EL PROBLEMA AÑADIDO DE LAS MIGRACIONES.- Los problemas socio políticos tienen distintos orígenes: Unos se crean en las tertulias mediáticas, otros obedecen a intereses partidistas mal digeridos y, por fin, hay otros que nacen en las entrañas del pueblo soberano. Entre éstos está el descontento popular a cuenta de la inmigración, poco o nada controlada, que nos invade.
Son muchos, cada vez más, los que se quejan de esa invasión, a medida que crece por días el número de extranjeros que se refugian en Europa huyendo de sus pueblos de origen. Hasta el momento la Unión Europea no ha dictado una norma con la que encauzar la acogida de estas mesnadas en pie de fuga. Y parecer ser que urge la unión de esfuerzos que eviten la agravación del problema.
Los nacionalismos periféricos que desde finales del XIX y comienzos XX, protestaban contra la llegada de maquetos (en el País Vasco) y de murcianos (en Cataluña), están ahora callados ante la invasión de extraños llegados de muy diversos países; la pelota ha pasado a estar en el tejado de España. En más, en Cataluña y en el País Vasco se protege a, los llegados de fuera de España con un interés desusado respecto al que aplicaban a "murcianos" y "maquetos". ¡Qué paradoja!
En un país democrático todos los que residimos dentro de sus límites deberíamos tener aprendidos nuestros derechos y deberes, cosa que no sucede en la actualidad entre propios ni con extraños. Esto para empezar, porque luego convendría estudiar y debatir, si los derechos y deberes de un nativo, --.allí donde los suyos, durante generaciones y con su esfuerzo, vienen colaborando al crecimiento del país - y los de un recién llegado -que se lo encuentra todo hecho-, han de ser los mismos que los del pueblo que los acoge. (Digo estudiar y debatir, para proceder con lógica justa y duradera; no nos pasemos de la raya; luego vendrá el decidir).
La protesta de los ciudadanos que se sienten invadidos y desplazados por forasteros, está ahí en fase de crecimiento. Los políticos con olfato suelen prever la llegada del cambio. Salvo casos aislados, a sólo unos pocos de la superabundante familia de nuestros políticos, le da a la nariz que este asunto huele y que nos puede estallar en las manos. Los gobiernos parece no estar en onda.
El problema, con su valor añadido, lo tenemos encima para unirse a los ya existentes, que no son mancos.
martes, 25 de agosto de 2015
lunes, 24 de agosto de 2015
DIVAGACIONES DESDE VASCONIA XXXIII
LA INTOLERANCIA POLÍTICA.- A raíz de la Revolución Francesa, en la zona fronteriza española, empezaron a cobrar arraigo los primeros liberales vascos. Da la sensación de que los más destacados formaron parte de una corriente de "ilustrados" que, por su manera de proceder se proclamaron partidarios de la libertad, la igualdad y la fraternidad, primer paso -según viejas tradiciones- para seguir por la senda de la masonería.
Puede uno imaginarse que a los seguidores de la Compañía de Jesús, fundada por Iñigo de Loyola, -con votos de pobreza, obediencia y castidad y el muy singular de obediencia sumisa al Papa- les sonara la señal de alarma; el caso es que el enfrentamiento entre jesuitas y masones constituyó el ejemplo de intolerancia mutua más irrefrenable de los último siglos.
Es indudable que tal enfrentamiento ha perdido interés en la época actual; a una inmensa mayoría no les preocupa ni los unos ni los otros, en razón, muy posiblemente, a que ambos han perdido también poder. Pero la intolerancia, diversificada hoy sobre todo entre políticos, está presente sin remedio en nuestro País y se manifiesta a diario ante los hechos más insulsos. Esto sucede porque los tales personajes son en España más importantes de lo que les corresponde serlo; tienen demasiado poder. Y se les da demasiado relieve y protagonismo por los medios de divulgación.
Intolerancia, por cierto, mal aplicada, puesto que permite construir un aeropuerto -que cuesta un ojo de la cara- en un desierto, y no digiere que a un emigrante irregular se le exija tener en regla sus papeles para disfrutar de los mismos derechos que un nativo cuando cumple con los mismos deberes. ¡A nada que uno se descuide al partidario de la igualdad lo llaman racista!
La intolerancia en España creó escuela; y hasta podría resultar aceptable si no fuera porque permite la existencia de personajes que, como jinetes académicos, se las dan de tolerantes y viven de ello valiéndose de toda clase de artimañas entre las que incluyen la injuria.
¡A quién insulta sin decoro la Zapatones!
Puede uno imaginarse que a los seguidores de la Compañía de Jesús, fundada por Iñigo de Loyola, -con votos de pobreza, obediencia y castidad y el muy singular de obediencia sumisa al Papa- les sonara la señal de alarma; el caso es que el enfrentamiento entre jesuitas y masones constituyó el ejemplo de intolerancia mutua más irrefrenable de los último siglos.
Es indudable que tal enfrentamiento ha perdido interés en la época actual; a una inmensa mayoría no les preocupa ni los unos ni los otros, en razón, muy posiblemente, a que ambos han perdido también poder. Pero la intolerancia, diversificada hoy sobre todo entre políticos, está presente sin remedio en nuestro País y se manifiesta a diario ante los hechos más insulsos. Esto sucede porque los tales personajes son en España más importantes de lo que les corresponde serlo; tienen demasiado poder. Y se les da demasiado relieve y protagonismo por los medios de divulgación.
Intolerancia, por cierto, mal aplicada, puesto que permite construir un aeropuerto -que cuesta un ojo de la cara- en un desierto, y no digiere que a un emigrante irregular se le exija tener en regla sus papeles para disfrutar de los mismos derechos que un nativo cuando cumple con los mismos deberes. ¡A nada que uno se descuide al partidario de la igualdad lo llaman racista!
La intolerancia en España creó escuela; y hasta podría resultar aceptable si no fuera porque permite la existencia de personajes que, como jinetes académicos, se las dan de tolerantes y viven de ello valiéndose de toda clase de artimañas entre las que incluyen la injuria.
¡A quién insulta sin decoro la Zapatones!
sábado, 22 de agosto de 2015
DIVAGACIONES DESDE VASCONIA XXXII
NUNCA LLEGA PARA TODOS.- Todos mis recuerdos son pocos en homenaje a los que sufrieron, en el bando que fuere, las calamidades de la guerra civil española. En la mayoría de los casos, la desgracia pilló a las víctimas desprevenidas; todo porque los radicales de opuestas tendencias no se toleraban y decidieron resolver sus problemas a garrotazos, tal cual los pintó Goya en tiempos que crearon estilo. La fatalidad arrastró a demasiados inocentes.
Por la misma razón tampoco puedo olvidarme de las miserias de la posguerra, cuando los españoles se dieron cuenta de lo importante que era estar equilibradamente alimentados -sin que faltara el pan de cada día- para no terminar en un sanatorio antituberculoso o lamiéndose uno las heridas como pordiosero ante el pórtico de una iglesia, en busca de la caridad cristiana.
- Esto va tan mal que de seguir así -se decía- terminaremos todos comiendo mierda.
- ¿Ya llegará para todos? -preguntaba desconfíado el interlocutor de turno.
Nunca pensé en vivir tantos años, ni mucho menos en que las gentes llegaran a pensar un día
que hay tanto de todo que nunca a nadie le dieron el derecho a dejar a un semejante en ayunas.
Y es verdad: no hay derecho. Pero pensar que llegará un día el bienestar para todos, puede ser un buen deseo pero utópico.
Todo, desde que el sol fuera sol, tuvo un límite; nada hay que llegue siempre para todos, por mil motivos. Hay momentos en que hasta el aire puede faltar.
¿Quiere esto decir que las carencias han de padecerlas siempre los mismos? No. Este es el problema, pero no caigamos en el desánimo. Sin embargo, suponer que los políticos nos pueden arreglar esta situación, no deja de ser un sueño. El hombre y la mujer no son pastueños que se conforman con su ración de hierba. Nacieron depredadores y para colmo con el derecho a pensar y a a ser cada uno como Dios le dio a entender: desde un cabroncete (dicho por lo suave) hasta una angelical criatura. Pero de esta última especie, entre los políticos que quieren arreglar el mundo, se cuentan muy pocos.
No obstante, seguiremos votando. Como humanos también tenemos derecho a soñar.
Por la misma razón tampoco puedo olvidarme de las miserias de la posguerra, cuando los españoles se dieron cuenta de lo importante que era estar equilibradamente alimentados -sin que faltara el pan de cada día- para no terminar en un sanatorio antituberculoso o lamiéndose uno las heridas como pordiosero ante el pórtico de una iglesia, en busca de la caridad cristiana.
- Esto va tan mal que de seguir así -se decía- terminaremos todos comiendo mierda.
- ¿Ya llegará para todos? -preguntaba desconfíado el interlocutor de turno.
Nunca pensé en vivir tantos años, ni mucho menos en que las gentes llegaran a pensar un día
que hay tanto de todo que nunca a nadie le dieron el derecho a dejar a un semejante en ayunas.
Y es verdad: no hay derecho. Pero pensar que llegará un día el bienestar para todos, puede ser un buen deseo pero utópico.
Todo, desde que el sol fuera sol, tuvo un límite; nada hay que llegue siempre para todos, por mil motivos. Hay momentos en que hasta el aire puede faltar.
¿Quiere esto decir que las carencias han de padecerlas siempre los mismos? No. Este es el problema, pero no caigamos en el desánimo. Sin embargo, suponer que los políticos nos pueden arreglar esta situación, no deja de ser un sueño. El hombre y la mujer no son pastueños que se conforman con su ración de hierba. Nacieron depredadores y para colmo con el derecho a pensar y a a ser cada uno como Dios le dio a entender: desde un cabroncete (dicho por lo suave) hasta una angelical criatura. Pero de esta última especie, entre los políticos que quieren arreglar el mundo, se cuentan muy pocos.
No obstante, seguiremos votando. Como humanos también tenemos derecho a soñar.
viernes, 21 de agosto de 2015
DIVAGACIONES DESDE VASCONIA XXXI
LA INCONFESABLE ATRACCIÓN MORBOSA.- Todos los días me desayuno con noticias referidas al último crimen o al latrocinio político de turno. Es la mantequilla del morbo con la que, desde los medios con mayor audiencia, se nos ayuda a iniciar la jornada. Me pregunto si estamos ante una rectitud informativa o la cosa tiene truco.
Me dicen que el "morbo" atrae a las masas y que el mérito periodístico consiste en tener enganchada a la audiencia, sirviendo la noticia con buena dosis de intriga y haciendo rodar la bola con un creciente interés y buenas dosis de comportamientos escabrosos a cargo del aún presunto culpable o presuntos si fueran varios. Es como el cine negro, del que se diferencia por sus protagonistas, reales como la vida misma, y por su desenlace imprevisto y, a veces, de larga duración. La búsqueda y el encuentro de los fallecidos fuera de escena, puede llegar a ser un culebrón.
El caso es que la política española -con todo lo democrática que pueda parecer- recibe un tratamiento parecido, pese a dar muestras de agotamiento. Cada día aburre más si está libre de morbo, pues es cierto que los jerifes del caso han aprendido a no poner la mano en el fuego por los imputables; y a demostrar que una cosa es la camaradería y otra la responsabilidad. Es decir que, como en el mundo de los perros, cada chucho, por instinto, ya sabe dónde lamerse.
Hay que precisar: al ladrón hay que llamarle ladrón (presunto ladrón, por supuesto; la gente lo entiende) y al angelical tontainas que lo tuvo a su lado sin darse cuenta, hay que llamarle tonto y echarle a un lado. Es lo que está pasando: hay más tontos que chorizos y tanto revolver basura, la gentes se cansan. Pierde interés el caso.
Por eso en las próximas elecciones (encuestadores aparte), habrá sorpresas.
Me dicen que el "morbo" atrae a las masas y que el mérito periodístico consiste en tener enganchada a la audiencia, sirviendo la noticia con buena dosis de intriga y haciendo rodar la bola con un creciente interés y buenas dosis de comportamientos escabrosos a cargo del aún presunto culpable o presuntos si fueran varios. Es como el cine negro, del que se diferencia por sus protagonistas, reales como la vida misma, y por su desenlace imprevisto y, a veces, de larga duración. La búsqueda y el encuentro de los fallecidos fuera de escena, puede llegar a ser un culebrón.
El caso es que la política española -con todo lo democrática que pueda parecer- recibe un tratamiento parecido, pese a dar muestras de agotamiento. Cada día aburre más si está libre de morbo, pues es cierto que los jerifes del caso han aprendido a no poner la mano en el fuego por los imputables; y a demostrar que una cosa es la camaradería y otra la responsabilidad. Es decir que, como en el mundo de los perros, cada chucho, por instinto, ya sabe dónde lamerse.
Hay que precisar: al ladrón hay que llamarle ladrón (presunto ladrón, por supuesto; la gente lo entiende) y al angelical tontainas que lo tuvo a su lado sin darse cuenta, hay que llamarle tonto y echarle a un lado. Es lo que está pasando: hay más tontos que chorizos y tanto revolver basura, la gentes se cansan. Pierde interés el caso.
Por eso en las próximas elecciones (encuestadores aparte), habrá sorpresas.
jueves, 20 de agosto de 2015
DIVAGACIONES DESDE VASCONIA XXX
¿QUIÉN PROTEGE A LOS PARAÍSOS FISCALES? - Es innegable que La Roca funciona como un paraíso fiscal; un excelente negocio para unos pocos en perjuicio de muchos españoles. Parece fácil instalar y dar vida a estas prácticas, pese a estar radicalmente condenadas desde las mas honestas instituciones de ámbito mundial que dicen velar por los derechos humanos.
Usted lector juzgará. Decido libremente desde mi rincón hogareño, donde funciona mi ordenador, preguntar por internet: ¿quién protege a los paraísos fiscales? El primer texto, que encabeza una larga serie referida este tema, es publicitario y trata de convencer a los pudientes de lo felices que pueden ser defraudando al fisco de su país.
Al revés que los políticos, que siempre ponen a bajar de un burro a sus contrarios para convencer al electorado, estos propagandistas de los paraísos fiscales no se andan con medias tintas y van derechos al grano; no dudan en servirse de sencillos ejemplos. Supongamos que a un fabricante de pilas, le sale a un euro la unidad y las vende a cinco. Tendrá que tributar por el beneficio, que es de cuatro euros. Si esas mismas pilas se las vende a una sociedad propia, domiciliada en un paraíso fiscal por cuatro euros con cincuenta céntimos, su ganancia de tres con cincuenta euros, no paga impuestos. Última operación: esta sociedad vende las pilas por cinco euros fuera del paraíso fiscal. Sólo tiene que pagar sobre un beneficio de cincuenta céntimos.
Dicho esto en una página publicitaria, con naturalidad, como quien vende melocotones, hace que mi pregunta esté necesitada de una respuesta categórica. Pregunto: ¿Quién entre los países punteros del Mundo, consiente que funcionen a todo gas los paraísos fiscales? ¿Quién protege a este lucrativo negocio?
Sería interesante y provechoso, a la par que justo, equitativo y necesario, que los políticos en el poder y quienes practican su oficio desde la oposición, se pusieran de acuerdo por una vez para cerrar los dos paraísos fiscales incardinados uno al norte y otro en el sur de España. Y de no ser posible, decidirse por abrir un tercer paraíso, a poder ser en las cosas mediterráneas, que funcionara como imán para atraer a un turismo de lujo, de forma que los beneficios llegaran de alguna forma y de una vez a los españoles.
¿Qué no se puede? ¡Ya me dirán por qué si se puede en Andorra y Gibraltar y no en Oropesa del Mar, que cito a título de ejemplo!
Usted lector juzgará. Decido libremente desde mi rincón hogareño, donde funciona mi ordenador, preguntar por internet: ¿quién protege a los paraísos fiscales? El primer texto, que encabeza una larga serie referida este tema, es publicitario y trata de convencer a los pudientes de lo felices que pueden ser defraudando al fisco de su país.
Al revés que los políticos, que siempre ponen a bajar de un burro a sus contrarios para convencer al electorado, estos propagandistas de los paraísos fiscales no se andan con medias tintas y van derechos al grano; no dudan en servirse de sencillos ejemplos. Supongamos que a un fabricante de pilas, le sale a un euro la unidad y las vende a cinco. Tendrá que tributar por el beneficio, que es de cuatro euros. Si esas mismas pilas se las vende a una sociedad propia, domiciliada en un paraíso fiscal por cuatro euros con cincuenta céntimos, su ganancia de tres con cincuenta euros, no paga impuestos. Última operación: esta sociedad vende las pilas por cinco euros fuera del paraíso fiscal. Sólo tiene que pagar sobre un beneficio de cincuenta céntimos.
Dicho esto en una página publicitaria, con naturalidad, como quien vende melocotones, hace que mi pregunta esté necesitada de una respuesta categórica. Pregunto: ¿Quién entre los países punteros del Mundo, consiente que funcionen a todo gas los paraísos fiscales? ¿Quién protege a este lucrativo negocio?
Sería interesante y provechoso, a la par que justo, equitativo y necesario, que los políticos en el poder y quienes practican su oficio desde la oposición, se pusieran de acuerdo por una vez para cerrar los dos paraísos fiscales incardinados uno al norte y otro en el sur de España. Y de no ser posible, decidirse por abrir un tercer paraíso, a poder ser en las cosas mediterráneas, que funcionara como imán para atraer a un turismo de lujo, de forma que los beneficios llegaran de alguna forma y de una vez a los españoles.
¿Qué no se puede? ¡Ya me dirán por qué si se puede en Andorra y Gibraltar y no en Oropesa del Mar, que cito a título de ejemplo!
miércoles, 19 de agosto de 2015
DIVAGACIONES DESDE VASCONIA XXIX
CATALUÑA Y SUS SOBERANISMOS. Es indudable que la, globalización tiene sus pros y sus contras. El cambio no viene impuesto por los apóstoles de la política, sino por los mercados; no por los teóricos, sino por la dura realidad que nos imponen desde las lejanías cada vez más próximas.
El problema de las migraciones, por citar un caso, crece de forma exponencial y gravita sobre los pueblos mal dotados que, por sus condiciones de vida, expulsan a los más audaces y resistentes entre sus moradores; y gravita, también, sobre los pueblos que ostentan un mejor nivel de vida, pero que no están preparados para acomodar a los que, por millares, piden un sitio donde vivir dentro de sus fronteras.
Este problema, acogida de emigrantes, no puede resolverse país por país. Hay que asociarse, por un lado los países que generan las migraciones y por otro los que figuran como destinatarios de acogida.
Solo las naciones que concierten soluciones, y estén unidas, podrán atender este problema; unirse equivale a perder soberanía, como les sucede a todos los Estados, que se agrupan con un fin determinado. El caso de las emigraciones es un ejemplo que se multiplica en miles de casos que afectan a diario a millones de personas. Al final, para atender éste y otros muchos asuntos, lo más eficaz es federarse. Europa tiende a ser una federación de Estados. Y dentro de esa Europa en marcha, por razones prácticas, los pequeños Estados tenderán a buscar alianzas y uniones que les den mas poder.
No está el horno para bollos y los nacionalismos soberanistas regionales están intentando deshacer lo ya existente y que otros países tendrán que construir.
El destino de los europeos está en alcanzar una Europa unida, proyecto que ha de vencer numerosas dificultades. Por tal razón los sentimientos de cada uno han de moderarse para hacerlos compatibles con un asociacionismo bien negociado para que sea justo; asociacionismo, donde se concedan derechos y se asuman deberes.
Esto se sabe ya entre los mas progresistas de Europa porque la necesidad obliga. Lo vieron el día en que decidieron suprimir fronteras. No están los tiempos para crear otras nuevas.
El problema de las migraciones, por citar un caso, crece de forma exponencial y gravita sobre los pueblos mal dotados que, por sus condiciones de vida, expulsan a los más audaces y resistentes entre sus moradores; y gravita, también, sobre los pueblos que ostentan un mejor nivel de vida, pero que no están preparados para acomodar a los que, por millares, piden un sitio donde vivir dentro de sus fronteras.
Este problema, acogida de emigrantes, no puede resolverse país por país. Hay que asociarse, por un lado los países que generan las migraciones y por otro los que figuran como destinatarios de acogida.
Solo las naciones que concierten soluciones, y estén unidas, podrán atender este problema; unirse equivale a perder soberanía, como les sucede a todos los Estados, que se agrupan con un fin determinado. El caso de las emigraciones es un ejemplo que se multiplica en miles de casos que afectan a diario a millones de personas. Al final, para atender éste y otros muchos asuntos, lo más eficaz es federarse. Europa tiende a ser una federación de Estados. Y dentro de esa Europa en marcha, por razones prácticas, los pequeños Estados tenderán a buscar alianzas y uniones que les den mas poder.
No está el horno para bollos y los nacionalismos soberanistas regionales están intentando deshacer lo ya existente y que otros países tendrán que construir.
El destino de los europeos está en alcanzar una Europa unida, proyecto que ha de vencer numerosas dificultades. Por tal razón los sentimientos de cada uno han de moderarse para hacerlos compatibles con un asociacionismo bien negociado para que sea justo; asociacionismo, donde se concedan derechos y se asuman deberes.
Esto se sabe ya entre los mas progresistas de Europa porque la necesidad obliga. Lo vieron el día en que decidieron suprimir fronteras. No están los tiempos para crear otras nuevas.
martes, 18 de agosto de 2015
DIVAGACIONES DESDE VASCONIA XXVIII
ADIVINOS DEL FUTURO POLÍTICO.- Cuentan que, en la antigua Roma, al encontrarse dos arúspices -adivinos del futuro político de los famosos de aquel entonces- se desternillaban de risa. En nuestros días, es posible que los encuestadores profesionales hagan otro tanto, es decir carcajearse hasta caer rendidos. Los arúspices examinaban los higadillos de algunos animalejos; los profetas, al día de la fecha, clasifican las respuestas de cientos de personas elegidas a estos fines.
Como toda persona de buen conformar suelo dar la bienvenida a las encuestas porque sus autores acreditan su honradez, diciéndonos: estos datos que ofrecemos no son una predicción de futuro, sino una constatación del pasado.
O sea que si las elecciones se hubieran celebrado el día en que se hizo la encuesta, el resultado habría sido el que se publica. Estos datos no valen para hoy ni, mucho menos para dentro de tres o cuatro meses. Son útiles para el día concreto en que se hizo la encuesta, que ya pasó. En resumen, nadie que se pare a pensar podrá explicarnos que confianza se merece el anuncio de una inundación, si tan solo se basa en contar las aguas que ya pasaron de largo y han llegado al mar.
El creyente -y casi todos pertenecemos al rebaño- necesita creer y tanto cuentan los higadillos para unos, como las confidencias verbales para otros: la credulidad es la reina de los enviciados o abducidos por la política.
Ya con los datos en la mano, las especulaciones ocupan a cientos de miles de personas, capaces de llegar a paradójicas conclusiones. Entre todas estas conclusiones, hay una que se merece la más grande y profunda admiración. ¿Cómo es posible que en España, al menos, el líder de la lista más votada sea siempre el peor valorado entre los políticos rivales que salen en las encuestas? ¿Es que los encuestados están locos o contestan con mala intención? ¿Como siendo el malo, va en cabeza en la,predicción del voto?
No puede ser una rareza ni extrañar a nadie que si dos competidores dedicados a preparar encuestas se encuentran al azar, se descuajaringuen de risa.
Como toda persona de buen conformar suelo dar la bienvenida a las encuestas porque sus autores acreditan su honradez, diciéndonos: estos datos que ofrecemos no son una predicción de futuro, sino una constatación del pasado.
O sea que si las elecciones se hubieran celebrado el día en que se hizo la encuesta, el resultado habría sido el que se publica. Estos datos no valen para hoy ni, mucho menos para dentro de tres o cuatro meses. Son útiles para el día concreto en que se hizo la encuesta, que ya pasó. En resumen, nadie que se pare a pensar podrá explicarnos que confianza se merece el anuncio de una inundación, si tan solo se basa en contar las aguas que ya pasaron de largo y han llegado al mar.
El creyente -y casi todos pertenecemos al rebaño- necesita creer y tanto cuentan los higadillos para unos, como las confidencias verbales para otros: la credulidad es la reina de los enviciados o abducidos por la política.
Ya con los datos en la mano, las especulaciones ocupan a cientos de miles de personas, capaces de llegar a paradójicas conclusiones. Entre todas estas conclusiones, hay una que se merece la más grande y profunda admiración. ¿Cómo es posible que en España, al menos, el líder de la lista más votada sea siempre el peor valorado entre los políticos rivales que salen en las encuestas? ¿Es que los encuestados están locos o contestan con mala intención? ¿Como siendo el malo, va en cabeza en la,predicción del voto?
No puede ser una rareza ni extrañar a nadie que si dos competidores dedicados a preparar encuestas se encuentran al azar, se descuajaringuen de risa.
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