La Unión Europea ha regulado en alguna medida los movimientos migratorios que afectan a los países que la integran, pero esto no ha impedido que, por separado, las naciones más desarrolladas de esa Unión hayan puesto límites a los recién llegados para acogerse a ciertos beneficios sociales, si es que no encuentran un puesto de trabajo en el plazo de seis meses. Pasado ese tiempo lo devuelven a su país de origen.
El país receptor tolera al emigrante siempre que con su trabajo contribuya a sostener la asistencia social de todos. Si no trabaja, no interesa, a no ser que llegue como turista. El turista ha de acreditar que cuenta con medios suficientes para llevar esa vida o, si no, lo consideran extranjero "sin papeles". Ya sabemos lo que eso significa.
Ahora bien, estas corrientes migratorias intereuropeas, no generan problemas tan graves como las que avanzan sobre la Europa unida desde otros continentes.
¿Qué pasa entonces? Por razones humanitarias hay que darles acogida a los que huyen y por tanto una mínima asistencia social. A tal fin, a cada país de la UE, se le ha asignado un cupo de inmigrantes y la atención que reciban dependerán de factores que aún no se pueden precisar. En resumen, una forma aleatoria de enfocar un problema de muy difícil solución.
A esta "parida", -repartir el problema entre países varios- añaden otra: la de poner puertas al campo o al mar. Lo importante es, en consecuencia impedirles el paso aun que se sepa de antemano que, desde sus orígenes, las masas humanas siempre se movieron en busca de mejores condiciones de vida y no hubo quién pudiera frenarlas en tal intento.
¿Tanto cuesta detenerse a pensar que la solución hay que llevarla a los países de donde son originarios los que huyen?
Por lo visto, no interesa.
viernes, 22 de mayo de 2015
jueves, 21 de mayo de 2015
RELATOS CORTOS. LA NOGALA SE SECÓ. (3)
Días después, el veinticuatro de
julio, viernes, Secundino Carballeira estaba en Mioma donde varios clientes le
dieron ocupación para toda la jornada.
Al despedirse, preguntó en tono distendido por el anarco sindicalista
Simón Parejo y le dijeron que se fue de vuelta a tierras de Vizcaya por un
camino de herradura que descendía, por la Peña de Orduña, hasta las cercanías
de Tertanga.
Al día siguiente, festividad del
Apóstol Santiago, una vez aseado en la fuente pública de Mioma, Secundino
Parejo tomó su bicicleta taller, enganchó el carrito de las provisiones y
asistencias y se fue por el camino de Valpuesta, donde pensaba oír misa mayor en
la iglesia parroquial en homenaje al apóstol, patrón de su tierra. Un pinchazo
en la rueda delantera lo detuvo no muy lejos de la nogala achaparrada y
umbrática de la vera del camino. Y decidió llegar hasta ella en busca de sombra
para desmontar la rueda, sacar la caja de parches y arreglar la avería.
Allí había un hombre apostado que
oteaba el camino de Mioma. Agarraba un arma de fuego con aire de estar al
acecho, a la espera de una pieza de caza mayor. Al aproximarse lo reconoció
Secundino Carballeira: era Onofre el bilbaino, adosado a su escopeta. Al llegar
y tras un saludo, el afilador tomó la iniciativa:
- Buenos días, Don Onofre. ¿Va
usted de caza?
- No. He venido a probar la
escopeta, soltando un par de tiros.
- ¡Me extrañaba! Porque según
creo, aún no se levantó la veda.
- No; se abre el quince de agosto, cuando casi todo el
campo es ancho rastrojo.
- Pero don Onofre -le dijo
Secundino el afilador mientras atendía a la mirada del veraneante; una
mirada de odio envenenado-: Usted y yo
somos cristianos y son cerca de las diez, hora de oír misa; hoy es día de guardar. ¿No me dirá que se la
va a fumar por abatir una pieza?
- Tiene usted razón. ¡Qué horror!
Me he distraído. Sí: he estado a punto de perder la misa.
La perspicaz agudeza del afilador,
lo llevó a deducir que ni esa apelación sacrosanta aplacaba el odio que tenía atenazado al veraneante bilbaino.
- De cristiano a cristiano don
Onofre: ¿A quién esperaba? ¿Quién lo puso a punto de faltar a la ley de Dios?
- No esperaba a nadie. Si usted va a Valpuesta. ¿No le importa que hagamos
juntos el camino?
- Sí, claro: voy a Valpuesta.
Podemos ir juntos. Ya arreglaré más tarde el pinchazo.
- Permítame –dijo don Onofre en
tono humorístico-: “Antes he de cambiar el agua…”.
- Faltaría más –respondió el
afilador.
Don Onofre se situó detrás de la
nogala, desabrochó su bragueta y orinó larga y cálidamente. Un vapor emanado de
aquel líquido, como el de un veneno corrosivo, ascendió desde las raíces
descubiertas del árbol al entrar ésas en contacto con la orina.
Antes de llegar a la iglesia
toparon con Narcisa, la valpostana que preparaba nueces verdes en almíbar con
la receta de las monjas de clausura de San Juan de Acre.
El gallego afilador, perspicaz y
medio brujo le dijo:
- Narcisa: será el último año. Se
acabó lo de conservar nueces verdes en almíbar. Se secará la nogala de raíz y
sin remedio. Todo por la meada de un cristiano.
- ¿Cómo lo sabe?
- Lo sé. Se secará la nogala. A
cambio se ha salvado un alma. ¡De veras!
La nogala se secó. Y Narcisa extendió
por el Valle la leyenda de que Secundino el afilador era medio brujo.
INVECTIVAS ELECTORALES.
Al discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo se le llama invectiva. El clima creado por un constante uso de invectivas se le califica de ambiente hostil. Doña Esperanza y doña Manuela Carmena, candidatas ambas a la Alcaldía de Madrid, se las dieron a diestro y siniestro haciendo uso de invectivas a las que solo faltaba, como remate, un buen tirón de pelos.
No hay duda de que el espectáculo tiene su morbo, pero bien mirado es bochornoso, porque una cosa es un debate cargado de ironía y otra muy distinta la coz dialéctica del todo vale.
Aquí, en España, todos presumen de demócratas, olvidando que una cosa es el disenso (no ajustarse al sentimiento o al parecer de alguien) otra el debate o discusión sin faltar al respeto personal y otra muy distinta andar a la greña.
La democracia es útil a los pueblos si es constructiva, como sucede en cualquier reunión de vecinos cuando; pese a discrepar en asuntos mil, son capaces de aunar esfuerzos para acabar con las goteras. España está llena de goteras y, nuestros políticos, en vez de reconocerlas, unirse y acopiar ideas para taponarlas, están todo el día metiendo el dedo para -con el pretexto de mostrarlas- aumentar su tamaño para beneficio de nadie.
Cuando la democracia no es constructiva, pasa a ser memocracia, en la que caen hasta los padres de la patria; un mal ejemplo, en muchas ocasiones para las gentes de la calle que, gracias a Dios, les hace poco caso.
Esperemos que doña Esperanza y doña Manuela Carmena hagan las paces, para su propio bien y en bien todos. Al fin, tendrán que convivir en las cámaras municipales y no es bueno para la salud de nadie hostigarse con invectivas.
No hay duda de que el espectáculo tiene su morbo, pero bien mirado es bochornoso, porque una cosa es un debate cargado de ironía y otra muy distinta la coz dialéctica del todo vale.
Aquí, en España, todos presumen de demócratas, olvidando que una cosa es el disenso (no ajustarse al sentimiento o al parecer de alguien) otra el debate o discusión sin faltar al respeto personal y otra muy distinta andar a la greña.
La democracia es útil a los pueblos si es constructiva, como sucede en cualquier reunión de vecinos cuando; pese a discrepar en asuntos mil, son capaces de aunar esfuerzos para acabar con las goteras. España está llena de goteras y, nuestros políticos, en vez de reconocerlas, unirse y acopiar ideas para taponarlas, están todo el día metiendo el dedo para -con el pretexto de mostrarlas- aumentar su tamaño para beneficio de nadie.
Cuando la democracia no es constructiva, pasa a ser memocracia, en la que caen hasta los padres de la patria; un mal ejemplo, en muchas ocasiones para las gentes de la calle que, gracias a Dios, les hace poco caso.
Esperemos que doña Esperanza y doña Manuela Carmena hagan las paces, para su propio bien y en bien todos. Al fin, tendrán que convivir en las cámaras municipales y no es bueno para la salud de nadie hostigarse con invectivas.
miércoles, 20 de mayo de 2015
RELATOS CORTOS. LA NOGALA SE SECÓ. (2)
Ese mismo día el Obispo de
Vitoria andaba por el Valle impartiendo el sacramento de la confirmación. Los
de Gurendes lo vieron pasar raudo en el
coche de los Díaz de Tuesta conducido por Juan Manuel, uno de los hijos de don
Celerino, en ruta hacia Vitoria sede de la diócesis vasca.
Simón Parejo lo reconoció al
paso, soltó una blasfemia y tildó al jerarca de la Iglesia de “come hostias” en
voz alta, para que todos lo oyeran. Dos
mujeres se santiguaron ante el horror de la blasfemia.
Y pese a la religiosidad de los
paisanos que oyeron el exabrupto del sindicalista, nadie se atrevió a pararle
los pies. Nadie salvo Onofre, el bilbaIno de Valpuesta, que lo agarró por el cuello de la camisa y,
de poder a poder, con un par le dijo: “Tú te vas a meter la lengua en el culo,
el sitio más adecuado para la basura que
vomitas”.
El ácrata
dio un tirón, se desprendió del veraneante y sacando una navaja cabritera fue a
endilgarle un tajo en el bajo vientre.
Todo transcurrió en cosa de segundos. El filo de la cuchilla estuvo cerca de
rajar las tripas del veraneante, si no es
por un tal Secundino Carballeira, gallego y afilador,
circunstancialmente por tierras de Valdegovía en el ejercicio de su
profesión, que le arrebató la navaja.
- Este tío me quería matar –dijo
Onofre.
- Lo mejor sería –se expresó el
afilador con acento gallego cerrado- que todos corriéramos la cremallera para
estar callados.
E hizo un gesto con los dedos
índice y pulgar apretados, corriendo un supuesto cierre para dejar sellados los
labios.
La faca cabritera, testimonio de cargo de un intento de agresión, quedó depositada
en el establecimiento de Erasmo Bardeci con encargo de que le fuera entregada a
la Guardia Civil cuando diera parte del
suceso.
El afilador Carballeira, tipo
singular peinado con raya en medio, patillas en hacha, bigote a lo káiser,
cráneo braquicéfalo, cuadrado de tórax y facha de forzudo, era un adelantado en
su oficio; iba en vanguardia. Viajaba en bicicleta adaptada con un soporte fijo
que le permitía estacionarla con la rueda trasera alzada un palmo sobre el
pavimento. Así, hacía funcionar un juego de muelas de distinto grano y afilaba
al tiempo que daba a los pedales. De este modo lograba afinar el corte lo mismo a las toscas hachas, que a dalles, picos y
azadones, cuchillos y tijeras y hasta las más delicadas navajas de afeitar. En
la parte posterior del cuadro del ciclo móvil llevaba enganchado un carrito de
una sola rueda donde guardaba todos sus menesteres, alguna ropa y ciertas
vituallas y un singular toldo para armar una tienda de campaña. Muchos del
oficio lo imitarían después de la guerra, dejando a un lado el viejo armatoste
de madera, de bajo rendimiento, empujado a mano con mucho sacrificio.
Carballeira era un hombre curtido
y perspicaz y tan pronto liberó de la cuchillada al bilbaino Onofre, advirtió
en sus ojos un ramalazo de odio; un odio
corrosivo y amargo que lo invadió durante mucho tiempo. El bilbaino, humillado
por el agresivo sindicalista, intuyó que una rebelión armada crearía un clima
de impunidad que facilitaría muchos deseos de venganza. Y Carballeira hizo in mente esta reflexión: “No somos nada; si yo fuera el navajero,
saldría zumbando para poner tierra por medio”.
A LA REMANGUILLÉ
Dice un refrán gitano que "entre calé y calé no hay remanguillé". "A la remanguillé" es una locución que define un estado de cosas desordenado o impreciso, según la RAE. Si se observan bien las promesas de los políticos en campaña electoral, advertiremos que las sueltan a la remanguillé, alborotadamente y sin precisar su alcance; es decir, cuánto nos van a costar y quién va a correr con el gasto.
Las buenas intenciones de un político que quiere conmover a las multitudes, están por verse. Se da por valor entendido -tal y como dijo un acalde de Madrid, intelectual y socialista- que "es cosa sabida que las promesas electorales se hacen pero no se cumplen". Pero las masas tienen tragaderas de dimensión incalculable, hasta comulgar con ruedas de molino.
Uno de los sonsonetes más repetidos, no sin ironía, es el de asegurar a todo inmigrante eso que llaman la medicina universal, algo que ni siquiera tienen garantizado los nativos, como ha sucedido en más de una ocasión, porque la técnica sanitaria avanza, es muy costosa y no hay dinero para tanto como se necesita para los de casa.
El grave problema que trae consigo la emigración, es la pobreza, que incorpora al país receptor. Pobreza que no se puede testimoniar, porque aunque nadie la quiere, si uno lo pone de manifiesto, termina por ser tachado de "facha", "racista", "genocida" y cosas, por este estilo.
Es muy prometedor igualar por arriba, reconocer derechos sin imponer deberes, dar mucho a cambio de nada. A renglón seguido vienen las crisis y nos igualamos, es cierto, pero bajando escalones. ¡Con lo que cuesta subir un peldaño!
¿Entonces que hacemos? ¿Dejar en la puñetera calle a toda esta gente que viene sin nada?
No ese mi deseo. Pediría más bien, para empezar, el estudio de una carta de derechos y otra de deberes a cumplir por todos: emigrantes y residentes.
Redactar un programa realizable es tarea de un político y no la de prometer lo que no puede dar.
Las buenas intenciones de un político que quiere conmover a las multitudes, están por verse. Se da por valor entendido -tal y como dijo un acalde de Madrid, intelectual y socialista- que "es cosa sabida que las promesas electorales se hacen pero no se cumplen". Pero las masas tienen tragaderas de dimensión incalculable, hasta comulgar con ruedas de molino.
Uno de los sonsonetes más repetidos, no sin ironía, es el de asegurar a todo inmigrante eso que llaman la medicina universal, algo que ni siquiera tienen garantizado los nativos, como ha sucedido en más de una ocasión, porque la técnica sanitaria avanza, es muy costosa y no hay dinero para tanto como se necesita para los de casa.
El grave problema que trae consigo la emigración, es la pobreza, que incorpora al país receptor. Pobreza que no se puede testimoniar, porque aunque nadie la quiere, si uno lo pone de manifiesto, termina por ser tachado de "facha", "racista", "genocida" y cosas, por este estilo.
Es muy prometedor igualar por arriba, reconocer derechos sin imponer deberes, dar mucho a cambio de nada. A renglón seguido vienen las crisis y nos igualamos, es cierto, pero bajando escalones. ¡Con lo que cuesta subir un peldaño!
¿Entonces que hacemos? ¿Dejar en la puñetera calle a toda esta gente que viene sin nada?
No ese mi deseo. Pediría más bien, para empezar, el estudio de una carta de derechos y otra de deberes a cumplir por todos: emigrantes y residentes.
Redactar un programa realizable es tarea de un político y no la de prometer lo que no puede dar.
martes, 19 de mayo de 2015
RELATOS CORTOS. LA NOGALA SE SECÓ (1)
LA NOGALA SE SECO (1)
Mioma, pueblecillo alavés colgado
en una loma del Valle de Gobea, a setecientos metros de altitud, vive envuelto
entre vientos arrebatados de la Sierra Salvada y remusgos vespertinos procedentes de los
páramos de Losa.
A la vera del camino, bajando hacia Valpuesta,
vivía una nogala joven, muy productiva pese a su corta estatura y a su copa
achaparradita y de poco vuelo. No era de nadie y era de todos: un bien comunal
que daba frutos y rendía sombra.
Con sus nueces verdes, precoces y
tiernas de principios del verano, la
señora Narcisa elaboraba un postre en almíbar nada empalagoso, siguiendo
fielmente los dictados de una receta
cedida por las monjas enclaustradas en el convento de San Juan de Acre, de
Salinas de Añana.
Por
el año treinta y uno, cuando los
republicanos mandaron al exilio a don Alfonso XIII y en el libro de historia
que se manejaba en las escuelas del Valle sustituyeron su fotografía a toda
página por la de don Niceto Alcalá Zamora -al que sus detractores con mala uva
apodaban “El Botas”-, la economía iba mal y nos
acabó de chingar -en versión del malandrín herrador de Espejo- el quinquenio republicano.
La crisis se inició en los EE.UU. Los americanos pasaron por el crac
del veintinueve y nos contagiaron su peste financiera. La notaron más las zonas
fabriles. En la industriosa Vizcaya, muchos tuvieron que trancar sus negocios. Y los obreros en paro,
bastantes, buscaron entre los campesinos
del sur el corrusco de pan que le negaban las empresas en trance de cerrar.
Por el puerto de Orduña subían a
pie, pisando el galipote reblandecido por el calor del verano de la carretera
del Señorío, las mesnadas hambrientas.
Algunos de sus miembros encontraron cobijo y comida en casas de labriegos
valdegobeños; entre ellos Simón Parejo, cenetista, de verbo ardoroso y boca
caliente . Le dieron trabajo en Mioma.
En julio del treinta y seis, el
domingo diecinueve, fiesta de guardar,
Parejo bajó a Gurendes para alternar en la taberna. En el
establecimiento de Erasmo Bardeci, pidió un chiquito de vino y se puso a
charlar del hecho noticiable de esa fecha: el golpe armado iniciado en
Marruecos.
Estaban también allí, a la orilla de la
carretera de Bóveda, grupos de personas curiosas y alertadas por la gravedad de
la noticia y, entre ellos, un veraneante
bilbaino llamado Onofre, a la sazón residente en Valpuesta; le preocupaba el
alzamiento y sus repercusiones.
Desde la madrugada de aquel día
fueron muchos los convencidos de estar viviendo una jornada comprometida que
haría historia. Tanto en Burgos como en
Vitoria, los militares se habían alzado en armas contra el Gobierno de la República. Se suponía que el Valle estaba en zona
nacional. Pero aún no era así.
PARECE UN CUENTO Y FUE VERDAD
A lo largo de una vida luenga, uno puede ser testigo de circunstancias insospechadas. A mí me tocó ser miembro de un tribunal que juzgaba los ejercicios de unos opositores que aspiraban a ocupar una plaza de caminero. Era la época pre democrática, cuando a Franco le temblaba el pulso, a los curas les estorbaba la sotana y, superado el bikini, la juventud pedía más carnaza.
Un avisado redactor de los ejercicios a superar, añadió a las pruebas teóricas (redacción, aritmética, etc.,), varios ejercicios prácticos, entre los cuales estaba preparar una cuneta de dos metros de largo, albañilería incluida, en un tiempo limitado.
- Y esto ¿por qué? -pregunto uno.
- Por causa de los curas.
- ¿Qué pasa con los curas?
- Que algunos, cuando cuelgan la sotana, se presentan a estas oposiciones para ellos fáciles y, si logran la plaza, todos buscan la forma de subir, como hacen los políticos, por la vía del enchufe con el mínimo esfuerzo. Cuando se les piden ejercicios profesionales que exigen pericia y fortaleza física, se rajan. A pesar de todo, tenemos a un ex cura matriculado para esta oposición.
O sea -me dije-. que el noble ejercicio de una oposición para seleccionar a los más capacitados, se puede envilecer, como se envilecen las contratas de servicios o suministros oficiales o tantos otros nobles oficios o carreras.
Los poderosos rasgan las leyes; los astutos las burlan. En medio queda una gran masa de ingenuos creyentes de buena fe que, como dicen en mi pueblo, piensan que el tocino es de oveja.
Por eso, porque soy de pueblo, no me creo el cuento de las "primarias" como medio limpio, cristalino y eficiente para elegir buenos políticos. Los de "Podemos" y el Sr. Sánchez lo demuestran a diario.
Un avisado redactor de los ejercicios a superar, añadió a las pruebas teóricas (redacción, aritmética, etc.,), varios ejercicios prácticos, entre los cuales estaba preparar una cuneta de dos metros de largo, albañilería incluida, en un tiempo limitado.
- Y esto ¿por qué? -pregunto uno.
- Por causa de los curas.
- ¿Qué pasa con los curas?
- Que algunos, cuando cuelgan la sotana, se presentan a estas oposiciones para ellos fáciles y, si logran la plaza, todos buscan la forma de subir, como hacen los políticos, por la vía del enchufe con el mínimo esfuerzo. Cuando se les piden ejercicios profesionales que exigen pericia y fortaleza física, se rajan. A pesar de todo, tenemos a un ex cura matriculado para esta oposición.
O sea -me dije-. que el noble ejercicio de una oposición para seleccionar a los más capacitados, se puede envilecer, como se envilecen las contratas de servicios o suministros oficiales o tantos otros nobles oficios o carreras.
Los poderosos rasgan las leyes; los astutos las burlan. En medio queda una gran masa de ingenuos creyentes de buena fe que, como dicen en mi pueblo, piensan que el tocino es de oveja.
Por eso, porque soy de pueblo, no me creo el cuento de las "primarias" como medio limpio, cristalino y eficiente para elegir buenos políticos. Los de "Podemos" y el Sr. Sánchez lo demuestran a diario.
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