domingo, 7 de septiembre de 2014
sábado, 6 de septiembre de 2014
SALARIOS DE MISERIA
Fui alcanzando la mayoría de edad en Vitoria, una capital de provincia que rondaba los cuarenta mil habitantes antes de la guerra. Estábamos en crisis. El paro era desolador. Las autoridades estaban entre dos fuegos: defenderse de las huelgas salvajes motivadas por reivindicaciones salariales de los pocos que trabajaban, y mantenerse firmes en la prestación de una justicia social subsidiaria, procurando aliviar el malestar de algunas familias con obras a cargo de presupuestos locales o con bolsas de socorro, comedores económicos y cosas así. Y Vitoria, por lo que contaban, no estaba entre las peores plazas.
¿Cómo se arregló aquello? A mi juicio, no se arregló. Vino la guerra y con ella la movilización forzada de mano de obra costosa en vidas, pero asalariada a la fuerza y a bajo precio en ambas zonas en lucha. Y en la posguerra, si Vitoria ofreció algunas oportunidades fue porque, al cerrarse las fronteras a toda importación, se creó la economía del sucedáneo y naturalmente surgieron empresas de poca chicha en las que se pagaba poco y se metían horas a destajo. Fueron los años del gasógeno; y también del hambre para una inmensa mayoría de españoles .
Naturalmente, se acabó el libre mercado. Todo estaba intervenido; lo mismo en el sector de la alimentación que en cualquier otro referido a economías necesitadas de materias primas controladas por decenas de organismos oficiales creados al efecto.
Si cuento esta vieja historia en nuestros días, es por una doble razón: por la plaga constatable de salarios miserables y por la oferta tendente a solucionar el problema promoviendo una reforma social intervencionista. Presten atención a los programas que se publicarán por algunos de los partidos emergentes y otros de viejo cuño.
Pero no lo olviden: a la hora de repartir pobreza, nadie como los intervencionistas, sean de derechas o de la izquierdas. Que haberlos haylos de ambas pintas.
¿Cómo se arregló aquello? A mi juicio, no se arregló. Vino la guerra y con ella la movilización forzada de mano de obra costosa en vidas, pero asalariada a la fuerza y a bajo precio en ambas zonas en lucha. Y en la posguerra, si Vitoria ofreció algunas oportunidades fue porque, al cerrarse las fronteras a toda importación, se creó la economía del sucedáneo y naturalmente surgieron empresas de poca chicha en las que se pagaba poco y se metían horas a destajo. Fueron los años del gasógeno; y también del hambre para una inmensa mayoría de españoles .
Naturalmente, se acabó el libre mercado. Todo estaba intervenido; lo mismo en el sector de la alimentación que en cualquier otro referido a economías necesitadas de materias primas controladas por decenas de organismos oficiales creados al efecto.
Si cuento esta vieja historia en nuestros días, es por una doble razón: por la plaga constatable de salarios miserables y por la oferta tendente a solucionar el problema promoviendo una reforma social intervencionista. Presten atención a los programas que se publicarán por algunos de los partidos emergentes y otros de viejo cuño.
Pero no lo olviden: a la hora de repartir pobreza, nadie como los intervencionistas, sean de derechas o de la izquierdas. Que haberlos haylos de ambas pintas.
viernes, 5 de septiembre de 2014
LAS ELECCIONES PRÓXIMAS.
¡Ya suenan los tambores! Anuncian un largo período electoral: se convocarán, a medio plazo, elecciones municipales, autonómicas y generales.
Adversario a batir: el PP. En segundo lugar, el PSOE. Partidos ambos muy tocados por la lepra de la corrupción. Objetivo: acabar con las mayorías dominantes -con el bipartidismo- y dar más cancha a los partidos minoritarios y a otros emergentes.
¿Pronósticos? ¡Quién sabe!
Se da por cierto que el PP perderá la mayoría absoluta. Puntos débiles sobre los que se centrarán los ataques: las cifras del paro, los recortes paralizantes de la economía, la injusticia tributaria y la corrupción.
Se anuncia que el PSOE seguirá arrastrando el desprestigio heredado de Rodríguez Zapatero, que padecerá, además, las consecuencias de la corrupción generada bajo el gobierno socialista en Andalucía.
Se calcula que el siguiente partido en importancia es PODEMOS al que los partidos antedichos y otros minoritarios quieren buscarle las cosquillas por sus vinculaciones con los políticos latinoamericanos que prometen mucha y luego dan poca leche. Hoy por hoy son pura incógnita.
Los demás partidos sufrirán lo suyo; excepto los soberanistas que aprovecharán el descontento social para dar credibilidad a sus promesas sobre lo bien que estarían sus gentes si su pueblo fuera soberano. Los independentistas, es su vocación, a chingar a la marrana.
No es un diagnóstico. ¡Dios me libre! Estoy, sencillamente, recogiendo los síntomas externos de una nación enferma y, al mismo tiempo, de los encargados de sanarla. No tengo medios para hacer análisis de fondo; lo siento. Pero no hay mas cera que la que arde.
con .
Adversario a batir: el PP. En segundo lugar, el PSOE. Partidos ambos muy tocados por la lepra de la corrupción. Objetivo: acabar con las mayorías dominantes -con el bipartidismo- y dar más cancha a los partidos minoritarios y a otros emergentes.
¿Pronósticos? ¡Quién sabe!
Se da por cierto que el PP perderá la mayoría absoluta. Puntos débiles sobre los que se centrarán los ataques: las cifras del paro, los recortes paralizantes de la economía, la injusticia tributaria y la corrupción.
Se anuncia que el PSOE seguirá arrastrando el desprestigio heredado de Rodríguez Zapatero, que padecerá, además, las consecuencias de la corrupción generada bajo el gobierno socialista en Andalucía.
Se calcula que el siguiente partido en importancia es PODEMOS al que los partidos antedichos y otros minoritarios quieren buscarle las cosquillas por sus vinculaciones con los políticos latinoamericanos que prometen mucha y luego dan poca leche. Hoy por hoy son pura incógnita.
Los demás partidos sufrirán lo suyo; excepto los soberanistas que aprovecharán el descontento social para dar credibilidad a sus promesas sobre lo bien que estarían sus gentes si su pueblo fuera soberano. Los independentistas, es su vocación, a chingar a la marrana.
No es un diagnóstico. ¡Dios me libre! Estoy, sencillamente, recogiendo los síntomas externos de una nación enferma y, al mismo tiempo, de los encargados de sanarla. No tengo medios para hacer análisis de fondo; lo siento. Pero no hay mas cera que la que arde.
con .
jueves, 4 de septiembre de 2014
EL SEPARATISMO Y LA VERDAD.
Toda persona sensible a las apetencias humanas, dotada de olfato para desentrañar el sentido de los movimientos multitudinarios, sabe que las gentes cuando alcanzan cierto bienestar, organizan su vida -con los suyos - en viviendas enclavadas - y a poder ser protegidas- en zonas donde coinciden con vecinos de parecida categoría social.
Se alejan de los más pobres a los que se les supone -aunque no haya por qué- connotaciones peyorativas que -según ellos piensan- limitan el bienestar deseado por los de su casta.
Si las gentes del Condado de Treviño se sienten identificadas con Álava (o con Euskadi, según se mire) y no con Burgos, es por la sencilla razón de que los alaveses cuentan con mejores servicios que los burgaleses de su zona. Si fuera al revés, sucedería lo contrario.
Si la mayoría de quienes residen en el País Vasco peninsular piden ser independientes es porque consideran que la independencia los dotaría de un mejor nivel de vida (idea discutible) del que tienen derecho a gozar en exclusiva.
Sé que alguien argumentará: los vascos siempre fueron independientes y ahí está la historia que lo demuestra. Esa independencia también es discutible, pero démosla por buena; no nos enfanguemos con argumentos históricos.
Como enseñaba Sabino de Arana y Goiri los nacionalistas vascos luchaban por una independencia vasca, ganada por los vascos de pura raza, para ellos y para sus herederos en tanto fueran vascos; no para los mestizos que contaminaban esa genuina vasquidad. No se puede llamar nacionalista vasco al que no es étnicamente vasco - los pura sangre, con ocho apellidos vascos por lo menos -.De no ser así, para ser exactos, lucharíamos por un nacionalismo hispano-vasco. Y esto no cuela. Pero la realidad es la que es: si acaso, y tirando por arriba, los vascos puros no llegarán a un diez por ciento de la población actual del País Vasco. Hoy la mayor parte de los nacionalistas vascos independentistas, en el mejor de los casos son mestizos, cuando no españoles netos.
¿Qué quieren? Sencillamente no ser iguales y no serlo exige aceptar una doctrina que les otorgue el derecho de administrar y gozar de un mejor nivel de vida. Por lo menos así los piensan los llamados a dirigir el cotarro, o sea a ejercer el poder en cualquiera de sus grados.
Tal vez la masa electoral no lo vea así; pero le convendría meditarlo.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
EL DERECHO AL TRABAJO
Uno de los problemas que inquietan y desazonan a millones de españoles es la carencia de un puesto de trabajo desde el que ganarse dignamente el pan y el cobijo.
Las Naciones Unidas proclamaron la Carta de los Derechos Humanos como un "ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse a fin de que los individuos como las instituciones" promuevan su reconocimiento y aplicación universales.
El artículo 23, dispone: "Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas satisfactorias de su trabajo y a la protección contra el desempleo".
No es nada: tener trabajo, libremente elegido, en condiciones equitativas y, además protección contra el desempleo.
Con la mano en el pecho reconozcamos que este ideal es un deseo difícilmente alcanzable de forma generalizada en la mayoría de pueblos y naciones.
No hay malicia cuando se pide la aplicación de los Derechos Humanos, pero tampoco inocencia cuando a las personas destinatarias del mensaje no se les, advierte, - como hacía el torero del cuento - : "lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible".
¿Y por qué no hay trabajo? Pueden darse muchas respuestas; pero hay una, tripartita, para meditar: No hay puestos de trabajo porque los inversores mantienen amartillado el dinero, ante la inseguridad jurídica de las democracias en manos de políticos propensos a la vida alegre, confiada y corrupta; porque esos políticos tratan de salir del paso dando a los necesitados un pez, en vez de enseñarles el uso y manejo de una caña para que se lo pesquen: y porque al fin comulgan con el dicho de que quien venga atrás, que arree.
Tal vez nos suceda a los españoles porque sobran patriotas con vocación de vividores.Y claro, no caben tantos en un país tan pequeño.
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Las Naciones Unidas proclamaron la Carta de los Derechos Humanos como un "ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse a fin de que los individuos como las instituciones" promuevan su reconocimiento y aplicación universales.
El artículo 23, dispone: "Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas satisfactorias de su trabajo y a la protección contra el desempleo".
No es nada: tener trabajo, libremente elegido, en condiciones equitativas y, además protección contra el desempleo.
Con la mano en el pecho reconozcamos que este ideal es un deseo difícilmente alcanzable de forma generalizada en la mayoría de pueblos y naciones.
No hay malicia cuando se pide la aplicación de los Derechos Humanos, pero tampoco inocencia cuando a las personas destinatarias del mensaje no se les, advierte, - como hacía el torero del cuento - : "lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible".
¿Y por qué no hay trabajo? Pueden darse muchas respuestas; pero hay una, tripartita, para meditar: No hay puestos de trabajo porque los inversores mantienen amartillado el dinero, ante la inseguridad jurídica de las democracias en manos de políticos propensos a la vida alegre, confiada y corrupta; porque esos políticos tratan de salir del paso dando a los necesitados un pez, en vez de enseñarles el uso y manejo de una caña para que se lo pesquen: y porque al fin comulgan con el dicho de que quien venga atrás, que arree.
Tal vez nos suceda a los españoles porque sobran patriotas con vocación de vividores.Y claro, no caben tantos en un país tan pequeño.
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martes, 2 de septiembre de 2014
A LOS AMIGOS DE LA VERDAD
Reconozco que no soy quién para dar lecciones a nadie y menos de política. Pero tampoco hay razón para que me calle cuando, como es mi caso, la naturaleza (gracias a Dios) me ha permitido acumular experiencias y otorgado la posibilidad de razonarlas, aunque sólo sea por puro interés comunicativo.
¿Cómo veo al sector social del centro derecha vasco peninsular?
Es un sector muy evolucionado respecto al que yo conocí en los años de la transición. Me quedo, puesto a elegir, con el actual. Pero no podemos confundir la evolución con la indefinición ante los problemas de la sociedad vasca, o por lo menos de aquella parte de tal sociedad que no es nacionalista y se inclina por no votar, o por votar como mal menor al nacionalismo más inocuo.
A ese sector social -el centro derecha vasco español- debería de atenderlo un partido capaz de identificarse, desde una posición amable y constructiva, con una mayoría de vasco-españoles inmersos en esa cultura.
Este partido, por congruencia, no podría ser nacionalista -interesado fundamentalmente en las cultura vasca- porque dejaría de atender con el empeño que se merece la cultura etnográfica española.
Se ha de reconocer que, en Vasconia, así como lo pretendidamente vasco está en alza, lo español no. Todo empieza en la escuela que, en el País Vasco, está en manos nacionalistas. No es tanto la enseñanza que se imparte como el sentimiento que se cultiva.
Claro está: los partidos de ámbito español, por el camino que actualmente siguen o por el que se dejan conducir, están llamados a desaparecer. Algo que también sucede en Cataluña.
¿Cómo veo al sector social del centro derecha vasco peninsular?
Es un sector muy evolucionado respecto al que yo conocí en los años de la transición. Me quedo, puesto a elegir, con el actual. Pero no podemos confundir la evolución con la indefinición ante los problemas de la sociedad vasca, o por lo menos de aquella parte de tal sociedad que no es nacionalista y se inclina por no votar, o por votar como mal menor al nacionalismo más inocuo.
A ese sector social -el centro derecha vasco español- debería de atenderlo un partido capaz de identificarse, desde una posición amable y constructiva, con una mayoría de vasco-españoles inmersos en esa cultura.
Este partido, por congruencia, no podría ser nacionalista -interesado fundamentalmente en las cultura vasca- porque dejaría de atender con el empeño que se merece la cultura etnográfica española.
Se ha de reconocer que, en Vasconia, así como lo pretendidamente vasco está en alza, lo español no. Todo empieza en la escuela que, en el País Vasco, está en manos nacionalistas. No es tanto la enseñanza que se imparte como el sentimiento que se cultiva.
Claro está: los partidos de ámbito español, por el camino que actualmente siguen o por el que se dejan conducir, están llamados a desaparecer. Algo que también sucede en Cataluña.
lunes, 1 de septiembre de 2014
DESPUÉS DE LAS VACACIONES
Vacaciones: una parada para tomar aire, un respiro para seguir por el camino con la oscura desbandada que formamos hacia un final irremediable.
Siendo así, a fuer de avisados, podríamos estar de acuerdo en lo básico, en lo que a todos importa. Y de paso, ser más condescendientes.
El bípedo implume, única especie animal que se vale del don de la palabra, podría expresar sus ideas y sentimientos para hermanar; pero usa este privilegio, el verbo, para instigar la envidia, la maldad, el descontento...
España no es un país en crisis; la crisis ya pasó. Ahora padecemos los efectos de esa crisis, como después de una guerra se viven los efectos de esa guerra. En ambos casos nadie gana. No por igual, pero todos perdemos. Todos somos más pobres, salvo contadas excepciones.
Los analistas del pasado no aciertan a -o no quieren- saber quiénes nos trajeron la crisis y por qué; ni sabremos quiénes han terminado por beneficiarse de esta situación.
Ambas cosas piden un examen sereno, desapasionado, frío, justo. Algo que no pueden hacer los falsos políticos; mucho menos cuando se presentan como lo que no son: falsos políticos que actúan como economistas, o sociólogos; como profesores, periodistas o politólogos; como curas y hasta monjas redentores (como la argentinita de la toca).
El examen ha de hacerlo cada uno con arreglo a su leal saber y entender, como si tratara de emprender un negocio, o de poner los medios para sanar a un enfermo, o -bien mirada la cosa- de ganarse el sustento de cada día en beneficio propio y ajeno. Y sobre todo, desconfiando de los que compran votos o prestan favores con los dineros públicos, que son de todos.
Esto, que no es poco, nos lleva a no tropezar en la misma piedra del mismo camino dos veces, o más.
Siendo así, a fuer de avisados, podríamos estar de acuerdo en lo básico, en lo que a todos importa. Y de paso, ser más condescendientes.
El bípedo implume, única especie animal que se vale del don de la palabra, podría expresar sus ideas y sentimientos para hermanar; pero usa este privilegio, el verbo, para instigar la envidia, la maldad, el descontento...
España no es un país en crisis; la crisis ya pasó. Ahora padecemos los efectos de esa crisis, como después de una guerra se viven los efectos de esa guerra. En ambos casos nadie gana. No por igual, pero todos perdemos. Todos somos más pobres, salvo contadas excepciones.
Los analistas del pasado no aciertan a -o no quieren- saber quiénes nos trajeron la crisis y por qué; ni sabremos quiénes han terminado por beneficiarse de esta situación.
Ambas cosas piden un examen sereno, desapasionado, frío, justo. Algo que no pueden hacer los falsos políticos; mucho menos cuando se presentan como lo que no son: falsos políticos que actúan como economistas, o sociólogos; como profesores, periodistas o politólogos; como curas y hasta monjas redentores (como la argentinita de la toca).
El examen ha de hacerlo cada uno con arreglo a su leal saber y entender, como si tratara de emprender un negocio, o de poner los medios para sanar a un enfermo, o -bien mirada la cosa- de ganarse el sustento de cada día en beneficio propio y ajeno. Y sobre todo, desconfiando de los que compran votos o prestan favores con los dineros públicos, que son de todos.
Esto, que no es poco, nos lleva a no tropezar en la misma piedra del mismo camino dos veces, o más.
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Aunque mi opinión vale poca cosa, creo que esta huida proviene no sólo de una excesiva presión tributaria, sino que coadyuvan otros factores que también recaen sobre las empresas, como la legislación y complicada burocracia que padecemos en España.
A mi entender el sector público, alimentado por los propulsores del Estado del bienestar, ha asumido una excesiva carga y para atenderla ha tenido que recurrir a un aumento de la presión fiscal porque, como es sabido, el dinero no es lluvia que llegue del cielo. Esta presión siempre la soportan los mismos y de paso los trabajadores.
En la España, el hambre y las ganas de comer, fomentadas por los errores políticos,
hacen que la crisis nos haya llevado a un mal crónico de muy difícil solución: el paro. No sirve ya un simple retoque de la presión tributaria para eludirlo. La medicina ha de ser distinta, profunda y de efectos lentos.
El Estado y las CC.AA., Ayuntamientos, etc. han de adelgazar y traspasar muchas de sus obligaciones al sector privado para reducir muy notablemente su presión tributaria y los excesivos trámites con los que maltratan a toda iniciativa emprendedora.
Además, hará falta una nueva generación de españoles capaces de idear o ensayar con acierto alguna fórmula que concilie la prosperidad empresarial con el bienestar de los trabajadores, que no es lo mismo que el Estado del bienestar.
Tal vez haya de ensayarse un nuevo modelo de empresa: un sistema de sociedades mercantiles laborales (que jurídicamente ya existen), propiedad de los trabajadores, bajo un régimen protector oficial especialísimo.
Un régimen que les permita acogerse a una sola legislación en toda España, que les otorgue la capacidad de contratar sus seguros sociales en el sector privado y que además, les reduzca la presión fiscal en proporción equivalente, o poco menos, a la cantidad que el Estado dejara de pagar por subvenciones y otras gabelas que desaparecerían al crearse nuevos puestos de trabajo.
Para casos como éstos hay que contar con economistas y sociólogos. Pero por delante han de ir los políticos. Aunque en España hay tan pocos políticos buenos y tantos tan mediocres, tal vez por haber surgido de una mediocridad militante que espanta, que sería mejor que se fueran a casa. La verdad sea dicha, no se van; de forma que los remedios al uso consisten en chingar siempre a los mismos; a los más necesitados.