivir ideológicamente con auténticos ladrones, descuideros y chorizos de alta escuela: en el PSOE y en el PP.
Lo más recomendable, para los encuadrados en esas filas, sobre todo si aspiran a ocupar cargos de relieve, es no mentar la bicha en mítines y encuentros políticos, no sea que el tiro les salga por la culata.
El PSOE, desde que se implantó la democracia, ha pasado por la vergüenza de ver procesados y condenados a destacadas figuras conocidas por sus altos cargos por el simple delito de robar a pierna suelta. Estos sucesos no se olvidan fácilmente y han pasado a la historia de este partido.
Como tampoco se olvida , en otro orden de cosas, las altas cifras de paro y desempleo que padecimos durante el último mandato del PSOE con el Sr. Rodríguez Zapatero, Secretario General del partido que, batuta en mano, ejercía la Presidencia del Gobierno. Se llegaron a registrar mil cuatrocientos nuevos parados por día, cifra que no se olvida entre quienes padecieron esta plaga.
Ayer mismo, poco antes de escribir estas líneas, desde Canarias, el Secretario General del PSOE, don Pedro Sánchez, se ha desahogado citando al PP como partido distinguido en la creación de paro y dándole un sobresaliente "cum laude" en materia de corrupción por las actuaciones del Sr. Bárcenas.
Y es que al Sr. Sánchez, (como se ha constatado por millones de jubilados, que también votan, con tiempo suficiente para seguirle sus pasos), lo mismo le da adjudicar al PSOE la legalización del divorcio (obra de la UCD), que hablar por hablar del paro que imputa al PP el mismo día en que se da la cifra de creación de miles nuevos empleos.
No se da cuenta el Sr. Sánchez que muchos de estos jubilados (por millones) saben lo que cuesta un peine y van a decidir el resultado de las próximas elecciones. No han olvidado quién negó la crisis desde el PSOE, y quién la va superando desde el PP, pese al cerco que le han puesto los menos espabilados del convento. Cerco -por cierto- que según la sutileza de muchos socialistas listos, debió convertirse en una aproximación entre el PSOE y el PP para combatir ambos a dos, en buena compaña y por razones de Estado, tanto la corrupción desde dentro, como la crisis y especialmente el paro yendo juntos de la mano.
¡Que distinto sería hoy el panorama político si el PSOE y el PP hubieran ido de acuerdo en este par de asuntos, en vez de andar a mordiscos!
Malos los que le precedieron y peor aún el Sr. Sánchez, muy buena persona -es cierto- pero muy verde todavía para llegar a ser un político de altura. Ya está frotándose las manos el relevo que les han montado a los dos partidos mencionados, entre Ciudadanos y Podemos.
En política hay que saber escribir derecho con renglones torcidos.
Lo más recomendable, para los encuadrados en esas filas, sobre todo si aspiran a ocupar cargos de relieve, es no mentar la bicha en mítines y encuentros políticos, no sea que el tiro les salga por la culata.
El PSOE, desde que se implantó la democracia, ha pasado por la vergüenza de ver procesados y condenados a destacadas figuras conocidas por sus altos cargos por el simple delito de robar a pierna suelta. Estos sucesos no se olvidan fácilmente y han pasado a la historia de este partido.
Como tampoco se olvida , en otro orden de cosas, las altas cifras de paro y desempleo que padecimos durante el último mandato del PSOE con el Sr. Rodríguez Zapatero, Secretario General del partido que, batuta en mano, ejercía la Presidencia del Gobierno. Se llegaron a registrar mil cuatrocientos nuevos parados por día, cifra que no se olvida entre quienes padecieron esta plaga.
Ayer mismo, poco antes de escribir estas líneas, desde Canarias, el Secretario General del PSOE, don Pedro Sánchez, se ha desahogado citando al PP como partido distinguido en la creación de paro y dándole un sobresaliente "cum laude" en materia de corrupción por las actuaciones del Sr. Bárcenas.
Y es que al Sr. Sánchez, (como se ha constatado por millones de jubilados, que también votan, con tiempo suficiente para seguirle sus pasos), lo mismo le da adjudicar al PSOE la legalización del divorcio (obra de la UCD), que hablar por hablar del paro que imputa al PP el mismo día en que se da la cifra de creación de miles nuevos empleos.
No se da cuenta el Sr. Sánchez que muchos de estos jubilados (por millones) saben lo que cuesta un peine y van a decidir el resultado de las próximas elecciones. No han olvidado quién negó la crisis desde el PSOE, y quién la va superando desde el PP, pese al cerco que le han puesto los menos espabilados del convento. Cerco -por cierto- que según la sutileza de muchos socialistas listos, debió convertirse en una aproximación entre el PSOE y el PP para combatir ambos a dos, en buena compaña y por razones de Estado, tanto la corrupción desde dentro, como la crisis y especialmente el paro yendo juntos de la mano.
¡Que distinto sería hoy el panorama político si el PSOE y el PP hubieran ido de acuerdo en este par de asuntos, en vez de andar a mordiscos!
Malos los que le precedieron y peor aún el Sr. Sánchez, muy buena persona -es cierto- pero muy verde todavía para llegar a ser un político de altura. Ya está frotándose las manos el relevo que les han montado a los dos partidos mencionados, entre Ciudadanos y Podemos.
En política hay que saber escribir derecho con renglones torcidos.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
EL CICLÓN QUE ARRASÓ A UN PUEBLO
Durante el período de Gobierno del PSOE que precedió al actual, se desató en España un ciclón económico arrasador que se llevó por delante a miles de empresas. No es cosa de echar la culpa a nadie por tal desgracia, pero es indudable que el Sr. Rodríguez Zapatero, presidente del tal Gobierno, mal asesorado, negó reiteradamente la existencia del ciclón y, en consecuencia, no se molestó en poner remedios para paliar los efectos arrasadores del cataclismo.
Al producirse el cambio de Gobierno, los recién llegados toparon con una realidad más dura de la esperada y, conocida la dimensión del desastre, a fin de paliar sus efectos, donde habían prometido rosas tuvieron que colocar espinas; donde existieron edificios tuvieron que retirar escombros. Esta era la realidad de España. Desde la Europa unida, al Gobierno recién constituido, le dijeron: "si ustedes no lo arreglan, tendremos que hacerlo nosotros".
De cualquier forma, se trataba de reconstruir un pueblo con medios escasos y sacando los dineros del sufrido ciudadano llevando la cirugía al órgano más sensible al dolor: a su cartera. Con lo cual todos nos volvimos más pobres en medio de una nación a la deriva.
Y ¿de quién era la culpa? Los que fueron expulsados del poder, que no supieron gestionar cuando gobernaban, lo tenían claro: del nuevo Gobierno. Los recién llegados, también: de la herencia recibida.
Entonces se alzó la protesta en plena calle y se reprodujo la aparición del síndrome de "nuevos canes con los mismos collares" que dedujeron: la culpa es de los, otros, de la "casta". Tal fue la aclamación que de allí surgió una "nueva casta", llamada así por su rápida evolución para organizarse como partidos y poner en práctica las mismas habilidades de sus predecesores, aspirantes al mal llamado control del poder.
Dentro de poco, el día veinte de este mes, vamos a ver en España hasta donde han calado la verdad y mentira del ciclón conocido por "la crisis".
Luego se podrá deducir, también, hasta donde llega la credulidad de los españoles. Es lo bueno de las elecciones. Lo demás, es la parte más delicada por fea de toda democracia.
Al producirse el cambio de Gobierno, los recién llegados toparon con una realidad más dura de la esperada y, conocida la dimensión del desastre, a fin de paliar sus efectos, donde habían prometido rosas tuvieron que colocar espinas; donde existieron edificios tuvieron que retirar escombros. Esta era la realidad de España. Desde la Europa unida, al Gobierno recién constituido, le dijeron: "si ustedes no lo arreglan, tendremos que hacerlo nosotros".
De cualquier forma, se trataba de reconstruir un pueblo con medios escasos y sacando los dineros del sufrido ciudadano llevando la cirugía al órgano más sensible al dolor: a su cartera. Con lo cual todos nos volvimos más pobres en medio de una nación a la deriva.
Y ¿de quién era la culpa? Los que fueron expulsados del poder, que no supieron gestionar cuando gobernaban, lo tenían claro: del nuevo Gobierno. Los recién llegados, también: de la herencia recibida.
Entonces se alzó la protesta en plena calle y se reprodujo la aparición del síndrome de "nuevos canes con los mismos collares" que dedujeron: la culpa es de los, otros, de la "casta". Tal fue la aclamación que de allí surgió una "nueva casta", llamada así por su rápida evolución para organizarse como partidos y poner en práctica las mismas habilidades de sus predecesores, aspirantes al mal llamado control del poder.
Dentro de poco, el día veinte de este mes, vamos a ver en España hasta donde han calado la verdad y mentira del ciclón conocido por "la crisis".
Luego se podrá deducir, también, hasta donde llega la credulidad de los españoles. Es lo bueno de las elecciones. Lo demás, es la parte más delicada por fea de toda democracia.
martes, 1 de diciembre de 2015
LA CONSTITUCIÓN HERIDA DE MUERTE
Varios partidos políticos españoles piden y prometen luchar por una nueva Constitución con la que reorientar los destinos de España.
Como viejo experimentado, compruebo que no cumplimos los mandatos de la Constitución vigente. Y me pregunto: ¿qué más da una que otra? No es cosa de cambiar los textos legales, sino de educar a la ciudadanía -desde la más alta alcurnia hasta el olvidado mindundi- a respetar las leyes en general, y más las que merecieron la aprobación de las muchedumbres en referéndum.
"Han pasado muchos años", dirá más de uno. Cierto. Pero cada cuatro años se renueva el cuerpo legislativo y esa renovación lleva implícita, tanto para electores como elegibles, la conformidad con la ley de leyes, que en más de treinta años solo ha sido objeto de algún pequeño retoque.
Bien: ¿Tanto cuesta -ya que hablan de reforma- saber qué artículos y por qué se quieren reformar?
Desde un partido se nos dice: "Vamos a suprimir el fuero fiscal del que disfrutan los moradores del País Vasco y Navarra;el Concierto Económico es una injusticia" . "¿Y qué partido es ése?". "El del Sr. Rivera".
Esa es una obcecación política que demuestra que el "bla", "bla", de algunos políticos vestidos de seda, sigue siendo algo propio de los monos que no parar de mostrar su culo pelado. Si hay injusticia, no es a causa de la Constitución, sino de los que no la aplican. Y de esto se pueden escribir mil historias.
El Artículo 2º. constitucional reza: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones y la solidaridad entre todas ellas".
Siempre que una singularidad fiscal no lesione la solidaridad, a la que tienen derecho las demás nacionalidades y regiones, y consolide la unidad de la patria común de todos los españoles, ¿qué ventajas ve el Sr. Ribera y otros que les siguen en montar un cirio?
En España lo que está fallando es la solidaridad entre nacionalidades y regiones, es decir algo que mientras se pueda medir, también se puede corregir. Cuando algunos catalanes sostienen "España nos roba", el Gobierno debe indagar; debe poner en marcha el equipo de pesquisidores y probar, de forma indiscutible, si eso que dicen es verdad o es mentira, En el primer caso, para rectificar y resarcir a la vïctima de daños y perjuicios; en el segundo caso para que resplandezca la verdad en bien de todos.
Lo importante no es la ley; la desgracia viene cuando no se cumple. En ésas estamos. Pero ,los políticos, erre que erre, a lo suyo: a ganar poltronas con la gran promesa del "cambio" que siempre fue un buen señuelo. Pero "no es lo mismo predicar que dar trigo", según ya decían nuestros abuelos.
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